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2. El hombre universal

2.3 Leer como mujer

En su exposición sobre la deconstrucción Jonhatan Culler dota de una mirada crítica a lo femenino debido a su posición marginal dentro de la sociedad falogocentrista. Lo femenino es así entendido en oposición a lo masculino. Sin embargo, menciona al mismo tiempo que en realidad no toda mujer tiene que sentirse llamada al ejercicio crítico, como no todo hombre es fatalmente defensor del orden social.

En su exposición, empieza tratando el problema de la interpretación y la esencia hermenéutica de toda crítica, que ha desatado diversos comentarios que oscilan entre la fe ciega en una objetividad y la eterna subjetividad. Estamos de acuerdo con el autor en que se trata siempre de una lectura y de que ésta parte de una manera determinada de ver e interpretar el texto. Es aquí donde Culler introduce una interesante digresión sobre si la condición de mujer interfiere o no en la lectura de una obra determinada.

Culler establece un leer como mujer, llamado lectura feminista, que tendría tres etapas o momentos. En un primer momento su lectura está marcada por la experiencia que se desprende del cotidiano ser y vivir como mujer, en una sociedad donde existen claras diferencias entre los sexos. Un segundo momento intentaría ir más allá y tratar de dar una forma y una especificidad a una lectura femenina, esta especificidad sin embargo se establece por oposición a lo masculino, donde leer como mujer es leer de manera opuesta o diferente a como normalmente lee un hombre. Y un tercer momento, el más productivo tal vez, sería aquel en el que se investiga, y no simplemente se asume el contrario, lo que es lo masculino y lo que esta instancia pretende decir y hacer para con ello conseguir una manera propia de lectura. Es decir, estos tres momentos

corresponden a una constatación de la diferencia, una definición por oposición y una búsqueda de identidad.14

Para Culler la experiencia como mujer marca definitivamente una forma particular de aproximación a un texto. Aunque se trata de un factor no determinante, puesto que la propia experiencia es también en sí misma interpretada por el sujeto y está en relación con la forma en que nos miramos a nosotros mismos. Es por eso que leer como mujer "no es repetir una identidad o una experiencia ya dada sino representar un papel que construye con referencia a su identidad como mujer, que también ha sido construida" (Culler 61).

Pero como denuncia Culler, maliciosamente se pretende ver en una lectura femenina — que descubra aspectos subterráneos en abierta oposición de lo femenino— una interpretación parcial y en cambio "la perspectiva del crítico hombre es asumida como sexualmente neutra" (54). Es decir, que nuevamente sale a la luz el hombre universal por encima de la categoría género. Y este es el horizonte desde el que se enfoca la crítica literaria de género para negar esa neutralidad; puesto que la búsqueda de la identidad femenina pasa por la caída del sujeto cartesiano, en la medida que se desmistifica al Sujeto Masculino de la Razón, cuando se plantea que el género es uno de los contextos más cruciales donde situar al Sujeto (Benhabib 245).

La teoría de la recepción ha llegado a preguntarse, partiendo del supuesto de que la experiencia de la lectura depende de las cualidades del lector, qué diferencia plantearía entonces que se trate de una mujer y de un hombre. El problema de la lectura se rastrea entonces en varios campos. Primero el del canon literario, donde se constata que el canon es androcéntrico, no sólo en el sentido de que está poblado por autores hombres, sino porque los personajes son en su mayoría masculinos o recreaciones femeninas hechas por los hombres que no han dado paso a que las mujeres configuren sus propios sujetos literarios con los cuales identificarse. Lo cual implica para Judith Fetterley que

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Curiosamente estos tres momento del leer como mujer se asemejan al desarrollo de la crítica literaria de género, pues precisamente después de la constatación de las diferencias, después de la identidad por

se le enseña a las mujeres como lectoras "a identificarse con un punto de vista masculino, y a aceptar como normal y legítimo un sistema masculino de valores, uno de cuyos principios centrales es la misoginia" (Schweikchart 127-128); lo cual es llamado por ella misma inmasculación. Es así que la mujer se identifica con las características masculinas en contra de sus propios intereses como mujer, en contra de sí misma, al deber identificarse con el héroe de la narración que hace de la mujer sino su enemiga por lo menos su oponente, debido a que comparte con él sentimientos anti-femeninos. A "esa sensación perturbadora de estar en contra del personaje que 'representa al género' se le ha denominado tragedia de la lectora (Silva Santisteban, “¿Basta ser mujer?” 121).

Patrocinio Schweickart plantea que muchas veces la lectura de obras clásicas demandan de parte de una lectora un efecto dañino y difícil pues debe identificarse con aspectos que le son completamente ajenos. En el caso de un pasaje famoso de Retrato del artista

adolescente en la escena de la epifanía de Stephen, cuando él describe las cualidades

físicas de una muchacha que se encontraba delante suyo. Es evidente que una lectora tendrá problemas para "sentir" lo que Stephen describe de modo natural ante la contemplación de una bella mujer. En cambio: "Para el lector masculino, el texto sirve como lugar de encuentro entre lo personal y lo universal. Se aproxime o no el texto a las particularidades de su propia experiencia, queda invitado a validar la igualdad de lo masculino con lo universal. El lector varón siente su afinidad con lo universal, con el ser humano paradigmático, justamente porque él es varón" (Schweickart 126).

Habría que preguntarse también: "¿Qué espera una mujer cuando lee a otra mujer? ¿Qué pretende decir una mujer cuando escribe para otra mujer?" (García, E. 55). La respuesta estaría dada desde la identificación genérico-sexual que supone que cuando una mujer lee a otra mujer espera que ésta escriba femeninamente, es decir, que denuncie y de cuenta de aquella específica manera de ser mujer. Esta postura puede bien amoldarse a una configuración social de la mujer o asumir una posición política de crítica social. En cambio cuando un hombre es leído no se asume una condición de género y por ello los

hombres serán leídos universalmente y su experiencia pasará por ser universal antes que personal.