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BUSCANDO CAMINOS CON CORAZ Ó N

In document Concierto Para Cuatro Cerebros (página 76-94)

SEGUNDA PARTE

1. BUSCANDO CAMINOS CON CORAZ Ó N

En la primera parte, propusimos que no es posible conocer la realidad tal cual es. Al interactuar con la realidad exterior construimos dos realidades internas, una con cada uno de nuestros cerebros. La del izquierdo, es la versión oficial que nos contamos acerca de cómo sucedieron las cosas. La del derecho, constituye una especie de grabación de todas las sensaciones físicas de cada momento: los colores y las imágenes que vemos, los sonidos que escuchamos, los olores, los sabores, las texturas los registros de posición o movimiento de nuestro cuerpo, así como de los afectos que estuvieron ligados a ellas. Es importante recordar que queda grabado no “lo que realmente ocurrió” sino cómo lo vivimos. La segunda versión se expresa en imágenes y símbolos que son el lenguaje del inconsciente y es la que nos determina. Determina lo que sentimos y gran parte de nuestras conductas.

En el cerebro derecho, en el inconsciente, están grabadas todas nuestras vivencias que son aprendizaje que podemos aprovechar. Por ejemplo, cuando aprendimos a caminar, vivimos seguramente muchos miedos que superamos porque queríamos pararnos en nuestros dos pies, como hacían los mayores, queríamos ir por nosotros mismos de un lugar a otro. Hicimos esfuerzos, probamos de distintas maneras, apoyándonos, deteniéndonos, tratando de equilibrarnos, hasta que lo logramos. Y ese momento en que por primera vez estuvimos parados en nuestros dos pies fue muy importante. Las cosas se veían diferentes desde esa perspectiva y tal vez nos temblaron las piernas y nos dimos un sentón y nos volvimos a levantar, orgullosos, llenos de satisfacción después de todo ese esfuerzo, quizá todavía con un poco de miedo de caer, pero era más el interés de ir a otro lugar, de poder hacer lo que hacían los demás, de alcanzar eso que nos llamaba la atención. Y así llegó ese otro gran

momento, el de dar el primer paso y probar y ensayar cómo avanzar un pie y mantener el equilibrio en el otro, y luego quedamos en una posición más difícil de mantener. Y así fuimos avanzando, paso por paso, y muchas veces nos caímos y nos levantamos, animados por las miradas y los aplausos de los demás y por el deseo de llegar allá, y de cada caída y de cada uno de los tropezones, aprendimos lo que no debíamos hacer. Aprendimos que era necesario primero ir de la mano de otro o agarrarse de algo firme y que después nos podíamos soltar y seguir por nosotros mismos.Aprendimos a aprender de la experiencia y a encontrar caminos por los que llegamos a donde queríamos llegar: el camino que lleva ahí adonde se come; el camino que lleva al lugar de los juguetes; el camino que lleva adonde está mamá. Aprendimos que se puede llegar al mismo lugar por caminos diferentes, unos más cortos, otros más largos, unos con más y otros con menos obstáculos, aprendimos que había caminos con corazón, tal vez los recorrimos, tal vez no. Y todos aprendimos a caminar a pesar de las caídas y si ahora, adultos, tropezamos y caemos alguna vez, a nadie se le ocurre decir que es porque no sabemos caminar.

Tratemos de sintetizar en lenguaje racional todos los aprendizajes contenidos en esta experiencia: el interés y el deseo nos llevan a superar el miedo, aprendemos de los errores, podemos recibir ayuda en un primer momento para después actuar en forma independiente, hay muchas maneras de lograr lo que uno quiere, las fallas no son terribles ni negativas, etcétera. La lista sería intermina- ble y cada uno de nosotros agregaría los que tienen algún significado especial para él. Por ejemplo, las personas que se dejan vencer por las dificultades, aún antes de intentar, pueden aprender mediante la evocación de estas experiencias a reconocer que sus intereses y su deseo de cambiar son más fuertes que las dificultades. Quienes “no saben pedir ayuda” pueden recordar que no es tan grave tomarse de la mano de alguien, porque después podrán soltarse y que incluso este primer momento es necesario. Por lo contrario, los que se creen incapaces de hacer algo por sí solos, se darán cuenta de que ya han logrado algo muy complicado, y con éxito. Los excesivamente exigentes consigo mismos que viven el cometer un error como fracaso, comprenderán que las caídas y los tropezones son necesarios para aprender y parte de todo proceso.

