II. SEGUNDA PARTE: IRRUMPE EL MOVIMIENTO DE MASAS
11. BATALLA POR LA LIBERTAD DE LOS PRESOS POLÍTICOS
Valentín: A lo largo del 74 y 75, principios del 76, el enemigo había realizado centenares de capturas y desaparecimientos. Los cuerpos de seguridad pública llenaban los ríos de cadáveres o los iban a despeñar a los acantilados de “Puerta del Diablo”78, al Playón y a otros lugares. Aquello era
intolerable. En 1977 a nosotros nos habían capturado a cuadros importantes, incluso a Félix79, del
comando central. Teníamos informaciones de que a éste y a unos 20 más los tenían en los sótanos de la guardia nacional. Masas y familiares reclamaban infructuosamente. Todos los cuerpos represivos respondían rotundamente que no los tenían. Muchos llevaban hasta año y medio en esa situación.
La organización vio que eso sería sólo un asomo de la escalada del gobierno. Nosotros estábamos decididos a levantar a las masas contra toda la situación. Se imponía la necesidad de una acción militar para la denuncia política y para hacer los últimos esfuerzos a fin de rescatar a los prisioneros y, además, para señalar al pueblo la necesidad de incrementar la acción armada.
Entonces se le encomendó a la comisión militar que seleccionara, entre varios personajes, uno que, siendo una figura prominente del régimen militar, reuniera las condiciones para usarlo como rehén
78. La Puerta del Diablo, lugar turístico donde existen unas precipitaciones profundas en el terreno. 79. Rafael Avalos.
para lograr la liberación de los presos. La acción debía realizarse en un plazo políticamente adecuado.
En la segunda semana de abril, el comando central ordenó la captura inmediata de Mauricio Borgonovo, ministro de Relaciones Exteriores de la dictadura. En la comisión militar estaba Iván80,
el jefe, y los compañeros Douglas, Juanito y otros. La captura se realizó limpiamente el 19 de abril de 1977. El detenido no sufrió ninguna contusión ni nada, fue tratado humanamente y remitido a una prisión del pueblo que habíamos acondicionado apropiadamente para hacer menos dura su estancia en ella.
Con la seriedad revolucionaria del caso, emitimos en el acto un primer comunicado de prensa acompañado por la fotografía del secuestrado. Nos responsabilizamos de la detención del canciller, y exigimos el cese de todo tipo de capturas políticas y desaparecimientos. Demandamos la libertad de 35 compañeros, dando algunos detalles de dónde el enemigo los tenía secuestrados. Entre los que pretendíamos rescatar solamente 7 eran de las FPL, todos los demás pertenecían a otras
organizaciones. Además de Félix estaban los tres hermanos Climaco de San Vicente, el doctor Madriz, Lil Milagro Ramírez y varios compañeros de FESTIAVTCES81, de la FUSS. Al mismo
tiempo, hicimos llegar a manos de la familia una carta, exponiéndole nuestro interés en alcanzar un desenlace feliz para ambas partes. Para ello les pedíamos que hicieran gestiones ante el gobierno del coronel Molina a fin de agilizar la negociación.
El enemigo respondió condenando la detención del canciller, negando el secuestro de los compañeros por parte de los cuerpos de seguridad y desencadenando una campaña de cateos. Nosotros, en sucesivos comunicados, advertimos que los cateos y nuevas capturas eran una peligrosa provocación que ponía en riesgo la negociación.
Las masas se movilizaron y sacaron pronunciamientos, reclamando a sus hijos y hermanos que estaban en manos del enemigo. Sólo hubo un sector popular muy reducido que no comprendía todavía la acción armada y dejaron sentir su reserva. Parece que temían que se les estuviese comprometiendo.
Nuestra exigencia era contra la dictadura y no hacia la familia Borgonovo. El régimen se burló de las demandas de las masas y con todo cinismo dijo que los desaparecidos eran personas que se escondían obedeciendo órdenes de la guerrilla.
