Mercurio, Venus, Marte y la Tierra forman los planetas interiores o planetas terrestres o planetas rocosos del sistema solar.
Mercurio carece de atmósfera y está muy cerca al Sol por lo cual su temperatura en la superficie es muy alta para poder soportar cualquier forma de vida.
Los otros tres planetas interiores –Venus, Tierra y Marte- se formaron, de manera similar, por lo cual fueron semejantes en muchos aspectos. Así, presentaban en su superficie minerales parecidos y en su atmósfera, gases similares: dióxido de carbono (CO2) y vapor de agua; los tres dispusieron, además, de un clima templado que les permitió mantener agua líquida en su superficie. La Tierra conservó una temperatura media, en su superficie, de 15 grados centígrados mientras que en los otros dos planetas la situación fue cambiando hasta la actual, donde la superficie de Marte se encuentra congelada a – 60 °C y la superficie de Venus es un horno de 500 °C. ¿Por qué, esas diferencias?
El sentido común sugiere que la Tierra, con una temperatura media de 15 grados centígrados, se formó casualmente a la distancia correcta del Sol, mientras que Venus quedó muy cerca al Sol y Marte muy alejado.
Sin embargo, el registro geológico indica que la Tierra primitiva era más caliente que la que conocemos. Parte del planeta está hoy cubierto de glaciares; sin embargo, no hay ninguna señal de glaciaciones similares anteriores a 2.700 millones de años atrás. La explicación más plausible es que el efecto invernadero debió ser más intenso en un pasado remoto.
Pero además hay otro factor: la atmósfera de cada uno. La superficie de Marte está helada porque perdió la capacidad de desprender de nuevo dióxido de carbono a su atmósfera. Venus es un infierno porque experimentó el problema opuesto: no tiene manera de extraer dióxido de carbono de su atmósfera. La Tierra, por su parte, siempre ha gozado de un clima moderado y más o menos estable debido a un mecanismo cíclico que aumenta la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, cuando la superficie del planeta se enfría. El dióxido de carbono absorbe la radiación infrarroja; esta radiación genera calor que se reemite hacia la superficie del planeta, calentándola. Por el contrario, cuando el calor aumenta en la superficie de la Tierra, disminuye la concentración de CO2 en la atmósfera y, con ello, la capacidad de captar la radiación infrarroja calórica; como consecuencia, la superficie del planeta se enfría. Por eso, solo en la superficie de la Tierra se encuentra agua en forma líquida que es crucial para la generación y el mantenimiento de la vida.
Además del agua líquida y la vida, la Tierra posee otras dos características poco comunes en los planetas interiores: un intenso campo magnético y un movimiento gradual de sus continentes (la deriva continental).
El ciclo del dióxido de carbono puede haber mantenido el clima terrestre dentro de límites razonables mientras el planeta evolucionaba. Si en Marte hubo un proceso similar, fue incapaz de hacer lo mismo en ese planeta.
Evolucion del Mundo y la Vida
¿Cabe la posibilidad de que Marte fuera frío desde el principio y que su clima haya experimentado pocos cambios en los últimos 4.600 millones de años? No parece verosímil. La superficie marciana está surcada por muchos canales que fueron, casi con certeza, excavados por agua corriente. Es decir, Marte conoció, tiempo atrás, temperaturas suficientes para retener el agua líquida. Debió tener, entonces, una proporción adecuada de dióxido de carbono pero se enfrió por su menor tamaño: la alta relación de superficie a volumen hizo que perdiera el calor a mayor velocidad. Con el tiempo, el interior se hizo tan frío que ya no pudo liberar dióxido de carbono hacia su atmósfera la cual se fue adelgazando y, en consecuencia, su temperatura fue disminuyendo hasta llegar al presente estado gélido. Marte todavía conserva una gran provisión de agua pero congelada de modo que es posible que vuelva a ser húmedo si un meteorito gigante chocara contra su superficie o si nuestros descendientes consiguen, de alguna forma, que Marte sea habitable para los humanos. Venus, por su parte, está completamente deshidratado en su superficie a pesar de que tiene una atmósfera espesa de dióxido de carbono y ácido sulfúrico que atrapan el calor solar por el efecto de invernadero; pero también elevan la temperatura en la superficie hasta 500 °C, muy por encima del punto de ebullición del agua.
Los planetas interiores o terrestres (Mercurio, Venus, Tierra y Marte), cuya masa, en conjunto, es sólo un 0.0005 por ciento de la masa solar, contienen elementos más pesados como el hierro, el carbono, silicio, níquel o incluso oro y uranio, mucho menos abundantes en el cosmos que el hidrógeno.
Cerca del Sol, el calor era suficiente para expulsar cualquier material fácilmente volatilizable, tal como el hidrógeno y el helio. Sin embargo, estos dos gases debieron constituir las atmósferas primitivas de los planetas terrestres hasta el momento en que el Sol comenzó a emitir un potente viento solar y una intensa radiación que barrieron, como un huracán, los sectores vecinos al Sol y eliminaron la atmósfera de los planetas interiores.