• No se han encontrado resultados

La Teoría Comunicativa de la Terminología (TCT) de

1. INTRODUCCIÓN

4.4. Nuevas voces y corrientes de la terminología actual

4.4.2. La Teoría Comunicativa de la Terminología (TCT) de

Uno de los pilares teóricos de esta tesis, es la TCT de Cabré, quien se acerca a la terminología a través de la lingüística. En particular, su entendimiento y concreción relacionados con la problemática señalada en 4.2, resultan fundamentales y así serán expresados y, en su caso, ejemplificados, durante la siguiente descripción de la TCT.

Aunque en el prefacio de la edición de la traducción al español de la Teoría General de la Terminología de Wüster (1998: 11), Cabré reconoce abiertamente su importancia que para ella “reside en el hecho de que hasta ahora es el único corpus sistemático de principios que puede considerarse una teoría sobre la terminología, que permite aplicaciones destinadas a resolver situaciones comunicativas e informativas en contextos especializados”, encuentra, no obstante, demasiadas insuficiencias explicativas y descriptivas en ella, por lo que surge, como respuesta, su Teoría Comunicativa de la Terminología (TCT).

En concreto, en la TGT de Wüster, Cabré (1999a: 96) echa en falta una descripción satisfactoria de los términos. A continuación se expondrán primero las exigencias (en forma de puntos A-H) que tienen que cumplir los términos, entendidas desde la perspectiva de su TCT, en contraposición (↔) a la perspectiva que toma la TGT de Wüster de estos puntos (a)-(g)40,

38 “Multicultural and multilingual variation: the ‘termontography’ approach and beyond”,

conferencia impartida en el Dpto. de Lingüística Aplicada a la Ciencia y a la Tecnología de la UPM, el 27 de noviembre de 2006. Cfr. también Temmerman (1999).

39 Durante la mencionada conferencia, que con su permiso pude grabar en cinta

magnetofónica, subrayaba, en varias ocasiones, el hecho de que “a word not twice means the same in context”.

40 La explicación del porqué de la asimetría en el número de puntos (siete (a)-(g)) en el caso

de la TGT y ocho (A-H) en la TCT) está en la ‘fusión’ que he hecho de los dos puntos (c) y (d) de la TCT en un único punto c) de la TGT en el apartado dedicado a la misma; mientras

4.LA TERMINOLOGÍA

expuestos con anterioridad, que aquí se presentarán en la reformulación de Cabré (1999a: 111):

A) “La multidisciplinariedad41 de abordaje de las unidades terminológicas (denominativa, cognitiva y funcional); ↔ a) la terminología se concibe como una materia autónoma, y se defiende como un campo de intersección constituido por las “ciencias de las cosas”, y por otras disciplinas como la lingüística, la lógica, la ontológica y la informática.

B) La poliedricidad de todas y cada una de estas unidades; ↔ b) El objeto de estudio de esta teoría son los términos científico-técnicos, concebidos como unidades específicas de un ámbito de especialidad, de uso circunscrito a este ámbito.

C) Su doble función en la realidad del discurso especializado (representativa y comunicativa); ↔ c) los términos se definen como unidades semióticas compuestas de concepto y denominación cuya identidad sólo se justifica dentro de un campo de especialidad.

D) La distinción entre su valor descriptivo y su valor prescriptivo, discriminado por las situaciones de comunicación; ↔ f) el valor de un término se establece por el lugar que ocupa en la estructura conceptual de una materia.

E) La variación conceptual inherente a toda unidad de conocimiento, indisolublemente ligada a una cultura específica (general y científica) que determina una visión del mundo; ↔ e) los conceptos de un mismo ámbito especializado mantienen entre sí relaciones de diferente tipo. El conjunto de estas relaciones entre los conceptos constituye la estructura conceptual de una materia.

F) La dependencia lingüística de las unidades terminológicas, realizadas en las lenguas particulares y H) la finalidad aplicada de la normalización terminológica es garantizar la precisión y univocidad de la comunicación profesional —estrictamente profesional— mediante el uso de los términos normalizados; ↔ g) el objetivo del estudio de los términos es la normalización conceptual y denominativa, monolingüe —en el caso de la comunicación profesional nacional— o plurilingüe, en el caso de la comunicación internacional y

G) la variación denominativa inherente al discurso y a la comunicación, tanto general como especializado, en función de las características pragmáticas del discurso; ↔ d) los términos se analizan a partir del concepto que representan y, por ello, se asume que el concepto precede a la denominación.

