SEGUNDO DIA
LOS PRIMEROS CRISTIANOS ERAN NEUTRALES
Los primeros cristianos se mantuvieron neutrales en la política y se negaron a participar en las guerras. Así lo reconocen muchos libros de historia. Uno de ellos dice que “los fundadores del cristianismo se resistieron tenazmente a albergar el más mínimo deseo de intervenir de forma directa en el orden político de su tiempo” (The Beginnings of Christianity, George P. Fisher). Otra obra reconoce igualmente que “se negaban a tomar parte activa en la administración civil”, que “era imposible que los cristianos fueran soldados, magistrados o príncipes sin renunciar a un deber más sagrado” y que su actitud “los expuso al desprecio y a los reproches de los paganos” (Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, Edward Gibbon).
Con referencia a la postura de los primeros cristianos ante el servicio militar también
encontramos comentarios pertinentes. Por ejemplo, un teólogo alemán escribió que “los cristianos condenaron y se resistieron a dicho servicio militar” (Historia de la Iglesia primitiva, Norbert Brox). Y un ensayo religioso afirma que tras la muerte de Cristo, y durante un período considerable, sus discípulos “se negaron a ir a [la guerra] sin importarles las consecuencias, sea que fuera la vergüenza, la cárcel o la muerte. Se trata de hechos innegables” (An Inquiry Into the Accordancy
of War With the Principles of Christianity, Jonathan Dymond). Otro escritor señala que
comenzaron a aparecer soldados cristianos únicamente cuando “ya se había corrompido el cristianismo”.
*** it-1 págs. 783-784 Ejército ***
Los llamados cristianos primitivos. Los primeros cristianos rehusaron servir en el ejército romano, ya fuera en las legiones o en las auxilia, por considerar que ese servicio era totalmente incompatible con las enseñanzas del cristianismo. En su Diálogo con Trifón (CX), Justino Mártir, del siglo II E.C., dice: “Nosotros, los que estábamos antes llenos de guerra y de muertes mutuas y de toda maldad, hemos renunciado en toda la tierra a los instrumentos guerreros y hemos
cambiado las espadas en arados y las lanzas en útiles de cultivo de la tierra y cultivamos la piedad, la justicia, la caridad, la fe, la esperanza”. Cuando Tertuliano (c. 200 E.C.) consideró “si la guerra les es apropiada de manera alguna a los cristianos” en su tratado De Corona (cap. XI), razonó bíblicamente sobre “la ilegalidad aun de la vida militar en sí misma”, y concluyó: “Erradico de nosotros la vida militar”. (The Ante-Nicene Fathers, 1957, vol. 3, págs. 99, 100.)
“Hasta la década 170-80 después de Jesucristo no hay prueba alguna de cristianos dentro del ejército. [...] Parece más probable que la Iglesia impidiera a sus miembros hacer el servicio militar que el permitirles servir sin reproche o penalidad algunos.” (Actitudes cristianas ante la guerra y la
paz, de Ronald H. Bainton, Madrid, 1963, pág. 64.) “Es evidente que la posibilidad de que haya
habido un solo soldado cristiano entre los años 60 y alrededor de 165 d. de J.C. es muy
escasa; [...] al menos hasta el reinado de Marco Aurelio, ningún cristiano se hizo soldado después de su bautismo.” (The Early Church and the World, de C. J. Cadoux, 1955, págs. 275, 276.) “Hasta finales del siglo II [...] los cristianos condenaron y se resistieron a dicho servicio militar.” (Historia de la Iglesia primitiva, de Norbert Brox, Barcelona, 1986, pág. 58.) El comportamiento de los cristianos era muy diferente del de los romanos [...]. Puesto que Cristo había predicado la paz, ellos rehusaban hacerse soldados.” (Our World Through the Ages, de N. Platt y M. J. Drummond, 1961, pág. 125.) “Los primeros cristianos creían que era incorrecto pelear, y se negaban a servir en el ejército aun cuando el Imperio necesitaba soldados.” (The New World’s Foundations in the
Old, de R. y W. M. West, 1929, pág. 131.) “Los cristianos [...] rechazaban los puestos públicos y el
servicio militar.” (“Persecution of the Christians in Gaul, A.D. 177”, de F. P. G. Guizot, de The
Great Events by Famous Historians, edición de Rossiter Johnson, 1905, vol. 3, pág. 246.) “Al
paso que [los cristianos] estaban vertiendo máximas de rendida obediencia, se desentendían de terciar en la administración y en la defensa militar del imperio [...]; mas no cabía que los
cristianos, sin quebrantar otra obligación más sagrada, viniesen a revestirse del carácter de militares, magistrados o príncipes.” (Historia de la decadencia y ruina del imperio romano, de Edward Gibbon, vol. 2, cap. XV, pág. 75 [ortografía actualizada].)
