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Partiendo de la afirmación sobre la fe, como el conocimiento nacido del amor religioso90, sería imposible acercarnos a Pedro Calderón de la Barca, ignorando el entorno que cultivó pequeños y grandes indicios en su experiencia religiosa. Desde esta perspectiva, podríamos decir que la vida de Calderón se divide en dos: antes y después de su opción por el sacerdocio; aunque nuestra atención está más centrada en lo que se refiere a los treinta y cinco años que vive, previos a la aparición de La vida es sueño91; pues, sólo hasta el año 1651, Calderón concreta su vocación sacerdotal. Antonio regalado nos da aquí su apreciación:

Que el dramaturgo pueda parecer ateo y católico a la vez no deja de ser extraño, aunque nada inverosímil, pues la experiencia del ateísmo forma parte esencial de la dialéctica calderoniana en tanto la fe cristiana ha hecho posible el ateísmo y el

88 Berenger, Autoridad y libertad: estructuras de La Vida es Sueño, 42. 89 Huerta, Historia del teatro español, 1132.

90 Ver. Lonergan, Método en Teología, 116.

91 Esta aclaración es esencial porque nos limitaremos al estudio de dicha obra y no entran en ella los años

nihilismo que caracterizan la época moderna. (…) la hipótesis de que tras Calderón ortodoxo se esconda otro Calderón librepensador alaga nuestro gusto por el melodrama y la conspiración, pero no resuelve la paradoja de que coexistan en el mismo personaje la fe y el espíritu crítico, la piedad y el escepticismo, la reverencia y el asombro92.

Si solamente tuviéramos los dramas profanos de Calderón, lo tildaríamos del más ateo de los dramaturgos y si tuviéramos sólo su teatro religioso, lo tildaríamos del más católico. El hecho de que nuestro autor escribiera simultáneamente dramas cristianos y profanos hace patente la tematización de la crisis escéptica en función de las posibilidades de cada género dramático y de diversos planteamientos que oscilan entre el incondicional absoluto de la fe y el carácter problemático del pensamiento. De aquí se desprenden los dos estilos de Calderón ya mencionados93.

Debido a la influencia religiosa que tuvo Calderón durante su educación, plantea los problemas que surgieron contemporáneamente a él; uno de los más citados es el libre albedrío y la predestinación. El libre albedrío, armonizado con la gracia, es sustentado por la Iglesia; y la predestinación, con una disminución de la libertad, sustentada por los reformistas protestantes.

La representación dramática de la posibilidad o imposibilidad del hombre de decidir libremente su destino, su salvación, recoge las polémicas contrarreformistas sobre el libre albedrío y la predestinación. Aquellos que opten por la predestinación, sostienen que existe un designo divino que condena o salva, mediante la gracia y la fe, que es un don de Dios, más allá de la forma en que los hombres actúen. Quienes postulan el libre albedrío, creen en

92 Regalado, Calderón I. Los orígenes de la modernidad en la España del Siglo de Oro, 81.

93 El primero, en el que reordena, condensa y reelabora lo que en Lope aparece de manera difusa y caótica,

estilizando su realismo costumbrista y volviéndolo más cortesano. Aparecen personajes representativos de su tiempo y de su condición social, todos los cuales tienen en común los tres temas del teatro barroco español: el amor, la religión y el honor. Y el segundo, donde el dramaturgo inventa, más allá del repertorio caballeresco, una forma poético-simbólica desconocida antes de él y que configura un teatro esencialmente lírico, cuyos personajes se elevan hacia lo simbólico y lo espiritual. Se enmarcan aquí los dramas filosóficos o teológicos, autos sacramentales y comedias mitológicas o palatinas.

la salvación a través de las buenas obras que los hombres realicen en su vida con la ayuda de la gracia.

Recordemos que el siglo XVII fue la época del exclusivismo y la polémica confesionales. Pero también es verdad que en él se produjeron -a diferencia de los dos siglos siguientes-, intensos esfuerzos de unificación. La amarga experiencia de la escisión confesional en occidente, movió a una serie de importantes personalidades de todas las confesiones a

buscar posibilidades de reunificación eclesial. “En el aspecto teológico-religioso hubo un

problema que, como al siglo XVI, también imprimió carácter al siglo XVII; no fue otro que el problema teológico por excelencia de Occidente, el problema del camino de la salvación

o, más en concreto, el problema de la gracia y la voluntad”94.

