SEGUNDO DIA
AYUDA PERSONAL
4 Una de las metas principales del superintendente de circuito es proveer instrucción adicional a cualquiera que esté procurando alcanzar mayores privilegios de servicio. (1 Tim. 3:1.) ¿Tiene
preguntas sobre sus asignaciones o responsabilidades específicas? ¿Le gustaría mejorar sus aptitudes y su organización personal? ¿Le interesa el servicio de Betel, Galaad o la Escuela de Entrenamiento Ministerial? ¿Le gustaría servir donde hay mayor necesidad de ayuda, sea en su circuito o en cualquier otro lugar de los Estados Unidos? Sin importar cuáles sean sus metas espirituales, el superintendente de circuito con gusto las considerará con usted.
5 Si el superintendente de circuito es casado, su esposa también es una sierva devota de Jehová, y es muy probable que sea precursora y pueda apoyar plenamente los arreglos para el servicio del campo. Gracias a su experiencia y participación regular en el ministerio en diversos territorios, ella está capacitada en la obra de predicar, y está dispuesta a trabajar particularmente con otras hermanas en el servicio de casa en casa y a acompañarlas a hacer revisitas y conducir estudios bíblicos en los hogares. Esta hermana merece el mismo encomio amoroso que Pablo dio respecto a Febe. (Rom. 16:1, 2.)
6 No queremos pasar por alto el privilegio que tenemos de mostrar hospitalidad al
superintendente viajante y a su esposa, si es casado. Muchos hermanos atesoran los recuerdos, así como el ánimo que recibieron cuando invitaron a su hogar a estos ministros viajantes o compartieron una comida con ellos y disfrutaron de su agradable compañerismo espiritual. (3 Juan 5-8.)
7 El pueblo de Jehová sigue beneficiándose de las visitas regulares de superintendentes viajantes maduros. Los beneficios que recibamos personalmente de este arreglo dependerán de lo bien que nos preparemos para la visita y del apoyo que demos a esta. Sigamos resueltos a apoyar de lleno la próxima visita de nuestro superintendente de circuito.
Pág. 62 *** lv cap. 5 pág. 54 párr. 8 Qué implica no ser parte del mundo ***
8 ¿Qué es el “aire”, o espíritu, del mundo? Es la fuerza invisible que influye para mal en las personas. ¿Cómo? Incitándolas a desobedecer a Dios y promoviendo “el deseo de la carne y el deseo de los ojos” (1 Juan 2:16; 1 Timoteo 6:9, 10). ¿Por qué tiene este espíritu “autoridad”, o poder, sobre la humanidad? Porque apela a sus tendencias pecaminosas, es casi imperceptible, actúa incesantemente y, como el aire, está por todas partes. ¿Y de qué manera “opera” en la gente? Favoreciendo el desarrollo gradual de cualidades anticristianas, como el egoísmo, el orgullo, la ambición, la actitud de independencia moral y la rebeldía. En resumen, logra que, poco a poco, las cualidades del Diablo crezcan en el corazón del hombre (Juan 8:44; Hechos 13:10; 1 Juan 3:8, 10).
Pág. 63 *** w13 15/1 págs. 14-15 No permita que nada lo aleje de Jehová *** LAS DIVERSIONES
11 La Biblia no nos condena al aburrimiento ni dice que divertirse sea una pérdida de tiempo. El apóstol Pablo le escribió a Timoteo que “el entrenamiento corporal es provechoso” (1 Tim. 4:8). Además, la Biblia afirma que hay “tiempo de reír” y “tiempo de dar saltos”, y recomienda
descansar lo suficiente (Ecl. 3:4; 4:6). Pero si no tenemos cuidado, las diversiones podrían alejarnos de Jehová. Para que eso no nos ocurra, hay dos aspectos que debemos tener en cuenta: el tipo de diversiones que elegimos y el tiempo que les dedicamos.
