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El campo periodístico, el habitus y la improvisación

Evento 1: Bienvenidos al infierno de la prensa…

Es viernes, de una semana de septiembre. Mi día empieza con dos coberturas en la mañana, pero al medio día está pactada una entrevista que saldrá publicada en una página entera, con la ministra de Inclusión Social. Esto significa que debo hacer tres temas en el día. Aunque mis fuentes no son las Sociales sino las de Macroeconomía me habían pedido que dé “una mano”, con esa entrevista, pues la periodista responsable tenía otros temas que cubrir.

En reiteradas ocasiones la necesidad de cubrir varios hechos a la vez, acorta el tiempo de procesamiento y análisis de las informaciones que se manejan. Es parte de las condiciones diarias de trabajo, que como ya habíamos analizado tiene que ver con la necesidad de cubrir todas las informaciones posibles y en tiempo récord, por la competencia entre medios, una característica del sistema de mercado.

El tema que me encomendaron era un tanto delicado, pues en días pasados, mi medio había publicado un editorial (opinión) sobre el Bono de Desarrollo Humano (BDH) en el cual se aseguraba que el Ministerio había cambiado la política de

entregarlo a madres solteras para dárselo a hombres jóvenes que tuvieran afinidad ideológica con el régimen, lo cual sería criticable, pues se estarían utilizando los fondos públicos para proselitismo político. Este tema ya había sido “refutado”, con su particular estilo, por el presidente Correa en una de sus cadenas sabatinas.

Ese día entrevisté a la ministra Jeannette Sánchez con quien he mantenido una relación cordial, pues meses antes cubría fuentes sociales. Aunque le hice tres o cuatro preguntas que le podrían resultar incómodas, respondió sin enojarse. En un medio de comunicación en el que empecé mi carrera periodística, mi editor me recomendó alguna vez que “el periodista debe ser lo más fiel posible a lo que el entrevistado quiso decir”. Siempre hago caso a este consejo. Al hacerle la entrevista a la ministra, me pareció que lo que ella quería era justificar la existencia del bono y la transparencia de su entrega. La entrevista salió en ese sentido y sin ningún tipo de edición o de cambio por parte de mis editores.

De todos modos, la entrevista adquirió un significado más amplio al ser puesta en medio de un gran reportaje de varias páginas sobre el Bono de Desarrollo Humano y las supuestas irregularidades que se habían encontrado. Pese a que yo mandé mi información apegada al relato del Gobierno, la otra reportería hecha por otros periodistas y que salió en las páginas contiguas ponía más en contexto lo que aparentemente había sucedido. Meses después de publicada la nota, y conociendo que este ejemplo de práctica serviría para este trabajo de tesis, pregunté a la asistente de comunicación de la ministra cuál había sido la percepción de la entrevista en el contexto, es decir tal como salió publicada. La respuesta fue tranquilizadora. Explicó que mi trabajo había recogido el sentir de la ministra. Esta funcionaria del gobierno además me aseguró “tú siempre has sido objetiva”.

Regresando a mi día. Hasta ese momento mis tiempos estaban bien planificados. Tenía espacio para procesar mis dos notas pequeñas del día y la entrevista que sí me tomaría varias horas (debía des-grabar o sea copiar textualmente lo que dijimos y luego editarla para que quede en el espacio que me pedían). En la noche estaba programado un agasajo a los trabajadores de mi empresa.

Sin embargo, como suele suceder en periodismo, cuando todo parece estar bajo control, surge algo inesperado. En esta ocasión, justo antes del almuerzo nos enteramos de algo increíble. Un medio de Internet aseguraba que la ministra de Finanzas había dado una noticia “bomba” (así lo presentaron): aparecieron como por arte de magia $1.000 millones en las cuentas del Banco Central que habían estado perdidas u ocultas. Aunque para la mayoría de periodistas, el medio en el que se anunciaba la noticia cuenta con poca credibilidad, en varias ocasiones maneja primicias. Extrañamente se ha notado que los funcionarios de Gobierno acuden de manera gustosa y frecuentemente a ser entrevistados por ese periodista en particular.

La noticia estaba presentada de la siguiente manera: Un texto que anunciaba lo que la ministra supuestamente había asegurado y se ofrecía que a las 14:00 se iba a publicar la entrevista completa con el audio.

