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En busca de los misterios de la Ciencia y de la Verdad Divina

In document CARMONA Y SU VIRGEN DE GRACIA (página 48-50)

A

gradezco muy sincera y profundamente la invitación de nuestra Hermana Mayor de la Hermandad de la Virgen de Gracia, Dña. Concepción Gavira Gordón, y a toda su Junta de Gobierno, para colaborar en la edición de esta revis- ta anual “Carmona y su Virgen de Gracia”, con una pequeña aportación, que no deja de ser un reconoci- miento a todas aquellas personas que viven inmersas en la búsqueda de la verdad y el bien, desde la perspectiva de la fe sincera.

Durante estos últimos meses he tenido la oportu- nidad “obligada” de recurrir a la reflexión, tal vez guia- do por una creencia innata de que “puede haber un futuro mejor que el presente”. He querido pensar en el mañana e imaginar el más allá, para simplificar, ordenar y buscar respuesta a lo que no podemos comprender.

Pero inmerso en tan profundo menester, y sin so- lución de continuidad, he retrocedido varias décadas en mi vida, para encontrarme inmerso en una Facultad de Ciencias Biológicas en la cual buscaba, desde muy joven, esa respuesta a lo que creemos pero que no sabe- mos, que como decía San Agustín, “la fe es creer en lo que no vemos y la recompensa es ver lo que creemos”.

Durante esos años tuve el honor de encontrar res- puesta a mi curiosidad, con esas clases magistrales del Profesor Dr. D. Manuel Losada Villasante, todo un modelo a seguir como científico y como creyente, que lo uno no está reñido con lo otro, y así tuve la opor- tunidad de profundizar en las bases moleculares de las ciencias de la vida, más tarde descubriría esa otra gran pasión en mi vida, la agronomía.

En su discurso protocolario de la inauguración ofi- cial del 292º año académico de la Real Academia de Medicina de Sevilla, el ilustre profesor decía en su epí- logo “el más hermoso, noble y ejemplar acto de humildad

y sinceridad del creyente de buena fe es aceptar que puede estar equivocado, que aquello en lo que firmemente cree, y por lo que está dispuesto a renunciar a todo y a sacrificarlo todo, puede no ser verdad”.

Por aquellos años, conocí también a otro gran científico, el Profesor Dr. D. Julio Pérez Silva, catedrá- tico de microbiología, primer Decano de la Facultad de Biología y Rector de la Universidad de Sevilla, entre los

años 1986 y 1988. Ese afable y campechano profesor, con su peculiar acento canario, nos desgajaba los entre- sijos de la estructura y biología de esos organismos, que siendo demasiados pequeños, no podían ser percibidos a simple vista. Lógicamente me refiero al complejo y apasionante mundo de los microorganismos, donde se encuentran clasificadas las bacterias y los virus, entre otros.

Y durante horas y horas, el Dr. Pérez Silva nos iba ilustrando sobre las grandes pandemias de la historia, desde la peste de Justiniano que asoló el imperio Bizan- tino, pasando por la peste negra que hizo retroceder a la población europea desde 80 a 30 millones de personas a mediados del siglo XIV (entre 1346 y 1353). Igual- mente nos describía como la viruela llegó a tener tasas de mortalidad de hasta el 30%, con un periodo de ex- pansión dramático durante el siglo XVIII, infectando y desfigurando a millones de personas. En el siglo pasa- do, durante marzo de 1918, aparecía la “mal llamada” gripe española, paradójicamente, en un hospital de Es- tados Unidos. La gripe asiática registrada por primera vez en la península de Yunnán, China, que provocada por el virus de la gripe A de procedencia aviar, apareció en 1957 y en menos de un año se había propagado por todo el mundo. Y por último, recordar una de las pandemias más graves y más recientes conocida por la sociedad actual, el Virus de Inmunodeficiencia Adqui- rida, el VIH, más conocido como SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida).

De todo ello se desprende que la humanidad lle- va siglos enfrentándose a distintas pandemias. No son algo con lo que estemos acostumbrados a convivir, ni algo a lo que nadie esperaría acostumbrarse. Pero por desgracia, se han convertido en parte de nuestras vidas diarias en más de una ocasión. Por suerte, la comuni- dad científica siempre se ha esforzado en estudiarlas desde los diversos campos de la investigación.

Y aunque sus líneas de investigación no fueran estrictamente las de la Inmunología, esta reflexión me hizo despertar el deseo de aflorar de mis recuerdos a es- tos dos grandes científicos, recuerdos de una juventud inquieta y necesitada del saber, a modo de ejemplo de todos aquellos que han utilizado la ciencia para el servi- cio de la humanidad, de su evolución y de un continuo deseo de crecer y ser cada día un poco mejor.

Todo un reconocimiento para aquellos que usan la ciencia para el bien y para hallar la verdad: la verdad sobre la vida, sobre quiénes somos y adónde vamos, para hacernos más conscientes y realistas con el mundo que nos rodea.