12 Comencemos analizando el tipo de diversiones. Seguro que podemos encontrar actividades sanas. Sin embargo, hay que admitir que gran parte del entretenimiento disponible en la
actualidad promueve cosas que Dios odia, como la violencia, el ocultismo o las relaciones sexuales inmorales. Por lo tanto, evaluemos con detenimiento el tipo de diversiones que preferimos. Preguntémonos: “¿Cómo influyen en mí? ¿Me contagian un espíritu violento,
competitivo o nacionalista?” (Prov. 3:31). “¿Me hacen gastar demasiado dinero? ¿Podrían ofender la conciencia de los demás?” (Rom. 14:21.) “¿Con qué clase de personas me llevan a
relacionarme?” (Prov. 13:20.) “¿Crean en mí el deseo de hacer algo malo?” (Sant. 1:14, 15.) 13 Y ahora hablemos del segundo factor: el tiempo. ¿Dedicamos tanto tiempo a entretenernos que nos queda poco para participar en las actividades espirituales, como la predicación o las reuniones? Si es así, nuestros ratos de ocio no serán tan agradables como podrían ser.
La realidad es que quienes mantienen a raya las diversiones las disfrutan más. ¿Por qué? Porque saben que ya han hecho “las cosas más importantes”, de modo que no se sienten culpables cuando descansan (lea Filipenses 1:10, 11).
14 Es verdad que pasar mucho tiempo divirtiéndonos puede ser tentador, pero quizás ese camino nos distancie de Jehová. Una hermana de 20 años llamada Kim lo aprendió por experiencia. “Me pasaba todos los fines de semana de fiesta en fiesta: viernes, sábados y
domingos —cuenta ella—. Pero ahora sé que hay muchas cosas más importantes que hacer. Por ejemplo, como soy precursora me levanto a las seis de la mañana para predicar, así que
no puedo estar divirtiéndome hasta la una o las dos de la madrugada. Está claro que no todas las fiestas son malas, pero pueden ser una enorme distracción. Como en todo, en este asunto
también hay que ser equilibrados”.
15 Los padres deben atender sus necesidades y las de sus hijos en sentido material, espiritual y emocional. Eso incluye organizar actividades recreativas. Así que si usted es padre, no sea aguafiestas; aunque debe estar atento a las influencias que pudieran hacerles daño a los suyos, no piense que todas las diversiones son malas (1 Cor. 5:6). Si hace buenos planes, encontrará pasatiempos saludables para su familia. De esa manera, usted y sus hijos andarán por un camino que los acercará más a Jehová.
Pág. 65 *** Rbi8 pág. 1575 5A “Fornicación” —Toda clase de relaciones sexuales ilegítimas Mt 5:32.—Gr.: πορνεία (por·néi·a); lat.: for·ni·cá·ti·o
La palabra griega por·néi·a tiene un significado amplio. Bajo la palabra por·néi·a, Bauer, p. 693, dice que significa “prostitución, falta de castidad, fornicación, de toda clase de relaciones sexuales ilegítimas”.
Al comentar acerca de las palabras de Jesús en Mt 5:32 y 19:9, TDNT, tomo VI, p. 592, dice que “πορνεία [por·néi·a] se refiere a relaciones sexuales extramaritales”. Por lo tanto, las
Escrituras usan el término por·néi·a con relación a personas casadas. El mismo diccionario, en la p. 594, con relación a Ef 5:3, 5, dice que Pablo “se da cuenta de que no toda persona tiene el don de la continencia, 1 C. 7:7. Como protección contra el mal de la fornicación, el hombre [soltero] que no tiene [continencia] debe tomar el camino prescrito divinamente del matrimonio legítimo, 1 C. 7:2”. Por consiguiente, las Escrituras usan el término por·néi·a también con relación a personas no casadas que participan en relaciones y prácticas sexuales ilegítimas. (Véase 1Co 6:9.)