Nosotros desde el principio no amarramos la operación a plazos fatales. Se apeló en 8 comunicados y en varias cartas privadas. Al cabo de un tiempo, la familia nos comunicó confidencialmente que algunos muchachos estaban posiblemente con vida, pero que el alto mando se había puesto
intransigente. Dimos unos días más para que la familia hiciera esfuerzos por persuadir al presidente y, por nuestra parte, presionamos al gobierno diciéndole que sabíamos, con toda seguridad, que varios de nuestros hermanos estaban presos, pero que otros estaban muertos. Les pedimos que nos dieran a los que tuvieran vivos y les ofrecimos formas discretas para llevar adelante las cosas. Todo el mundo en El Salvador estaba a la expectativa del desenlace. El mismo enemigo se había encargado de saturar el ambiente con una campaña desinformativa en los medios contra las FPL. El día 29 de abril, el presidente militar había ordenado una cadena de radio y televisión para sentar su posición definitiva.
A esas alturas, nosotros decidimos señalar un plazo, ya que, de otra manera, el enemigo con su mano de hierro dejaría en entredicho la palabra de la guerrilla revolucionaria, y dejaría como en una
80. José Roberto Sibrián.
situación de impotencia y debilidad al movimiento popular en su conjunto. A las 20 horas, el coronel Molina estremeció a la nación de la manera más fría y menospreciativa. La sentencia fue rotunda: no negociar con los terroristas ni en lo mínimo. Aquello fue un aldabonazo en el rostro de las masas. La posición irreductible de los militares de no pasar a todos aquellos hijos del pueblo ni siquiera a los tribunales viciados, condenaba a la muerte y al desaparecimiento inapelable a decenas y decenas de ciudadanos. En cada hogar, las familias se quedaron impactadas y en silencio al escuchar aquella última voz del enemigo. La dictadura había decidido la muerte de los hijos del pueblo y la de su mismo canciller.
La familia Borgonovo desde el principio nos hizo ofrecimientos financieros, y cada vez fue elevando más los montos, ya que era una de las familias más poderosas de la oligarquía. Pero nosotros explicamos siempre el objetivo de la misión. La familia comprendió el fallo del enemigo y realizó la última gestión ante el gobierno, la que fue rechazada brutalmente. Agotado todo aquello, nos hizo llegar la última carta donde hacía un avalúo aproximado de la fortuna de la familia en capitales líquidos y bienes en varias capitales de Centroamérica, y ofrecía reunir un monto global con ayuda de otras familias oligárquicas.
El ofrecimiento caía en un momento aflictivo en la economía de la organización. Estábamos a cero desde hacía varios días. Recientemente nos acababa de brindar cierta ayuda financiera una
organización hermana para medio salir de apuros. Con esa fortuna que nos ofrecían podríamos haber financiado la guerra por 3 años o más. La organización, sin embargo, debía ser recta. El conflicto era entre la revolución y la dictadura, entre décadas de opresión y la nueva estrategia político-militar de la revolución, entre los derechos humanos de la mayoría de la nación y el nuevo plan de contrainsurgencia.
Aquella jornada político-militar era en realidad la primera gran batalla por la libertad de los presos políticos. Podríamos haber llegado a una negociación secreta y recibir millones de dólares a cambio de nuestros compañeros y de las esperanzas populares. Siempre tuvimos como un principio muy particular de la organización el de no mezclar peticiones económicas con banderas políticas. La mirada popular estaba puesta en esto.
Ante esta situación, la organización fue clara frente al pueblo y lanzamos el último comunicado el 11 de mayo del 77. Recuerdo que fue triste aquella decisión, pero fue resuelta. Las FPL
respondieron como el pueblo esperaba, y dijimos: “Todo el oro de la oligarquía no vale lo que vale uno solo de los patriotas encarcelados”.
Salvador: Llevamos a cabo el ajusticiamiento, a pesar de las amenazas que nos había hecho la dictadura en el sentido de que cada comando que capturara sería hombre muerto. Antes de realizar la ejecución se decidió organizar una serie de actividades con la participación del movimiento popular: Tomas de iglesias y agitación alrededor de la liberación de los presos políticos.
