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Capítulo 3. El espacio comercial local y el espacio comercial del mercado global y su relación con el entorno

3.1 Bogotá: ciudad dependiente

Bogotá, capital de Colombia, es una ciudad donde se conecta el entramado económico de Colombia, en especial de la zona andina del país. Es una ciudad altamente polarizada,

es decir, que concentra diversos servicios financieros a empresas locales y la administración gubernamental, por lo que el poder económico y político-administrativo está centralizado. Su gran extensión, cantidad de habitantes y la baja tasa de aglomeración que tienen las ciudades más próximas (Girardot, Ibagué o Villavicencio) permite catalogarlas dentro de lo que Santos (1973) denomina Región polarizada, que concentra el grueso de la actividad económica de la región y que integra con autopistas y medios de comunicación al resto de ciudades en una relación de dependencia directa. Si bien, es necesario reconocer que Colombia posee otras zonas polarizadas regionales como lo son Medellín, Cali y Barranquilla que han conseguido notables avances a lo largo del siglo XX, la diferencia poblacional y de variedad de servicios hacen de Bogotá la ciudad principal del país con notable diferencia, con la consiguiente concentración macrocefálica de población proveniente de todo el territorio nacional.

Bogotá, es también el conglomerado urbano más importante del país, comparte con las capitales latinoamericanas la tendencia a un crecimiento acelerado que dificulta y hace a su vez costosa la planificación y los controles que garanticen una gestión gubernamental del ensanche de la ciudad hacia la periferia, por lo que los grupos privados siguen teniendo preponderancia en este proceso, tanto organizados (inmobiliarias y constructoras) como

espontáneos (invasiones de predios), la ciudad sigue su camino de aumento de población y actividad económica, la cual está en buena parte sumergida en la informalidad y precariedad laboral.

Según Santos (1973), las diferencias fundamentales del progreso de las ciudades de países desarrollados con las que están en vía de desarrollo es el crecimiento cuantitativo “desbocado” en la ciudad del país subdesarrollado, mientras que el crecimiento cualitativo de la ciudad del país desarrollado es lento y mesurado, adaptando su territorialidad de forma progresiva, con menores intervenciones masivas. En este cuadro se realiza una comparación de la perspectiva de Santos (1973) al respecto de los países dependientes y los del centro y sus ciudades:

Tabla 2. Diferencias ciudades de países desarrollados y subdesarrollados en materia económica

Ciudades de países desarrollados Ciudades de países subdesarrollados

 Crecimiento lento

 Predomina el crecimiento

cualitativo

 Absorción de tecnología mesurada  Éxodo rural-urbano lento

Crecimiento acelerado

Crecimiento cuantitativo

predominante

Importación de tecnología y

rápida, introducción no mesurada

Éxodo rural-urbano masivo

Construido con base en aportes de Santos (1973)

El crecimiento económico no se articula necesariamente con el crecimiento poblacional de la ciudad y suele requerir que los inmigrantes adecuados lleguen en un momento de expansión económica para que haya un sistema productivo capaz de absorber a la población e integrarla en el proceso de desarrollo, como ocurrió en los casos de Buenos Aires y São Paulo a finales del siglo XIX y con Santiago en el siglo XX (Santos, 1973), de lo contrario este aumento de habitantes se torna contraproducente y se origina una expansión con características macrocefálicas, es decir, incontrolado y con dificultades para posteriores formas de organización en su crecimiento y manutención urbanos.

Este rampante crecimiento de la ciudad para Santos (1973), ha sido erróneamente articulado únicamente a la industrialización en los países desarrollados, pues en la actualidad, los países subdesarrollados tienen una tasa de crecimiento mucho más elevada.

Santos (1973) no le da tanta importancia a las razones psicológicas en cuanto a la expectativa personal de mejora de vida que favorecen la migración a la ciudad, prefiriendo darle preponderancia a las razones políticas (violencia), demográficas (crecimiento masivo) y económicas (desequilibrios económicos regionales), acompañada de otros factores como la educación, las mejoras agrícolas implantadas y la estructura de propiedad agraria regresiva; no es una cuestión de aspiraciones individuales, es un proceso generado por la presión social y económica del país dependiente.