B. F. Westcott, copartícipe en la preparación del texto griego de Westcott y Hort, en su obra
Saint Paul’s Epistle to the Ephesians, Londres y Nueva York, 1906, p. 76, comenta sobre los
varios significados de por·néi·a en las Escrituras en una nota sobre Ef 5:3, y dice: “Este es un término general para toda relación sexual ilegítima, I) adulterio: Os. ii. 2, 4 (LXX.); Mat. V. 32; XiX. 9; 2) matrimonio ilegítimo, I Cor. V. I; 3) fornicación, el sentido corriente, como aquí [Ef 5:3]”. Por “el sentido corriente” obviamente se hace referencia al sentido moderno, limitado, que tiene que ver solo con personas no casadas.
Además de este significado literal, en ciertos lugares de las Escrituras Griegas Cristianas
por·néi·a tiene un significado simbólico. Acerca de este significado, ZorellGr, col. 1106, dice bajo
por·néi·a: “apostasía de la fe verdadera, cometida o enteramente o en parte, desertar del único Dios verdadero Jahvé a dioses extranjeros [4Re 9:22; Jer 3:2, 9; Os 6:10, etc.; porque la unión de
Dios con su pueblo se consideraba como cierta clase de matrimonio espiritual]: Rev 14:8; 17:2, 4; 18:3; 19:2”. (Los corchetes y letras cursivas son de él; 4Re en LXX corresponde con 2Re en M.)
En el texto griego, por·néi·a aparece en los siguientes 25 lugares: Mt 5:32; 15:19; 19:9; Mr 7:21; Jn 8:41; Hch 15:20, 29; 21:25; 1Co 5:1, 1; 6:13, 18; 7:2; 2Co 12:21; Gál 5:19; Ef 5:3; Col 3:5; 1Te 4:3; Rev 2:21; 9:21; 14:8; 17:2, 4; 18:3; 19:2.
El verbo relacionado por·néu·o, vertido en NM “practicar fornicación” o “cometer fornicación”, aparece en los siguientes ocho lugares: 1Co 6:18; 10:8, 8; Rev 2:14, 20; 17:2; 18:3, 9.
El verbo relacionado ek·por·néu·o, vertido en NM “cometer fornicación con exceso”, aparece una sola vez, en Judas 7. (Compárese con Jue 2:17, n.)
El sustantivo relacionado pór·ne, vertido en NM “ramera”, aparece en los siguientes 12 lugares: Mt 21:31, 32; Lu 15:30; 1Co 6:15, 16; Heb 11:31; Snt 2:25; Rev 17:1, 5, 15, 16; 19:2.
El sustantivo relacionado pór·nos, vertido en NM “fornicador”, aparece en los siguientes diez lugares: 1Co 5:9, 10, 11; 6:9; Ef 5:5; 1Ti 1:10; Heb 12:16; 13:4; Rev 21:8; 22:15. LSJ, p. 1450, da a esta palabra el significado de “bardaje, sodomita, fornicador, idólatra”.
*** it-2 pág. 368 Mentira ***
Jehová Dios no puede mentir (Nú 23:19; Heb 6:13-18) y odia una “lengua falsa”. (Pr 6:16-19.) La ley que dio a los israelitas exigía que se hiciera compensación por los daños que resultaban del engaño o de la mentira maliciosa. (Le 6:2-7; 19:11, 12.) Además, si una persona daba falso testimonio, tenía que recibir el mismo castigo que deseaba infligir a otro por medio de sus mentiras. (Dt 19:15-21.) El punto de vista de Dios en cuanto a la mentira maliciosa que se
reflejaba en la Ley no ha cambiado. Los que desean conseguir su aprobación no pueden practicar la mentira. (Sl 5:6; Pr 20:19; Col 3:9, 10; 1Ti 3:11; Rev 21:8, 27; 22:15.) Tampoco pueden vivir una mentira, como en el caso de los que alegan amar a Dios mientras que al mismo tiempo odian a su hermano. (1Jn 4:20, 21.) Ananías y su esposa perdieron la vida por mentir y tratar de burlar al espíritu santo. (Hch 5:1-11.)
