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Fuentes y antecedentes del Beato de Liébana

Beato de Liébana y los Beatos

B. Fuentes y antecedentes del Beato de Liébana

Otra de las principales aportaciones del Beato de Liébana es su técnica para orquestar una multitud de precedentes artísticos en el momento de componer el códice: es el estilo que se ha denominado «mosaico». Después de transcribir los versículos del Apocalipsis desarrollaba el texto en forma de comentario utilizando variadas fuentes y estilos. Este modus operandi producía imágenes que ofrecían al lector u oyente una poderosa visión de los mensajes de la Biblia. Este procedimiento pone de manifiesto la voluntad y extraordinaria habilidad del Beato de Liébana para enlazar, ensartar y combinar numerosas citas procedentes de variados orígenes. De igual modo procedió el poeta Gonzalo de Berceo, como vimos en el capítulo II, recapitulando y

extrayendo valiosos conceptos de las obras de sus predecesores, que en muchos casos coinciden con los del Beato de Liébana.

El Beato de Liébana llevó a cabo la libre compilación de las doctrinas de los más notables escritores cristianos y clásicos como San Jerónimo, San Agustín, San Ambrosio, Fulgencio, Gregorio Magno, Primasio, Prudencio o Ticonio, autor norteafricano que influyó de forma apreciable en la exégesis bíblica con su In Apocalypsin, obra de finales del siglo IV26.

Lo cierto es que, si el acopio de fuentes responde a lo que los estudiosos de textos han afirmado, la pequeña biblioteca a su disposición estaba más nutrida de lo que un vistazo superficial haría suponer […] No hay razones para negar que al menos los autores que el propio Beato menciona en el prefacio comentado debían estar a su disposición, dado que no se trata de una mera cita, sino que de la mayoría se toman textos de cierta extensión y de algunos, como san Isidoro, Jerónimo o Gregorio Magno, se consultan obras diversas, eligiendo siempre los párrafos más idóneos a las intenciones, lo que

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Para una mejor comprensión de la tradición de Beato de Liébana en el siglo X y la función de sus comentarios consultar la obra de Williams (2006: 107-116).

exige una lectura minuciosa de la obra completa.

(Yarza Luaces, 1998: 47)

Podríamos considerar a Ticonio (330-390 d.C.) su principal fuente, quizá el recurso primario. Las referencias políticas ajenas a su mundo y a su tiempo que realiza el Beato de Liébana, y que son conocidas como «paisajes africanos», hacen referencia a los textos del citado Ticonio. Asimismo filtra levemente descripciones y pregones que relatan la lucha ideológica contra los vándalos arrianos en su época. Las ideas y predicamentos de Ticonio podrían haber servido como modelo para las miniaturas que trazó el Beato de Liébana en su obra —también Berceo conoció los escritos de Ticonio—. A pesar de que el texto de In Apocalypsis se perdió podemos hallar su esencia en Comentarios al Apocalipsis de San Juan.

De la lectura de San Agustín (354-430 d.C.) el Beato de Liébana formuló la interpretación alegórica que otorga al número 1000, aplicado a los años —es decir, un milenio—, un valor simbólico (Scholem, 1966). Como el santo Fundador del siglo IV el Beato de Liébana describió los

temores propios del siglo, las tentaciones y consternaciones de la psique humana sin dejar de reconocer que solamente en la reconciliación con Dios se encuentra la paz eterna y el triunfo sobre los demonios (San Agustín, 1979: 19). Igual que San Agustín la escritura del Beato de Liébana supone una reflexión de la espiritualidad; ambos son tesoros de la literatura española. Desde la obra de Ticonio hasta la de San Agustín se nutre de toda la exégesis cristiana apocalíptica (Muñoz Alonso, 1942- 1943). Para compilar la doctrina de San Agustín, autor de las Etimologías, de los tratados conocidos como Cuestiones del Antiguo Testamento, de Vidas de Padres y de Oficios eclesiásticos, el Beato de Liébana se valió del enriquecedor saber acumulado en los comentarios místicos de autores clásicos como Cicerón, Marco Vitruvio y Platón (Berceo, 1980; Williams, 1978-1989).

