* Cumplir con los entrenamientos lo más fielmente que se pueda. Llevar un diario, donde se anoten las sensaciones, el número de kilómetros, el pulso medio y otros datos de interés. Será nuestra base para continuar con el plan o ir modificándolo.
* Comer de la forma más sana que se pueda. Tomar, al menos, dos litros de agua al día. Reponer las pérdidas corporales con isotónicos. Dormir 8 horas. Hacer con frecuencia análisis de sangre y orina y, en las mujeres, vigilar especial- mente el hierro. Llevar a cabo un test de esfuerzo.
Historias de la Maratón, los 100 kms. y otras largas distancias
* Combinar los ‘rodajes’ largos, con las ‘series’ y el ‘farlek’. No entrenar más de lo programado, para no correr el riesgo de ‘quemarse’. Aunque nos parezca que lo hacemos bien, realizar más kilómetros de los señalados en el plan de entrenamiento, en vez de beneficioso, puede ser perjudicial.
* No desplazarse siempre en el mismo sentido, si se entrena en circuito. Inten- tar evitar, en lo posible, el asfalto continuado al entrenar. El haber corrido ultrafondo facilita una base muy grande para trabajar en las distancias más cortas, como la ‘media’ y la maratón.
* Acudir al gimnasio para potenciar y fortalecer cuádriceps y abdominales. * Me gustan más los circuitos que la ruta. En ellos no dispones de la variedad
de los paisajes, pero puedes dosificar mejor tus esfuerzos, porque ya sabes lo que te espera. En las carreras lineales, si no las has corrido antes o no estás bien informada del recorrido, puedes cometer muchos errores.
* Soy una persona bastante independiente, que se enfrenta a las cosas tal y como son. Cojo ‘el toro por los cuernos’ y no me gustan las medias tintas. Cuando decidí preparar los 100 km. estaba mentalizada del sacrificio que iba a realizar. No quería perder el tiempo ni que la persona que me preparaba —Paco He- via— lo desperdiciase conmigo. Como entrené mucho en solitario, creo que mi carácter tuvo también una influencia decisiva en el éxito del proyecto. * Sin embargo, hubo personas que me acompañaron en algunas ocasiones y
las que quiero agradecer su apoyo: Carnero, Rayón, Campa, Encarna, Barreto, Luis, Ángel y Floro, que compartimos emociones, sensaciones y sentimientos. A mi padre, a mi madre —que tantas comidas a la carta me preparó—. Y a todos los amigos y amigas que hice, que hoy constituyen mi otra gran familia. Y a todos los que se quedaron en el camino: Che Méndez Trelles, Margarita García-Rendueles y Juan Carlos Fernández, buenos atletas, pero aún más bue- nas personas.
* Durante tantas horas de acondicionamiento tuve que padecer climatologías muy dispares. En un mismo día, desde una lluvia fina —que aquí en Asturias se llama ‘orbayu’— pasando por el granizo, para acabar sufriendo el sol y vuelta a empezar con el ‘orbayu’. Tenía ‘complejo de lavadora’: unas veces estaba a remojo y otras secando…
* Los lunes iba a ver a Paco Hevia para pedirle el plan de entrenamiento de la semana. Le planteaba muchos interrogantes. Yo creo que hasta le preguntaba por sus ‘familiares del Paleolítico’. Espero no haber sido muy pesada… * Tengo bastante sentido del humor y creo, honestamente, que en esta vida
tensiones. Es la mejor terapia que existe. Si tienes que hacer las cosas o en- frentarte a ellas, lo más inteligente es hacerlo con una sonrisa. Hay que reírse de uno mismo. Si lo hacemos, comprobaremos que los problemas son mucho más llevaderos.
* Durante la semana entrenaba a la hora de comer. Y los domingos me pasaba la mañana entera corriendo. Desde las 9 horas a las 14. En una ocasión, en la pista del CAU (‘Club Atlético Universitario’ de Oviedo), cuando llevaba cua- tro horas entrenando, apareció un hombre con cara de auténtica extrañeza —que, probablemente, procedía de alguna de las viviendas de los alrededo- res— y me preguntó: ¿‘Oye ‘mozina’, tú eres la misma que corría a las 9 de la mañana o eres otra…’?
* Cuando tenía que hacer sesiones muy largas, sentía envidia sana de los co- rredores y corredoras que terminaban en una hora. ¡‘Quien estuviera en su lugar…’! me decía a mi misma.
* El día de la carrera de los ‘Cien’, cuando llegué a los vestuarios del campo de fútbol del ‘Rayo Vallecano’ y ví todo el ambiente —vaselina, ‘réflex’, agua — me quedé acobardada en una esquina, observando todo aquel espectáculo. Se respiraba tensión, nerviosismo, ansiedad… Pero toda esa carga emocional desapareció —como por arte de magia—, cuando se oyó el disparo de salida. Y allí estaba yo, ‘la asturiana’, como me llamaba el público, después de que anunciaran mi nombre y lugar de origen por la megafonía.