El hecho de ir acumulando aprendizajes, recursos, a lo largo de nuestra vida, implicaría que cada momento debería ser más fácil

crecer, estar bien, tener logros. Milton H. Erickson y Carl Rogers sostienen que el hombre tiende naturalmente a crecer integrando,

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sano y disfrutando . ¿Por qué aparecen entonces los problemas, los síntomas? Propongo que es porque algunas circunstancias difíciles que nos toca vivir estorban el proceso normal de crecimiento. Y es como si se fueran formando nudos, atorones, que nos llevan a crecer torcidos, cojeando, que nos dificultan el acceso a los aprendizajes anteriores de nuestra vida, que nos obligan a permanecer atados al pasado, a una sola manera de actuar que se repite y que pudo ser adecuada en ese momento, pero en otros no. Una persona que fue muy agredida en su infancia, tuvo que aprender a no acercarse a los otros, para evitar ser herida, y a atacar para defenderse. En consecuencia, continúa reaccionando así, sin lograr establecer relaciones cercanas y lastimando a todo aquel que se le acerque, independientemente de qué tipo de persona sea.

En la Teoría de Sistemas se dice que la flexibilidad y la funcionalidad aparecen cuando hay variedad de alternativas, de llaves, de caminos, y que la rigidez y la disfuncionalidad son sinónimos de estereotipia. En la Teoría Psicoanalítica los distintos tipos de patología se caracterizan, entre otras cosas, porque tienen mecanismos de defensa o sea, modos de reaccionar frente a la angustia, estereotipados. En ambos casos se trata de nudos. Una vez deshechos, la persona queda libre para probar diferentes caminos. Por eso, otro principio básico de la terapia ericksoniana es nunca frenar o cortar opciones, sino al contrario, siempre probar nuevas. Si se trata de ayudar a una persona a perder peso, por ejemplo, en la hipnosis clásica se le haría una sugestión para provocar aversión a determinados tipos de alimentos “engordantes”. Sin dejar de lado que es un problema muy complejo que trasciende el hecho de la aversión o el gusto por los alimentos y que, por lo tanto, es necesario tratarlo en forma inte- gral, en este tipo de hipnosis una de las sugestiones sería que la per- sona aprendiera a gustar los alimentos que conviene que coma, y otra, que disfrute tanto cada bocado, que sólo necesite comer poco para quedar muy satisfecha.

En el ejemplo parece otro punto que quiero subrayar y es la búsqueda del cambio a través del camino del placer y no del castigo o del sufrimiento.

En la hipnosis ericksoniana se induce un estado de trance, en donde los contenidos del inconsciente aparecen con facilidad porque toman formas más aceptables para el cerebro izquierdo, para deshacer nudos y que la persona siga su propia y natural evolución hacia la salud, el crecimiento, el estar bien con ella misma. Para deshacer los nudos, después de mirarlos, se necesita meter los dedos, lo que implica, trabajar con cuatro cerebros.

Frente al pensamiento lógico del izquierdo se agrega y privilegia la visión del derecho y, de este modo, se obtiene un acceso directo al inconsciente.

Se trabaja con los dos cerebros del paciente y yo propongo que además con los dos del terapeuta quien necesita sus intuiciones, sensaciones, y sus conocimientos teórico-técnicos para palpar los nudos, meter los dedos y ayudar a deshacerlos. El terapeuta, junto con el paciente, imagina y está en cierta medida en trance, y al favorecer cambios en las fantasías del otro, favorece cambios en las suyas y, por lo tanto, en él mismo. Es un proceso de coevolución,

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como diría Gregory Bateson, del terapeuta y del paciente . En un estricto sentido batesoniano toda interacción lo es, pero tal vez la diferencia consiste en que en mi propuesta se trata de una coevolución asumida por el terapeuta.

Trabajar con hipnosis es acompañar a la otra persona adonde quiera ir, cuidándola. Y a propósito de esto, Bill O’Hanlon cita en su libroRaíces profundasla siguiente anécdota de Erickson narrada por él mismo en un seminario:

Un día volvía de la escuela secundaria cuando un caballo desbocado pasó velozmente junto a un grupo de nosotros para entrar en el corral de un granjero... en busca de un trago de agua. El caballo sudaba profusamente. Y el granjero no lo reconoció, de modo que lo acorralamos. Yo salté al lomo... puesto que tenía bridas, tomé las riendas y le dije “¡Arre!”... orientándolo hacia la carretera. Sabía que el caballo tomaría la dirección correcta... No sabía cuál era esa dirección. Y el caballo trotó y galopó. De vez en cuando olvidaba que estaba en la carretera y entraba en un campo. De modo que tenía que tironear un poco y

llamar su atención acerca del hecho de que se suponía que debía marchar por la carretera. Y, finalmente, a unos seis kilómetros del lugar donde lo había montado, entró en un corral, y el granjero dijo: “¿De modo que es así como ha vuelto ese animal? ¿Dónde lo encontraste?”