El revulsivo protestante, bien como estímulo, bien como repulsa, influyó poderosamente en la vida católica y sus planteamientos teológicos dentro de los círculos tendentes al robustecimiento y a la renovación de la piedad, bien fuesen círculos estrictamente eclesiásticos (jesuitas, dominicos), bien fuesen círculos marginales (jansenismo, quietismo)95. Calderón supo hacer teatro con todos estos materiales que pertenecían a la cultura religiosa de la España del siglo XVII. El que Calderón localizara la búsqueda del Dios desconocido en los primeros siglos de la era cristiana, enfrentando a sus protagonistas paganos empapados de filosofía, con la Revelación, no es fortuito, sino más bien índice del

vehemente deseo de reconciliar razón y fe”96. Sirvan de ilustración estas palabras de

Antonio Regalado:

Calderón no se apoyó en un catolicismo cómodo y fantasmal como el que ha sido confeccionado por algunos de sus críticos a base de prejuicios y tres o cuatro citas de teología. El dramaturgo se afanó en encontrar un equilibrio entre la necesidad y

la libertad, la justificación por la fe y por las obras, la gracia y el pecado, oscilando hábilmente entre el pelagianismo y la sola fides, impelido no sólo por el deseo de quedarse dentro de los elásticos confines de la doctrina ortodoxa, sino también por haber asumido dialécticamente la posición luterana. Y en este sentido es el gran

94 Lortz, Joseph, Historia de la Iglesia, Vol. II, Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982, p. 498. 95 Ibid., 498.

dramaturgo de la contrarreforma y, aunque pueda extrañar a muchos, por eso mismo el gran dramaturgo de la naciente modernidad97.

Hasta aquí, con los cuatro apartados propuestos: Confesiones, La teología y el arte en un escenario común: el hombre, Calderón y La vida es sueño en la mira y Bajo un techo religioso, quise contextualizar la obra de Pedro Calderón de la Barca en el marco del teatro español del siglo de oro y caracterizar con ello, la visión teológica de La vida es sueño. Esta primera parte constituye el punto de partida para la explicitación de los Fundamentos. Es posible hacer teología desde una obra dramática. Dicha afirmación encontrará los argumentos suficientes cuando se aborden las categorías Libertad, Pecado y Gracia, pues constituyen la columna vertebral del contenido teológico del presente trabajo; y, como se ha mencionado anteriormente, son categorías protagonistas del contexto religioso de la época, que no fueron ajenas a la producción literaria de Calderón, sino que se camuflaron muy bien bajo su ingenio y religiosidad.

97 Ibid., 234.

CAPÍTULO II LA LIBERTAD, EL PECADO Y LA GRACIA

COMO FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS

La preocupación central del capítulo anterior fue contextualizar la obra de Calderón en el marco amplio del teatro español del Siglo de Oro, exponiendo las características genéricas de su visión teológica en La vida es sueño. El tono utilizado, sobre todo al comienzo del capítulo, fue más personal y se asumió como un ejercicio de autoapropiación de lo presentado. Ahora, en este capítulo, y dado que su referencia fundamental es la segunda fase del quehacer teológico –que corresponde a una teología mediada (Fundamentos, Doctrinas, Sistematización y Comunicación)–, el estilo de la escritura tendrá un corte más conceptual, sistémico: me ocuparé aquí de la explicitación de los Fundamentos, partiendo del objetivo que me ocupa: identificar y explicitar las categorías Libertad, Pecado y

Gracia, en su proceso de elaboración teológica, para, posteriormente (en el capítulo III), precisarlas en la obra de Calderón y hacer, desde allí, una lectura hermenéutica que dé cuenta de su actualidad.

Rodolfo de Roux indicaba, en un seminario de la Maestría en Teología del año 2007, que dentro de lo que se llama Teología Fundamental se pueden comprender las categorías

generales y especiales como “simples conjuntos de términos y relaciones articulados entre

sí, que tienen una función orientadora en la búsqueda de comprensión, sin prejuzgar su grado de correspondencia total con la realidad que tratan de interpretar, y que tampoco la presuponen, ni de momento intentan verificarla. No pretenden por tanto, ser ya

descripciones de la realidad, ni hipótesis sobre la realidad”98. Su grado de objetividad es

proporcional a la efectividad de las conversiones.

Estas palabras son operativas para nuestra intención de indicar las categorías que nos sirven para la lectura teológica y creyente de La vida es sueño. Hemos dicho ya cómo esta lectura se realizará desde tres categorías, que no sólo preocupan a Calderón, sino que son también

materia de nuestro presente. El haberlas elegido no obedece a un capricho, sino que son categorías que ya los estudiosos de Calderón, -sin desarrollarlas con amplitud-, identifican como una de sus preocupaciones centrales.

En este capítulo se integran dos partes: la primera corresponde a La explicitación de los fundamentos, que sirve de gran ayuda para ubicar el punto en el que nos encontramos dentro del proceso teológico; y, la segunda, Tres categorías: Libertad, Pecado y Gracia, en la que las categorías estudiadas se ubican como categorías teológicas generales y especiales, que se construyen a partir de componentes transculturales que les dan validez.