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2. MARCO TEÓRICO Y ESTADO DE LA CUESTIÓN

2.1. CONFIGURACIONES DE LA REALIDAD CONVERGENTES EN EL CINE

2.1.1. La búsqueda humana de sentido y comprensión de la realidad

Una de las necesidades más primitivas y fundamentales del Hombre ha sido, desde siempre, comprender la aventura de su existencia en relación con la realidad que experimenta: cómo se compone esta, cómo le afecta, cómo se integra en ella. Durante nuestras vidas, buscamos entender quiénes somos, cuál es el sentido de nuestra existencia, cuál es el papel que tenemos en el mundo y cuál es el papel que nuestro entorno ejerce y ejercerá en nosotros. Intentamos definir nuestros límites personales, nuestras compe- tencias, nuestras percepciones y nuestra sensibilidad, al mismo tiempo que nos preocupamos por el modo en el que estos elementos se adaptan, integran y participan en la realidad que nos rodea. Aunque nacemos con particularidades genéticas que pueden condicionar hasta cierta medida las predisposi- ciones de nuestra identidad individual y social, dicho ajuste del Hombre al mundo se convierte en una parte fundamental de su experiencia cotidiana y de la construcción del sentido de su vida. Recibimos del exterior elementos que contribuyen decisivamente a la formación de nuestro ser, ya que “estar en el mundo es una experiencia sensorial, emocional y reflexiva”6 (Barbosa, 2010, p. 299).

En este diálogo entre uno mismo y el entorno real que lo rodea, así como entre lo que uno desea y lo que el mundo cercano le permite, la búsqueda de sentido individual y colectivo está siempre presente, no solamente en las primeras edades – donde definimos en gran medida lo que somos individual y socialmente -, sino también a lo largo de las distintas etapas de nuestras vidas.

Se esperamos viver não somente de momento a momento, mas na plena consciência da existência, então a nossa maior necessidade e a nossa mais difícil realização é encontrarmos um sentido para as nossas vidas. (...) A compreensão do sentido de vida de cada um não se adquire de repente, em determinada idade, nem mesmo quando já tivermos chegado à maturidade cronológica. Pelo contrário, a maturidade psicológica consiste na aquisição de uma segura compreensão do que pode ou deve ser o sentido da nossa vida. E esta realização é o resultado final de uma longa evolução: em cada estádio procuramos, e temos de encontrar, um mínimo de sentido, adequado à forma como o nosso espírito e a nossa compreensão já evoluíram.7(Bettelheim, 2011, p. 9)

En esta larga y recurrente lucha por el sentido vital (la base de nuestra comprensión de las realidades interiores y exteriores), la progresiva construcción coherente de una auto-imagen es paralela al desarrollo de otra sobre los fenómenos y hechos del mundo real y se puede decir que sin una no puede existir la otra. Nuestro desarrollo personal no se puede plantear sin una consciencia mínima sobre quiénes somos y sobre el papel que el entorno real ejerce en nosotros (ya sea por su mayor presencia o ausencia). En la articulación y en la comunicación entre la individualidad y el ámbito social definimos una forma de ser, pensar y existir, que nos permite satisfacer necesidades, deseos y objetivos, ya sean íntimos o grupales. En este contexto, el lenguaje y la noción de verdad asumen un papel fundamental. Si “la vida cotidiana se

6 Texto original: “Being in the world is a sensory, emotional and reflective experience. It would be difficult to categorize hierarchically whether sense, emotion or reflection is most central, since they intertwine as they permeate the forms in which we relate socially, build and live in space and by which we know and organize time.”

7 Trad. Cast.: “Si esperamos vivir no solamente de momento a momento, sino en la plena consciencia de la existencia, entonces nuestra mayor necesidad y nuestro objetivo más difícil es encontrar un sentido para nuestras vidas. (…) La comprensión del sentido de la vida de cada uno no se adquiere de repente, a determinada edad, ni siquiera cuando ya hemos alcanzado la madurez cronológica. Al contrario, la madurez psicológica consiste en la adquisición de una comprensión segura de lo que puede o debe ser el sentido de nuestra vida. Y esta realización es el resultado final de una larga evolución: en cada estadio buscamos, y tenemos que encontrar, un mínimo de sentido, adecuado a la forma en la que nuestro espíritu y nuestra comprensión ya han evolucionado.”

presenta como una realidad interpretada por los hombres y que para ellos tiene el significado subjetivo de un mundo coherente” (Berger y Luckmann, 2008, p. 34), entonces necesitamos de esos dos tipos de operaciones: una de traducción de los estímulos internos y/o externos (lenguaje) y otra de integración válida, significativa y coherente (verdad) de los datos recibidos y percibidos.

