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BOX 5.7 La Rambla del Raval: ¿una oportunidad? Carme Ribas-Joan Subirats

In document La ciudad conquistada - Jordi Borja (página 101-103)

Desde hacía muchísimos años se venía hablando en Barcelona de la necesidad de emprender una acción decidida y amplia que mejorara las condiciones de vida de la denominada «Ciutat Vella». El espacio objeto de atención comprende al mismo tiempo el antiguo núcleo primigenio de la ciudad y su primera expansión, el Raval, siempre intramuros. Los orígenes del llamado «esponjamiento», o «saneamiento» del distrito, deben buscarse ya en Ildefons Cerda en Baixeres o en los «higienistas» de principios de siglo, aunque fueron los proyectos del GATCPAC (con y sin Le Corbusier) los que acabaron siendo más conocidos. Con el advenimiento de la democracia, y sin las suspicacias que anteriores intentos habían despertado en plena época franquista, el ayuntamiento de la ciudad puso

en marcha un ambicioso plan de remodelación y rehabilitación del barrio. El balance general de estos años de intervención masiva en Ciutat Vella no es negativo. Al contrario, se ha trabajado razo- nablemente bien. Se han rehabilitado una de cada cinco casas del barrio, recolocando en ellas a sus antiguos moradores. Se han gastado más de 13.600.000 euros en promoción pública, en rehabilitación directa y en subvención pública de rehabilitación privada. Y lo cierto es que gracias a ello y a la llegada de nuevas remesas de emigrantes, vuelve a haber niños y jóvenes en el distrito. Las demandas de nuevas cédulas de habitabilidad así lo ejemplifican.

A pesar de esos y otros muchos aciertos, la situación actual obliga a plantearse algunos interrogantes. Desde nuestro punto de vista no se ha tenido suficientemente en cuenta la complejidad del tejido urbano y humano del distrito en ciertas intervenciones pesadas. Se han

sventrado espacios significativos, cuando quizás eran fácilmente recuperables. La normativa aplicada

en los nuevos edificios ha sido en muchos casos demasiado reglamentista. La calidad arquitectónica de muchas de las nuevas edificaciones está a menudo por debajo de lo derribado. Se han construido totalmente desde cero nuevas calles sin la mínima consideración sobre las señas de identidad del barrio (calle Maria Aurelia Campmany). Se han construido plazas que destacan por la sensación de desasosiego que producen (plaza Caramelles). O se ha abierto un enorme espacio, de dimensiones totalmente desconocidas para los parámetros tradicionales del barrio, cuyo futuro está aún por determinar (Rambla del Raval). Otras actuaciones se han hecho con más humildad, mimo y finezza, abriendo espacios que parece que toda la vida hayan estado allí, sin generar cicatrices difíciles de curar (Plaza de la Mercé o el espacio de Aliada Vermell, que se abre más allá de Princesa-Assao- nadors). En un marco general que podemos calificar de positivo, la experiencia de Ciutat Vella nos enseña que ciertos núcleos urbanos no pueden tratarse como un barrio más. No se puede ir con la lección aprendida, y limitarse a derribar, trazar, establecer una normativa, edificar y colocar a los vecinos en espacios que han acumulado tantoa complejidad en sus largos años de historia. Hay problemas de luz, de densidad, de trabajar con proyectos que hablen el mismo lenguaje de lo que no se derriba, que planteen renovar, sin falsos conservacionismos, pero con respeto y calidad. Habría sido más necesario trabajar a «continuación de» que en «sustitución de».

Algunos de los viejos y nuevos vecinos de ese gran receptáculo vacío que es hoy la Rambla del Raval observan con preocupación de dimensión desconocida ese gran solar lleno de sol. En un barrio conocido por sus callejuelas, humedades e insalubridades, nunca hay demasiado sol, pero sí que existe esa sensación de espacio fuera de toda proporción, de frontera o terreno de nadie, más que de plaza común que permita coser, tramar. La Rambla del Raval y su futuro constituyen hoy un gran problema y una gran oportunidad. Un problema si no se consigue llenar ese espacio con tramas urbanas y civiles que permitan avanzar sin perder diversidad y cohesión. Todos sabemos que el vacío social no existe. Si desde los poderes públicos no se consigue implicar a los vecinos, a los comerciantes, a las entidades, en la gobernación, en la responsabilización de ese espacio público, otras tramas clandestinas y delictivas lo llenarán. La labor de las instituciones públicas no es monopolizar, sino tender puentes, facilitar la autogobernación social. Porque lo cierto es que el Raval, a pesar de todo, está tratando de buscar su propia personalidad tras esas heridas que no permiten cicatrizaciones cómodas. Las salidas multicolores de los colegios del barrio nos dicen que el distrito es un antecedente de lo que será cada vez más Barcelona. El trabajo de las entidades del barrio, de los servicios municipales, está consiguiendo que se mantenga la cohesión a pesar de los repetidos intentos de llenar los vacíos con tramas delictivas. Riera Alta, Riera Baixa, Carme y Hospital van cobijando tiendas de discos y ropa de primera y segunda manos mucho más interesantes que los rutinarios y repetitivos comercios estilo zaramangofurestboulevard. Frente a centros comerciales cada día menos originales, más adaptados a la cultura del MundoMac, es una gozada pasear por esas calles, que conservan cierto ambiente canalla. Las carnicerías magrebíes o los restaurantes pakistaníes conviven con los bares llenos de estudiantes Erasmus y artistas en busca de una oportuni- dad. La desculturización y la desidentificación que azotan los centros de todo el mundo desarrollado no han penetrado aún en el Raval.

Barcelona, Rambla del Raval: apertura en zona degradada, espacio público multicultural

Nadie quiere un nuevo Marais en Ciutat Vella. Nadie quiere un lugar yuppificado, sin vida. Lo que está en juego en Ciutat Vella es lograr mantener la mezcla, la diversidad, el pluralismo de usos y gentes. Y hacerlo siendo innovadoramente respetuosos con la identidad de un barrio que siempre ha sido Barcelona, antes que Barcelona fuera lo que hoy es. Al final los lugares que serán más valorados serán los que mantengan sus diversidades culturales y una calidad de vida suficiente. La renovación de Ciutat Vella busca esa dignidad en las condiciones de vida, pero deberíamos evitar entre todos que se haga a costa de perder identidad, de perder diversidad de usos y personas. Se necesita densidad, se necesita complejidad, se necesita gente con ideas arquitectónicas sencillamente complicadas, y no técnicos con complicadas ideas simples. Dejemos que la historia del lugar y su realidad actual actúen como constricción positiva y no pretendamos un imposible borrón y cuenta nueva. La Rambla del Raval es hoy una oportunidad.

BOX 5.8 Sao Paulo: la metrópolis y los espacios públicos centrales

Regina Mª Prosperi Meyer

In document La ciudad conquistada - Jordi Borja (página 101-103)