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Cómo Cambiar las Creencias

In document Theta Healing Vianna Stibal Marzo2014 (página 65-68)

La mente consciente se puede comparar a un procesador de palabras. Es la que toma las decisiones en nuestra vida diaria. Ella envía los Programas subconscientes para realizar ciertas tareas, observa cómo se desempeñan esos Programas y entonces decide qué más es necesario hacer. Se estima que la mente consciente representa solamente un 12% de nuestra mente. Lo que la mente consciente percibe como una Creencia no es exactamente lo que el subconsciente cree. Tal vez pienses que no tienes ninguna limitación subconsciente para generar abundancia o dinero en tu vida, porque, para la mente consciente, el hecho de que haya restricciones en el subconsciente, o a cualquier otro nivel de nuestro ser, es algo que no tiene ningún sentido lógico.

Una singular característica de la mente consciente es que es capaz de juzgar rápidamente lo que es correcto y lo que es incorrecto, algo que el subconsciente no hace. La mente consciente es la que decide, al menos en algún grado, cuál información debe guardar el cerebro y cuál no. La mente subconsciente funciona en forma similar al disco duro de un ordenador o computadora. Contiene todas nuestras memorias, hábitos, creencias, personalidad y aun nuestra imagen de nosotros mismos, y controla las funciones autónomas del cuerpo. El subconsciente es el almacén de información y el realizador de las tareas. También contiene "instrucciones predefinidas" para realizar funciones en las cuales no tienes que pensar conscientemente, como, por ejemplo, mantener tu corazón latiendo. Se estima que el subconsciente abarca un 88% de la mente. Eso significa que cuando reconocemos que una creencia es negativa para nosotros, el 12% de nuestra mente desea cambiar al otro 88%. Cualquier decisión de cambiar se forma primero en nuestra mente consciente, y esta decisión de alguna manera entrará en conflicto con las creencias que ya existen.

El cuerpo es el hardware del ordenador - computadora, estructurado para responder a la programación. Cada segundo de cada día tu cuerpo responde automáticamente a la programación que le envía la mente subconsciente. No obstante, hay algunas pruebas de que el cuerpo tiene inteligencia propia. En un experimento se proporcionaron nutrientes y las células gravitaron hacia ellos. Cuando se proporcionaron toxinas, las células las rechazaron.

La mente consciente puede programar a la mente subconsciente para que adquiera nuevos comportamientos y hábitos. Todos tenemos esta capacidad innata. Nadie nos enseñó a caminar o a hablar. Estos logros de la "autoeducación" son el resultado de un proceso intuitivo que se realizó a una edad muy temprana. Lamentablemente, a medida que transcurren los años muchos de nosotros nos quedamos estancados en comportamientos antiguos que ya no nos son útiles y olvidamos esta habilidad intuitiva para auto educarnos.

Por su propia naturaleza el trabajo con las Creencias es una forma de cambiar el comportamiento, que puede ser físico, mental o metafísico. Una de las mejores maneras de cambiar Creencias es regresar a la etapa de nuestra inocencia. En la infancia el patrón de las ondas cerebrales está abierto para recibir y aceptar nueva información. Por eso el Estado Theta es tan importante, porque hace que el subconsciente regrese a la frecuencia de crecimiento y cambio, abriendo la mente para el cambio positivo y devolviéndonos a la mentalidad pura de un niño. La razón por la cual a los terapeutas les resulta difícil cambiar los Sistemas de Creencias de un cliente es que no pueden acceder directamente a su mente subconsciente. El Trabajo con las Creencias es un medio para lograr justamente eso: tener acceso a la mente subconsciente. Pero nuestro Trabajo con las Creencias nos lleva un paso más allá al damos la habilidad de cambiar creencias que van más allá del subconsciente, adentrándonos en el plano espiritual.

La anécdota que voy a relatar a continuación es un buen ejemplo de la forma en que un programa se vuelve a crear y se transmite de generación en generación, y de cómo nuestro libre albedrio puede detener la progresión de ese programa.

Cuando yo era niña mi madre, que era de la vieja escuela, tenía la mentalidad de que a los niños hay que disciplinarnos con castigos físicos. De todos sus hijos, yo era la única que a veces me escondía debajo de la cama para huir de ella. Cuando ella me decía "ve y busca una vara", yo seleccionaba una y después la rompía en pedacitos y la dejaba inservible cuando ella la escondía para usarla más tarde. Yo era diferente a mis hermanos en el hecho de que no aceptaba ciegamente los golpes.