Y en una constante búsqueda de ese denomina- dor común entre ciencia y religión, debo hacer uso de las palabras pronunciadas por Juan Pablo II, “la cien-

cia puede purificar la religión del error y la superstición, mientras que la religión puede purificar la ciencia de la idolatría y absolutos falsos”.

Por eso, todas esas tempestades y miserias huma- nas, vividas durante estos últimos meses, como con- secuencia de la pandemia del SARS COVID-19, de-

berían hacernos reflexionar en un “acto de humildad y

sinceridad” sobre el gran error de vivir apartados de la

Fe. Cómo es posible no saber a qué aferrarse cuando ocurren estos sufrimientos. ¿Realmente somos autosu- ficientes?

Personalmente no lo creo, somos frágiles y vulne- rables, y podría ser que los que estemos dormidos sea- mos nosotros, y no Dios, y como dice el Papa Francis- co, “invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida, porque

con Él a bordo no se naufraga e incluso, aquello que parece malo puede convertirse en cosa buena”. Probablemente

aprendamos mucho de esta tempestad terrenal. Parafraseando de nuevo al Dr. Losada, quizás ha- bría que aceptar que podemos estar equivocados, qui- zás deberíamos renunciar a un materialismo que nos hace ser más esclavos de las miserias humanas. Quizás deberíamos ayudar más a cuantos viven en una condi- ción que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de pri- mera necesidad como el pan, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Por todo ello creo que ese deno- minador común, entre la Ciencia y la Religión, ansiado y buscado a lo largo de muchos siglos por la humani- dad, es sencillamente el encuentro con la verdad.

Y en esa continua búsqueda de la verdad, en este caso; la verdad de Cristo, no debemos olvidar el papel que juegan nuestras Corporaciones religiosas en una sociedad, cada vez más separada de la Iglesia. Y por eso, en esa reflexión inducida por los sentimientos durante estos meses de aislamiento social, considero que es de justicia expresar mi reconocimiento, como Presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Carmona, a todos aquellos cofrades que for- man parte inequívoca de la identidad propia de nuestra Iglesia Diocesana. Cofrades que reavivan las más pro- fundas manifestaciones de la religiosidad popular, la cual debe entenderse como un modo legítimo y valioso de vida cristiana y de encuentro con el Señor.

Las hermandades se han tenido que reinventar ante las necesidades del nuevo milenio para dar respuesta a las realidades de las miserias humanas. Estas constitu- yen esa “Gran Pandemia del siglo XXI”, que nunca

se tendrá en cuenta desde la frialdad de las cifras de las estadísticas, pero que conforman la verdad apocalíptica de la humanidad: pobreza, el hambre, la exclusión, etc.

Aprovecho estas líneas para resaltar la labor que realizan nuestras Hermanas y Hermanos Mayores en el devenir de sus respectivas Hermandades. Aunque mu- chas veces no somos conscientes, constituyen los pilares fundamentales que marcan y escriben los renglones de la historia de éstas. Renglones como el que perfilaban el pasado día 14 de marzo, cuando reunidos en la Igle- sia Prioral de Santa María en Asamblea Extraordinaria, como siempre presididos por nuestro querido Consi- liario Rvdo. P. D. José Ignacio Arias, no les tembló la mano para torcer la línea imaginaria que nos pedía el co- razón. Recuerdo once manos levantadas, sin dar lugar a ningún tipo de duda, para priorizar la salud de las perso- nas “versus” a sus deseos e ilusiones, y recuerdo también, con gratitud, esa llamada de los hermanos de la Venera- ble Orden Tercera de los Siervos de María apoyando y compartiendo las decisiones que se tomasen a nivel de Consejo. En aquel momento quedarían suspendidas to- das las Estaciones de Penitencia del año 2020, Pregones de Juventud y Semana Santa, Quinarios, Via Crucis, y todos los actos previstos. Debo reconocer que fue una jornada muy dura para todos nosotros: Hermanos Ma- yores, Junta Superior, Consiliario, Diácono, Pregoneros, pero quisimos anticiparnos y reconocer “la verdad”, la verdad de la gravedad de la pandemia del Sars Covid-19. Como no sentirse orgulloso de pertenecer a esta gran familia ante ese derroche de ejemplar comportamiento.

Y poco a poco, he ido descubriendo la capacidad innata de las Hermandades para adaptarse a las circuns- tancias adversas, buena prueba de ello es su supervi- vencia a lo largo de los siglos. Imagino cuantas cosas habrán tenido que vivir en su dilatada historia, hasta llegar a nuestros días, en los que, recurriendo a la ima- ginación y a las nuevas tecnologías, hemos superado la barrera del aislamiento, para colmar nuestras nece- sidades como cofrades y cristianos, a través de Redes Sociales, como Facebook, que nos han dado soporte para vivir la eucaristía de forma virtual, gracias al apoyo de nuestros Párrocos y Diácono.

Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos es un océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido sino salir del plan de un Ser omnisciente y omnipotente. Isaac newton, Padre de la Ciencia Moderna. (1643 -1727).

A todas esas personas desconocidas que ponen la ciencia al servicio de la humanidad y que buscan la ver- dad en el Creador.

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