*** lv cap. 12 págs. 137-139 párrs. 11-14 Hablemos siempre de forma edificante ***
11 Chismes y calumnias. Los comentarios sobre las vidas ajenas pueden ser inofensivos si giran en torno a asuntos positivos o útiles, como quién se acaba de bautizar o quién necesita ánimo. Los cristianos del siglo I también se interesaban mucho por sus hermanos y hablaban de ellos sin ninguna malicia (Efesios 6:21, 22; Colosenses 4:8, 9). Lo que no está bien es hacer comentarios que distorsionen la realidad o revelen detalles de la vida privada. Esa costumbre pudiera llevarnos incluso a algo más grave: la calumnia, que se define como “acusación falsa hecha maliciosamente en contra de alguien con el fin de dañarlo o desprestigiarlo” (Diccionario
del español usual en México). Como ejemplo de claras calumnias, tenemos las mentiras que
lanzaron los fariseos contra Jesús con la intención de desacreditarlo (Mateo 9:32-34; 12:22-24). Un hecho innegable es que las calumnias generan muchas discordias (Proverbios 26:20.)
12 ¿Cómo ve Jehová a quienes se dedican a difamar o sembrar discordias? No los ve con buenos ojos. Lo que es más, odia a quienes provocan “contiendas entre hermanos” (Proverbios 6:16-19). Recordemos que el término griego para “calumniador” es diábolos, el mismo que se usa para presentar a Satanás como el “Diablo”, es decir, como el Calumniador que difama a Dios (Revelación 12:9, 10). Desde luego, ninguno de nosotros querría convertirse en un “diablo” (o sea, en un calumniador). Ciertamente, en la congregación no hay lugar para la calumnia ni para las obras de la carne que esta fomenta, entre ellas las “altercaciones [o riñas]” y las “divisiones” (Gálatas 5:19-21). Así pues, antes de contar cualquier cosa sobre el prójimo, debemos
preguntarnos: “¿Estoy seguro de que es cierto? ¿Sería una muestra de amor revelarlo? ¿Es necesario o conveniente que otros se enteren?” (1 Tesalonicenses 4:11).
13 Maltrato verbal. Como ya vimos, las palabras pueden hacer mucho daño. Y es cierto que la imperfección nos lleva a todos a decir cosas que luego lamentamos. Pero la Biblia nos advierte que hay una forma de hablar que no es admisible ni en la congregación ni en la familia. Pablo exhortó a los cristianos: “Que se quiten toda amargura maliciosa y cólera e ira y gritería y habla injuriosa” (Efesios 4:31). Otras traducciones bíblicas vierten “habla injuriosa” como “insultos”, “ofensas” y “lenguaje insultante”. Esta forma de hablar —que incluye las palabras humillantes, los comentarios ásperos y las críticas despiadadas— atenta contra la dignidad y la autoestima de las personas. Y los niños, al ser más inocentes y tiernos, son especialmente vulnerables (Colosenses 3:21).
14 La Biblia condena tajantemente a los injuriadores y muestra que se encuentran en una situación muy peligrosa. ¿Qué futuro le espera a quien tenga la costumbre de emplear
expresiones insultantes, despectivas o humillantes? Primero recibirá varias oportunidades de corregirse. Pero si no las aprovecha, terminará expulsado de la congregación. Y peor aún, hasta pudiera perder la vida eterna bajo el Reino de Dios (1 Corintios 5:11-13; 6:9, 10). Queda claro, que mantenerse en el amor de Jehová es incompatible con las groserías, con las mentiras, con los insultos y, en definitiva, con todas las palabras que derrumban al prójimo
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*** w12 15/3 págs. 30-31 Preguntas de los lectores ***
¿Puede un cristiano llegar tan bajo en el vicio de ver pornografía que termine siendo expulsado de la congregación?