“Aunos seis kilómetros de aquí”, le respondí. “¿Cómo sabías que volvería aquí?”

“No lo sabía... el caballo lo sabía. Todo lo que hice fue

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mantener su atención puesta en el camino” .

La anécdota es una metáfora de lo que es el proceso terapéutico con este tipo de técnicas. En primer lugar, Erickson asume que el caballo sabe el camino, lo que implica que cada persona posee los recursos para cambiar, y que el cambio debe ser de acuerdo con ella misma.

El papel del terapeuta es el que Erickson tuvo con el caballo: ponerlo en el camino (en estado de trance, en un contexto terapéutico), mantener su atención sin permitirle que se desviara. Aun cuando el animal supiera por donde ir, el hecho de que hubiera un jinete montado sobre él y con las riendas en la mano, lo hacía sentir seguro, que estaba siendo guiado. Por último, Erickson cuidó al caballo durante el trayecto.Aunque la historia no lo dice, se ocupó de que los coches no lo atropellaran. Y esto, que a menudo se olvida, es fundamental.

Si bien es cierto que en el inconsciente se encuentran todas nuestras experiencias y recursos, también es verdad que se hallan mucha otras cosas. De acuerdo con el Psicoanálisis, lo integran por ejemplo, la energía libre, el instinto de vida y el instinto de muerte,

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las pulsiones de vida, la libido y las pulsiones agresivas . En él están los registros de todo lo vivido y algunos de ellos pueden corresponder a situaciones traumáticas o muy dolorosas, que si aparecen en un estado de trance y no se manejan adecuadamente, pueden provocar en la persona una crisis de angustia o incluso una reacción psicótica. Cada vez que estas vivencias surjan en el curso del proceso terapéutico, la técnica consistirá en connotarlas como experiencias que fortalecen por sólo haberlas sobrevivido.

Aprender a inducir un trance es igual que aprender a inyectar. Cualquiera es capaz de hacerlo, pero para saber qué se inyecta es necesario el conocimiento médico. Y se puede enfermar o matar a alguien con una inyección. Por eso me parece importante subrayar que quienes manejen la hipnosis deben ser profesionales, es decir, personas con conocimientos sobre qué inyectar, y que lo hagan en un contexto terapéutico.

Con frecuencia me preguntan cuáles son las indicaciones y contraindicaciones de la hipnosis. Sobre las primeras, antes acostumbraba enumerar una lista, aunque en términos generales utilizaba estas técnicas a modo de último recurso, cuando un proceso estaba atorado. La lista de indicaciones señalaba: permitir la relajación en general y la superación de situaciones traumáticas; develar material reprimido, como es el significado de un síntoma, sin necesidad de analizar las defensas; modificar fantasías y objetos internos. Si una persona está deprimida porque construyó la realidad de que su madre fue fría y distante y no le dio afecto, se construye en trance una nueva versión de su historia en la que ella es su propia madre y le da a la niñita que fue, todo el afecto y la cercanía que necesitaba. Para desencadenar procesos de cambio, sugiriendo, por ejemplo: “aprender a disfrutar...”; para anticipar soluciones, construyendo distintas alternativas en la fantasía y probando y ensayando con la imaginación cómo se siente en cada una de ellas; para movilizar recursos mentales y fisiológicos, con el fin de acelerar un proceso de curación física. Con personas que no quieren hacer confesiones vergonzosas, se les acompaña en el proceso para asegurar que se lleve a cabo en la forma adecuada, sin necesidad de conocer el contenido de lo que están elaborando; con pacientes obsesivos, racionalizadores, que tienen bloqueados los afectos y neutralizan cualquier interpretación porque ellos mismos ya se la hicieron antes y hasta la completan. Al entrar en trance una persona con estas características, surgen exuberantes los afectos y las fantasías que reprimía con sus razonamientos. Con pacientes deprimidos o que se encuentran en un estado de ansiedad que no les permite pensar ni concentrarse en el proceso de análisis. Con ellos, se inicia el trance a través de ese afecto para explorar su origen, si se quiere, y modificarlo. En general, el uso de la hipnosis está indicado con pacientes que “no se consideran aptos para el Psicoanálisis”, por su edad, su bajo nivel intelectual o cultural, o porque, como en

los casos citados anteriormente, su patología dificulta el proceso de análisis. El único requisito que debe tener una persona para trabajar con estas técnicas es que sea capaz de imaginar. Por lo tanto en la actualidad, pienso que la hipnosis está siempre indicada, ya que lo que se obtiene con ella es tener a la mano los recursos del inconsciente junto con los de la conciencia. Además, el entrenamiento en hipnosis enseña al terapeuta a utilizar más eficientemente la comunicación, a promover una mejor respuesta en el paciente y que, de esta manera sus intervenciones tengan un

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mayor impacto .