Pero, al mismo tiempo, Cabré (1999a: 112) reconoce que el trabajo de Wüster supuso un adelanto muy importante en la segunda mitad del siglo XX. Como ingeniero marcado por la ciencia, ordena el conocimiento científico —pensado universalmente homogéneo—, a través de la lógica y estructura los conceptos en concordancia, sin pararse en las diferencias de materias, contextos socio-culturales o lenguas, etc. Por lo que, para él, la

que en este apartado, he combinado los puntos F y H, por su adecuación conjunta a la contraposición de (g) con la TGT.

41 La multidisciplinaridad o interdisciplinaridad ha sido fundamento y constante para esta

única función de la terminología era la necesaria normalización denominativa y conceptual para garantizar la unívoca comunicación y transmisión de conocimientos entre técnicos y científicos (véase 4.3.2). Dejaba de lado, tanto la dimensión comunicativa de los términos, sus valores pragmáticos y las variaciones semánticas, la diversidad real (y no idealizada) de la denominación y los conceptos, como su evolución y flexibilidad. En su reflexión, la autora parte precisamente de estas insuficiencias y de otras hechas por seguidores de Wüster y de la Escuela de Viena.

Teniendo en cuenta los argumentos que comparte con otras voces críticas de la teoría tradicional —la diferencia en el enfoque del estudio teórico y de la delimitación del objeto terminológico—, Cabré se plantea la construcción de una nueva teoría integradora de la terminología que tendría que cumplir los requisitos epistemológicos, así como incluir la comunicación en todos sus ámbitos, basada en datos reales (de corpora)42: “The final objective of any theory must be to describe real data; it must be internally consistent and have the potential of being predictive. Every theory has an applied side from which applications can be generated to solve problems. The theory of terminology is no exception” (Cabré 2003: 178). Reitera para esta teoría la importancia de que en terminología se basen las ideas y discusiones en datos terminológicos reales (hard data43), cuyos elementos y modelos de explicación y descripción más adecuados se puedan elegir de entre todas las opiniones sin imponer ninguna en particular. A continuación especifica cómo fueron sus propios comienzos en esta tarea y cómo, desde su experiencia, habría que construer esta teoría:

“I initially used one of the possible acceptations of “theory”: namely theory as an organised assembly of internally coherent statements and principles or conditions which permit the description (or description and explanation) of a set of phenomena and their relations and which is organized around an object of knowledge which constitutes its nucleus. I believe that any proposals of a new theory must first of all explain its starting point and then the viewpoint from which it proposes to analyse the data” (idem: 182).

42 Distingue Cabré (2003: 178) entre la observación y descripción de datos para el

contenido de un diccionario estandarizado y para el ambiente natural del discurso. Para el primer caso, está de acuerdo con las conclusiones de la TGT: la terminología es sistemática y no ambigua, los términos son completamente equivalentes en diferentes lenguas, los conceptos intradisciplinares se diferencian claramente entre sí y son universales dentro de una disciplina y sus designaciones formalmente parecidas hasta aproximarse al rango (estatus) de una terminología internacional. Para el segundo, sin embargo, reclama todo lo contrario: “in written and spoken specialised discourse terms are a means of expression and communication and according to these two variables the discourse will be marked by redundancy, conceptual and synonymic variation and in addition permit the observation that there is not always a perfect equivalent between languages”, por lo que se dan “variations according to the different functional registers […], the data are less systematic, less unambiguous, less universal than the others”.

43 Con ‘hard data’, la autora se refiere a términos ‘in vivo’ (en contraposición de términos

‘in vitro’), según la definición de Dubuc y Lauriston (1997: 80-88). Para la importancia de ‘hard data’, cfr. Bourigault (1999: 29-32).

4.LA TERMINOLOGÍA

Así, para Cabré (idem: 183), el objeto central de la terminología son las unidades terminológicas que consisten, a la vez, en unidades de conocimiento, de lengua y de comunicación por lo que su descripción debe incluir un componente cognitivo, lingüístico y socio-comunicativo. Sin embargo, estas características en sí todavía no las hacen diferentes de las palabras o unidades léxicas de uso genérico o general sino que sólo se convierten en específicas cuando cumplen condiciones restrictivas en cada uno de estos tres componentes.

Al contrario del acercamiento semiótico a la terminología como es el caso de Wüster en donde el concepto es independiente y precede a la designación, Cabré (2003: 186) se identifica con el acercamiento lingüístico que entiende las unidades terminológicas como combinaciones indivisibles en forma y contenido. Por lo que ellas no sólo designan sino significan con todas las consecuencias cognitivas de su significado, tal y como aparecen en el discurso especializado, lo que hace de su estudio ‘in vivo’ (el discurso real y especializado), esto es, en su contexto de uso fundamental44 [cursivas mías].

