1. INTRODUCCIÓN
4.3. Breve desarrollo histórico de la terminología
4.3.2. Breve resumen de la Teoría General de la Terminología
Aunque sean sobradamente conocidos los principios básicos de la TGT de Wüster, creo que este brevísimo resumen de sus elementos básicos servirá para facilitar al lector la contrastación con algunas de las voces constructivamente críticas para con ella, pertenecientes a las nuevas corrientes en terminología.
Partiendo de la lógica conceptual clásica, Wüster crea “su propia teoría y metodología del desarrollo y la innovación de la terminología como una contribución a la comunicación sin ambigüedad”, como constatan Galinsky y Budin (1998: 15) en la introducción a la versión española de la TGT de Wüster. En consecuencia impone los siguientes criterios y requisitos que se tienen que aplicar y que tiene que cumplir la terminología. Aquellos incluyen (a) que la terminología sea una materia autónoma, (b) que el objeto de estudio sean los términos científico-técnicos, (c) la definición de los términos, (d) los conceptos, (e) el valor del término, (f) el objetivo del estudio de los términos y (g) la finalidad de la normalización terminológica.
Para cada uno de estos puntos, establece Wüster lo siguiente:
(a) “La terminología considera que el ámbito de los conceptos y el de las denominaciones [de los términos] son independientes (1998: 21). Otra diferencia esencial entre la teoría de la terminología y la lingüística reside en el hecho de que la teoría de la terminología debe nutrirse de la lógica y de la ontología, y además, se solapa con una tercera ciencia formal, concretamente, la ciencia de la información. Finalmente, una característica más de la terminología reside en la necesidad de tener un estrecho intercambio de experiencias con las diversas “áreas del saber”, como la física, la ingeniería eléctrica o la economía” (idem: 26).
4.LA TERMINOLOGÍA
(b) “El trabajo terminológico [...] examina todos los conceptos pertenecientes a un área del saber (idem: 25) [...] para los terminólogos, sólo tienen importancia las denominaciones de los conceptos, es decir, el léxico de la lengua” (idem: 22).
(c) “El campo de aplicación presenta dos tipos de características: [...] la función de los signos en un sistema de signos y [...] la pertenencia de los signos a un área especializada del saber (área temática)” (idem: 116). “En terminología se parte del concepto y se busca su denominación, aunque para identificar y fijar un concepto es indispensable contar con una denominación o con algún otro signo” (idem: 39). “Resulta imposible asignar una denominación adecuada a un concepto sin haber clasificado y definido previamente este concepto” (idem: 65).
(d) “El trabajo terminológico, además de basarse en los conceptos, examina todos los conceptos pertenecientes a un área del saber desde el punto de vista de sus interrelaciones, es decir, como elementos de un mismo sistema conceptual” (idem: 25).
(e) “Para los terminólogos, una unidad terminológica consiste en una palabra a la cual se le asigna un concepto como su significado, mientras que para la mayoría de los lingüistas actuales, la palabra es una unidad inseparable compuesta de forma y contenido” (idem: 21- 22). A menudo sucede que la normalización debe seleccionar entre un gran número de posibilidades, y esta reducción puede tener como consecuencia que características que al principio no eran equivalentes lleguen a serlo. Si este es el caso, uno de los términos utilizados hasta entonces resulta superfluo. A la hora de decidir qué término habrá que eliminar, se aplican los mismos criterios de orden de preferencia que se aplican a las características equivalentes (idem: 49-50). [Este orden de preferencias es]: prioridad de características intrínsecas sobre las características extrínsecas, ~ intrínsecas sobre ~ de uso, ~ intrínsecas sobre ~ de origen, ~ de uso sobre ~ de origen (idem: 48-49), [en caso de] conceptos que se solapan [...], no se aplica ningún orden de preferencia, ya que, si los conceptos en cuestión no tienen exactamente el mismo contenido, su coexistencia está justificada” (idem: 49).
(f) “El trabajo terminológico se basa en los conceptos. Por consiguiente, el significado de cada concepto debe estar correctamente definido en buenos diccionarios especializados. Esto es válido no sólo para los diccionarios especializados monolingües, sino también, y más aún, para los plurilingües. [...] Esto conlleva, inevitablemente, una ordenación “sistemática” de todo diccionario especializado que se precie como tal. [...] En el caso de los buenos diccionarios especializados plurilingües, la ordenación sistemática se impone inevitablemente por otra razón adicional: esta ordenación hace que el diccionario se independice del sistema conceptual de una sola lengua de referencia (idem: 25-26). [...] en los casos de armonización de dos o más lenguas, es necesario, después de haber delimitado los conceptos nacionales, unos en relación con otros, armonizar también los conceptos implicados (idem: 152). Cuando se trata de armonizar los términos en diferentes lenguas, los no-especialistas sólo piensan
en la equivalencia de las formas escritas, cuando, en realidad, es muchísimo más importante para el lenguaje especializado la armonización de las formas conceptuales y, sobre todo, de los conceptos (idem p.153). Los últimos comentarios sólo se aplican a la normalización del lenguaje técnico. [...] Para tales denominaciones, hacen falta ayudas que aseguren una entera comprensión y un uso correcto de estos elementos léxicos en las distintas zonas lingüísticas (monovalencia y uniformidad nacionales). Al mismo tiempo, estas ayudas aseguran la uniformidad a nivel internacional” (idem: 153). (g) “[...] en terminología, con la tremenda productividad de conceptos y
términos, una evolución libre de la lengua llevaría a una confusión intolerable. Para evitar esta situación, [...] los terminólogos empezaron a unificar, por consenso, algunos conceptos y términos. Esta unificación también se denomina norma y, para distinguirla de la norma descriptiva, se usará la expresión norma prescriptiva” (idem: 23).
El establecimiento de estos principios y las pautas seguidas para conseguirlo, parece el proceso normal para un ingeniero inventor de su época (y de muchos actuales): descubre algo y trata de darle nombre ‘único’. En cambio, los demás, traductores e intermediarios lingüistas, etc. nos dirigimos a los textos y tratamos de componer el mapa de conceptos partiendo de los términos que encontramos en los mismos, esto es, partimos siempre del contexto terminológico.
La TGT de Wüster es asimismo fundamento y contenido de estudio de la llamada Escuela de Viena. El otro pionero del origen de la terminología, Lotte, fundador, a su vez, de la Escuela rusa, se basa también en planteamientos muy parecidos de los de la Escuela de Viena, como se verá a continuación, donde se señalan los puntos que tenga en común (mediante ‘cfr.’ y la letra correspondiente) con la primera y los divergentes34.