*** lv pág. 213 El saludo a la bandera, las votaciones y el servicio civil ***
Votaciones políticas. El cristiano verdadero respeta el derecho de los demás ciudadanos a votar. No hace campaña contra las elecciones ni tampoco se niega a colaborar con las
autoridades que resultan elegidas. Ahora bien, toma la firme decisión de mantenerse neutral en cuestiones políticas (Mateo 22:21; 1 Pedro 3:16). Pero ¿y si en su país es obligatorio votar o se respira un clima hostil hacia quienes no acuden a las urnas? Si su conciencia se lo permite, podría ir a las cabinas electorales. Así, actuaría como Sadrac, Mesac y Abednego, quienes, en circunstancias parecidas, hicieron acto de presencia en la llanura de Dura. Eso sí, para no violar su neutralidad, el cristiano debe tener muy presentes estos seis principios:
*** lv págs. 212-213 El saludo a la bandera, las votaciones y el servicio civil ***
Saludo a la bandera. Los testigos de Jehová creemos que honrar la bandera con saludos y reverencias, a menudo mientras se entona un himno, es un acto de culto que atribuye la salvación a la patria y a sus líderes, en vez de a Dios (Isaías 43:11; 1 Corintios 10:14; 1 Juan 5:21). Entre los reyes que recibieron una veneración así figura Nabucodonosor de Babilonia. Decidido a demostrar ante sus súbditos su majestad y religiosidad, el poderoso monarca erigió una colosal estatua y ordenó que todos se inclinaran ante ella mientras se interpretaba una especie de himno. Pero tres hebreos —Sadrac, Mesac y Abednego— se negaron a honrar la imagen, a riesgo de sufrir la pena de muerte (Daniel, capítulo 3).
¿Qué puede decirse de hoy? En su obra El nacionalismo: una religión, el historiador Carlton Hayes habla del “ritual del nacionalismo moderno” y dice: “La bandera nacional es el símbolo principal y objeto central de culto. [...] Los hombres se descubren a su paso; los poetas dedican odas en su honor; los niños le cantan himnos”. Además, señala que el nacionalismo también tiene sus “días santos” —como el 4 de julio, Día de la Independencia de Estados Unidos—, así como sus “santos y héroes” y sus “templos”, o lugares venerados. De igual modo, el Diario Oficial de la
Federación, de México, indica que “el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, son los
Símbolos Patrios” y exhorta a rendir “culto a los símbolos nacionales”. Y ya hace años, una obra de consulta mencionó que “la bandera, como la cruz, es sagrada” (The Encyclopedia Americana).
En fecha más reciente, esa misma obra explicó que los himnos nacionales son “expresiones del sentir patriótico que suelen incluir invocaciones para que Dios guíe y proteja a su pueblo o a sus dirigentes”. Así pues, los testigos de Jehová no somos extremistas al opinar que las
ceremonias patrióticas donde se saluda la bandera o se toca el himno son actos religiosos. En su libro Genio y figura del norteamericano, el profesor D. W. Brogan habló de varios juicios que implicaron a alumnos Testigos que se negaron a rendir homenaje a la bandera estadounidense y recitar el juramento de lealtad, subrayando el siguiente hecho: “La Suprema Corte ha afirmado al fin [en varias sentencias] que estos ritos cotidianos son de tipo religioso”.
Los Testigos tenemos claro que aunque nosotros no participamos en tales actos, pues los consideramos contrarios a los principios bíblicos, las demás personas están en su perfecto derecho de hacerlo. Asimismo, respetamos a las banderas como emblemas nacionales y nos sometemos a los gobiernos legítimos, pues son las “autoridades superiores” que actúan
colectivamente como el “ministro de Dios” (Romanos 13:1-4). También obedecemos el consejo de orar “respecto a [los] reyes y a todos los que están en alto puesto”. Sin embargo, lo hacemos con la intención de que nos permitan seguir “llevando una vida tranquila y quieta con plena devoción piadosa y seriedad” (1 Timoteo 2:2).
*** lv cap. 5 pág. 55 Qué implica no ser parte del mundo *** [Ilustración y recuadro de la página 55]