3 LA SEGUNDA CONVERSIÓN
3.2 En el umbral de una decisión
3.2.2 La Biblia
La condenación de Galileo y su teoría de la traslación de la tierra en torno al sol sucedió en parte porque sus observaciones astronómicas no eran conformes a los enunciados de la Biblia. Así, el siguiente punto de conflicto que tuve que superar fue el de si como cristiano tendría que aceptar todos los enunciados de la Biblia literalmente aunque contradijeran las evidencias científicas.
El conflicto entre la Biblia y la ciencia moderna fue en el pasado una de las principales razones para ser ateo y sin duda, después de haber vuelto a creer en Dios, fue uno de los mayores obstáculos para considerar seriamente ser cristiano. Sin embargo, pude superar este escollo gracias a un conocimiento más profundo de la cuestión sobre la verdad bíblica dentro del contexto actual de la Iglesia Católica.
Me preguntaba, por ejemplo, si para ser cristiano tendría que aceptar que la formación de la tierra y de todos los seres que habitan en ella ocurrió en una semana cómo narra el Génesis (Gn 1,1:2,4). Esto cuando investigaciones geológicas y paleontológicas han demostrado lo absurdo de tal afirmación. En este momento de mi discernimiento, como hemos visto, ya reconocía algunos pasajes bíblicos que expresaban muy bien mi experiencia de fe, no obstante, me preocupaba que el magisterio de la Iglesia Católica pretendiera que los cristianos interpretasen cada pasaje literalmente. De haber sido así, estoy seguro de que mi segunda conversión no habría proseguido por este camino.
En primer lugar, es importante aceptar que la Iglesia Católica defendió una interpretación indiferenciada y literalista de la Biblia durante mucho tiempo. Lo hizo fundamentada en la
doctrina de la inerrancia bíblica desde la cual “La Biblia contiene verdades del mismo
rigor en cada una de sus proposiciones, sean de ciencia naturales, historia, religión o
filosofía.”236 En todo caso, entender un poco las circunstancias históricas dentro de las
cuales surgió esa interpretación de la inerrancia y, sobre todo, conocer que hoy ella se refiere únicamente a la verdad salvífica de la Biblia, pudo ayudarme a sentir que podía leer la Biblia sin traicionar mi espíritu científico.
Bien importante fue en mi caso entender que la Biblia resultó de un proceso de redacción efectuado durante mucho tiempo y en un contexto cultural bien diferente al nuestro. En la mentalidad bíblica hebrea la verdad no era vista y comprendida como lo hacía la tradición helénica, forjadora de nuestra cultura occidental. Cuando la verdad israelita se concebía desde la dimensión existencial de la fidelidad de Dios; los filósofos griegos lo hacían desde la coherencia lógica, es decir, desde la correspondencia de los enunciados con la naturaleza fija e inalterable de la realidad.237 El hecho es que no pasó mucho tiempo para que la verdad bíblica en el cristianismo se empezara a considerar más helenística que semíticamente.
Cuando el cristianismo se expandió en el mundo romano de cultura helenística, tanto los judíos como los paganos ilustrados atacaron la verdad de la nueva religión. Para ello su mejor estrategia fue la demostración de los errores de la Biblia cristiana. En este contexto era natural que, durante la patrística, la apologética cristiana estableciera su defensa en excluir de la Biblia todo error mediante los mismos medios filosóficos en que se le impugnaban. Al hacerlo así, aunque muchos gentiles se convirtieron al cristianismo, se realizó el peligroso tránsito de considerar la verdad bíblica según el modelo griego. Fue entonces cuando empezó a considerarse que todos los contenidos y enunciados de la Biblia tenían una verdad lógica e histórica.238
236 Artola,
Biblia y Palabra de Dios, 224.
237 Ibid., 218-219. 238 Ibid., 222.
Dentro de este horizonte, durante el medioevo, la teología escolástica subrayó grandemente la verdad absoluta de la Biblia. Todos sus enunciados representaban una verdad incontrovertible también con respecto a la realidad física a la cual se referían.239 En este contexto particular se realizó el juicio de la astronomía de Galileo.
La carta de Galileo a Cristina de Lorena puede ser interesante para entrever cuál era la opinión de Galileo con respecto a la relación entre la Biblia y la ciencia, y por otra parte, para constatar cómo, a pesar de la condena de la iglesia, por lo menos un miembro eclesiástico estaba ya de acuerdo con él.
No habiendo querido el Espíritu Santo enseñarnos si el cielo se mueve o está quieto, (…)[porque] no ha pretendido enseñarnos proposiciones semejantes, ya que quedan fuera de su intención, cual es nuestra salvación, (…) ¿Podrá, por lo tanto, ser herética una opinión que nada tiene que ver con la salvación del alma? (…) Yo diré lo que aquella persona eclesiástica en grado eminentísimo entiende -el cardenal Baronio-, que el Espíritu Santo pretende enseñarnos cómo se va al cielo y no cómo va el cielo.240
Galileo expone en esta carta algunas cuestiones sobre la interpretación de la verdad bíblica, contrapuesta a los hechos científicos, que serían después tema de discusión teológica y que los biblistas de la iglesia, no sin cierta oposición, terminaron aceptando. Me refiero al principio de diferenciación de los contenidos bíblicos y la consecuente limitación de la verdad bíblica.241
Fue el papa León XIII quien con su encíclica de 1893 Providentissimus Deus, señaló cómo
“el sujeto de la verdad bíblica no son todos los enunciados de la Escritura
indiscriminadamente tomados, sino su intención de enseñar doctrinas conducentes a la
salvación.”242 Así, la verdad de la Biblia debe ser entendida en términos de su efectividad
salvífica y no con respecto a su exactitud histórica o científica.
239 Ver Artola,
Biblia y Palabra de Dios, 224.
240 Ver
Le Opere di Galileo, ed. G. Barbera (Firenze 1895) V, 319, en Artola, Biblia y Palabra de Dios, 225.
241 Ibid., 226. 242 Ibid., 227.
Reafirmando y actualizando las orientaciones de León XIII, la constitución dogmática Dei Verbum de 1965, redactada en el Concilio más reciente de la Iglesia Católica, el Concilio
Vaticano II, “realizó el mayor cambió de perspectiva que se había dado desde los primeros
tiempos de la patrística. Superando el modelo griego de la verdad lógica, situaba la verdad de la Escritura en el ámbito de la efectividad de la palabra y la declaraba sencillamente una
verdad que procura la salvación.”243
En definitiva, he podido verificar que el magisterio de la Iglesia Católica no impone en la actualidad una lectura literal de la Biblia a los cristianos. El magisterio mismo fomenta un estudio bíblico que incluye tanto la investigación histórica crítica de la Biblia como la aceptación del principio de los géneros literarios para dilucidar la verdad propia de los textos bíblicos previniendo la lectura fundamentalista.244 Así, esta Iglesia respalda una lectura crítica de la Biblia que resulta conforme con mi mentalidad científica.