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Cómo y cuándo me atacan?

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Después del diálogo de Jaime con su amigo Gilberto y de su última consulta con Adolfo, sintió que estaba penetrando en aguas profundas sin estar preparado para ello. Ahora entendía porque muchas personas al referirse a esos fenómenos que no entienden se refieren a “cosas del más allá”. Jaime se consideraba a sí mismo como una persona que, sin ser santo, podía catalogarse como buena. Buen esposo, buen padre, buen vecino, buen compañero de trabajo. Él no creía en una mala suerte gratuita, pero aquello sobre ataques psíquicos que le mencionó el médico como causa de sus pesadillas, más lo de las influencias negativas en los accidentes, según lo conversado con Gilberto, eran temas que requerían algo de su atención. ¿Por qué? ¿Cuándo? y ¿Cómo me atacan?

Se puso a reflexionar sobre cuál podría haber sido su ‘metida de pata’ en caso de que él fuera el blanco de una mala influencia o ataque psíquico. Habría que descubrir cuál pudo ser la serpiente que pisó o molestó, para que ésta lo atacara. Pero era difícil, el animal que lo atacaba en sus pesadillas, así como en la vida real, permanecía anónimo, se escondía después del ataque y no se podía combatir.

Afortunadamente los globulillos homeopáticos le ayudaron un poco, haciendo que las pesadillas fuesen menos frecuentes y menos dramáticas. Pero últimamente continuaba soñando que se extraviaba en algunas calles, aeropuertos o trenes, soñaba igualmente que permanecía mucho tiempo buscando maletas o equipajes perdidos, su carro robado, un familiar extraviado. Estaba comenzando a creer realmente que era víctima de algún tipo de ataque mental, o en el peor de los casos que se le estaba aflojando un tornillo.

Llegó el día de su próxima consulta a la cual acudió con ansiedad. Adolfo lo recibió con una sonrisa y lo primero que le preguntó fue si había sentido alguna mejoría.

--“A decir verdad he mejorado, pero no mucho”

--”Yo diría que un cuatro. Además, estuve averiguando sobre la posibilidad de que yo pudiese ser blanco de un ataque, pero no logro precisar ninguna fuente ni motivo.”

--“No es fácil. La primera forma de ataque es la más difícil de precisar. Dentro de este primer tipo de ataque podríamos incluir los llamados ataques preterintencionales, es decir, ataques que causan un daño superior al esperado. En la vida real equivale a una persona que desea aleccionar a otra dándole unos cuantos golpes pero termina hiriéndola gravemente o matándola, aunque esa no haya sido su intención inicial. Recuerda que también se puede causar daño sin intención alguna, como en el caso de una persona que limpia un arma, se le escapa un disparo y mata o hiere a uno que estaba cerca. En la esfera de lo psíquico hay ataques provenientes de personas que se sienten humilladas o rechazadas sin que nosotros les hayamos hecho nada. Alguien a quien por descuido olvidamos de saludar y creyó que era un desprecio. O alguien que se enamora platónicamente de un tercero sin ser correspondido, llegando a veces al extremo de una ‘obsesión’. Como te podrás dar cuenta en todos esos casos es realmente difícil determinar quién es el atacante o el motivo. Por eso vale el consejo de comportarnos en la jungla de cemento como lo haríamos en la selva, teniendo cuidado dónde pisamos para evitar molestar algún animal que pudiese sentirse atacado. Aunque, al igual que en la selva, animales depredadores rondan por allí buscando sus víctimas inocentes. Un conejo que come tranquilamente su hierba sin molestar a nadie, puede intempestivamente ser atacado y devorado por un tigre. A los humanos, en nuestra jungla de concreto, nos puede ocurrir algo similar con los depredadores humanos que son codiciosos, soberbios, lujuriosos y rencorosos, nos pueden atacar siendo nosotros inocentes, pero habiendo tenido la mala suerte de atravesarnos en su camino”.

-- “Esa explicación tuya me hace recordar los terroristas de ahora y los anarquistas de antaño. Cualquier loco de esos se le ocurre poner una bomba en un lugar o transporte público y vuelan por los aires muchas personas que ni son enemigos de ellos ni tienen nada que ver en sus conflictos. Hace poco se perpetró un atentado con bombas en el aeropuerto de Barajas, Madrid, y quienes sufrieron la

muerte fue un par de ecuatorianos que no tenían nada que ver, ni podían resolver el problema de los separatistas vascos de “Euskadi Ta Askatasuna” (ETA). Eso es algo como que yo me disguste con mi esposa y golpee a mi vecino que no tiene nada que ver con el problema. Así que no tendría nada de raro que alguien me ataque psíquicamente sin yo tener velas en ese entierro”

Mientras el médico oía su argumento, observó que Jaime inquietamente movía sus piernas y no mantenía su mirada. Adolfo dándose cuenta del nerviosismo de su paciente le dijo:

