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Beato de Liébana y los Beatos

C. Libros de horas medievales

Para comprender mejor los códices producidos en varios monasterios del norte de España desde Asturias hasta Cataluña, conviene analizar tres, contemporáneos a la obra del Beato de Liébana. Vamos a repasar los libros Kells (ca. 750), Lindisfarne (698) y Códex Aureus (ca. 750).

En la Edad Media existía lo que se llamaban «libros de horas», que se utilizaban para oficiar los ritos cristianos desde la Pascua hasta el Pentecostés. En principio, la mayoría de ellos habían sido escritos en pergamino de piel de ternera, oveja o cabra, pero en la Baja Edad Media los manuscritos empezaron a escribirse sobre papel. Estos libros, que se decoraban con oro y plata, lapislázuli y otras piedras preciosas sobre pergamino de púrpura, eran las obras de mayor éxito en la época medieval.

El primero de los ejemplos es el Libro de Kells28, contemporáneo a Comentarios al Apocalipsis. El clérigo y crítico de música irlandesa, Giraldus Cambrensis, conoció este códice celta en el siglo XII y lo definió como «trabajo de ángeles» (v. figura IV.2). Los trescientos cuarenta folios compuestos por los monjes celtas están intercalados con iluminaciones repletas de simbolismo cristiano. Junto a esta iconografía hay manifestaciones de arte insular en forma de nudos celtas, bestias mitológicas y las letras mayúsculas que introducen los capítulos.

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Originalmente confeccionado en la abadía irlandesa de Kells, en Iona, en el siglo VIII, ahora se encuentra en la biblioteca del Trinity College en Dublín.

Libro de Kells

El suntuoso manuscrito tiene una historia turbulenta: algunos de los folios desaparecieron, mientras que su portada original, que también ha desaparecido, estaba ricamente adornada de piedras preciosas (Mackworth-Praed, 1993). La extraordinaria belleza, la limpieza y la simplicidad de este libro de horas encuentran cierta similitud estética en el Beato de Silos, materia imprescindible de nuestro estudio de la que vamos a ocuparnos en el próximo capítulo. Como veremos el Beato de Silos, al igual que el presente Libro de Kells, estableció conexiones con la escuela carolingia, entre otras corrientes que le sirvieron de referencia artística.

Otro códice del siglo VIII, que nos muestra la singular belleza de la

tradición de los manuscritos iluminados de la Edad Media, es el ya apuntado Libro de Lindisfarne, la cumbre del arte medieval anglosajón, elaborado en el monasterio de Lindisfarne, isla al norte de Gran Bretaña. En la imagen adjunta, San Juan se coloca la mano en el pecho, justo debajo de su corazón, lo que podría interpretarse como una imposición (v.

figura IV.3).

nuevamente el efecto obtenido de la yuxtaposición de la iconografía cristiana y el arte insular. En la Edad Media, como ya sabemos, el arte se desarrollaba en el interior del monacato, por lo que el Libro de Lindisfarne es producto de la cultura monástica, de la misma forma que lo son todos los manuscritos iluminados de la Edad Media. Como en el Libro de Kells y en los Beatos, en las iluminaciones de este códice de Lindisfarne se constata la orquestación de influencias cristianas, de estilos artísticos como el carolingio o el arte clásico de Grecia junto a expresiones artísticas de procedencia insular.

Libro de Lindisfarne

El Códex Aureus de Estocolmo, también conocido como Códex Aureus de Canterbury (v. figura IV.4), es un bello ejemplo de los últimos códices de la escuela carolingia29.

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En el siglo XVI estaba en España y en 1690 fue comprado para la colección del rey de Suecia.

Códex Aureus de Estocolmo

Producido en Canterbury, Southumbria, en Gran Bretaña, estamos frente a un códice con elementos decorativos de procedencia insular e italiana y un texto sobre los cuatro evangelios. Está elaborado sobre pergamino e intercala páginas teñidas de púrpura, lo que los imperios romanos y bizantinos reservaban para manuscritos imperiales, con una escritura de oro y plata. Este Códex Aureus es el ejemplo más antiguo de los conservados en el que observamos iniciales laminadas en oro.

Estos tres códices espléndidos a los que acabamos de referirnos se establecen como los tesoros de la cultura medieval. Sus conjuntos iconográficos representan la cultura clásica por vía carolingia. Como hemos mencionado la ubicación de la península ibérica hizo que se ampliara la influencia del norte de África, de donde a su vez se filtró la cultura tanto del mundo clásico como del mundo árabe. En España los estilos prerrománico, románico y gótico se mezclaron con los estilos clásico y norteafricano, con lo que se llegó a originar una colección iconográfica única, pues tales pinturas solo han podido ser localizadas en el arte de la península ibérica. Si analizamos las características que los tres libros de horas insulares mencionados tienen en común con los Beatos, debemos destacar sobre todo la iconografía, que nos muestra una falta de perspectiva pictórica en la composición, a la vez que ejecuta

gestos dotados de gran energía. Son aspectos que se encuentran a su vez en el arte románico y en el carolingio, dos estilos presentes en el arte de la España medieval.