Entre el pensamiento del individuo, por un lado, y la realidad o naturaleza, por el otro, no existe una concordancia inmediata, una comunicación transparente y sin ruido. El Hombre necesita de herramientas que le permitan interpretar los datos sensoriales que le llegan de su exterior para construir su comprensión de la realidad. Esta comunicación se hace posible a través del lenguaje.

Un lenguaje es un sistema de signos o símbolos que permite designar las cosas nombrándolas, significar ideas, traducir pensamientos. Al ofrecer una representación simbólica de las cosas y de las relaciones percibidas en la realidad inmediata, permite actuar sobre el mundo modificando esas relaciones en la representación que se da de él a su través. (…) Si el pensamiento se forma entonces en la medida en que se formula, es evidente que toda idea está ligada al método y a las formas de expresión que lo significan. El pensamiento expresado es inseparable del lenguaje que lo expresa. (Mitry, 2002a, pp. 45 y 66)

El lenguaje presenta la capacidad de objetivar la experiencia humana, de categorizar a través de signos y campos semánticos y sintácticos todo aquello que le llega al individuo a través de su percep- ción y de su sensibilidad. La comprensión, el conocimiento y la racionalidad del Hombre se hacen posibles cuando el lenguaje realiza la mediación entre, por una parte, el caos y la desorganización natural de los datos de la realidad, y, por otra parte, su abstracción, estructuración y significación mentales dentro de la cognición humana. Tal como mencionan García Amilburu y Lenderos Cervantes (2011), “el lenguaje permite clasificar y organizar el conocimiento del mundo, hasta el extremo de que sólo sabemos aquello que somos capaces de nombrar” (p. 15).

En la misma línea, Berger y Luckmann (2008) observan que el uso cotidiano del lenguaje “proporciona continuamente las objetivaciones indispensables y dispone el orden dentro del cual éstas adquieren sentido y dentro del cual la vida cotidiana tiene sentido” para cada individuo (p. 37). Además, permite la comunicación interpersonal y, así, la vida social del Hombre, donde la conversación y el diálogo bidirec- cional entre autores y receptores de todo el tipo de mensajes lingüísticos hacen posible la negociación de necesidades y de objetivos, así como la expresión personal. También por eso el lenguaje que un indi- viduo utiliza suele adquirirlo a través de la enseñanza y de la imitación dentro de su comunidad (ya sea lenguaje verbal, sonoro o gestual), lo que permite la estandarización de los códigos comunicacionales y una base común de comprensión y de interacción. El lenguaje se convierte así en un instrumento indispensable para que el ser humano construya una comprensión racional sobre su persona y sobre la realidad en la que habita.

Si el lenguaje es la forma de nombrar las cosas, de objetivarlas y dotarlas de un sentido que configura nuestro mapa cognitivo en la comprensión del mundo real y en la comunicación entre los agentes humanos, la noción de “verdad” surge como un filtro para la valoración y categorización de las informaciones recibidas por el individuo desde la realidad. Eso mismo defienden Lakoff y Johnson (2005), afirmando que una característica fundamental de nuestra vida diaria es que “la verdad está relacionada con la comprensión, y la verdad de esa sentencia está relacionada con la manera normal en que entendemos el mundo proyectando orientación y estructura de identidad sobre él.” (pp. 203 y 204). Searle (1995) también sostiene que algo es verdad cuando define con exactitud cómo son las cosas, y que lo que define una construcción lingüística de la realidad que se asume como verdadera es la correspondencia

entre, por una parte, los hechos y la realidad, y por otra parte, lo que declaramos como siendo verdad (p. 210-211). Por otra parte, Lakoff y Johnson (2005) añaden que “entendemos una aserción como verda- dera en una situación dada, cuando nuestra comprensión de la aserción se ajusta a nuestra compren- sión de la situación de una manera suficiente de acuerdo con nuestros propósitos” (p. 222).

Significa entonces que la noción de veracidad se atribuye a nuestra concepción mental de los hechosde la realidad, reflejada en los actos discursivos y lingüísticos que representan nuestra cosmo- visión. Esto adelanta el problema de la oposición entre el objetivismo y el subjetivismo en relación con la concepción de la realidad y a la veracidad de sus hechos (discusión que dejaremos para analizar más adelante). Pero lo que parece desde ya indudable es que, a través de la valoración y de la definición de la veracidad de lo que percibimos, podemos desarrollar una identidad individual y social (así como una comprensión y una postura vital - que determina quiénes somos y qué significa la realidad en la que vivimos. Porque, tal como defienden Lakoff y Johnson (2005), “nuestras acciones tanto físicas como sociales se apoyan en lo que consideramos que es verdadero” (p. 202).