Previamente a la propuesta de intervención, se ha hecho una revisión de los principales programas de intervención desarrollados en el ámbito de la violencia ascendente para identificar cuáles son los aspectos clave que permiten alcanzar el éxito en la reducción de este tipo de conductas.
Encontramos que la problemática se ha abordado desde diferentes ámbitos. Los programas analizados aparecen recogidos en la tabla 6.
Tratamiento aplicado en clínicas privadas: Terapia Familiar
- Cascallana et al. (EVNTF) (2006)
- Weinblatrt y Abraham- Krehwinkel (2004)
- Gallagher (2004)
Programas en el contexto de Servicios Sociales
- Schnabel (2008) Asociación Altea-España
- García de Galdeanado y González (2007)
-Ollefs y Arist von Schilippe (2006) Asociación Altea-España
- Paterson, Luntz, Perlesz y Cotton (2002)
Programas en el contexto de la Justicia Juvenil
- González y Cienza (2008)
Programas en el contexto de la salud
- Turecki y Tonner (2003)
- Cottrell (2001)
Programas para contextos diversos - Price y Margerum (2003)
Otros -Urra (2011), programa Recurra
Tabla 6. Diferentes perspectivas de intervención en violencia filio-parental
Según Aroca Montolío, Bellver Moreno y Alba Robles (2013) , la intervención con padres víctimas de esta tipología de maltrato deberá abarcar los siguientes puntos:
•Comprender las características y el ciclo de la violencia filio-parental. •Conocer las características de los hijos/as que maltratan a sus padres/madres. •Reconocer los tipos de violencia psico-emocional que utilizan los hijos.
• Aprender estrategias y técnicas de refuerzos, disciplina, comunicación parental. • Entender la necesidad de la presencia educativa parental tanto psicológica como física, en la vida del hijo.
• Reducir los sentimientos de culpa, fracaso y soledad de las madres y/o padres. • Reconocer las consecuencias de la violencia filio-parental que padecen.
• Aprender técnicas de negociación en la pareja para establecer las pautas, límites y normas educativas conjuntamente.
• Asesoramiento personalizado para cada familia con el objetivo de dar respuestas más válidas y convenientes a su realidad familiar y parental.
Asímismo, Cottrell (2001), desde la Unidad de Prevención de la Violencia Familiar de los Servicios de Salud de Canadá, propone indicaciones para los padres víctimas de esta modalidad de maltrato, reconociendo la dificultad de la problemática:
- Los padres pueden cambiar su forma de pensar y reconocer que la solución al abuso no es rápida, sino un largo proceso en el que están inmersos.
características individuales de cada familia.
- Los progenitores deben intentar diferentes estrategias hasta hallar el tipo de ayuda que mejor se adapte a su situación.
- Es conveniente que escojan al terapeuta, buscando y comparando profesionales capacitados para ayudar.
- Afrontar el problema en vez de esperar una ayuda pasiva, hace que los padres sean más fuertes. Una estrategia de afrontamiento activa ayuda a que se sientan mejor consigo mismos.
En líneas generales, algunos de los planteamientos que se recogen en el programa de Cottrell (2001), son los siguientes:
• Romper el silencio: reconocer la existencia del problema y comunicarlo
• Solicitar la ayuda de un profesional (elección del terapeuta)
• Participar en grupos de apoyo para compartir experiencias y que no se sientan solos en su lucha, disminuyendo así el sentimiento de desamparo.
• La mediación, puede contemplarse como un recurso para la resolución de conflictos y para la resolución de la situación de abusos.
• Cuando los progenitores actúan de manera conjunta, en pareja, se sienten más fuerte y con mayor capacidad de control.
• Mantenerse informados es algo crucial, que los padres comprendan qué está pasando ayuda a tomar decisiones correctas.
• Poner límites puede ser una tarea compleja y difícil que a menudo precisa de diferentes maneras de intervención.