Cuando me llegó la hora de ser madre, siendo aún muy joven, mi hijo Joshua llegó en un momento dado a esa edad en que todos los niños comienzan a desafiar la autoridad. Yo le decía que hiciera algo y con la mayor insolencia me gritaba que no, que no lo haría porque no le daba la gana. La primera vez que mi hijo hizo eso mi primera reacción fue repetir el programa que mi madre me había legado en mi niñez. Igual que hubiera hecho mi madre, lo agarré por el cuello. Pero, justo en el momento preciso, me contuve. Y por primera vez comencé a cuestionarme en serio.

Cuando mis tres hijos comenzaron a explorar los límites de la disciplina, todos a la vez, el viejo programa "ve y busca una vara" asomó de nuevo su fea cabeza. En una ocasión los tres se estaban comportando muy mal. Al igual que mi madre me había hecho a mí, les dije que fueran a buscar una vara para pegarles y así castigarlos por su mal comportamiento, como me había enseñado mi madre. Cuando regresaron, cada uno trayéndome el monstruoso instrumento para su castigo, sentí que se me retorcían las entrañas. Me pregunté ¿cómo podía hacerles esto a mis pequeños? Al darme cada uno de ellos la vara que había traído, los fui amonestando. Una vara era muy grande, y así le dije al niño: "¿Qué pasa contigo? ¿No ves que esta vara te haría muchos moratones? ¡Vete al patio a jugar!" Cuando mi niña me dio la vara que había traído, vi que era finita como un látigo. La amonesté diciéndole: "¿Qué pasa contigo? ¿No ves que esta vara te dejara marcas por todo el cuerpo? ¡Vete al patio a jugar!" Cuando ya los había mandado a los tres a jugar sin pegarles, sentí una extraña sensación de liberación, como si algo dentro de mí hubiera cambiado radicalmente. Analizando el incidente en retrospectiva me doy cuenta de que ese día rompí una programación Fundamental, de las más profundas y básicas que tenía, y posiblemente un programa genético que me había legado mi madre.

Durante varios años el Creador había estado dándole forma al mosaico del Trabajo con las Creencias dentro de mi cerebro. Cuando mi mente estuvo lista para aceptar el concepto, al Árbol Sagrado de Sanando en Theta le creció otra rama. Creyendo que ya estaba lista para saber cómo se podían cambiar las Creencias y que era posible hacerlo, hice lo que siempre hago. Subí al Creador y ordené: "Creador, ¿qué hay que hacer para cambiar las creencias? Muéstramelo". Me mostraron entonces que la misma técnica que utilizaba para hacer las sanaciones se podía utilizar también para cambiar las Creencias. Me mostraron que para que pueda ocurrir la sanación la persona que la recibe debe desear que se restaure su salud y que la persona que realiza la sanación debe creer que la sanación es posible. Aunque el Creador es quien sana, tú eres el testigo. Si tú crees que la sanación es imposible, será imposible para ti ser testigo de ella. Si la persona no desea sanarse o no piensa que se puede sanar, la podemos ayudar trabajando con sus Creencias.

Programas

El Trabajo con las Creencias nos brinda acceso directo al mundo de la mente subconsciente y un medio para cambiar las Creencias que allí se guardan. Nuestro cerebro funciona como un súper ordenador o computadora biológica, evaluando la información y respondiendo a ella continuamente. La forma en que respondemos a una experiencia depende de la información que se da a la mente, y también de la forma en que esa información se recibe e interpreta.

Cuando una Creencia ha sido aceptada como algo real por el cuerpo, la mente o el alma, se convierte en un "Programa".

Los Programas pueden beneficiarnos o perjudicarnos, según lo que sea el Programa y la forma en que reaccionamos a él. Muchas personas viven una gran parte de su vida con la Programación oculta de que no pueden tener éxito. Aunque hayan alcanzado el éxito o hayan disfrutado de éxito durante muchos años, de súbito lo pierden todo o hacen algo para sabotearse. Sin darse cuenta de que se están saboteando, continúan el proceso. No comprenden que en lo profundo de su ser llevan Programas que han estado ahí desde la niñez, flotando en su mente subconsciente y esperando la oportunidad de volver a afianzarse en la realidad.

El trabajo con las Creencias nos da el Poder y la habilidad de eliminar y reemplazar estas Programaciones negativas con Programas positivos y beneficiosos que nos llegan desde el Creador-de-todo-lo-que-es.

In document Theta Healing Vianna Stibal Marzo2014 (página 65-68)