Se trataba de una noticia que reunía todos los elementos para tener un gran despliegue, para ser noticiable: incluía indicios de corrupción por malos manejos de los fondos públicos; ese dinero aparecía en medio de una crisis económica importante para el Ecuador, y lo mejor de todo había sido confirmado por una alta funcionaria del Gobierno. Los editores, decidieron abrir el periódico con esta increíble noticia, es decir colocarla en portada como la noticia más importante. Esa información debía manejarla yo, por ser de la fuente macroeconómica. Pero al tener que hacer la entrevista de Sánchez, pedí que delegaran a otro periodista para que se encargara. Y luego me desentendí.

Hacia la media tarde (16:00), quise averiguar qué mismo había pasado con el tema. Además las redacciones, por su distribución en cubículos, tienen la virtud de dejar al descubierto lo que otros colegas están haciendo. Mi compañero que se había encargado del tema buscaba un tanto preocupado reacciones a la nota (opiniones, aclaraciones, confirmaciones), pero ninguno de los “expertos” que solemos consultar entendía de lo que se trataba. Tampoco el periodista tenía claro qué había dicho la ministra. Ningún otro funcionario de Estado contestaba su celular para poder confirmar

o desmentir la noticia. Sin embargo el espacio previsto seguía abierto, esperando por la información. El tiempo se venía encima. Me pareció demasiado sospechoso todo y opté por oír la grabación yo misma.

La información que estábamos por sacar en portada de nuestro diario estaba basada en la supuesta primicia de ese medio de Internet, pero ésta tenía un alto grado de manipulación por parte del periodista que la publicó. No se trataba de una “construcción de la noticia” basada en documentos o hechos interpretados por el periodista, que es lo que siempre ocurre, pues así es el procesamiento de noticias, sino que el periodista estaba poniendo en la boca de la ministra, palabras que nunca dijo.

Para aclarar: el titular de la noticia en on line era: “Elsa Viteri: Cuenta Única del Estado no registró más de $1000 millones del Fondo de Cesantía del BCE”. En esa noticia había muchas inexactitudes. El periodista hablaba de unos $1000 millones “arrancados del Estado por parte de los corruptos empleados del Banco”. Según el periodista los dineros del fondo de pensiones tenían que haberse registrado en la Cuenta Única. El problema es que de existir esos fondos serían privados (propiedad de los trabajadores) por lo que no cabría que sean depositados en esa cuenta. La ministra lo que dijo es que si se habían encontrado unos dineros fuera de la Cuenta Única, nunca mencionó que fueran del Fondo de Pensiones. Ella aseguraba que buscarán canalizar esos recursos a la cuenta del Estado, de acuerdo a la Ley. La noticia estaba equivocada, exagerada, inexacta, tendenciosa…

Lo más incómodo fue ser testigo de que durante la entrevista, el periodista hacía preguntas como en un tribunal: “diga si o no señora ministra”. Además le daba respondiendo a la funcionaria lo que él supuestamente pensaba era la respuesta correcta.

Ese periodista hacía preguntas tendenciosas, se mostraba como dueño de una verdad de la cual aparentemente estaba convencido. En todo caso, la ministra no tuvo el aplomo para negar ni aclarar las aseveraciones que hizo el periodista. Entonces llamé a mi editora en Guayaquil y usé todos los argumentos anteriores para asegurarle que no podíamos publicar esa noticia. Mi editora de manera inmediata coincidió conmigo y

abandonamos totalmente el tema. El tema “se cayó” como se dice en el argot periodístico. Toda una tarde de trabajo perdido y por si fuera poco, ya que invertí mi tiempo en ese tema y no avancé en la entrevista, tuve que quedarme hasta más tarde haciendo mi asignación inicial. No alcancé al agasajo. Al siguiente día solo un medio impreso (no el mío) sacó la noticia, pero en un tamaño pequeño. Los relacionadores públicos de la ministra mandaron una carta de reclamo al periodista de Internet pidiéndole que aclare el tema, pues la ministra no dijo lo que él decía que dijo. Fue una decisión correcta no sacar el tema, porque finalmente no era cierto.

Casos como estos pasan todos los días. Es entonces cuando el periodista se convierte en el primer filtro de la información. Además de valorar los hechos y luego presentarlos en escena, debe manejarse en una relación fluida con las jefaturas, tener credibilidad ante ellos para que escuchen sus sugerencias.

Ese día comprobé con claridad, que aunque existen muchos periodistas que son muy buenos en su trabajo, que buscan hacerlo de la mejor manera e invierten más allá de las horas laborables en un oficio que les apasiona; existen otros periodistas tendenciosos, inexactos y escandalosos. Estos no guardan los parámetros más elementales para construir un periodismo veraz, esto es: escuchar con atención a la fuente, mantener el equilibrio, buscar informar.