• La supervisión del adolescente a corto plazo por alguien distinto a los padres puede resultar beneficioso y permitir la ruptura con la situación.
• Recuperar el control y cicatrizar las heridas que existen en la relación paterno- filial.
Por otra banda, la revisión empírica nos revela la escasez de intervenciones con menores agresores en el ámbito familiar lo que dificulta la identificación de las características
que proporcionan un mayor éxito en la intervención. Sin embargo, Aroca Montolío, Bellver Moreno y Alba Robles (2013), proponen las siguientes características como facilitadoras del éxito:
•Programas que tienen el modelo conceptual que se basa en la perspectiva cognitivo- conductual en su vertiente educativa y terapéutica.
• Utilización de técnicas educativas cognitivo-conductuales que logran cambiar tanto la forma de comportarse como la manera de pensar (valores, creencias y actitudes).
• Intervención dirigida a la adquisición de nuevas conductas adaptativas o prosociales, la reducción de futuras conductas violentas y, a compensar los déficits del adolescente.
• Valoración e intervención dirigida a disminuir factores de riesgo que provocan y mantienen las conductas de violencia.
• Programas diseñados para que las intervenciones estén claramente dirigidas y estructuradas, paso a paso (tal y como se establece en el programa confeccionado para los progenitores).
• Formación académica apropiada de los profesionales, entrenamiento en técnicas a utilizar (para implementarlas correctamente), conocimiento tanto del tipo de sujetos con los que van a intervenir como con las conductas a tratar (violencia filial); así como que dichos profesionales tengan características concretas.
•Introducir una perspectiva familiar en la intervención para que el adolescente se responsabilice de su conducta.
Para el diseño de la propuesta de intervención se han tenido en cuenta estas consideraciones así como también los principios que se derivan de la LO 5/2000, reguladora de la responsabilidad legal de los menores, en la cual se refleja la necesidad de llevar a cabo una intervención desde una esfera sancionadora-educativa.
Del espíritu reinsertador de la LO 5/2000 se desprenden una serie de principios que debemos tener presentes a la hora de planificar una intervención en este campo, entre otros destacan:
- El interés superior del menor
- El respeto al libre desarrollo de la personalidad del menor
- La información de los derechos que le corresponden y la asistencia necesaria para poder ejercerlos.
- La aplicación de programas fundamentalmente educativos que fomenten el sentido de la responsabilidad y el respeto por los derechos y libertades de los otros.
- La adecuación de las actuaciones a la edad, personalidad y circunstancias personales y sociales de los menores.
- La prioridad de las actuaciones en el propio entorno familiar y social, siempre que no sea perjudicial para el interés del menor. Utilizando preferentemente los recursos normalizados dentro del ámbito comunitarios.
- El fomento de la colaboración de los padres, tutores o representantes legales.
- El carácter preferentemente interdisciplinar en la toma de decisiones.
- La confidencialidad y la ausencia de injerencias innecesarias.
- La coordinación de actuaciones y la colaboración con otros organismos.
De la revisión de la literatura científica se desprende que la intervención dirigida a extinguir los comportamientos violentos en dirección ascendente debe de combinar una intervención parental junto con una intervención con los menores.
Por último añadir que los profesionales que planifiquen las intervenciones y asímismo las lleven a cabo, deben de tener conocimientos, tanto de esta tipología de maltrato familiar como de victimología y delincuencia juvenil dado que las dinámicas presentes en este comportamiento violento no siempre coinciden con las pautas y dinámicas terapéuticas
empleadas en terapia, asesoramiento u orientación familiar.
Asímismo, los profesionales que lleven a cabo la implantación del programa deben conocer las características propias del periodo evolutivo adolescente para así poder lograr una mayor adaptación a las necesidades del grupo. Por otro lado, también es necesario que cuenten con habilidades técnicas de autocontrol emocional, ya que es muy probable que durante las sesiones de intervención o evaluación aparezcan situaciones difíciles, cargadas de emociones negativas que es preciso manejar.