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Hermandad de BarcelonaDe nuevo junto a Tí

In document CARMONA Y SU VIRGEN DE GRACIA (página 89-91)

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e nuevo jun- to a ti, Vir- gen de Gra- cia! Después de mucho tiempo, esta herman- dad ha podido otra vez reunirse en tu iglesia y volver a verte. Acos- tumbrados a nuestros encuentros a lo largo del año, en estos meses de confinamiento, he- mos echado de menos el venir a visitarte.

A veces son pocos los momentos que esta pequeña hermandad tenemos para encon- trarnos, para venir a visitarte, ya sea por la distancia, por nuestros trabajos o por nues- tra situación familiar,

pero siempre valoramos con mucha intensidad cada uno de los instantes que podemos compartir junto a ti. Para todos nosotros es un tiempo de encuentro que nos mantiene unidos. Hemos formado una pequeña familia en la que el cariño y el afecto nos han hecho hermandad. Nuestras celebraciones en tu honor siem- pre las preparamos y organizamos con mucha ilusión y respeto hacia ti, desde el corazón.

Hoy ya, superado el confinamiento, volvemos a vernos, volvemos a verte. Hoy hemos encontrado de nuevo un tiempo para ti, para el reencuentro. Ha sido un tiempo de separación, difícil y excepcional que nos ha distanciado de ti, que nos ha distanciado del contac- to físico con algunos de nuestros familiares. A algunos de nosotros nos han separado de nuestros padres, hijos, hermanos o amigos y sólo el teléfono nos ha permitido saber que estaban bien. Ojalá que esta realidad que nos ha tocado vivir nos ayude a descubrir el valor de las re- laciones intergeneracionales. Nietos y abuelos, padres e hijos,... ¡Cuánto nos hemos echado de menos!. ¡Cuánto te hemos echado de menos, Virgen de Gracia!

Una etapa en nuestras vidas que no olvidaremos jamás y en la que no hemos dejado de tenerte pre- sente. Nosotros hemos continuado unidos a ti. Porque en este tiempo, más que nun- ca, la oración ha hecho incrementar en noso- tros el deseo de hacer de esta nueva realidad un tiempo de creci- miento. Es tiempo de poner odres nuevos para el vino nuevo y aprender de lo vivido para que nos humani- ce más, arraigándonos en la tierra pero con los brazos abiertos es- pecialmente a los que peor han vivido y están sufriendo esta realidad. Y también con la mi- rada alta para tenerte presente en cada una de nuestras decisiones. Hemos aprendido a no ser reactivos sino proactivos ante las situaciones difíciles, a poner al ser- vicio de los demás ese granito de arena que pudiera ser útil, desde un aplauso a las ocho, la responsabilidad de continuar haciendo nuestro trabajo lo mejor posible teniendo que aprender a trabajar de un modo nuevo, cosiendo mascarillas o implicados de lleno en los hospi- tales y en los supermercados. O sencillamente quedán- donos en casa, que en esta ocasión no era por egoísmo o comodidad, sino por el bien a los demás.

Hemos aprendido a manejar el silencio y la inte- rioridad, a buscar estrategias para que la familia viviera lo mejor posible este confinamiento. Hemos aprendi- do, en definitiva a saber que todos somos necesarios en la construcción de ese Reino.

Hace ya muchos años que nos uniste a todos noso- tros en hermandad y así hemos continuado a pesar de este tiempo separados. No hemos desconectado de ti, Virgen de Gracia, y hemos sabido por nuestros familia-

res y amigos Carmonenses de cómo lo estabais viviendo allí, vosotros también, lo cual nos mantenía unidos.

Gracias, Virgen de Gracia, por acompañarnos en este momento tan difícil, por habernos dejado sentir tu amor profundo, que nos ayudaba a aguantar y a confiar en que todo iba a ir bien.

Queremos enviar desde estas páginas nuestro ca- riño y consuelo para todos aquellos que en esta pan- demia habéis sufrido la pérdida de alguno de vuestros seres queridos.

Estamos seguros que la Virgen es y será vuestro mayor consuelo. Y por ello queremos acabar dirigién- dole la oración del Santo Padre Francisco:

“Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro cami- no como signo de salvación y de esperanza.

Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, man- teniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tene- mos necesidad y estamos seguros que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha carga- do nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección.

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y libéranos de todo pecado, o Virgen gloriosa y bendita”.

F

lor de las flores. Madre bonita de la prirmavera sevillana. “Macarena” su- blime. Su Hermandad de la madruga- da del “Viernes Santo”, cumple este 2020 los 425 años de su fundación. Toda Sevilla recibe con gozo esta celebración redonda. El 30 de mayo bajarán la imagen de su altar. Reina y Madre de Gracia, Caridad y Esperanza nues- tra. Toda Sevilla, siempre con la “Macarena”, una talla anónima de la Virgen, cuya cara es inolvidable. Si la miras por un lado, está llo- rando, por la Pasión de su Hijo Jesús. Si la contemplas por el otro, inicia una sonrisa por los piropos que le dicen los sevillanos. Cara de la Virgen, inolvidable. Como la que está en el cielo.

La fundación de su Hermandad fue el año 1595. Estuvo, primero, en la iglesia de san Basilio. Después, pasó a la parroquia de San Gil, desde 1670. El 18 de julio de 1936 fue quemado el templo por los enemigos de la iglesia, anarquistas, comunistas y socialistas, creyendo que la imagen de la “Macarena” estaba emparedada en alguna nave. En mi viaje a Moscú, en plena era soviética, me decían los rusos ¡“Nosotros matamos a los zares, pero respetamos nuestro patrimonio artístico de las iglesias. Los camaradas españoles no sabían lo que hacían, en su odio viceral”.

Con mucha cautela, la imagen de la “Macarena” fue llevada una noche, hasta la calle Orfila, encerrada en una caja de madera. Tomada Sevilla, se dió la noticia que la “Macarena” estaba a salvo y descubierta en la iglesia de la “Anunciación” de la calle Laraña, antigua Universidad.

El hermano mayor, Sr. Ternero, amigo de mi padre, fue el que la encerró... En aquella casa se construyó un pequeño altar con una imagen del escultor Castillo Lastrucci.

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