▪ La respuesta es sí. Esto subraya la importancia de rechazar de plano cualquier clase de pornografía, ya sea en forma de texto o de imágenes en revistas, películas, videos o Internet.
La pornografía ha llegado hasta el último rincón de este mundo. Internet la ha puesto al alcance de la gente como nunca antes, y personas de todas las edades se han visto infectadas por esta terrible plaga. Hay quienes se han topado con páginas pornográficas sin pretenderlo. Otros, sin embargo, han accedido a ellas a propósito, tal vez en el hogar o la oficina, donde les resulta más fácil leer o ver pornografía en secreto. Este es un asunto que los cristianos debemos tomar muy en serio. ¿Por qué?
Jesús indicó una de las principales razones cuando advirtió: “Todo el que sigue mirando a una mujer a fin de tener una pasión por ella ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mat. 5:28). Por supuesto, las relaciones sexuales normales no tienen nada de malo cuando sirven como fuente de placer dentro del matrimonio (Pro. 5:15-19; 1 Cor. 7:2-5). Pero la pornografía muestra relaciones inmorales que estimulan los malos pensamientos condenados por Jesús. Dicho sin rodeos, quien lee o ve pornografía viola este mandato divino: “Amortigüen [o “den muerte a”] [...] los miembros de su cuerpo que están sobre la tierra en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual, deseo perjudicial y codicia, que es idolatría” (Col. 3:5; Traducción en
lenguaje actual).
¿Qué hay si un cristiano ha mirado pornografía en una o dos ocasiones? En cierto sentido, se encuentra en una situación tan peligrosa como la de Asaf, quien admitió: “En cuanto a mí, mis pies casi se habían desviado, casi se había hecho que mis pasos resbalaran”. Si ha estado viendo imágenes pornográficas de hombres o mujeres desnudos o de una pareja teniendo relaciones, no puede tener la conciencia tranquila ni estar en paz con Dios. Más bien, se sentirá como Asaf: “Llegué a ser plagado todo el día, y la corrección mía es cada mañana” (Sal.
73:2, 14).
Si un cristiano ha caído en este pecado, es vital que abra los ojos y comprenda que necesita ayuda espiritual. La Biblia indica que puede conseguirla en la congregación: “Aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas
cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo” (Gál. 6:1). En efecto, uno o dos ancianos pueden prestarle asistencia, lo que incluye orar con él teniendo fe en que Jehová “sanará” al enfermo espiritual y “le perdonará” (Sant. 5:13- 15). Quienes han buscado ayuda para romper con el vicio de la pornografía se sienten hoy como Asaf, quien afirmó: “Acercarme a Dios es bueno para mí” (Sal. 73:28).
No obstante, el apóstol Pablo explicó que algunos no se arrepintieron “de su inmundicia y fornicación y conducta relajada [o desvergonzada]” (2 Cor. 12:21). Según explica el lexicógrafo Marvin R. Vincent, el término griego traducido “inmundicia” en este caso “se refiere a la impureza en su sentido más sucio”. La triste realidad es que ciertos tipos de pornografía son mucho peores que unos cuantos desnudos o escenas de un hombre y una mujer cometiendo fornicación.
En algunos casos se presentan actos tan sucios y repugnantes como relaciones homosexuales, sexo en grupo, contacto sexual con animales, pornografía infantil, violaciones en grupo, maltrato de mujeres y diversos tipos de sadomasoquismo. Según indicó Pablo, algunos que estaban
“mentalmente [...] en oscuridad” fueron “más allá de todo sentido moral, [y] se entregaron a la conducta relajada para obrar toda clase de inmundicia con avidez” (Efe. 4:18, 19).
