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1.3. Los aportes de la literatura infantil en los niños

1.3.1. Algunos beneficios de la lectura

Podemos comenzar a leer cuentos a nuestros niños tan pronto nacen. Lo más importante de leer a los niños es entregarles un momento especial, de cariño y cercanía con sus padres u otros integrantes de la familia. Abrazar a un bebé y leerle un libro con palabras suaves, es algo que quedará registrado en su mente y corazón y también en los de los padres. Leerle al bebé en voz alta trae muchos beneficios para su desarrollo intelectual y emocional. Es muy simple, mientras lees verás cómo tu hijo te mira, te escucha y quizás hasta mueva sus brazos mostrando entusiasmo. Lo que le entregas a tu hijo através de la lectura es la puerta deentrada al mundo.

 Desarrolla la habilidad de escuchar, de hablar y de estimular la memoria

 Aprende nuevo vocabulario

 Incorpora conceptos básicos como los números, las formas y los colores

 Aprende la habilidad de comunicarse

 Se divierte

¿Qué pueden contar los libros para niños?

Alrededor de la escritura para la infancia existen muchos estereotipos, algunos relacionados con el valor de autoridad que nos endilgamos como adultos para decidir sobre qué temas se deben hablar para los niños, y otros relacionados con el concepto mismo de infancia. ¿Realmente son los niños tan inocentes y desprovistos de información como creemos? ¿Qué libros leer primero?

Las nanas o canciones de cuna pueden ser los primeros libros que leas a tu hijo. Sus palabras dulces y familiares lo interesarán de inmediato, además que también se los puedes cantar. Busca algunos favoritos como Los pollitos dicen, o algún libro de la autora cubana Alma Flor Ada, quien en libros como ¡Pío Peep!: Traditional Spanish Nursery Rhymes recopila varias nanas de nuestra cultura latina.

Los clásicos infantiles para la hora de dormir son otra buena opción, puedes leer, por ejemplo, el querido Buenas noches Luna, de Margaret Wise Brown y traducido al español por Teresa Mlawer, y verás cómo tu hijo pequeño pide que se lo leas todas las noches. Los cuentos con rimas son los favoritos, además que estimulan el desarrollo del lenguaje. Las rimas son fáciles de recordar, de repetir, ideales para que el niño pueda participar en la lectura.

Los cuentos con repeticiones y acciones acumulativas harán que tu hijo no se pierda detalle de la lectura. El clásico Vamos a cazar un oso, de Michal Rosen, es un buen punto de partida; luego podrás agregar una cuota de humor con el libro de Yanitzia Canetti, Ay, Luna,

Luna, Lunita.

Cuando busques libros para los niños pequeños, elige los libros de cartón o libros de tela. Son resistentes, fáciles de manipular por manos pequeñas y ¡no se dañarán cuando tu hijo se los eche a la boca!

En esta etapa los niños son muy sensoriales, por eso los libros de cartón con troquelados y texturas son ideales para invitarlos a disfrutar de un cuento. Deje que el niño interactúe con

el libro, ya que a medida que se familiarice con el objeto, más interés tendrá en oír los cuentos que provienen de su libro favorito” (http://literaturainfantil.about.com/od/Leer-a-los- ninos/a/Cuando-Comenzar-A-Leer-Cuentos-A-Nuestros-Ninos.htm)

1.4. Los dones de la literatura infantil

Según Paco Abril en su libro La literatura infantil desde antes de la cuna”,explica como las narraciones satisfacen las necesidades afectivas tanto de la conducta de apego y como de desapego.

La conducta exploratoria (de desapego) nos lanza hacia las afueras de nosotros mismos en pos del conocimiento (nacemos siendo potencialmente lectores de la vida); la otra, la de apego, quiere quedarse en los aledaños de las personas queridas, en el entorno que le da seguridad, próximo e íntimo.

Don de la identificación.

"La razón por la que muchos niños y niñas piden que se les repita una y otra noche el mismo cuento puede ser, precisamente, porque encuentran en ese relato identificación con sus personajes, explicación a lo que no entienden y alivio a sus temores." (Paco Abril)

"El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profunda y positivamente. Para el niño la pregunta no es ¿Quiero ser bueno?, sino, ¿A quién quiero parecerme? (Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas).

Don del consuelo

Los cuentos se cuentan para dormir al miedo. Los cuentos se cuentan para abrir las emociones. Los cuentos se cuentan para aliviar la aflicción.

Los cuentos se cuentan para acompañar al otro, para reafirmarlo. Los cuentos, las palabras son formas del abrazo.