Tres días antes de ese suceso, en medio de la vertiginosa actividad de la redacción, mi editor en Quito, con el que hemos intercambiado ciertas ideas sobre la actividad periodística y las fuertes críticas que se esparcen sobre ella, me había llamado a su cubículo para mostrarme un video: se llamaba El Infierno de la Prensa. El video y lo acontecido con la ministra me llevaron a concluir que la prensa puede ser un verdadero infierno, si los periodistas no son prudentes al manejar las informaciones. Casi un mes después, ese video fue uno de los materiales que me sirvió para el focus group que organicé con mis compañeros periodistas.

“Este es el infierno de la Prensa, querés conocerlo…Bienvenido”. Esa era la frase con la que iniciaba un video corto de aproximadamente dos minutos con el cual un

periódico uruguayo se hacía publicidad. Este video impactante, crudo, en el cual se representa a los periodistas “superficiales”, “tendenciosos”, “inexactos”, altaneros”, “sensacionalistas”, “calculadores o mercantilistas” sirvió para disparar un diálogo sobre las rutinas periodísticas. En este encuentro, realizado el 21 de octubre del 2009, participaron seis periodistas pertenecientes a los grandes medios de comunicación.

El video extranjero develó además que las críticas al periodismo no son tan coyunturales como se podría pensar. En el país, actualmente, la actitud de constante crítica a los medios por parte del Gobierno -que puede ser interpretada como una actitud antidemocrática y autoritaria- antes que ayudar, entorpece un proceso de autocrítica y de búsqueda de mejorar las prácticas periodísticas. Pero al momento de presentar a los periodistas una realidad parecida en otros países, se activó una dinámica interesante de discusión, aunque no se pudo apartar del momento histórico que vive el Ecuador.

Los periodistas que participaron en el focus group consideraron en su mayoría que efectivamente existen periodistas, inexactos, imprecisos, altaneros… y sin embargo, hablando desde su propia experiencia, no se identifican con este tipo de periodistas. Es más piensan que los “buenos somos más” (FOG6:2009).

Tras la discusión con los periodistas, obtuve una diferente representación de la objetividad. Mientras a través de las entrevistas semiestructuradas, la mayoría de periodistas aseguró que ésta no existe o que es imposible alcanzarla, en los periodistas del focus group, la objetividad aparece por lo menos en el 50% de ellos como un valor, una suerte de virtud.

El hecho de no querer estar en el grupo de esos periodistas descalificados significa llegar a ser “periodistas objetivos, imparciales, una discusión que también está muy de moda en el periodismo y que creo que hasta ahora no tiene una conclusión” (FOG1:2009).

La posibilidad de tener un desempeño profesional cada vez mejor siempre está presente en su representación: “estamos tentados con o sin intención a salirnos un poco

de ese camino que nos han trazado. Sin duda pienso que del otro bando somos más. Eso me consuela conozco mucha gente buena. Estamos en condiciones de ser mejores cada día y apuntar hacia allá: a la veracidad de las cosas, ya no a la objetividad, por desgracia” (FOG6:2009).

Pese a ello, el video que destapó los enormes errores que pueden cometer los periodistas, también permitió develar que existen diversas posiciones de los trabajadores de prensa sobre la necesidad o no de una regulación legal a su actividad.

Para el contradictor (FOG4) es necesaria una regulación pues la autorregulación fracasó:

Hay que pensar dos veces cómo hacer las cosas, no por el hecho que exista miedo, sino más bien porque llegó la hora de ser más rigurosos, independientemente de que estemos o no en el medio público, privado, o en oposición. La autorregulación en el país no funcionó o funcionó a medias. (FOG4:2009)

Sin embargo, la idea no es compartida por el resto de periodistas, quienes ven en la nueva regulación que está proponiendo el Gobierno un afán de controlar lo que se dice y no cómo se hace el producto. “Te quieren regular por poco hasta lo que quieres escribir. Creo que nosotros nos debemos a nuestro público a los lectores que nos miran, nos leen, son los que nos deberían decir qué quieren de nosotros” (FOG2:2009).

En la representación de los periodistas está, entonces, la idea que “el Gobierno no tiene la intención de regular cómo hacemos nuestro trabajo si no lo que se dice. Lo que quieren regular es que se diga lo que los otros quieren que se diga, es complacer políticamente a un sector” (FOG3:2009).