Paralelamente al crecimiento de la ciudad, Santos (1973) y Jacobs (1985) comparten la preocupación por la implantación de tecnología de forma arbitraria en territorios con economías atrasadas que traen problemas de asimilación. La alternativa más viable para reducir la condición de dependencia según Jacobs (1985) es la sustitución de importaciones

progresiva, en la cual la economía local por medio de la improvisación y el ensayo y error

va procurándose a sí misma muchos de los productos que requiere. Este proceso debe ser paulatino, equilibrado y no forzado, pues para Jacobs (1985), dos son los errores comunes de las economías que las llevan al estancamiento y al infradesarrollo: las donaciones de tecnología y la compra de desarrollo (Jacobs, 1985); al no tener una decidida protección a la manufactura e industria local, los países estancados económicamente incrementan su nivel de dependencia de las importaciones, provocando el ensanche progresivo del sector terciario de la economía y la intensa diversificación de los servicios para absorber económicamente a la población que la industria no puede.

La sustitución de importaciones es para Jacobs (1971) mucho más significativa que la misma exportación de productos y servicios –promovida por ejemplo por las Zonas Francas–, por proporcionarle al núcleo urbano la posibilidad de atraer más importaciones de todo tipo que al ser a su vez reemplazadas con producción local abre las puertas a más productos que potencialmente pueden ser seguir el mismo ciclo (Jacobs, 1971). Sin embargo, en un país en condición de dependencia como Colombia este proceso de sustitución se da de una forma muy lenta, debido principalmente a un mayor apoyo económico y estatal a la exportación e importación masivas, en cuyos intereses no se encuentra primordialmente desarrollar un sistema urbano capaz de reemplazar bienes y servicios, sino el facilitar el flujo hacia el interior y exterior de los núcleos urbanos y zonas de producción. Hay que recordar que pese a esta situación, la región de Cundinamarca y

Bogotá es la que tiene una mayor diversificación y sustitución de importaciones del país, tal y como lo hemos mencionado al principio, y por ello es la región polarizada más importante a nivel nacional.

Bajo estas condiciones la diferencia entre el capital multinacional y el capital local se torna abismal (Jacobs, 1983), de esa fuerte diferencia es de donde basa su explicación Santos (1992), sobre la formación de un circuito moderno y un circuito tradicional los cuales se desarrollan de forma paralela en un mismo país subdesarrollado, tema en el que profundizaremos más adelante. La implantación de infraestructura industrial a regiones atrasadas o estancadas es también un problema para Santos, dado que la fuga de cerebros a los centros económicos del interior de los países e internacionales priva a las economías locales de personal cualificado para operar la maquinaria, por lo que la tecnología

implantada y no consigue ser adaptada a las necesidades locales, provocan el círculo vicioso del subdesarrollo pues ante la incapacidad de procurarse capital propio, los países como Colombia refuerzan la polarización interna, su papel periférico en el sistema mundo y su dependencia que se ve reflejado en la supeditación del circuito tradicional en relación con el circuito moderno, estos dos aspectos serán explicados más adelante por su importancia en esta indagación.

Pese a la condición de dependencia, la conexión con otras ciudades del mundo en las actuales coyunturas políticas es uno de los principales esfuerzos realizados por los gobiernos y grupos hegemónicos, citando a Gwyne y Kay (2001), Montoya (2006) enuncia las características de la vinculación de la ciudad con el mercado internacional:

1. Apertura total al mercado global

2. Sacrificio de actividades consideradas no competitivas

3. Reducción de la intervención estatal en ciertos aspectos económicos

4. Reorientación a proveer ventajas competitivas con el desarrollo de recursos humanos en consonancia con el mercado global (Montoya, 2006, p. 59)

No se comparte el tercer tópico en este trabajo, pues se considera que no hay reducción de la participación del Estado, sino una reconfiguración de su acción sobre el territorio urbano en materia económica, aumenta en ciertos aspectos –como en la inversión en infraestructura para transporte masivo– y merma su actividad en otros –regulación financiera–, buscando la mayor competitividad para el sector privado moderno, aunque ello

signifique sacrificar las actividades tradicionales del sector que no ha entrado a esta lógica (circuito tradicional) de intercambio trasnacional. Este proceso de apertura a la globalización para Montoya significa también un crecimiento de la marginalización, metropolización de la pobreza, segregación y auto-segregación poblacional, caída del empleo y crecimiento del sector informal, este proceso de la mano con una polarización acentuada de la metrópoli latinoamericana, destrucción de la capacidad rural para generar empleo y la incapacidad de la ciudad para proveer pleno empleo a sus habitantes (Montoya, 2006), lleva al crecimiento sobredimensionado del sector de comercio y servicios de la economía dependiente actual.

3.2 Condiciones morfológicas preexistentes: zona analizada del circuito