Federalización de la ciudad
En la década de 1880 alcanzó su apogeo el gobierno liberal-conservador, en una nación unificada y dirigida por una élite con un control económico y político sin precedentes cuyo lider fue el General Julio A. Roca. En esos años, mientras la Argentina adquiría las características de un país aluvial, como la definió José Luis Romero,101 se desvirtuaba el sistema federal, se expandía la actividad industrial, crecían rápidamente las exportaciones y se acentuaban las diferencias entre el estancamiento económico de gran parte del interior y el avance de la zona de más directa influencia de Buenos Aires y su puerto. Las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, que en 1875 poseían en total cerca de 45.000 hectáreas sembradas con trigo aumentaron a más de 369.000 hectáreas en 1888. En 1890 la exportación de cereales constituía el 16% del total de las exportaciones del país formada, principalmente, por productos agropecuarios que incluía ganado en pie y carne ovina congelada, embarcada en su mayor parte hacia Inglaterra.102
La década comenzó con la federalización de la ciudad de Buenos Aires. Las fuerzas nacionales, que habían derrotado a los ejércitos bonaerenses, intervinieron la provincia y enviaron al Congreso Nacional el proyecto para convertir a la ciudad de Buenos Aires en Capital Federal de la Argentina. La ley fue sancionada pocos días antes de asumir Roca la presidencia del país, el 12 de octubre de 1880.103 Buenos Aires se convirtió en la expresión física y social de esa sociedad conservadora, reflejada en la literatura por Lucio Mansilla, Miguel Cané y Eduardo Wilde: la ciudad liberal en la que se identificaban los valores de una clase satisfecha, orgullosa y convencida de su poder y de la validez de su estilo de vida, en contraste con una masa pobre y acrítica a la que se mantenía marginada de la vida política. La ciudad comenzaba a experimentar algunos cambios en sus características urbanísticas determinados en parte por la ubicación de las estaciones del ferrocarril y la ubicación del puerto frente a la tradicional plaza de Mayo, que mantenía su prestigio comercial, administrativo, religioso y cultural. El rápido crecimiento físico de la ciudad se orientó hacia el norte y el oeste, a lo largo de caminos cuyo trazado se remontaba al período colonial. Era una ciudad chata, bastante compacta y densa en el centro, con un trazado de calles regulares cortado por algunas plazas públicas que sólo excepcionalmente exhibían una parquización atractiva. El estado lastimoso y la suciedad de las calles -en 1880 Buenos Aires no tenía desagües y sólo un limitado servicio de agua potable- contrastaba con algunos suntuosos edificios privados, religiosos y públicos que tomaron los estilos del renacimiento italiano y posteriormente el neoborbónico francés y, en menor número, el neogótico.
La ley de federalización de 1880 fijaba para la ciudad los mismos límites que habían sido
101 ROMERO, José Luis, 1976.
102 CORTES CONDE, Roberto y Ezequiel Gallo, 1986, p 38.
103 La Ley Nº 1029, declarando el Municipio de Buenos Aires Capital de la República, fue sancionada por el Congreso el 20 de septiembre de 1880 durante la presidencia de Nicolás Avellaneda.
determinados en 1867.104 Estos límites fueron ampliados en 1887 y se anexaron las jurisdicciones de los pueblos y partidos de Belgrano y de Flores que la bordeaban por el norte y por el oeste. Quedó así definida una extensa área de 18.869 hectáreas, que en su mayor parte comprendía terrenos de usos rurales y baldíos. Estaba limitada hacia el sur por el río de la Matanza o Riachuelo que la separaba del entonces partido de Barracas al Sur, hacia el este y noreste por el río de la Plata, hacia el norte y noroeste por los entonces partidos de San Isidro y de San Martín y hacia el oeste y suroeste por el partido de Matanza (ver figura Nº 8).