* En los ‘Cien Villa de Madrid’, corrí 20 kilómetros con unos chicos de Barcelo- na y Valladolid, aunque ellos estaban inscritos en la prueba de 50 km. Cuando nos separamos para seguir cada uno su camino, el público —acostumbrado ya a verme con ellos— me preguntaba que ‘qué les había hecho...’ Y yo les respondía con ironía que ‘me los fagocitaba…’ A primera hora, también te encontrabas con los chicos que regresaban a sus casas, después de pasar toda la noche de ‘marcha’. Te ponían la mano, para ‘chocarla’, lo que daba una nota de humor a la competición.
* La carrera de los ‘Cien’ es una prueba muy distinta a la maratón. Mi padre me es- taba viendo, junto con un tío que tengo en Madrid. Pues bien: les daba tiempo a ir a casa, comer y volver. Creo que hasta en dos ocasiones. Cuando regresaron a la prueba la segunda vez, fueron a preguntar a una persona ‘qué tal iba yo…’ —que les dijo que ‘muy bien’— y resultó que estaban hablando con el ‘record- man’ nacional de 100 km., Jorge Aubeso. Otra nota curiosa de la carrera… * Siempre recordaré la llegada a meta en los ‘Cien Villa de Madrid’. Por el ambiente,
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tas de éxtasis de mis sobrinas María y Patricia, que tenían reflejada en sus rostros una mezcla de felicidad y extrañeza difícil de describir. Todo eso hace que, nada más que acabas, estés pensando ya en apuntarte a la siguiente prueba.
* Tanto en la vida como en el deporte, conoces a muchas personas y de todas aprendes algo: de unas lo que debes hacer y de otras lo que nunca harías. Pero a largo de más de 15 años corriendo también recuerdo algún episodio denigrante. Como el caso de un amigo mío que esperó a un compañero del equipo que venía desfondado, para entrar juntos en la meta. Pues el mencio- nado ‘compañero’, faltando 300 metros metió un cambio de ritmo y entró como ganador. O el del entrenador que le ordenó a su atleta dar un puñetazo a otra corredora que le impedía pasar… ‘En la mesa y en el juego, se conoce al caballero’, dicen. Pues bien: esto yo también lo aplicaría a las damas…Para mí el ser una buena atleta, no solo depende de las marcas que consigas en tus competiciones, sino —mucho más— de tu actitud y comportamiento en la carrera. A todos nos gusta ganar —para qué engañarnos— pero no a cualquier precio: haciendo trampas y no siendo nobles con nosotros mismos y con los demás. Considero que el buen deportista tiene que ser un compen- dio de buenas cualidades físicas, mentales, éticas y morales. En las carreras es tan importante el saber ganar como el saber perder y eso no todo el mundo lo logra poner en práctica. La categoría de un atleta radica en tener humildad y sencillez cuando gana y en ‘saber estar’ cuando pierde. En todos los depor- tes encuentras atletas de gran talla —Abel Antón, Rafael Nadal—, que compi- ten sin perder su integridad y respetando en todo momento a su rival. Esto es lo que deberíamos trasmitir a las futuras generaciones de deportistas. Valores como el respeto, la humildad, el sacrificio, la honestidad, el compañerismo, que es lo que da forma al auténtico deportista y a la persona.
* Durante tantos años compitiendo acumulas muchas anécdotas. En una de las ediciones de la maratón ‘Valle del Nalón’ (Asturias), cuando faltaban 15 kilómetros para la meta se me acerca un chico que iba desfondado. Le ani- mo para que se una a mí. Y cuál no sería mi sorpresa cuando me dice: ‘oye, ¿cuántos kilómetros tiene una maratón?’. Se me puso ‘cara de póker’. Para no exponerle la cruda realidad, le dije que ‘ya estábamos llegando…’
* Correr es para mí: vida, libertad, independencia y salud física y mental. Por eso he incorporado el ‘running’ a mi rutina diaria, como algo necesario y de lo que me sería muy difícil prescindir. Me siento muy feliz de haber transmitido esa pasión a mis hermanas Gabriela y Paula y a mi hermano Carlos. Espero poder hacer lo mismo con mis sobrinos y sobrinas.
* No quiero perder esta ocasión para decir a todas y todos lo bonita que es mi tierra, haciendo honor al nombre de ‘Asturias Paraíso Natural’. Es un lujo co- rrer por sus montes y bosques. Ver que te adelanta una ardilla o comprobar como en un prado una vaca amamanta a su ternero. O la salamandra, temero- sa, observándote…Correr en medio de esa naturaleza es algo increíble y que hace que te olvides de todo. Soy una afortunada por vivir en esta tierra, que no cambio por nada del mundo. Ahora podréis comprender un poco mejor por qué el correr se ha convertido en algo indispensable en mi vida…