--“No esperes una solución inmediata. Déjame primero explicarte ciertas cosas. No podemos esperar a que averigües de alguna manera quién es el atacante, si es que existe, porque eso lleva tiempo y es bastante difícil. Así como en la medicina usamos remedios de tipo genérico para aliviar el dolor o bajar la fiebre, mientras se ataca de raíz la causa de la enfermedad, en la parte psíquica podemos también utilizar recursos generales que nos protegerían contra daños sin esperar saber de dónde proceden o su origen. Si están cayendo piedras sobre nosotros, primero buscamos refugio para protegernos y luego averiguamos su procedencia. También podemos ‘anticiparnos’ a un posible ataque tomando ciertas medidas protectoras, tal como hacemos cuando usamos repelente de mosquitos para evitar las picaduras.

-- “¿Qué tan complicado seria defenderse o protegerse contra esos ataques que tú llamas psíquicos?”

--“En principio, hay que fortalecer tu parte psíquica creándote una especie de ‘coraza protectora’. Sobre estas medidas defensivas hablaremos más tarde”

--“Cuando dices más tarde ¿te refieres a esta consulta o me vas a dejar en suspenso hasta la próxima?”.

--“Seguro que hoy no te voy a dejar con la duda, pero primero quiero concluir mi explicación sobre los ataques. Vamos a agregar ahora una segunda forma de ataque que es más fácil de precisar, es aquella que se hace con premeditación, por consiguiente es culposa y no excusable. Básicamente es producto de una confrontación o pugna y no proviene de una reacción inmediata. Este tipo de ataque es común entre comerciantes rivales que se sienten desplazados de sus mercados o

temen perder sus clientes, también en los enamorados que se percatan de la presencia de un o una rival. Hace unos días pude ver en televisión un programa de detectives basado en casos reales. A ellos llegó la denuncia de un pescador que encontró una mano flotando en el río que frecuentaba. La policía estuvo inspeccionando el río exhaustivamente para encontrar el cuerpo al cual supuestamente pertenecía la mano, pero no encontraron nada. Luego mediante procedimientos especiales (necrodactilia) lograron tomar las huellas digitales y compararlas con un banco de datos. Para su sorpresa las huellas parecían corresponder a una persona que había fallecido unos seis meses antes y había sido sepultado normalmente en un sitio bastante alejado de aquel donde apareció la mano. Para salir de dudas, solicitaron la exhumación del cadáver. Para sorpresa de los detectives al cuerpo la faltaba una mano, pero todos los testigos y familiares alegaban que había sido enterrado completo. La fosa y la urna no mostraron signos de haber sido profanadas. Acudieron entonces a la agencia funeraria donde habían prepararon el cadáver antes del sepelio. Se dieron cuenta que la dueña de la funeraria era practicante del Vudú Haitiano y la sometieron a interrogatorio. Ella terminó confesando que le iba mal en el negocio y para eliminar los competidores introdujo en el cuerpo del difunto varias muñecas de trapo con los nombres de sus competidores para que estos se pudrieran como las muñecas.

La dueña de la funeraria además cortó la mano del cadáver y la lanzó al río para que “ésta fuese en busca de dinero y fortuna”, aunque lo que consiguió fue traer a la policía. Este es un caso extremo de ataque premeditado contra sus competidores. En el programa no se dijo si los competidores llegaron a sentir algún daño como consecuencia del ataque. Este punto no fue tomado en cuenta, pero pienso que deberían haber sentido algo en diferente grado de intensidad. La intencionalidad, sea buena o mala es capaz de influenciar ciertos acontecimientos físicos”.

--“Te estás refiriendo a casos extremos donde intervienen hasta rituales de vudú, eso no creo que tenga nada que ver conmigo”

--“Por supuesto que no, pero te estoy ilustrando sobre los diferentes grados de intensidad de un ataque. Es como si tuvieses una infección y yo te digo las posibles complicaciones que se derivan de no tratarla a tiempo o no darle importancia. En ese caso del vudú lo importante a resaltar es la premeditación y focalización del atacante sobre el atacado. Otros casos premeditados lo conforman también las confrontaciones entre vecinos o familiares por razones monetarias o de sentido de territorialidad (codicia), los celos o inseguridad de un jefe, civil o militar, quien teme que un subalterno lo desplace de su posición (soberbia), o en sentido contrario la de un subalterno que siente bloqueadas sus aspiraciones de ascenso o mejoras salariales (envidia). Personas que ven en los amigos de su pareja un rival en potencia. En todos estos casos, la persona que se interpone normalmente es considerada como rival o adversario, hasta allí no hay problema. Estos comienzan cuando se les considera un enemigo. El sentido de propiedad o territorialidad y las ambiciones posesivas son las causas más comunes para esos ataques. En algunos casos ni siquiera existe una propiedad, vínculo o posesión como tal, pero el atacante (soberbio) considera al atacado como su enemigo sólo porque piensa o cree que será despojado de algo que, según él, le pertenecía por derecho, o que aún sin pertenecerle es sólo él quien ‘tiene el derecho o prioridad’ sobre el bien o la persona. En el ambiente de trabajo, el rencor de esas personas se puede manifestar inicialmente en actos de saboteo, expedientes que desaparecen, computadoras o teléfonos que se deterioran inexplicablemente, máquinas de producción que se

