En 1977, P. Gingerich, paleontólogo de la Universidad de Michigan, fue a Pakistán en busca de mamíferos terrestres del Eoceno y visitó un área que se suponía guardaba restos de estos mamíferos pero sólo encontró fósiles marinos. Aunque lo parezca, no es sorprendente encontrar trazas de vida oceánica antigua en Pakistán, lejos de la costa del país actual. Durante el Eoceno, el vasto mar de Tetis cubría gran parte de lo que ahora es el subcontinente indio. Entre aquellos restos el equipo de Gingerich descubrió dos fragmentos de pelvis que parecían provenir de bestias relativamente grandes que caminaban.
Dos años más tarde, en el norte de Pakistán, en las colinas al pie del Himalaya, el grupo de Gingerich encontró un fragmento de un cráneo de una criatura del tamaño de un lobo, en compañía de restos de mamíferos de 50 millones de años de antigüedad, con algunas características en sus oídos que son propias de los cetáceos y no aparecen en ningún otro vertebrado. El grupo había descubierto la
ballena más primitiva bautizada luego como Pakicetus. Su nombre indica que fue encontrada en Pakistán y que está considerada en el grupo de los cetáceos. No lejos de allí, y en forma casi simultánea, otro grupo encontró más restos de Pakicetus.
El Pakicetus era un mamífero del tamaño de una vaca pero con unas articulaciones completamente distintas a las de una vaca. Parecían más bien las aletas de un pez. Por eso, en sus movimientos en tierra era bastante torpe. Sin embargo, cuando se introducía en el agua sus movimientos eran bastante más ágiles y seguros. Era evidente que se había adaptado mucho más al mar que a la tierra. Tenía una temible hilera de dientes con los cuales capturaba sus presas en el fondo del mar.
En 1983, Gingerich no pudo volver al norte de Pakistán debido a la invasión soviética a Afganistán por lo cual decidió trasladarse a Egipto, a unos 150 kilómetros al suroeste de El Cairo. Como Pakistán, mucho del Egipto actual estuvo sumergido bajo el mar de Tetis. Hoy, los esqueletos de criaturas que nadaron en el antiguo mar se encuentran enterrados en la arena del desierto. Uno de esos esqueletos, de entre 40 y 37 millones de años de antigüedad, corresponde a una ballena de unos 18 metros de longitud, con cabeza armada de dientes, de miembros traseros menudos y cuerpo de serpiente marina, conocida como Basilosaurus. Era la primera evidencia de un cetáceo con patas. Gingerich llegó a la conclusión que era un descendiente de Pakicetus pero unos diez millones de años más reciente.
En 1992, otro grupo recuperó, en rocas marinas del norte de Pakistán, un esqueleto que se puede considerar intermediario entre las ballenas modernas y sus ancestros terrestres. Tenía pies grandes y una cola poderosa -lo cual sugería que era un buen nadador- pero también huesos fuertes en las patas y codos y muñecas móviles lo que sugería habilidad para desplazarse en tierra. Se le denominó Ambulocetus natans para indicar que era una ballena que caminaba y nadaba.
Los Pakicetus y los demás cetáceos primitivos, con cerca de 140 géneros fósiles encontrados, dieron origen a los mayores animales que hayan existido nunca en el planeta, como el cachalote azul, de 30 metros de largo y 130 toneladas de peso, capaces de sumergirse a una profundidad de más de mil metros y resistir hasta 40 minutos debajo del agua.
“Querido: descendemos del mono! Esperemos que no sea cierto; pero si lo fuera, recemos para que no se entere todo el mundo”
Esposa del obispo de Worcester, en Inglaterra, después de la publicación del “Origen de las especies” de Darwin
11. El Planeta de los Simios
La “fractura” de África
En 1871, Charles Darwin predijo que los ancestros más primitivos de los humanos se debían encontrar en África, donde nuestros primos chimpancés y gorilas viven todavía. Hoy, esa predicción es aceptada por todos los paleontólogos pero restringida a África Oriental.
Hace unos 180 millones de años, Pangea, el supercontinente único de la Tierra, se dividió en dos continentes: Laurasia y Gondwana. Posteriormente, Gondwana se fracturó y dio origen a África y América del Sur. Debido a los movimientos de la corteza terrestre –la tectónica de placas- África se desplazó hacia el noreste y se unió a Eurasia (Europa y Asia) con lo cual se generó un puente natural de tierra que separó el Mar Mediterráneo del Océano Indico y permitió el paso de África a Asia y Europa. A la parte oriental de Eurasia se unió, a su vez, el subcontinente indio.
Hace unos quince millones de años
Procónsul, o alguna forma semejante de
prosimio aprovechó inmediatamente ese puente y comenzó a viajar, difundiendo su descendencia primero por Europa y más tarde por Asia.
Hace unos diez millones de años tuvo lugar, como consecuencia de los movimientos tectónicos, una “fractura” longitudinal de África. A lo largo de esta grieta, denominada “Rift”, la tierra se elevó, aumentó la actividad volcánica en esa región y se produjeron consecuencias climáticas muy importantes: mientras el oeste siguió siendo forestal, la zona oriental se hizo más árida a causa de las transformaciones producidas por las masas de aire. Se considera que en la parte occidental boscosa se desarrollaron los simios (chimpancé y gorila) mientras que en la zona árida de la sabana, en Africa Oriental, surgieron las primeras formas de homínidos. Fue en esta zona donde al mismo tiempo que ocurrían las transformaciones geoclimáticas se producía la bifurcación entre los antepasados de los grandes simios (chimpancés, gorilas y orangutanes) y los homínidos, con esta última rama desembocando en el hombre actual.
Entre los grandes simios, el chimpancé es el más relacionado con el hombre mientras que los otros dos grandes antropomorfos, el gorila y el orangután, son primos más distantes, desde el punto de vista evolutivo.