Don de la fuga

"...los buenos cuentos permiten que los niños y niñas se acerquen a la cruda realidad del mundo, a la vez, les permite liberarse de la tensión que les produce esa misma realidad. Les permite fugarse de ella, alejarse de la opresión de lo cotidiano, de las normas, las imposiciones, los avisos, las recomendaciones y las recriminaciones."

Don del deseo lector

"Los niños y niñas a los que se leen cuentos que respondan a sus vivencias y a sus intereses querrán leerlos ellos después, porque esas lecturas les demuestran que merece la pena a aprender a leer para poder llegar por su cuenta a esos mundos abiertos a todos los mundos que son los libros."

"...el aprendizaje de la lectura debe abrir al niño la impresión de que a través de él se abrirán nuevos mundos a su mente y a su imaginación. Y esto no resultara difícil si enseñáramos a leer de otra manera. Ver como un niño pierde la noción del mundo u olvida todas sus preocupaciones cuando lee una historia que le fascina, ver cómo vive en el mundo de fantasía descrito por dicha historia incluso mucho después de haber terminado de leerla, es algo que demuestra la facilidad con que los libros cautivan a los niños pequeños, siempre que se trate de libros apropiados. (Karen Zelman, Aprender a leer)”

(http://habiaunavezfomentodelalectura.blogspot.com/2010/07/los-dones-de-la-literatura- infantil.html)

“Los niños aprenden a partir del lenguaje que escuchan; de ahí que, cuanto más rico sea el entorno lingüístico, más rico será el desarrollo del lenguaje. El proceso de apropiación del lenguaje continúa a lo largo de los años escolares, así que esos años deben estar llenos de las imágenes y el vocabulario excitante que ofrece la literatura para niños (…)

Cuando va a la escuela también tiene contacto con la literatura no sólo con fines lúdicos sino con otras intenciones: culturales, morales, religiosos y pedagógicos. En este sentido es oportuno mencionar a Rodríguez (1991) quien señala que el niño desde su nacimiento está expuesto a productos literarios que su cultura le propone para diversos fines y a través de distintos medios (televisión, radio, cine). Oye canciones de cuna, se le narrar o se leen cuentos. Cuando habla juega con las palabras, canta canciones y aprende adivinanzas. Este hecho determina que los niños puedan aprender algunas reglas de funcionamiento o marcas del texto literario de manera inconsciente. Esto les permite desarrollar esquemas anticipatorios sobre el funcionamiento del lenguaje escrito, lo cual les será de gran utilidad para el aprendizaje de la lectura. Por ello, dentro de las primeras actividades espontaneas de expresión oral y de lectura en el niño está el disfrute de los cuentos.

El cuento constituye una herramienta que estimula el pensamiento creativo, imaginativo y crítico de los niños, permitiéndoles expresarse en diversas formas. Desde el nivel de educación inicial, los niños demuestran interés por explorar y establecer contacto con diferentes materiales de lectura y escritura, los cuales inducen a manifestar vivencias y

experiencias reales e imaginativas, dando lugar a la expresión de ideas, emociones y sentimientos propios que permiten aflorar su mundo interior. Por ello, el uso del cuento se convierte en un instrumento de enseñanza útil para acompañar emocional y creativamente a los niños en su proceso de formación.

Estas ideas se complementan con Puerta, Gutierrez y Ball (2006) quienes afirman que “la literatura proporciona a los niños conocimiento, placer y gratificación; es una experiencia enriquecedora que les brinda la oportunidad de compartir sentimientos, significados y demás construcciones en función de sus necesidades e intereses particulares”. Asimismo, Navas (1995) considera que: “El discurso literario difiere de otros discursos, porque propicia la libertad interpretativa del lector, de ahí que cada lectura, aún del mismo texto, se transforma en una nueva aventura para el niño. Por su parte Goldin (en Rosenblatt, 2000) señala que no sólo ve la enseñanza de la literatura como una forma de gozar, ni como una forma de acercarse al espíritu porque “leer literatura es una experiencia, una forma de vivir vicariamente vidas y emociones ajenas y acercarse a las propias y, por lo tanto, de enfrentar dilemas vitales”

Lo anterior se ajusta a lo expresado por Alliende y Condemarín (1997), Quintero (1992) y Vannini (1995) al describir las funciones de la literatura infantil y juvenil:

 Amplía el horizonte intelectual y artístico de los niños y adolescentes, así como su universo social, afectivo, imaginativo y lingüístico.

 Divierte y activa la curiosidad.

 Estimula el desarrollo del pensamiento libre y creativo.

 Proporciona temas, motivos y detalles para nutrir su inspiración.