Entre los periodistas ha cuajado la idea de que una solución efectiva es crear veedurías ciudadanas o las defensorías del lector a fin de que señalen los errores. “Yo pienso que deben ser los ciudadanos, como en otros países existen los comités de usuarios de comunicación de la televisión, de la prensa, la radio, ellos son los que tienen que decir, ¡eh! ustedes se equivocaron”. (FOG2:2009)

Aunque se la ve como una solución ideal, también hay recelos en cuanto a las veedurías, por el riesgo de la politización y la desidia de los públicos:

Mi propio hermano a mi no me escucha, no me ve, a mi esposo no le gusta ver las noticias. La gente tiene una idea trágica, prefrieren no ver. Para mi esa regulación sería importante y no la regulación política que se busca ahora. No podemos vivir en anarquía es verdad, pero ¿cómo hacerlo sin responder a intereses políticos?. (FOG3:2009)

De acuerdo con el contradictor, las veedurías no serían suficientes, sobre todo por la apatía que existe por parte de los públicos. “Los medios han perdido la oportunidad de que la autorregulación se vuelva efectiva, porque esa veeduría ciudadana a la que se hacía referencia, desgraciadamente es una veeduría que viene de ciudadanos que están hastiados de los medios. La veeduría es justa y necesaria, pero también es necesario regular ciertas cosas en los medios” (FOG4:2009).

Los periodistas se muestran de acuerdo con la crítica que hace FOG4 en el sentido de que hay un periodista en especial que “es un tigre cuando se trata de hacer oposición al Gobierno y en cambio se sienta como un manso gatito cuando le da el micrófono al hermano del presidente (que se ha mostrado totalmente crítico al Gobierno) para que hable 30 minutos y le interrumpe solo dos o tres veces para ratificar un criterio” (FOG4:2009).

En medio de este proceso de auto-evaluación y autocrítica. Aparece en el tapete de discusión el tema de las condiciones laborales en las cuales trabaja un periodista.

Yo sé que hay gente que trabaja todo el día por $150 por $200 incluyendo el fin de semana. Los periodistas hablan se meten e investigan hacen todo. ¿Por qué?: por defender la jubilación de los viejitos, por las pensiones de los trabajadores en general y ellos mismos no tienen seguro social. Nadie te habla de cómo es la vida del periodista ser humano, también tenemos hambre sueño, frío, tenemos familia. Alguien puede tener el interés de profesionalizarse, pero muchas veces no tienes el tiempo, pero si lo tienes, no tienes el dinero. (FOG3:2009)

El tema laboral acapara la atención de todos los periodistas, pues consideran que su trabajo sacrificado debería ser reconocido de mejor manera.

FOG5 al respecto comentó cómo en días anteriores algunos periodistas se acercaron a un asambleísta del partido de Gobierno (Rolando Panchana), quien fue un protagonista de la construcción de la Ley de Comunicación que se la ha denominado “mordaza”, y ahí aprovecharon para preguntarle “qué pasó con las categorías, sueldos, dónde están esos temas”. Los periodistas tampoco se sienten representados ni defendidos por los gremios periodísticos: “Simplemente el fin de año reúne a todos, les da su obsequio y se acabó y vengan afíliense y si es que quieren ocupen las instalaciones que ellos tienen, y no es así”. (FOG5:2009)

FOG4 también está de acuerdo con la valoración y la profesionalización del periodista, pero advierte que los profesionales están indefensos ante el medio de comunicación:

Al estar los periodistas en una situación precaria en lo laboral, estar indefenso ante lo que quiere o no quiere el medio de comunicación, en el que no me puedo mover con cierta libertad, al no tener facilidad para irme a otro lado, y no tener el sueldo suficiente para reproducir mis condiciones de vida, incluso las espirituales, me veo abocado a volverme un burrito de carga. (FOG4:2009)

Las representaciones sociales de los periodistas sobre su actividad laboral tienen que ver con la legitimación de su trabajo, pero también con una crítica sobre los excesos que pudieran existir. Incluso se acepta la posibilidad de una regulación desde el público o los ciudadanos que son quienes consumen el producto recibido. Solo en un caso, el del periodista contradictor, se habla desde un punto de vista más académico de las restricciones por precariedad, del sometimiento al medio por las relaciones de poder e incluso de sentirse “un burrito de carga”.

En cuanto a la práctica en sí, se detectan problemas en cuanto a la fuerte carga de trabajo y a las condiciones laborales como horas de trabajo y bajos salarios.