dañan y materiales que se pudren o perecen. Todos esos actos físicos pueden variar en intensidad y frecuencia, pero se hacen desde el anonimato o en una forma cobarde que evita el enfrentamiento. En la parte amorosa pueden surgir llamadas anónimas, cartas, mensajes, intrigas, trampas etc. En muchos casos puede ser que el enemigo oculto, haciendo honor a su cobardía, se muestre aparentemente colaborador y sonriente pero realmente nos está clavando un puñal por la espalda. Aparte de los pequeños actos materiales, el rencor va produciendo simultáneamente un ataque psíquico que será más o menos efectivo dependiendo de la capacidad mental de concentración del enemigo oculto. Es equivalente a un tigre o depredador que nos acecha en la oscuridad de la selva con el objetivo de atacarnos y vencernos”.

--“A decir verdad, no sé si me estás ilustrando o asustando”

--“Tranquillo, que ahora viene lo mejor. Hay un tercer tipo de ataque, quizá el peor, y es aquel similar a una “guerra declarada” y proviene de la persona que se ha convertido en nuestro enemigo acérrimo y busca, con premeditación y alevosía, causarnos un daño o apartarnos de su camino. Muchas de esas personas, en forma un tanto cobarde, no se enfrentan directamente en forma física sino que recurren a ciertas formas de magia negra o brujería. Su equivalente físico es el de la persona que en lugar de atacarnos y matarnos encarga a un tercero, conocido como sicario, a que se ocupe de nosotros, siendo el ordenante sólo un cobarde ‘autor intelectual’. En los casos de ataques psíquicos, la víctima presume que está siendo atacada por algún enemigo, pero no puede probar ni determinar su origen, porque quien realiza el ataque es un ‘sicario psíquico’, llámese brujo, hechicero, o lo que sea.”

--“Mi estimado doctor, te agradezco esta detallada explicación y entiendo las diversas posibilidades de ataques mentales, o psíquicos como tú los llamas. Pero, sinceramente no creo que todas las personas que tengan algún problema podrán atribuirlo a un ataque de ese tipo. ¿Cómo saber que se trata de un ataque y no que se debe a hechos fortuitos o coincidencias?”

--“Tienes razón, si alguien te está lanzando piedras deduces que te atacan, pero en el caso de los ataques inmateriales o psíquicos, no vemos los proyectiles ni de donde provienen. Pero siempre hay indicios que nos permiten asegurar que se

trata de un ataque mental y no de una coincidencia. Los indicios tienen gradaciones que van de leves a graves, tal como ocurre en los ataques físicos. El ataque psíquico se genera cuando los sentimientos negativos de ambición, soberbia, odio, venganza, envidia o celos son potenciados a ciertos niveles. Muchas personas sienten a diario envidia o celos, pero sólo algunas tienen la capacidad innata para generar los ataques psíquicos. Al igual que en los ataques físicos hay personas que tienen más fuerza o resistencia como atacantes y hay personas que pueden ser más débiles como víctimas. Pero si la víctima es más fuerte que el atacante o dispone de algún arma o recurso podrá derrotar a su adversario y eliminar las posibilidades de daños. Generalmente el atacante tiene la ventaja de saber cuáles son sus condiciones y evitará atacar a alguien más fuerte que él. Pero un antiguo refrán dice que “no hay enemigo pequeño”, ya que éstos aún en situación de inferioridad, pueden recurrir a otros recursos para lograr sus objetivos. En la historia vemos personajes poderosos que fueron envenenados por otros más débiles. Y desde que se inventaron las armas de fuego, la fortaleza física de la víctima o el atacante no tiene mayor importancia”.

--“Creo que es la segunda consulta de la cual me voy sin una solución, sólo he recibido clases de ciencias esotéricas y ataques psíquicos”

--“Te dije que no era tan fácil. La vez pasada te mandé unos glóbulos homeopáticos para que durmieras mejor mientras averiguábamos la causa del problema. Quizás no eliminaron totalmente tus pesadillas pero las redujeron y nos dieron una posible indicación del origen de las mismas. Como en la consulta no dispongo de mucho tiempo, llévate a casa estas copias de un borrador que estoy preparando para una charla y así entenderás un poco más sobre esos mecanismos y sobre tu defensa”.