Población en la Capital Federal Composición demográfica
Al promediar la década de 1880, Buenos Aires era la ciudad con mayor número de habitantes de América Latina, habiendo superado pocos años antes a Río de Janeiro y México. La tasa promedio anual de crecimiento de la población de Buenos Aires entre el Censo Nacional de Población de 1869 y el Censo Municipal de la ciudad de Buenos Aires de 1887, alcanzó al 4,77%. Su crecimiento era más bajo que el de otras ciudades de rápido crecimiento de América del Norte durante los mismos años, como Chicago (6,8% entre 1870 y 1880) y San Francisco (5,6% entre 1870 y 1880) y de América Latina, como Montevideo (5,87%) y Bogotá (6,26%) en la década de 1880. Sin embargo, la tasa de Buenos Aires era mayor a la experimentada en la década de 1880 por Rosario (4,52%) y en la década de 1890 por Río de Janeiro (3,64%) y San Pablo (4,2%).105
El Censo Municipal del 15 de septiembre de 1887 arrojó una población de 433.375 habitantes para el recientemente designado Distrito Federal que comprendía el antiguo municipio (404.173 habitantes), los antiguos partidos de Flores (15.575 habitantes) y Belgrano (9.810 habitantes), y la población fluvial (3.817 habitantes).106 Los residentes extranjeros (228.641) representaban el 52,8% de la población total. Entre éstos predominaban los italianos (31,1%), los españoles (9,0%) y los franceses (4,6%); el restante 8,1% tenía como nacionalidades más representativas a los uruguayos, ingleses, alemanes, suizos y austríacos.107 Los argentinos (204.734) representaban el 47,2% de la población total. Entre los argentinos predominaban los migrantes de otras provincias (29,6%) sobre los nacidos en la Capital Federal (17,6% del total). Entre los oriundos de otras provincias, el 27,1% provenían de la provincia de Buenos Aires y sólo el 2,5% del resto del país, predominando los provenientes de las provincias de Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Tucumán.
La ciudad de Buenos Aires absorbió el mayor número de los inmigrantes que llegaron a la Argentina entre 1871 y 1887. La mayoría de los inmigrantes declaraban ser agricultores
104 El antiguo municipio estaba limitada al norte por el arroyo Maldonado, al sur por la Riachuelo y al este por el río de la Plata; el límite oeste lo determinaban las actuales calles Córdoba, Medrano, Castro Barros y Boedo hasta alcanzar el Riachuelo en el puente Alsina.
105 HARDOY, Jorge E. y María Elena Langdon, 1978, pp 115-173.
106 Censo Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, 1887, tomo II, pp 6-8
107 2.015 habitantes (0,67%) provenían de otras cinco naciones latinoamericanas: Paraguay, Brasil, Chile, Perú y Bolivia. No puede descartarse un número mayor de latinoamericanos incluidos en el censo bajo otras nacionalidades de origen.
(76,2%), otros dijeron ser jornaleros (5,0%) o artesanos o artistas (2,6%) o comerciantes (1,9%) y no faltaban los que declaraban no tener profesión (7,8%) o desempeñar oficios diversos. En el cuadro Nº 1, que nos muestra el número total de inmigrantes que entraron al país entre 1857 y 1887, se observa el alto porcentaje de mujeres italianas y portuguesas (estas últimas incluidas en el conjunto de varias nacionalidades) y el comparativamente bajo porcentaje de niños y niñas; la mayoría eran hombres solteros o casados solos. Mayor porcentaje de mujeres inmigraron en los años prósperos, como fueron algunos de la década de 1880.108 Fueron los años 1885, 1886 y 1887 los que dejaron el mayor número de inmigrantes durante la década de 1880.
Sus ocupaciones
El Censo Municipal de 1887 intentó clasificar a la población mayor de 14 años por sus profesiones, distinguiéndola por sexo y entre argentinos y extranjeros.109 De las 299.840 personas mayores de 14 años censadas, 96.568 (32,21%) no especificaron su profesión.110 Como el censo no registra el número de inactivos debe asumirse que esas 96.568 personas que no especificaron su profesión incluyen a un importante número de mujeres (76.310) y de hombres (20.258) de más de 14 años, algunos de las cuales estarían buscando trabajo, así como a enfermos e inválidos.
Tampoco quieren decir las cifras del censo que todas las personas que declararon su profesión estuviesen efectivamente empleadas el día del censo. Simplemente es una indicación de la experiencia profesional de la oferta de mano de obra. De todos modos refleja una cierta estructura del mercado laboral. Domésticos y jornaleros representaban el 9,96% y el 9,10%, respectivamente, de las profesiones declaradas. Entre los domésticos predominaban las mujeres nacionales y extranjeras distribuidas de manera muy equilibrada. Del total de jornaleros, el 87,8% eran varones extranjeros. Otras profesiones bien representadas eran las de lavanderas (1,51%) y planchadoras (1,50%), mano de obra casi totalmente femenina.