No obstante y de acuerdo con su principio democrático y conciliador de no-exclusión, a priori, de ningún elemento ni modelo para una teoría de la terminología, mencionado con anterioridad, Cabré (2003: 186-8) formula un modelo de representación plural, aunque no simultáneo, para el acercamiento a la terminología (como objeto) al que llama la teoría de las puertas. De forma resumida, esta teoría se basa en la imagen de una casa a la que se puede acceder directamente por varias puertas pero sólo por una a la vez. La casa representa al objetivo central que es la unidad terminológica y las puertas de acceso a ella son el concepto, el término o las situaciones, respectivamente. De esta manera se considera a la unidad terminológica como el corazón de un poliedro multidimensional compuesto por los tres componentes ya mencionados (el cognitivo = el concepto, el lingüístico = el término, el comunicativo = la situación), que unidos, permiten, cada uno, el acceso directo al objeto de estudio. Este acceso se elige, según las preferencias, aunque no incondicionales, de cada investigador de la materia, sin olvidar que cualquier acceso será siempre lingüístico y la teoría basada en lengua natural.

Como para Cabré (idem: 189) la terminología se sitúa en el ámbito de la comunicación especializada, las unidades terminológicas sólo pueden observarse en tales situaciones, por lo que un corpus diversificado y estrechamente ligado a ellas, será imprescindible para dar cuenta de estas unidades. A título particular sólo puedo subrayar la importancia de esta constatación, siendo prueba de ella mi acercamiento inductivo a la terminología de los puentes de fábrica: En primer lugar, estudiando los textos especializados acerca de ellos, me di cuenta de toda su terminología (no sólo de la consensuada), y de las relaciones que entre los términos se establecen.

Las unidades terminológicas se reconocen —a través del supuesto conocimiento estructurado en el discurso especializado, mediante un mapa conceptual formado por nodos de conocimiento, representados por diferentes unidades de expresión y las relaciones entre dichos nodos—, por

44 Cfr. Cabré, Codina y Estopá (eds.) (2001) y Cabré (2005), en conferencia inaugural de la

el significado que tienen en un determinado campo, por su estructura interna y su significado léxico.

No obstante, como defensora de una teoría de lengua natural, para Cabré no existe una percepción separada entre las unidades terminológicas (UTs) y las palabras (genéricas o unidades léxicas (ULs) dentro del espacio léxico del hablante. Esta deducción parece lógica ya que no existen indicios de diferencias fonológicas, morfológicas o sintácticas entre ellas. Por lo que los significados especiales de las unidades léxicas están a disposición del comunicador, ‘automáticamente’, cuando le sea necesario dentro de cada contexto o discurso especializado. A esta habilidad humana, la autora la define como “competencia pasiva del conocedor normal del lenguaje” (Cabré 2005).

No obstante, las UTs y las ULs sí se diferencian en sus dimensiones semánticas y pragmáticas por lo que Cabré (2003: 189-190) postula que a priori, una UL no es per se ni terminológica ni general sino que es general por defecto, adquiriendo un significado especial o terminológico —no predeterminado sino resultante de una selección específica de rasgos semánticos en concordancia con las condiciones de cada discurso—, cuando se activa por las características pragmáticas del discurso (valor semántico en marco pragmático). Por ello, cualquier UL tiene el potencial de convertirse en UT [cursiva mía], y la definición de una UT, en concordancia con la TCT de Cabré, se puede establecer como “una unidad léxica con valor terminológico”, con la lógica inclusión de la polisemia, incluso para un único término en el mismo o diferentes campos de especialidad [cursiva mía]. Este hecho se constata de forma contundente en las siguientes palabras de Cabré (1999a: 124):

“Debe tenerse en cuenta que la TCT concibe los términos como unidades que forman parte del lenguaje natural y de la gramática que describe cada lengua; y que, dentro de esta gramática, no se conciben como unidades autónomas que constituyen un léxico especializado diferenciado, sino que se describen como módulos de rasgos asociados a las unidades léxicas, que no son inicialmente ni palabras ni términos sino sólo potencialmente términos o no-términos. Su carácter de término, que, como hemos dicho se activa en función de su uso en un contexto y situación adecuados, se actualiza mediante una selección de los módulos de rasgos apropiados a la especificidad de un ámbito determinado. El contenido de un término no es

absoluto sino relativo, de acuerdo con cada ámbito y situación de uso.”