Pablo también mencionó la “inmundicia” en Gálatas 5:19. Un teólogo británico señala: “En este caso, el término puede referirse más especialmente a todos los deseos antinaturales”. Sin duda, ningún cristiano puede negar que los actos anteriormente citados son “deseos antinaturales” sucios, repugnantes y depravados. En Gálatas 5:19-21, el apóstol dejó claro que “los que
practican” este tipo de inmundicia “no heredarán el reino de Dios”. Por lo tanto, ¿qué sucedería si un cristiano llevara cierto tiempo —tal vez un período considerable— viendo pornografía
repugnante y sexualmente degradante? Si no se arrepintiera y dejara ese vicio, tendría que ser expulsado para conservar la pureza y el buen espíritu de la congregación cristiana (1 Cor. 5:5, 11).
Es bueno saber que algunos que han estado viendo estos tipos repugnantes de pornografía han pedido ayuda a los ancianos y han hecho cambios drásticos. Jesús advirtió a ciertos
cristianos de la antigua Sardis: “Fortalece las cosas restantes que estaban a punto de morir, [...] continúa teniendo presente cómo has recibido y cómo oíste, y sigue guardándolo, y arrepiéntete. Ciertamente, a menos que despiertes [...,] no sabrás de ningún modo a qué hora vendré sobre ti” (Rev. 3:2, 3). No hay duda de que es posible arrepentirse y escapar del “fuego” de la pornografía (Jud. 22, 23).
No obstante, será mucho mejor si cada uno de nosotros toma la firme resolución de no correr el más mínimo riesgo en este campo. Por lo tanto, ¡mantengámonos lo más lejos posible de cualquier tipo de pornografía!
Pág. 67 *** w04 1/12 pág. 13 párr. 4 Andemos en la senda de la integridad ***
4 El término integridad comunica la idea de ser recto, irreprochable, justo e intachable. Ser íntegro no solo implica hacer lo que es justo, sino manifestar rectitud moral o devoción a Dios con corazón completo. Satanás cuestionó los motivos de Job cuando le dijo a Jehová: “Para variar, sírvete alargar la mano, y toca hasta su hueso y su carne, y ve si no te maldice en tu misma cara” (Job 2:5). En efecto, además de actuar debidamente, hay que tener una motivación adecuada.
Pág. 68 *** lv cap. 5 págs. 51-52 Qué implica no ser parte del mundo *** PERMANECER LEALES AL REINO Y NEUTRALES
3 En vez de involucrarse en las actividades políticas de su época, Jesús se dedicó a predicar el Reino de Dios, el futuro gobierno celestial en el que ocuparía la posición de Rey (Daniel 7:13, 14; Lucas 4:43; 17:20, 21). Por este motivo, pudo afirmar ante el gobernador romano Poncio Pilato: “Mi reino no es parte de este mundo” (Juan 18:36). Sus discípulos fieles siempre hemos seguido su ejemplo. ¿Cómo? Siendo leales al Reino y a su rey Jesucristo, y anunciando este gobierno por todo el planeta (Mateo 24:14). Así, el apóstol Pablo escribió: “Somos, por lo tanto, embajadores en sustitución de Cristo [...]. Como sustitutos [de] Cristo rogamos: ‘Reconcíliense con Dios’” (2 Corintios 5:20).
4 Los embajadores representan en el extranjero a un soberano o a un estado. Por ese motivo, asumen una actitud de neutralidad y no intervienen en los asuntos internos del país donde
realizan sus funciones. Sin embargo, velan por los intereses del gobierno al que representan. Los cristianos ungidos, cuya “ciudadanía existe en los cielos”, adoptan la misma postura (Filipenses 3:20). Estos celosos embajadores han estado predicando el Reino y, como resultado, han ayudado a reconciliarse con Dios a millones de las “otras ovejas” de Cristo (Juan 10:16; Mateo 25:31-40). Bajo la dirección de los hermanos ungidos de Jesús, los cristianos de las “otras ovejas” actúan como enviados de Cristo. Ambos grupos forman un solo rebaño unido que promueve la causa del Reino mesiánico y mantiene una postura de estricta neutralidad ante las cuestiones políticas de este mundo (Isaías 2:2-4).
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