 Ayuda a comprender el mundo en el que el lector vive y lo ayuda a enfrentarlo” (http://www.scielo.org.ve/scielo.php?pid=S131649102008000400002&script=sci_arttext) El cuento para dormir

(…) La ceremonia de acostar a un niño y acompañarlo a esperar el sueño estuvo fuertemente ligada en nuestra cultura a la del relato o lectura de una historia. Y, entre nosotros, era más frecuente que el narrador nocturno fuera la mamá, el papá, en pocos casos. Ese momento del día del pequeño, en el que el cansancio lo aquieta, parece el más propicio para la escucha. Observamos con dolor que la función narrativa parental, en muchas casas, ha sido sustituida por un televisor encendido en el cuarto del niño.

Nos vamos quedando sin cultura porque no reparamos en la necesidad de formarnos para transmitirla. Argumentamos que la vida se nos ha puesto muy difícil, no hay tiempo para nada, trabajamos todos muchas horas fuera de casa y ¿quién va a tener ganas de contarle un cuento a la noche? No lamentemos perder lo que no valoramos.

Dice la Sociedad Argentina de Pediatría al respecto. “Cuando un adulto les lee cuentos a los niños, les brinda momentos de seguridad, tranquilidad y afecto compartido, nuevas palabras e historias, un modo de viajar con la imaginación, una manera de aprender mejor”.

El cuento permite un rato de intimidad único. Arropar al niño, mimarlo y contar o leer para él, con toda la atención concentrada en el placer con que escucha, sonríe, interrumpe para comentar o pregunta, constituye una experiencia de la que no deberían privarse padres y abuelos. Hay que llevarla a cabo alguna vez para entender su significación afectiva. Y hay que ejercitarla como hábito familiar para observar lo que el niño vive y aprende en este ritual que no pretende enseñar, sólo quiere adentrarse en el misterio de lo que se opera en el alma de un pequeño cuando este se sumerge en el cuento.

Recuerdo a mi abuela, sentada junto a mi cama, contándome la historia mil veces repetida de Jánousik, un joven noble húngaro que robaba a los ricos lo que repartía entre los pobres. Ella aseguraba haber conocido su esbeltez veloz a caballo, las mangas amplias de su camisa blanca al viento, su sonrisa y su amor por los humildes. Cuando leí Robin Hood me pareció una simple copia deslucida.

También me contaba historias tristes de su madrastra, en las que ella y su hermano pequeño eran victimas al estilo lo supuse mucho después- Cenicienta. Conocí a esa mujer a la que amo con ternura irrepetible en mi vida, por sus relatos, porque jamás hablaba fuera de ellos de su sufrimiento de infancia. Cuando murió, supe que nadie la había heredado como yo.

Llamamos ceremonia iniciática a ésta, la del cuento, por dos razones. La primera, porque inicia en la cultura a la que se pertenece. Da un universo de palabras e imágenes, carga la conciencia de significados a través de los hechos, los personajes, los tiempos y los espacios que dibuja. Descubre un mundo y se inserta en él.

La segunda porque es ceremonia iniciadora de la lectura. El niño al que se le lee va deseando leer. Pregunta cuándo podrá leer solo, y más si se lo incentiva con la promesa cuando puedas leer…”

Es emocionante observar cómo le interesa a un niño que se le cuente muchas veces la misma historia, y sin modificaciones. Se fastidia si hay cambios y los corrige. Pareciera que elabora situaciones centrando la atención sobre un contenido fijo, muchas veces, hasta que puede salir de él, cuando lo ha asimilado y se lo ha apropiado de alguna manera relacionada con la repetición. Entonces pide otro cuento. Del mismo modo, los pueblos primitivos asistían múltiples veces a la misma representación.A nosotros suele aburrirnos la repetición. El niño hace frente a ella, cuando el relato es rico y capaz de hablarle a su vida, una lectura distinta (…)

La intención de este apartado ha sido invitar a mamás y papás a celebrar con su hijo un cuento, leyéndoselo o contándolo. Vencer timideces y saltar sobre los espacios de lo que no hicimos a su tiempo y ya no podemos empezar ahora. Probar si se trata de un niño crecido, cómo nos va con el relato de nuestra propia infancia, de nuestras historias de familia, felices o desdichadas. Celebrar con ellos el intento de convertirlos en herederos de nuestra cultura familiar, la del clan primigenio. Celebrar la memoria de nuestros padres abuelos y antecesores sembrando sus hechos y dichos en la memoria de nuestros hijos” (Ianantuoni 2006, 27 y 28).

CAPÍTULO II

LAS PERSONAS DISCAPACITADAS Y LA LITERATURA INFANTIL