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Beato de Liébana y los Beatos

A. Beato de Liébana

Omnium tamen librorum thecae hunc librum credas esse claviculam

(«De todos los libros, debes creer que este es la clave»)

El Beato de Liébana vivió en la actual Potes, en Asturias, en un monasterio arropado por los de Liébana, San Salvador, Aguas Cálidas, Santiago, San Miguel, San Pedro y otros. Él es, «como nuestro Berceo, un monje que escribe para otros monjes» (Saugnieux, 1982a: 153). Sabemos de su existencia por la controversia que suscitó junto a su compañero Eterio, obispo de Osma, al contradecir a Elipando (756-807), el arzobispo primado de Toledo, y a Félix de Urgel, quienes proponían la doctrina teológica del «adopcionismo», que afirmaba que Cristo era solamente hijo «adoptivo» de Dios. El Beato de Liébana estaba convencido de que esta teoría era errónea y por eso escribió O Dei verbum, apologético (785), en el que explicitaba sus creencias radicalmente diferentes y asentadas con firmeza en la ortodoxia católica. En el proceso se vio implicado el propio emperador Carlomagno, que convocó un concilio en Ratisbona en el que se ratificaron las posturas del monje de Liébana frente a los herejes. Se puede decir que a partir de este momento la región cántabra, y más concretamente la persona del Beato de Liébana, comienza a ser conocida en el ámbito internacional. De la misma forma O Dei verbum, apologético propició la relación del Beato de

Liébana con el culto a Santiago para su festividad en la liturgia mozárabe. La alabanza que le dedicó el apóstol supuso el inicio del culto posterior de Santiago como patrón de España y propició el descubrimiento de su sepulcro.

Además conocemos al Beato de Liébana por su obra principal, el extenso Comentarios al Apocalipsis, que redactó durante los años del reino de Alfonso I de Asturias (739-757) y que dedicó al citado Eterio de Osma. Con Comentarios se aseguró un lugar destacado en el campo de la codicología medieval. De hecho se puede considerar al Beato de Liébana como el primer escritor de Cantabria. Con su ingente biblioteca en el cenobio lebaniego, reforzada con libros de los pensadores más iluminados hasta entonces —entre los que estaban los orientales y los romanos—, se pone a la cabeza de la teología en un momento agitado, el siglo VIII (Fernández Vega, 2006: 71). En el año 776 finalizó la primera

versión de Comentarios al Apocalipsis y en el año 786, en plena controversia adopcionista, completó la segunda y última redacción de su inquietante obra23, una de las literaturas más fascinantes de la Edad Media. Probablemente la escribió en el monasterio de San Martín de Turieno, que cambiaría de nombre en el siglo XII por el de Santo Toribio de

Liébana, donde el Beato de Liébana, junto a otros intelectuales, se refugió ante la invasión musulmana. Resulta irónico que este mismo influjo árabe es el que posteriormente proporcionará numerosos detalles de sublimidad al acabado de una de las copias más famosas del códice de Liébana. Hablamos del Beato de Silos, del que nos ocuparemos en el siguiente capítulo.

El códice original de Liébana desapareció en los años del Renacimiento; lo más probable es que fuera quemado en esta iglesia de

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El Simposio de 1976, que se celebró sobre el Fragmento de Silos, señala que en el año 786 fue confeccionado el primer ejemplar.

Santo Toribio. Afortunadamente se encargaron una veintena de copias24 que se llevaron a cabo con una dedicación y un esmero admirable, y hasta hemos podido comprobar que la mayoría contiene más folios y más miniaturas que el propio original. Todas estas copias creadas en la cumbre de la miniatura medieval en varios lugares de Europa fueron manufacturadas en los siglos IX al XIII25, en el interior de los monasterios,

cuyas murallas aseguraban la protección de pintores y escribanos. Se las conoce como «Beatos», a raíz del nombre de su predecesor, el citado Beato de Liébana. Además los Beatos nos revelan un mosaico de influencias culturales coetáneas a su composición, ya sean del arte árabe en las más tempranas o del arte carolingio en las posteriores. Las interrelaciones entre las copias existentes son complejas y difíciles de reconstruir (Wolf, 1988), pero trataremos de hacerlo a lo largo de este capítulo.

En Comentarios al Apocalipsis, el Beato de Liébana demostrará un gran dominio de la palabra escrita, enlazando, como ya estudiamos en el caso de Gonzalo de Berceo, influencias de variada procedencia. Aporta su interpretación del último capítulo de la Biblia, el Apocalipsis, que inspiró a San Juan en el exilio en la isla de Patmos (Vivancos, 2003: 18). Tras una visión, alrededor del año 95, San Juan transcribió el libro perturbador y misterioso del Nuevo Testamento, estableciendo una comunicación entre Yahveh y un elegido. Sin duda, en la época medieval, la idea de recibir mensajes del cielo a través de revelaciones estaba muy normalizada. Los mensajes del códice del Beato de Liébana en el siglo VIII

provocaban similar desasosiego o afirmación del credo tanto en los oyentes analfabetos como en los lectores aristocráticos y eclesiásticos.

Algunos Santos Padres ya habían intentado desentrañar el significado del texto de San Juan. Con su Comentarios al Apocalipsis el

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Que se conservan en el Centro de Estudios Lebaniegos, en Potes, Cantabria. 25

El Beato más temprano que se conserva es el conocido como el Vitr. 14-1 (Klein, 1976: 11).

Beato de Liébana trataba de predicar sobre el Apocalipsis y procurar remedios para que el peregrino pudiera encontrar el paraíso y no fuera condenado al infierno. Eran enmiendas y recomendaciones que comprendían desde situaciones de la vida cotidiana hasta cualquier manifestación artística que tuviese lugar. En último lugar pedía al Espíritu Santo que abriera a los hombres la puerta a la vida espiritual, con lo que demuestra su deseo de que los lectores penetren cada día un poco más en los misterios de la vida interior e invisible (Williams, 1978-1980: 5-36).

Además de ser un gran escritor el Beato de Liébana ha pasado a la historia del arte por este códice del siglo VIII, pues los textos estaban

intercalados con suntuosas iluminaciones. Sabemos que el códice contenía ilustraciones porque en determinados textos aparece la inscripción storia sunsequente picturae («pintura adjunta al comentario»). Estas iluminaciones que diseñó tenían el propósito de plasmar visualmente los mensajes predicados en los comentarios adyacentes; son símbolos figurativos que anuncian las misivas contenidas en el libro del Apocalipsis y que ayudan a dar inminencia a las profecías encontradas en el texto. Además, al igual que ocurre con las copias posteriores las ilustraciones, tanto su temática como las técnicas empleadas, fueron fundamentales para la evolución estética de la pintura mozárabe y románica (Franco, 2003).