¿Cómo fue recibido el ajusticiamiento?
Salvador: Esta acción demostró ante el pueblo el poder de la guerrilla, pero la gente más atrasada la vio como un gran desafío de los comunistas; pensaron que íbamos a acabar con el gobierno... Valentín: En realidad, por las masas avanzadas y las masas de un nivel medio de conciencia, la operación fue acogida con una gran simpatía. Las masas se movilizaron. Aparecieron reclamos por el paradero de los presos y hubo acciones de hecho realizadas por las masas.
Salvador: Se asustaron bastante... Borgonovo era un elemento de la oligarquía, pertenecía a una de las familias más adineradas del país y era miembro de la oligarquía modernizante, que tenía industrias y tierras. La oligarquía fue tocada con aquel ajusticiamiento.
El ajusticiamiento del canciller, ¿fue el primero que ustedes hicieron?
Valentín: De ese tipo sí. En 1974, sin proponérnoslo ajusticiamos al primer secretario del presidente. Un grupo de compañeros hacían un reparto de propaganda de casa en casa en una urbanización de edificios multifamiliares conocido como Zacamil. Lo que sucedió fue que de un apartamento salió un individuo armado con una pistola 45, encañonó a la compañera que distribuía El Rebelde y quería meterla al interior del apartamento para posteriormente entregarla a los cuerpos represivos. La muchacha iba acompañada por un compañero de seguridad, éste, al ver que la compañera estaba siendo amenazada, respondió eliminando al individuo armado. Sólo horas más tarde confirmamos que se trataba del secretario particular del presidente de la república, quien se encontraba en el apartamento de una estudiante que era su amante.
¿Qué balance haces tú de aquella operación ahora, ya con la madurez de hoy? ¿Tú crees que fue necesario llegar a eso...?
Salvador: Ubicándolo en su contexto histórico, fue necesario. Realmente había una gran cantidad de presos políticos. La idea fue la de liberarlos por la vía de capturar a un elemento del gobierno. Ese era el plan. Prácticamente la dictadura decide sacrificar a un funcionario del gobierno y miembro de la oligarquía antes que ceder a las demandas de la guerrilla.
Valentín: El balance tiene que hacerse a partir de la situación concreta que vivía el país, y también a la luz de las posibilidades concretas que tenían las FPL en aquel momento.
Lo primero que consideramos fue tomar como prisionero a un alto jefe militar, pero eso hubiera requerido semanas de trabajo preparatorio. La coyuntura se nos iba, y con mayor seguridad se nos iban las vidas de los compañeros. Entonces se optó por capturar el funcionario de más alto rango y de mayor peso oligárquico dentro de la dictadura, a modo de facilitar el buen desenlace de las cosas. A estas alturas, viendo los acontecimientos a distancia, puedo decirte que todos nos sentimos profundamente identificados con aquella acción, por su justo contenido y porque el problema de los presos políticos es una situación que se sigue viviendo en el país.
Hace unos tres años, más o menos, el FMLN se vio nuevamente en la necesidad de capturar con banderas parecidas a la hija del presidente Duarte.
¿Cómo no van a ser justas estas acciones cuando el régimen no deja otra salida para liberar presos y desaparecidos? En lo personal, considero que aquella acción fue la segunda operación más
importante después de la ocupación guerrillera del Consejo Central de Elecciones. Eran operaciones situadas correctamente en la coyuntura. Lo que seguiremos deplorando toda la vida es el desenlace trágico que aquella situación tuvo y que fue determinada por el régimen militar.
¿Y no tomaron represalias con los presos?
Salvador: Nunca aparecieron. Ya entonces había muchos desaparecidos...
¿Ustedes estaban pidiendo en el fondo que apareciera gente que ya estaba muerta? Salvador: Había habido una racha de capturas y teníamos información de que estaban en las cárceles; pero el enemigo no se responsabilizaba públicamente por esas detenciones. Entonces nosotros pedíamos que los liberaran. Combinamos la petición del movimiento armado con la del movimiento de masas, que ya estaba bastante receptivo debido a la cuestión de las milicias.