La distribución de las profesiones refleja la demanda de empleo de una ciudad preindustrial y esencialmente comercial en rápido crecimiento, y también la baja calificación de la mano de obra ofrecida (cuadro Nº 2). Es significativo el porcentaje de albañiles (3,47%), carpinteros (3,36%), herreros (1,24%) y pintores (1,04%, así como el de jornaleros (9,10%) y carreros (1,54%) atraídos por las demandas de una ciudad en construcción. Más importante aún es el porcentaje de personas que declararon estar ocupados en las actividades comerciales en general (9,78%) y de empleados (3,05). Las ciudades en una fase incipiente de industrialización requieren escasa especialización. La mayoría de esas personas encontraron ocupación permanente o temporaria en el sector de servicios, trabajando los hombres como jornaleros, zapateros, sastres, carreros, marinos, pintores, cocheros, panaderos y carniceros,
108 El porcentaje de mujeres que inmigraron entre 1857 y 1887 fue el 21,27% del total de inmigrantes.
109 En 1887, la población de 14 años y menos sumaba 129.749 personas y representaba el 29,93% de los 433.375 habitantes que constituían la totalidad de las personas que se hallaban presentes en el recientemente formado Distrito Federal el día del censo (15 de septiembre de 1887).
110 Tenemos la impresión de que también fueron excluidos de esta pregunta la población con 71 años de edad y más. Si a la población total (433.375 habitantes) se le resta la de 14 años y menos (129.749 habitantes), la de 71 años y más (2.965 habitantes) y sin especificar edad (714) suman 299.947 habitantes, cifra prácticamente igual a las 299.840 a quienes se registró en el censo por profesiones.
y como domésticas, costureras, modistas, lavanderas y planchadoras las mujeres. Recreación y lecturas
Durante las dos últimas décadas del siglo XIX el teatro fue una de las principales actividades recreativas de la ya cosmopolita población de Buenos Aires. En esos años el centro de la ciudad contaba con varias salas, siendo las mas importantes el antiguo Teatro Colón, construido en 1887, el Variedades, el Politeama, el Odeón y el Opera, situado sobre la calle Corrientes, en el predio del actual cine que lleva el mismo nombre.
La actividad teatral porteña estuvo ubicada entre las cuatro o cinco más importantes del mundo, por la cantidad de espectadores, por el número de obras y por la puesta en escena de óperas y clásicos universales, algunos representados por actrices de la talla de Sara Bernhardt y Eleonora Duse. A la par de estas manifestacones de la cultura europea, hubo en Buenos Aires otra vertiente teatral de neto corte nacional, compuesta por el drama gauchesco y algo después por el sainete, que tuvieron un enorme éxito de público.111 En 1872, José Hernández publicó el extenso poema El gaucho Martín Fierro, unos de los clásicos de la literatura argentina. Su representación teatral lo consagró como una pieza cumbre del teatro gauchesco. Otras obras del mismo género que obtuvieron los favores del público fueron Juan Moreira (1884), de Eduardo Gutiérrez, y Calandria (1896), de Martiniano Leguizamón. El circo criollo, un producto verdaderamente original de la cultura argentina de finales del siglo XIX, presentaba en un mismo espectáculo al circo tradicional con trapecistas, malabaristas y payasos, seguido por la representación de obras del teatro nacional y, a veces, también universal. A la familia Podestá se debe la invención de este "género", que dio al país gran parte de sus mejores actores.112
La afluencia de la inmigración a los teatros fue importante. Algunos colectividades tuvieron su propia compañía como, por ejemplo, la Filodramatici Paolo Ferrari en 1880, que actuó en los teatros "della" Alegría o "della" Victoria. Las conjunciones italianas incluidas en los nombres de las salas refleja la participación de los inmigrantes entre el público asistente, según lo atestiguan las secciones de "diversiones públicas" de los periódicos de la época.113
Algunos periódicos de gran tirada y larga trayectoria como formadores de opinión fueron creados en esta época, como La Prensa y La Nación. La Prensa fue fundado en 1869 por la familia Gainza Paz; un año después, otra familia patricia -los Mitre- fundó La Nación. Ambas publicaciones se constituyeron en los órganos de difusión del pensamiento liberal- conservador, como continuan siéndolo en la actualidad.
