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UNA LECTURA

2. Los poemas

2.3 Auvers-sur-Oise

Analizaremos ahora otro de los poemas más destacados por la crítica de este conjunto titulado Valses y otras falsas confesiones. En su descripción del poema, David Sobrevilla (al igual que Higgins) destaca que el título nombra el lugar en que se suicidó Van Gogh y el poema se constituye entonces en el espacio donde se hace un recuento de los varios acontecimientos que determinaron el fracaso del pintor holandés en su esfuerzo por comunicarse, incluyendo además el autocercenamiento de su oreja, señal de que su suicidio fue precisamente el fracaso de ese intento de comunicación.

Las lecturas de este poema coinciden en considerarlo una crítica al mundo moderno, a la enajenación del trabajo y al vacío en el que caen quienes pretenden ver el mundo de otro modo. "El poema va dirigido a Van Gogh, quien encarnaba la contradicción del hombre moderno, en cuanto vivía en un mundo desacralizado por el progreso científico y filosófico sin poder librarse del condicionamiento religioso de siglos. Así, Varela lo presenta como un hombre que busca acceso a una casa cerrada, símbolo de lo absoluto de lo cual se siente desconectado"(Higgins 140).

Nadie te va a abrir la puerta. Sigue golpeando. Insiste.

Al otro lado se oye música. No. Es la campanilla del teléfono. Te equivocas.

Es un ruido de máquinas, un jadeo eléctrico, chirridos, latigazos. No. Es música.

No. Alguien llora muy despacio.

No. Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que lame el cielo pálido y vacío.

No. Es un incendio.

A pesar de la minuciosidad con la cual Higgins analiza el poema, nos sorprenden algunos comentarios, tales como: "Varela insta al pintor a acomodarse a la realidad terrestre, sin querer dominarla y sin exigirle absolutos. Adoptando una perspectiva femenina, equipara el mundo con la mujer, que se resiste a ser dominada y que sólo corresponde a los deseos del hombre en momentos propicios"(142), haciendo referencia a los siguientes versos: "Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar./ Acaríciala como si fuera carne, piel humana capaz de conmoverte, capaz de rechazarte./ Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos."

El símil entre tierra/carne, tierra/piel humana, no es una "perspectiva femenina" como señala Higgins, no es tampoco una comparación extraña si recordamos la visión del mundo andino y otras culturas antiguas, que identifica la tierra, la fertilidad con la madre. De modo que la “perspectiva femenina” vendría a ser la resistencia de la mujer a

ser dominada, el sacar partido de esa posición correspondiendo al hombre en momentos propicios. La alusión a los “momentos propicios” nos parece imbuida de una visión de la mujer “bruja”, la mujer insaciable y manipuladora, “diabólica”; visión sintomática de una sociedad que precisamente diviniza a la mujer negándole la vivencia total de su sexualidad.

Si se puede hacer un paralelismo con la situación de la mujer, es tal vez precisamente por el hecho de encontrarse del otro lado de la puerta, incomunicada y marginada “Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el saltito, la imagen que te saca la lengua”. Su posición marginal la comparten aquellos que no asumen los ideales, ni los valores de la sociedad falogocentrista, que la cuestionan de algún modo y no desisten de tocar la puerta que no les será abierta.

Creemos que la referencia a la tierra está siendo utilizada en dos acepciones, como planeta, pero también como conjunto de seres humanos, por lo tanto, la tierra es capaz de conmover, su geografía, su belleza, sus rincones e insiste en respirar a pesar de la destrucción sistemática a la cual la lleva el desarrollo industrial; pero la tierra, su gente, su sociedad es capaz de martirizar y odiar lo distinto, lo que no encaja en ese plan ciego al que llaman desarrollo y en esa construcción social rígida que establece para sus individuos.

Irónicamente es también la misma sociedad que erige la vida como el ideal máximo, cuando le niega la plenitud de esa vida a todos los que están del otro lado de la puerta. De modo que el suicidio, la renuncia a seguir hablando sin ser escuchados es un acto crítico contra una sociedad hipócrita que parece no inmutarse ante nada.

No es el único poema que trata o fabula a partir de un personaje importante del mundo moderno, tenemos el poema de "Conversación con Simone Weil", que aunque no sea uno de los más logrados por su estilo cerrado y repetitivo, sí deja patente los puntos de encuentro entre la poeta y la filósofa francesa Weil, su mirada crítica del mundo, su rechazo a la modernidad, su experiencia marginal como mujer. "No había tenido

experiencia de la desdicha, salvo de la mía, que no era sino una desdicha a medias, puesto que era biológica y no social" (Tamayo, J. 2)11.

El poema trabaja sobre un tema central en el pensamiento de Weil, quien consideraba que lo más importante sobre la tierra era la Revolución capaz de eliminar el hambre en el mundo. En efecto, ella murió de tuberculosis al negarse a ingerir otro alimento que no fuera el que comían los conciudadanos franceses en la zona ocupada, posición que se recrea en el poema con el verso repetitivo "En la mayor parte del mundo/ la mitad de los niños se van a la cama/ hambrientos".

Pero la lectura de Varela parece plantear una Simone Weil que fracasa en su conocimiento del ser humano ("El hombre es un extraño animal"), y que además es vencida antes que por el hambre, por la renuncia a la palabra, por su automarginalidad, por su desconfianza en el propio pensamiento intelectual que se aleja de la vivencia directa de sus proclamas reivindicadoras ("El verbo no alimenta. Las cifras no sacian"). Lo que tal vez acabaría por dar término a ese diálogo con Simone Weil, que tiene como correlato el diálogo que tuvo la filósofa con la otra Simone (De Beauvoir), cuando ésta le dice que lo más importante es que los seres humanos encuentren sentido a la existencia, que es precisamente en lo que Van Gogh parece haber fracasado.