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En busca del rumbo ideológico

CAPÍTULO II: UN ESTUDIO SINGULAR PARA LA PRENSA EN LA REVOLUCIÓN

3.2 Diario de la Marina

3.2.3 En busca del rumbo ideológico

Dentro de los enfrentamientos ideológicos más importantes en 1959, los investigadores apuntan hacia el carácter del rumbo de la Revolución, que va a ir redibujándose en la medida que avanza el ano del triunfo revolucionario. En entrevista realizada por la Dra. Mely González Aróstegui a Aurelio Alonso Tejada 26 de julio del 2009, este apunta:

si nos vamos a plantear el tema de las confrontaciones ideológicas… yo creo que hay dos muy grandes, sucesivas y de alguna forma superpuestas en el tiempo… una es la cuestión de cuál era el rumbo que asumiría la Revolución, y la segunda es la confrontación, cuando se define, cuando predomina, cuando se hace hegemónico un consenso: el del rumbo socialista, entonces empieza la confrontación de qué era el socialismo.

Los intelectuales cubanos no se hallaron en 1959 ante una Revolución triunfante que les impusiera una toma de posición ideológica. En aquella fecha, no existían tradiciones ideológicas identificables con partidos políticos, sino más bien afinidades político- electorales. La ideología que ostentaba el mayor peso simbólico era el nacionalismo, específicamente en su variante reformista —aunque en el plano de la cultura política las ideologías del liberalismo y el socialismo también jugasen un papel importante. De esa manera, era lógico que una revolución nacionalista como la de 1959 concitara el apoyo de la mayor parte del arco ideológico nacional y arrastrara consigo a la mayoría de los intelectuales que llevaban buena parte de sus vidas denunciando la existencia de una patria sin nación.

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La polémica de la hora sobre el perfil, la naturaleza, de la ideología revolucionaria no era exclusivamente una cuestión teórica: buscaba interpretar el margen de lo aceptable ideológicamente dentro de esa Revolución. Lo que en 1959 era para Che Guevara “un nacionalismo de izquierda”, para Jean Paul Sartre “una Revolución sin ideología” y para Fidel Castro “una Revolución verde como las palmas”, dejaba abiertas las posibilidades para que la mayor parte de los sectores del país se sintieran incluidos en el hecho revolucionario. Los intelectuales cubanos, los cubanos en general, tenían ante sí un nuevo mundo que debían, al unísono, imaginar y construir.

La polémica en torno al carácter de la Revolución involucró a casi todos los medios de comunicación del país y tuvo una intensidad extraordinaria que puso a prueba la inteligencia con que fue conducido el proceso revolucionario.

La prensa desde los primeros días de la Revolución había mostrado una resistencia solapada a la misma, escudándose en el anticomunismo, a la vez que se declaraban amigos o partidarios de ella.

Inmediatamente, según Yadira (2009),

Dos posturas que se consolidarían posteriormente comienzan a esbozarse en lo más representativo de la prensa de derecha (Diario de la Marina, Prensa Libre, Información) y de centro (Bohemia): los que rechazaban la evidente orientación socialista del proceso y acusaban de “comunista” a la Revolución; y los que con iguales temores trataban de desvincular a la Revolución respecto de los comunistas

Tanto unos como otros se enfrentaban de manera a los primeros proyectos de la Revolución sin atacarla directamente.

Los sectores políticos con marcadas posturas ideológicas e intereses económicos maniobraban en Cuba tratando de crear inseguridad y división en el movimiento revolucionario cubano. Canales de televisión trataron de imponer censura a los comunistas cubanos, prohibiendo que estos hicieran uso de los medios propagandísticos a la vez que trabajaban en lograr datos para divulgar que la Revolución de Fidel Castro era comunista. Por consiguiente La Marina persistía en afirmar lo contrario con un lenguaje que parte desde sus mismos estereotipos, de ahí que se coloque en una posición defensiva con respecto a las demás publicaciones de la época, utilizando como recurso la ironía y adjetivaciones ante los hechos que resultan convulsos en esta época “Hablar de mala fe

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tratándose de los comunistas es una redundancia”.44 Este supuesto se valida en el objetivo

confeso de La Marina que era denunciar la “táctica del comunismo” que caracterizaba de

malévola.