En esa línea se inscribió la literatura más importante de la Generación del 80 cuyos principales protagonistas, entre los que se encontraban Lucio V. Mansilla, Miguel Cané, Lucio V. López y Eduardo Wilde, alternaban la literatura con el desempeño de altos cargos públicos, como ministros, embajadores e intendentes. Para estos escritores la literatura fue una vía de consagración y una forma de dar testimonio de los cambios ocurridos en un país que los tenía a ellos mismos como protagonistas y artífices de dichos cambios.114
111 DE DIEGO, Jacobo, 1983 p 143.
112 FRANCO, Lily, 1985, p 2.
113 DE DIEGO, ob. cit., p 143.
El género autobiográfico en la novela, el ensayo y la poesía fue muy difundido y eran abundantes las descripciones de la ciudad y su vida cotidiana, constituyendo un cuerpo documental inestimable. De 1884 son dos obras fundamentales: Juvenilia de Miguel Cané, donde relata su infancia y adolescencia en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y La Gran Aldea, de Lucio V. López, cuyo título se hizo extensivo a la caracterización de la ciudad en el período preliberal. En 1878 apareció Tiempo perdido de Eduardo Wilde, conjunto de relatos heterogéneos (notas, discursos, cartas y ensayos). En algunos de ellos se desprecia el ansia de figuración social, tan extendida en la alta sociedad porteña de la época: "Las necesidades estrictas de la vida, pueden pues, ser llamadas sin gran esfuerzo en este pequeño centro de población. Pero no sucede lo mismo con las necesidades ficticias que, no por ser menos reales, son menos apremiantes. Existe entre nosotros la necesidad imperiosa de aparecer".115 En general, esta literatura dio cuenta de un mundo en equilibrio, sin fisuras aparentes. El público al que estuvo dirigida pertenecía a la misma condición social, fue "lo mejor de Buenos Aires", según indicó Lucio V. Mansilla, refiriéndose a los lectores de sus obras. Entre ellas, son particularmente elocuentes las dedicatorias de sus "causeries", verdadera enumeración de los arquetipos de la Generación del '80 en la Argentina.116
En paralelo a esa cultura oficial y muy ligados al proceso de expansión del drama gauchesco y el circo criollo, se desarrollaron los folletines -novelas impresas en libros de pésima factura- dirigido al nuevo público lector formado por la aplicación de las políticas de educación pública. El criollismo, como texto escrito o representación teatral o circense, fue el medio a través del cual, hasta cerca de 1910, el vasto mosaico étnico y cultural que poblaba la ciudad, adquiría carta de ciudadanía a nivel cultural.117
La vivienda
La inmensa mayoría de las casas de la ciudad estaban en 1887 destinadas a vivienda o a vivienda con un comercio adosado al frente. Entre 1869 y 1887 la población creció en 255.588 habitantes y la ciudad en 12.946 casas. El número de personas por casa pasó de 8 a cerca de 13 personas. Con todo, el número de personas por pieza era relativamente bajo: 1,65. Las 20 secciones censales que componían el antiguo municipio se densificaron, aún las que constituían el centro que estaban más ocupadas.118 En algunas secciones inmediatas al
115 WILDE, Eduardo. "La carta de Recomendación", del libro Tiempo perdido, en Obras completas, tomo XI, p 159.
116 Nos referimos a las "causeries" que Mansilla dedicó, por ejemplo, a Eduardo Wilde, a Lucio V. López, a Torcuato de Alvear, a Carlos Pellegrini y a Bartolomé Mitre. VIÑAS, David, 1982, pp 151-153.
117 Ver de Rodolfo PRIETO, El discurso criollista en la formación de la Argentina moderna, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1988.
118 Las secciones de la Capital Federal establecidas para el Censo Municipal de 1887, comprendieron las 20 secciones electorales del antiguo municipio de Buenos Aires, más los ex-partidos de Flores y Belgrano. A esta nomenclatura nos remitiremos para este capítulo. En el Censo Municipal de 1904 se redefinieron las secciones del terrritorio del Distrito Federal y, en 1909, el nuevo Censo Municipal las identificó como barrios. Esta delimitación y nomenclatura, se mantuvo en censos municipales y nacionales hasta 1960. El primitivo centro de la ciudad, compuesto en 1887 por las secciones de
antiguo centro, como las de Balvanera, Pilar y San Cristóbal el aumento de la densificación fue notable (cuadro Nº 3 y figura Nº 9). Fueron las secciones donde se construyeron el mayor número de casas. En Balvanera (sección 10), cuya densidad pasó de 8 a 98 personas por hectárea entre 1869 y 1887, el número de casas pasó de 392 a 3.260.
