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Las condiciones de vinculación local-global de Fontibón en su comercio

Capítulo 3. El espacio comercial local y el espacio comercial del mercado global y su relación con el entorno

3.3 Las condiciones de vinculación local-global de Fontibón en su comercio

Se reconoce lo complejo y controvertido teóricamente que es el concepto de globalización, por su amplitud y diversidad de posturas en torno suyo, ya sea como una forma de imperialismo disfrazado o como desarrollo socio-técnico que abarca la mayor parte del globo, recordando la advertencia que Ulrick Beck (1998) hace sobre el concepto: la globalización es a buen seguro la palabra (a la vez eslogan y consigna) peor empleada, mal definida, probablemente la menos comprendida, la más nebulosa y políticamente la más eficaz de los últimos años (p. 40), considerándolo como un fenómeno multifacético,

donde pueden diferenciarse varias dimensiones complejas: una económica, de técnicas de comunicación, ecológicas, de organización del trabajo, contractuales y la referente a la sociedad civil (Beck, 1998), cada uno de estos aspectos difíciles de separar unos de otros. Sin embargo esta indagación sesga este concepto al de Mercado Global, el cual corresponde a los flujos, interconexión y relaciones comerciales centro-periferia guiados a lo comercial.

Se ha adoptado la definición básica que ofrecen Navia y Zimmerman (2006) de la globalización como el acelerado flujo de capital que sale de los tradicionales centros de comercio y la creación extendida de nuevos circuitos mundiales de producción, distribución e información (Navia y Zimmerman, 2006, p. 25), añaden los autores que representa paralelamente flujos y procesos trasnacionales hegemónicos que se reflejan a nivel local; existe una dialéctica inmanente en la globalización, pues no puede ser definida como un proceso universal omitiendo su manifestación en lugares geográficos específicos, sin embargo resaltan la creciente relevancia del proceso no como un sistema de complejidad creciente internacional, sino como una reconfiguración dentro de lo más bajo de la jerarquía urbana y su orientación regional y nacional más que trasnacional (Navia y Zimmerman, 2006).

En esta investigación se considera que el concepto de globalización sigue siendo válido para entender el espacio como una forma de soberanía negociada, donde unos agentes internacionales y nacionales intervienen activa y deliberadamente en un complejo sistema donde lo político y económico se entrelaza, pero con mecanismos que le permiten establecerse en determinados lugares, aprovechando las ventajas que ofrece su localización. El Estado es un agente importante en el proceso de lo global y lo local, tal y como menciona Lefebvre (2013), es esta forma de organización política capaz de imponer un orden y una planificación a la sociedad, que rige por medio del conocimiento y la técnica, con la capacidad incluso de reconfigurar el espacio de la ciudad, lo que Lefebvre llama el

aplastamiento del tiempo, teniendo la capacidad y las herramientas para allanar lo social y lo cultural, (Lefebvre, 2013).

Para Sassen (2001) existen 3 características necesarias para comprender la dinámica de lo global en el Estado moderno y su soberanía: Las instituciones y procesos específicos, los movimientos e innovaciones jurídicas de los bufets de abogados, y tercero la introducción de la cibernética para un número cada vez mayor de actividades (Sassen, 2001), este trabajo

se enfoca en el primer tópico debido a que Colombia se halla privado en buena medida de los otros dos por su posición y capacidad económica periférica. Las instituciones que se han ido consolidando son un conglomerado de acuerdos que permiten la importación de mercancías y mano de obra, para ejemplificar, Sassen cita el ejemplo de las maquiladoras del norte de México y la tendencia de las empresas a enviar productos semielaborados a países donde no pagan aranceles y donde los salarios son muy reducidos (Sassen, 2001). En Fontibón, el fenómeno se ve reflejado por medio de la Zona Franca de Bogotá, es constructivo entonces adoptar el aporte de Sassen (2001) al respecto cuando afirma que en la actualidad, las fuerzas más importantes que influyen en la economía global, conllevan la capacidad de desarticular la forma específica de intersección de soberanía y territorio, imbricada en el Estado moderno y en el moderno sistema de Estado (Sassen, 2001, p. 24)

En cuanto a las innovaciones jurídicas encontramos todo el entramado que protege e incentiva movimientos económicos transnacionales, pero Sassen afirma que no se trata de un derecho global, pese a que hay ciertas reglas de juego que todos acatan; la autora menciona algunas de las actividades de acuerdos inter-empresariales en materia económica –arbitraje, mediación, demandas- se realizan apoyados en los tribunales locales o con actividades paralelas como la mediación, pero se trata de procesos llevados a cabo por un sector privado especializado y que hace parte de los servicios de ciudad (Sassen, 2001).

Sassen (2003) examina la dicotomía local-global por el hecho de que estos movimientos redefinen con tendencia a declinarse el papel del Estado y la soberanía nacional, para la autora, la soberanía se reconfigura, junto con el papel del Estado, sin embargo reconoce la actual tendencia de declinación del Estado frente a los actores económicos trasnacionales. El Estado deja de ser un ente autónomo-excluyente como había sido originalmente concebido, para entrar en un juego económico interestatal, donde se adquieren nuevas responsabilidades (desregulación-privatización) y ventajas (crédito internacional, ayudas), su actividad como ente regulador permanece, pero no con las mismas connotaciones que tenía en décadas anteriores, por ejemplo de guarnecedor de la producción interna. Por otra parte la soberanía no se anula, se redefine con los grupos internacionales utilizando las instituciones y servicios interinstitucionales como puentes para relacionarse con ella y actuar directamente en los puntos estratégicos (Sassen, 2001).