El tema comunismo fue uno de los argumentos que más cobertura periodística tuvo en la publicación en estudio. Se redactaban para ampliar este tema notas editoriales fundamentalmente, en ocasiones comentarios con posturas críticas a otras publicaciones de la época, así como a las distintas organizaciones políticas.

La Marina pide a sus lectores que observen cómo Blas Roca “no se oculta para atacar en forma violenta a los miembros del actual gobierno”45 . Se refiere La Marina a la crítica que

hace el PSP de las actitudes políticas de algunos miembros del gabinete que seguían una política de retroceso y lentitud, en la cual se consideraba incompatible con la marcha de la Revolución. Paralelamente destaca la siguiente definición tomada del mismo informe: “(…) el PSP apoya resuelta y decididamente el proceso revolucionario y al gobierno provisional frente a los ataques de sus enemigos imperialista y reaccionarios”46

Su criterio para enunciar el destino nacional y el Proceso Revolucionario Cubano no estaba en correspondencia con la realidad cubana, sino con la centenaria historia de la iglesia, por lo que consideraba que el pueblo cubano cree en Dios, ama a la familia y respeta los principios morales, cultiva los valores del espíritu y por tanto aborrece el comunismo. Con respecto a la Revolución Cubana del 26 de julio y manteniendo el perfil religioso en sus publicaciones, se dice que “la Revolución no necesita del comunismo, ni para pensar ni para actuar. Tiene sus propias ideas avanzadas y fuertes pero propias, no es ateo”47

El comunismo para La Marina está superado y muerto por ser una totalitaria forma de pensar. La autopresentación positiva de La Marina de forma irónica.

Nos llaman reaccionarios, ya que es comprender los nuevos tiempos, e ir respondiendo a las nuevas necesidades y proyecciones de nuestro país, en forma que, si no resulta radical, al menos contribuye mucho a preparar el pensamiento y la disposición de todos para comprenderla y asimilarla.48

44 “El comunismo es reaccionario”, en Diario de la Marina, 15 de marzo de 1959 45Diario de la Marina, 6 de febrero de 1959

46Diario de la Marina, 6 de febrero de 1959

47 El comunismo es reaccionario, en Diario de la Marina, 15 de marzo de 1959 48 El comunismo es reaccionario, en Diario de la Marina, 15 de marzo de 1959

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y la presentación negativa de las demás publicaciones “catalogamos a Hoy como viejo y reaccionario”49 Se evidencia, en un periódico como este una forma paradójica: un periódico

que no está abrumado por sus años de existencia, sino que siempre ha sabido progresar y avanzar con el ritmo adecuado a la filosofía del progreso sin saltos, cristianamente, hacia las nuevas formas de vida cubana según el estilo de vida y la clase que representan, de esta manera resulta el cambio más útil para el decano de la prensa cubana.

Se expresa en contra del comunismo con un lenguaje elitista, en una realidad elitista que al mismo tiempo defiende el triunfo revolucionario exigiendo determinadas reformas, pero contraria al comunismo, atacándolo “ayer, hoy y mañana”50 y caracterizándolo como

“intrínsecamente perverso”51 y “la piedra de toque para demostrar que posee una ideología

antimarxista estando a pupilo en los manifiestos y en las publicaciones comunistas. El diario ha estado y estará, ese es su mayor orgullo”52

Este periódico tiene la satisfacción de su verticalidad. Fue anticomunista ayer y lo es hoy. Combate el comunismo cualquiera que sea el disfraz o el nombre que adopte.

De esta forma, el decano de la prensa cubana alude a la lucha contra el comunismo como principio fundamental, desplegando argumentos sobre esta lucha en las clases dominantes de la sociedad, capaz de llevar las riendas políticas y económicas del país sin dejar a un lado la lucha contra el comunismo y evidenciar las necesidades reales del pueblo. Así la publicación apelo a una de las estrategias típicas de la legitimación: la racionalización, procurando construir una serie de razonamientos para realzar la lucha contra el comunismo y por medio de ello obtener el apoyo de la clase burguesa de la sociedad.