La gran mayoría de las casas eran de una sola planta. De las 33.804 casas registradas en el Censo Municipal de 1887, sólo 36 tenían 4 pisos y 436 tres pisos, concentradas en las seis secciones del centro.119 Las 4.979 casas de dos pisos tenían una dispersión mayor. Una casa de cada tres (12.211) estaba alumbrada a gas, pero la mitad estaban en las seis secciones céntricas. En cambio, sólo una casa de cada cinco estaba conectada al servicio de aguas corrientes y, nuevamente, las secciones céntricas eran las mejor servidas. Más de la mitad de las casas extraían agua de pozos y en más del 21% habían sido construidos aljibes; el 6% de las casas no tenían agua. En algunas de las secciones con más rápido crecimiento de población, como las de Balvanera y San Cristóbal, el agua era extraída de pozos, a pesar de que la densidad general de esas secciones superaban, en algunos distritos, las 100 personas por hectárea. El censo de 1887 no menciona la existencia de ranchos, lo que parece muy improbable; en 1869 existían 1.300 casas con techos de paja (es decir, ranchos según el censo de 1869) y el número de casas construidas entre 1869 y 1887 fue muy inferior a la demanda por crecimiento de la población.
La típica casa de la ciudad tenía entre 3 y 6 piezas. Las casas con este número de piezas constituian el 45,7% del total de casas. Existía un importante número de casas con 11 a 15 piezas (3.338 sobre un total de 33.804 casas) repartidos en todas las secciones pero con una elevada concentración en las secciones de Balvanera, El Pilar, El Socorro, en la Boca y en las seis secciones centrales. Igualmente, 462 de las 793 casas con 30 piezas o más estaban en las seis secciones céntricas, 158 en las secciones 13 a la 16, y 24 en la 10. El número de habitaciones no discriminaba la calidad de ocupación, fuera esta en grandes casonas o conventillos.
La casa patriarcal
A principios de la década de 1870 las familias adineradas de la ciudad emigraron de su tradicional barrio al sur de la Plaza de Mayo, para ubicarse al Norte de la avenida Rivadavia (Catedral al Norte, El Socorro, Pilar). En ese mismo año, la población de Buenos Aires fue afectada por una epidemia de cólera y al año siguiente por otra, mas grave aún, de fiebre amarilla, que causó la muerte de 17. 000 personas, cerca del 10% de la población de la ciudad.120 Se ha reconocido en estos factores la causa principal del traslado del habitat de las familias acaudaladas.121 Sin embargo, es posible que también figurase entre los motivos de la mudanza, la necesidad de definir un espacio propio dentro de la ciudad, que fuera identificado con las importantes transformaciones que el país estaba manifestando. Las
Catedral al Norte, Catedral al Sur, San Miguel, San Nicolás, Piedad y El Socorro (1 a 6, respectivamente) equivalía aproximadamente a lo que posteriormente fueron las secciones de Montserrat (13a) y de San Nicolás(14a), entre 1904 y 1960.
119 En 1869, cuando se realizó el Primer Censo Nacional de Población, no existían en Buenos Aires casas de 4 pisos, 183 tenían 3 pisos, 2.078 tenían 2 pisos y 18.597 un solo piso.
120 RAWSON, Guillermo, 1876, p 151.
121 Como por ejemplo las familias Anchorena, Ocampo, Azcuénaga, Pacheco, Guerrero, entre otras. IGLESIA, Rafael, 1985, pp 137-141.
mejoras urbanas ejecutadas en el área norte de la Capital, bajo la intendencia de Alvear, aceleraron el traslado de la alta burguesía que se instaló en casas compactas de 2 o 3 pisos tipo "petit-hotel".
¿Qué casas se estaban abandonando en el barrio sur? Fundamentalmente las viejas casonas coloniales de una sola planta, con sucesivos patios rodeados de habitaciones 122, herederas de la casa española e italiana del Mediterráneo. A mediados del siglo XIX, estas casas, algunas de estilo "italianizante", mantenían el patio como centro de la vida familiar y su número definía la categoría de la vivienda. Al primer patio daban la sala y el comedor; al segundo los dormitorios; y al tercero (si lo había), los servicios y era también utilizado como