--“Te agradezco tu tiempo y pienso que no es mala idea que yo pueda ahondar en este tema con tu borrador de la charla, de no ser así tendría que pasar mucho tiempo aquí en la consulta”

Jaime tomó la copia de la charla y la puso con otros papeles dentro de un maletín. Allí permaneció varios días hasta que durante un corto viaje de trabajo tuvo tiempo para leerla. El tema parecía sencillo y fácil de entender.

El trabajo comenzaba con lo siguiente: “Todo ataque va dirigido a un blanco u objetivo, incluso hasta los publicistas han adoptado el término inglés de ´target’ (objetivo) para bombardear a sus potenciales consumidores. En una guerra, los aviones no lanzan bombas en zonas desiertas o en mar abierto, buscan en cambio los centros vitales y productivos. Al igual que en la guerra, en los combates entre humanos hay que buscar un punto vital que atacar. Si tenemos una pelea, nuestro contrincante tratará de golpearnos en sitios más sensibles, vitales, que produzcan dolor y logren reducir nuestra fuerza. Un combate de boxeo es un claro ejemplo de golpear al contrincante especialmente en la cabeza para dejarlo tendido en la lona. ¿A dónde va dirigido el ataque psíquico?

Al hablar de ataque psíquico, para diferenciarlo del físico, asumimos que existe una parte no material que llamamos “psiquis” o “psique”. A primera vista el mundo parece consistir en dos tipos de fenómenos: experiencias mentales y objetos físicos. El filósofo francés del siglo XVI René Descartes llamó a estas dos categorías “RES COGITENS” (Objetos de los pensamientos) y “RES EXTENSA” (Objetos que ocupan espacio) Los griegos se refirieron a estos fenómenos como PSIQUIS (Ψµχη) y PHYSIS (φυσιζ), de estos términos se han derivado los de psicología, ciencia de la mente y la física, ciencia de la materia. Los filósofos llaman a la cuestión de cómo la mente y la materia se relacionan “el problema “Psi/Phi” (ψ / φ) o alternativamente el problema mente/cuerpo.

El hecho de que podamos ser atacados en una parte nuestra que “no es material” (la psiquis), significa que somos más que un simple cuerpo y que nuestro “sistema humano” está formado por más de un componente. Según algunas personas estaríamos compuesto de dos partes (Cuerpo y Alma), según otros, por tres (Cuerpo, Alma y Espíritu) y en algunas religiones orientales se habla de múltiples componentes que pueden llegar a siete u ocho.

Pero, sin embargo, todavía hay gente en el siglo XXI que no acepta la posibilidad de la existencia de “entes no-materiales” como podrían ser “el alma” o “el espíritu”, a pesar de que nuestra civilización está llena de ejemplos de componentes “no-materiales”. (Campos magnéticos, campos gravitacionales, ondas de radio, etc.) Esta incredulidad es de larga data, ya en la antigua Grecia se planteaba en el ámbito

filosófico esta percepción sobre la dualidad entre lo material y lo inmaterial, lo tangible y lo intangible y Sócrates una vez se refirió a ello en tono burlón:

…”sobre esos hombres sembrados por Cadmo, de esos verdaderos hijos

de la tierra, que sostienen con calor que todo lo que no pueden palpar... no existe en manera alguna; de esos hombres terribles que quisieran agarrar el alma, la justicia, la sabiduría, o las cosas contrarias a éstas, como cogen a manos llenas las piedras y los árboles que encuentran; y que oyen con desprecio, y ni aún quieren escuchar que se les diga que existe algo que es incorpóreo”…8

A las religiones, siendo grupos socialmente organizados, les fue posible atesorar y luego ofrecer información recopilada y transmitida en forma oral o escrita, la cual se mantuvo a través del tiempo, pasando de una generación a otra. Esa transmisión de conocimientos sufrió en el transcurso del tiempo algunas alteraciones del tipo “percepción”, “censuras”, “cambios por conveniencia” y todo género de distorsiones, además de aquella que se produce en la traducción de palabras o significados de otras culturas con valores o conocimientos diferentes. No podemos olvidar el antiguo refrán que dice: “Todo depende del color del cristal con que se mire”. Las traducciones sobre conceptos no materiales, del hebreo antiguo al latín y griego, se hacían muy difíciles por todas sus implicaciones culturales y especialmente por el nivel de conocimientos de aquella época, donde por ejemplo, las funciones del pensamiento se atribuían al corazón.

Muchas religiones ejercieron gran influencia sobre otras, derivándose muchas veces unas “nuevas versiones” a partir de las fuentes originales. Tres de las grandes religiones que se profesan actualmente en el mundo tienen un origen común. (Judaísmo, Cristianismo e Islam). Cada una de estas tres ramas principales tiene a su vez divisiones, tal como ocurre con el Islam Sunita, Chiíta y el Sufismo; el

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