Prudencio (348-415 d.C.), poeta latino de origen hispanocristiano, ejerció una profunda influencia, tanto literaria como iconográfica, en el arte de la Edad Media. Su poema alegórico Psychomachia se destaca por su originalidad y muestra una profunda comprensión de las cuestiones teológicas. La obra narra los combates de las virtudes contra los vicios en una polarización bimembre: fe contra idolatría y castidad contra lujuria. En los escritos de Prudencio las siete virtudes logran la victoria sobre los siete vicios. En los versos finales de Ditoqueo Prudencio alude a los veinticuatro ancianos apocalípticos, que con cítaras, coronas y copas alaban al Cordero, icono medieval del Hijo de Dios y único digno de abrir el libro de los siete sellos. Este mismo motivo religioso plasmado en el poema será reproducido algunos siglos después en las iluminaciones de los Beatos.

Junto a los mencionados el Beato de Liébana habría manejado obras de Victorino, Cipriano, Casino, Filastro, Hegesipo, Cirilo, Apringio de Beja, San Ireneo, San Isidoro de Sevilla y Ambrosio de Autpert, autor contemporáneo al Beato. De Apringio de Beja, obispo hispalense que vivió en el siglo VI27, podría provenir la interpretación de los siete sellos

apocalípticos que siguen el rito de la misa mozárabe: Encarnación, Nacimiento, Pasión, Muerte, Resurrección, Gloria y Reino (Lumsden, 2001). Siguiendo la pauta exegética de Primasio, San Cesáreo de Arlés escribió alrededor del año 550 d.C. unas homilías sobre el Apocalipsis. De Gregorio de Elvira, autor también del siglo IV, hacia la segunda mitad, el Beato de Liébana pudo extraer pasajes bíblicos como el del arca de Noé, que era uno de los temas a menudo reproducidos en los Beatos. Por su parte los nombres del Anticristo podrían haber sido tomados de los escritos de San Ireneo (130-202 d.C.) como Contra las Herejías. Con respecto a San Isidoro de Sevilla (556-636 d.C.), el que fuera arzobispo de la capital andaluza, el Beato de Liébana con Comentarios del

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Lo único que conocemos con exactitud sobre la vida de Apringio de Beja es que vivió en la época de Teudis (531-548 d.C.) (Codoñer, 2010: 49).

Apocalipsis de San Juan contribuyó a mantener viva la tradición isidoriana.

Llegados a este punto debemos situar el códice original del Beato de Liébana (año 780) en su contexto histórico y cultural. Las más remotas manifestaciones de textos ilustrados se remontan al antiguo Egipto. En opinión de Wilhelm Neuss (1936: 507-523) las representaciones de la figura humana tienen una tradición norteafricana; el Pentateuco Ashburnham es una de las raíces iconográficas (v. figura IV.1). Se trata de uno de los primeros manuscritos iluminados que se conservan —data del 400 al 600 d.C.— y ha sido objeto de multitudinarios estudios. Actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional de París.

Como ha observado Neuss (1936: 507-523) es interesante para nuestro trabajo analizar las raíces iconográficas del Beato de Liébana. Próximamente veremos en el análisis de los libros que conocemos como Beatos que hay conexiones iconográficas entre ellos y el Pentateuco Ashburnham: por ejemplo, los cuerpos desnudos flotando en la mitad inferior del folio (v. figura IV.1). Como vamos a ver en las siguientes páginas estos personajes nos recuerdan a los de las escenas de «El Juicio Final» (Apocalipsis, IV, 1-5 y XX, 11-15) presentes en los Beatos que hemos incluido en nuestro estudio (v. figura IV.6, imagen de «El Juicio Final» incluida en el Beato de Fernando I y Doña Sancha). Este vínculo que hemos localizado nos hace interrogarnos: ¿estamos ante la temprana representación de estas figuras —seres humanos— que han perdido su alma, motivo recurrente en la gran mayoría de los Beatos?

Otro antecedente de las iluminaciones medievales son los sellos antiguos de Oriente medio, fechados hacia finales del siglo VII a.C. El

contenido alegórico de estos sellos conecta con las imágenes de los manuscritos de la Edad Media. Los símbolos impresos sobre los sellos de la antigua Asiria revelan aspectos culturales de sus creadores, al igual

que los códices medievales nos esclarecen por medio de signos algunos de los misterios de la época.