Respecto de las contraindicaciones, no considero que haya, sin embargo como en todo tipo de técnica, es indispensable que el terapeuta sea capaz de manejar cualquier situación complicada que se presente en el curso del tratamiento; que construya la realidad de que pase lo que pase él tiene las herramientas para conducir al paciente sano y salvo adonde quiera ir. De aquí la advertencia de que este tipo de técnicas deba manejarse sólo por profesionales. Es posible que la persona en trance se ponga a llorar o se asuste o se sienta atrapada en una escena aterrorizante. Mediante la sugestión y la connotación positiva, estas situaciones se transforman en recursos, o se reconstruyen de modo que el sujeto se sienta bien. Si alguien se pone a llorar, se le puede decir que ese llanto era necesario y sugerirle que a medida que va llorando está cada vez más y más relajado. Con respecto al hecho de que surgen escenas desagradables, yo siempre comento que si estaban ahí adentro, era importante que aparecieran para desaparecer definitivamente, porque al igual que el cuerpo saca a través del vómito y la diarrea todo lo que si se quedara adentro la haría daño, la mente desecha imágenes y afectos para sentirse bien. Y agrego que, por supuesto no es agradable vomitar ni tener diarrea, y tampoco el proceso por el cual eso se elimina, pero es necesario.

Nuestros conocimientos de psicopatología y el sentido común nos permiten prever en qué pacientes pueden darse con más facilidad situaciones “complicadas” semejantes a las que acabo de describir.

Las personas que han vivido en un pasado cercano una situación traumática, la tienen a flor de piel y, como todos tendemos a evitar el sufrimiento, se encuentran en una situación contradictoria: por un lado, ese recuerdo tiende a aparecer porque necesita ser elaborado,

por el otro, al ser doloroso, es reprimido. Al entrar esa persona en un estado amplificado de conciencia surgen fácilmente escenas relacionadas con él, que es necesario elaborar. Veremos más adelante, al hablar de “los caminos que quedan atrás, que no se han de volver a pisar”, que existen formas indirectas para lograrlo con un mínimo de sufrimiento.

Casi todos los cuadros que elDiagnostic and Statistical Manual of Mental Disordes (DSM-IV) señala como graves, corresponden dentro de la Teoría Psicoanalítica a las patologías cuya etiología se ubica en los primeros dos años de vida, y durante los cuales la per- sona tiene que diferenciarse de la madre y del mundo exterior en general, distinguiendo lo que es ella de lo que no es ella, dentro del proceso de individuación, es decir, de llegar a vivirse ella misma como única y diferente, y construir una autoimagen. Los nudos que aparecen en esta etapa se manifiestan en la vida cotidiana bajo las

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formas que en Psicoanálisis se conocen con el término de psicosis . En los estados de trance, algunas veces, no siempre, tales nudos aparecen como vivencias de desintegración, despersonalización, deformación de la imagen corporal, angustia que invade. Vivencias aterrorizantes para el paciente y también para el terapeuta si no se encuentra preparado y no es capaz de manejarlas connotándolas como momentos necesarios de transformación y crecimiento. Y, dado que durante el trance la comunicación se da no sólo con las palabras sino sobre todo a través de lo emocional, si aquél se angustia, el paciente lo percibe como una construcción de la realidad de que todo está perdido y se autosugiere eso mismo. En estas circunstancias se puede pasar del trance a una reacción psicótica y del consultorio del hipnoterapeuta al hospital psiquiátrico. Por ello reitero que, aun cuando en las siguientes páginas parezca muy fácil trabajar con estados de trance, es muy peligroso hacerlo si no se cuenta con los conocimientos profesionales y la práctica y experiencia clínicas requeridos para manejar bien cualquier situación crítica.

No quiero decir que no sea posible trabajar con hipnosis con pacientes con desórdenes limítrofes y con desórdenes psicóticos, por el contrario, en mi experiencia la reconstrucción e integración internas que se logran con hipnosis a veces en un periodo relativamente corto (meses) no se obtienen en años con otros tipos de tratamiento. Lo que quiero subrayar es que antes de iniciar un

trance, el terapeuta debe anticipar las dificultades que pueden aparecer, haciendo un buen diagnóstico, y decidir si cree que tiene recursos técnicos y tranquilidad interna para enfrentarlas, dado que podrían presentarse situaciones aterrorizantes para nuestra mente racional, por ejemplo:

La primera vez que decidí trabajar con hipnosis con una paciente limítrofe lo hice tomando todas las precauciones. Le di la última cita de la tarde para poder continuar la sesión el tiempo que fuera necesario. Cuando entró en trance empezó a sentir que su cuerpo se

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