Algunos autores han considerado que las obras de beneficencia reflejan una actitud redistributiva característica del ethos antioqueño,36 que ha servido históricamente como estrategia para suavizar los conflictos sociales, apoyar las redes políticas locales y proyectar la moral católica en los escenarios sociales transformados por la industrialización desde los inicios del siglo XX. Una de las manifestaciones más elementales de la caridad y la beneficencia-tanto la ejercida por particulares, como la organizada a través de instituciones privadas o de organismos públicos-, ha sido el suministro de alimentos a aquellas personas que carecían de ellos.
En la ciudad de Medellín, antes de que las instituciones del Estado adoptasen como tarea propia liderar el diseño y la implementación de políticas dirigidas a atender las necesidades de alimentación y nutrición de los sectores sociales desfavorecidos, muchas obras de carácter privado o mixto se destacaron en este ámbito.37 Desde 1895 por ejemplo, la Sociedad de San Vicente de Paúl se ocupaba no sólo de repartir alimento a domicilio a familias de pobres “vergonzantes” o verdaderamente necesitados, sino también de la alimentación de los reos, atendidos por las mujeres del “Apostolado de la Oración”. En la misma época, diversas organizaciones caritativas hallaron una forma de organizar estos repartos de comida a domicilio de una forma más estandarizada: establecieron graneros en los que recibían las donaciones de los voluntarios y a los que acudían las personas asistidas para recibir el reparto de comida; dicho reparto se realizaba a bajo precio o a cambio de
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Ocampo, Gloria Isabel (Investigadora principal), Redefiniciones en los ejes del poder en Medellín al
finalizar el siglo XX, Informe final, COLCIENCIAS, Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanas,
Universidad de Antioquia, Centro de Investigaciones Sociales y Humanas, Departamento de Antropología, Grupo de investigación: Observatorio de las relaciones estado/sociedad en contextos locales, 1994, p. 51. 37
Hernández Maria Patricia, “La beneficencia en Medellín 1880 – 1930”, Trabajo de Grado, Departamento de Historia, asesorado por Patricia Londoño, Universidad de Antioquia, Facultad de Ciencias Sociales y
humanas, 1994; Londoño Vega, Patricia, Religión, cultura y sociedad en Colombia. Medellín y Antioquia,
unos bonos previamente distribuidos a una lista de beneficiarios. Organizaciones como la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús, una asociación de mujeres laicas, estableció una cocina que suministraba porciones de alimentos diaria y gratuitamente, y se financiaba mediante donaciones de voluntarios y con auxilios del Departamento y del Concejo Municipal. El Club Noel, fundado en 1916, el cual subsistía administrando los recursos generados por la Lotería Noel – gracias a un permiso estatal – se preocupaba por los casos de niños pobres afectados por la desnutrición y otros problemas de salud. La situación de la infancia desnutrida fue una de las causas que más movilizó la atención de las organizaciones caritativas: en 1917 fue fundada la Gota de Leche por la Asociación de Madres Católicas, organizadas y dirigidas por algunos sacerdotes de la Compañía de Jesús, con motivo de las bodas de plata episcopales del Arzobispo de Antioquia-Medellín, Manuel José Cayzedo. Este organismo fue creado con el fin de dar leche tratada y de buena calidad a los niños pobres para evitar que murieran de desnutrición durante los primeros meses de vida. La obra luego se completó con una Sala-Cuna creada para atender a los niños de familias extremadamente pobres en edad preescolar y suministrarles el alimento en la institución: la Gota de Leche y Sala Cuna atendían alrededor de cien niños en 1925 en Medellín.
Las iniciativas privadas de asistencia social administradas por organizaciones afines a la Iglesia Católica fueron el modelo para la creación de algunas políticas públicas lideradas y administradas por el Estado. Así, en 1936 el Gobierno Departamental, preocupado por la incidencia de los problemas de desnutrición en la infancia, creó el Patronato Escolar con la finalidad de facilitar alimentación nutritiva y suficiente a los escolares del sistema de las escuelas públicas. Inicialmente se trató de un programa que aunó esfuerzos tanto privados como públicos, pero por tratarse de una iniciativa que perduró hasta comienzos de los años ochenta y una de las más representativas de las políticas públicas dirigidas a afrontar el hambre y la desnutrición, la trataré en extenso más adelante.
Por otra parte, instituciones privadas adoptaron a menudo la postura de grupos que presionaban al Estado y a la sociedad para orientar las políticas públicas relacionadas con la
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alimentación y la nutrición. En 1951, una institución particular como la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín conformó la “Comisión pro abaratamiento del costo de vida”. La revista Progreso editada por esta institución, informaba que los Ministerios de Agricultura, Fomento y Hacienda adelantaban, gracias a su gestión, la creación de granjas de producción agrícola y ganadera en las zonas de colonización de Urabá y otras regiones, para surtir la ciudad de artículos de primera necesidad y evitar la especulación. La promoción de la región fronteriza de Urabá como foco de colonización estuvo liderada por Antonio López miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas, quien promovió una mayor afluencia de colonos antioqueños hacia dicha región. La “Comisión pro abaratamiento del costo de vida” se proponía estudiar las causas del alto costo de vida y trabajar en aquellos aspectos que más incidían en los precios de la canasta familiar que, en su opinión eran la colonización de la frontera agrícola y el incremento de la producción:
“En colonización procurará que las familias busquen tierras nuevas por Sonsón, La Dorada, Urabá, Tarazá etc. En producción colaborará con el Instituto de parcelaciones y fomento, con el Instituto Nacional Agropecuario, con las cooperativas y demás instituciones para frenar la especulación por efecto de compraventa de los acaparadores; y en abaratamiento auspiciará la distribución rápida, construcción de plazas de mercado, etc”.38
A lo largo de la década de los años cincuenta y sesenta, la SMP continuó en sus labores de establecimiento de nuevas plazas de mercado y creación de granjas de producción agrícola a gran escala, con ayuda del gobierno nacional y departamental. En los años setenta su trabajo continuó como “veedora cívica”, realizando estudios relacionados con la disponibilidad de productos y la conducta de los usuarios-consumidores. Por ejemplo, en 1971, bajo la coordinación de Leticia Correa de López, realizó una campaña de educación y preparación para los usuarios de las plazas satélite de mercado en Medellín y otros centros de comercio que se llevó a cabo en las plazas de Flórez y Aranjuéz.39
38
El Progreso 5ª época, N° 13, Medellín, S. M .P. Marzo de 1951, citado en García Estrada Rodrigo, Cien años haciendo ciudad, Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, 1999.
39
García Estrada Rodrigo, Cien años haciendo ciudad, Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín, 1999, p. 526.
Estos son algunos ejemplos de cómo la dificultad de acceder a los alimentos básicos para la subsistencia fue objeto de atención por parte de las entidades caritativas y filantrópicas, las cuales se erigían sobre clasificaciones de la pobreza que se nutrían de discursos médicos, religiosos, jurídicos y normativos. Dichas iniciativas influyeron en la forma como se desarrolló en el país y en la ciudad, la atención pública al hambre y la desnutrición, como veremos a continuación.