La soberanía estatal para Krasner (2010) ha sido manejada y concebida de una forma inadecuada, se opone a la presuposición de que la autodeterminación es la directamente afectada con la globalización y sus efectos, tanto es su desacuerdo que afirma que la visión que se adopta es la del arquetipo del Estado soberano (Krasner, 2010). Para el autor, nunca ha existido un Estado completamente libre para tomar sus decisiones y se contrapone al concepto unívoco y cuasi-esencial de soberanía, dividiéndolo en 4 clases de soberanía: s. de interdependencia, que regula lo que entra desde la frontera; s. doméstica, la organización interna dentro de los límites del territorio; s. de Westfalia, la no interferencia y control en el territorio de poderes externos; s. jurídica internacional, capacidad para actuar jurídicamente con reconocimiento mutuo entre otros Estados (Krasner, 2010). La perspectiva de Krasner hace énfasis en la flexibilidad según intereses de la autodeterminación estatal, no se trata después de todo de una cualidad sagrada, se atreve incluso a afirmar que la soberanía se

fortalece con su debilitamiento, encontrando fuentes alternativas de legitimidad y apoyo externos al país (Krasner, 2010), lo que induce a pensar que para mantener su propia autodeterminación no requiere necesariamente de la completa legitimidad de los grupos sociales del país, en especial los más vulnerables económica y políticamente.

La soberanía en la perspectiva de este trabajo no es un algo sagrado que ha sido

vulnerado por la globalización, es uno de los aspectos en los que el territorio es objeto de negociación para su usufructo por parte del Estado según los intereses políticos y económicos predominantes; las Zonas Francas son una prueba de ello, la estancia de capital nacional y extranjero beneficiario –principalmente este último– con las ventajas tributarias y de ubicación que poseen en comparación al resto de zonas dedicadas al comercio y sus respectivos propietarios, que no son una novedad, pero que responden a las potencialidades comerciales de este tipo de espacios. La perspectiva de Zimmerman (2006) con respecto a la investigación en torno a la globalización gira en torno a cómo ha cambiado los procesos de integración económica y cómo se han agilizado y extendido los flujos de actores sociales, de información, capital y de procesos productivos y culturales (Zimmerman, 2006, p. 25), estos flujos son acompañados de personas, mercancías y zonas francas –o sus equivalentes–, este conjunto de procesos coordinados se realizan gracias a la soberanía negociada que se ha mencionado.

En consonancia con el planteamiento de Sassen, la Zona Franca de Bogotá es precisamente un espacio donde las actividades trasnacionales encuentran un punto urbano específico favorable para sus actividades, apoyadas por la política económica de apertura al capital internacional de parte del Estado colombiano que le sirve de puente para ejecutar un accionar trasnacional. Esto viene de una legitimación apoyada en los medios masivos de comunicación, haciendo énfasis en sus ventajas en cuanto a generación de empleo y transmisión de tecnología que hemos constatado en el capítulo dos.

Se ha elegido el concepto de espacio globalizado por ser el más pertinente para comprender la dinámica de la Zona Franca, Santos (1996), no está de acuerdo con el carácter absoluto y abarcador que tiene la globalización6, utiliza en su lugar el de espacio

de globalización, el cual describe como lugares específicos insertos en el seno del Estado- Nación. Sus características de ser válida la categoría corresponderían a:

1. Evolución de territorios nacionales a espacios nacionales de la economía internacional

2. Exacerbación de especializaciones y concentración de la producción en unidades de terreno más pequeños

3. Aceleración de las formas de circulación y su creciente papel en la regulación de las actividades localizadas

4. Localizaciones seleccionadas por la productividad espacial

5. Constitución regional en función de la organización y la regulación 6. Tensión entre localidad y globalidad

Las características de este tipo de espacio comprenderían una presencia de un paisaje tecnificado, informatizado y funcional, cuya dinámica acoge las normas internacionales estandarizadas de eficiencia, con una adaptación constante a las nuevas normas y las formas espaciales para su mayor funcionalidad, son lo que Santos define como un Medio técnico- científico-informacional, que opera en red y flujos y por medio de los avances de la informática procura un mando a distancia (Santos, 1996). En resumen, Santos lo define como un “teatro de distintos niveles, intensidades y orientaciones, es el conjunto de flujos y objetos totales” (Santos, 1996). Dos dinámicas interceden en los procesos del espacio

6 De la misma forma que Santos prefiere no utilizar el concepto modernización, creyendo más pertinente usar

globalizado: la verticalidad y la horizontalidad, el primero responde a la teleacción, la presencia de cuerpos ausentes que se encuentran en los flujos del mercado internacional; la segunda a los procesos locales dirigidos por esa teleacción, guiada a la competitividad y los beneficios aprovechando las ventajas que el territorio le provee por ventajas de ubicación o cercanía a recursos.

Estos espacios significarían una nueva espacialidad, dirigida por una teleacción, donde la soberanía se vería reconstituida tal y como afirma Sassen, el accionar racional y aislados relativamente de su entorno correspondería a una nueva forma de ejercer la soberanía pero de forma institucional y normativa, no se trata de territorios estrangulados (aislados por completo de su entorno) del territorio nacional, pero sería inadecuado también concebir que se conectan armónicamente con el espacio comercial preexistente.