alguien que nos elogie
4. C ÓMO ALENTAR A NUESTROS HIJOS
No existe una fórmula mágica infalible, pues cada hijo es diferente y nosotros, como padres, también lo somos. Pero sí podemos aplicar ciertos principios que son semillas para sembrar en ellos y tarde o temprano nos darán una cosecha. Veamos tres actitudes que un padre o una madre debería tener para alentar a sus hijos:
a. Ver más allá de lo que hoy vemos en nuestros hijos
Tal vez hoy veamos en ellos solamente nuestras frustraciones, lo que lloramos, lo que no pudimos lograr con ellos, lo que ellos no están logrando, lo que ellos no pueden vencer, un vicio, una situación difícil. Y quizá los veamos con distancia porque no queremos o no podemos ver la realidad. «Yo no sé muy bien qué le está pasando; no me puedo comunicar con él y no lo tengo muy claro», dicen muchos padres. En el fondo, no
quieren acercarse a sus hijos porque no soportan verlos sufrir. Ninguno de nosotros quiere ver sufrir a su hijo, por eso a veces lo miramos de lejos. Hay padres que no están con sus hijos y no los llaman por teléfono, no les hablan cuando se encuentran, no los escuchan, porque saben que ellos están sufriendo; por eso, prefieren mirarlos desde la distancia.
Los hijos siempre expresan con sus conductas lo que somos sus padres. Ellos ponen en actos lo que nosotros no podemos expresar en palabras. Tal vez nuestros hijos hoy pasan por crisis de distinto tipo y en realidad están interpretando lo que somos nosotros. «Este desobediente, este desagradecido», es la queja de muchos padres, pero es posible que esos hijos estén actuando lo que ellos son. Nuestros hijos siempre ponen en actos lo que nosotros no podemos (o no queremos) poner en palabras.
No permitas que nadie mate al príncipe que hay en tu hijo, a la princesa que hay en tu hija. Nuestra tarea como padres es motivarlos. Ellos no son perfectos porque nosotros no somos perfectos, pero tenemos que aprender a motivarlos; ellos tienen que escuchar de nuestra boca siempre una palabra de motivación. Hoy en día lo más difícil de encontrar en este mundo es gente que motive a otros. ¿Por qué? Porque hay personas tan envidiosas, tan celosas, que no quieren motivar a nadie. Pero nosotros tenemos que ser los primeros en motivar a nuestros hijos, aunque veamos que el progreso es pequeño, aunque lo que hayan hecho sea pequeño.
Aprendamos a ser motivadores para que nuestros hijos logren sus sueños. «¡Vamos, sé que lo vas a lograr!», digamos a menudo. Cuando hagan algo, felicitémoslos por lo que hicieron, aunque sea insignificante. Podemos usar frases como: «Tienes propósito, tienes un destino grande. Empezaste por esto y vas a lograr mucho más.»
b. Levantar la estima de nuestros hijos
Podemos elevar su nivel de autoestima. Levantarles la estima consiste en ayudarlos con sus complejos. Los compañeros de escuela pueden ser muy duros entre sí. Hay chicos que son muy duros con los demás porque sus padres son duros con ellos. Por eso hay personas que, ya desde chicas, no pueden respetar ni valorar al otro. No solamente tenemos que darles a nuestros hijos las herramientas para que puedan pelear, sino también para que ganen y alcancen sus metas, respetándose a sí mismos y a los demás.
Para ayudar a nuestros hijos necesitamos dedicarles tiempo de calidad. Podemos llevarlos con el mejor profesional (y está bien que lo hagamos si lo necesitan), pero el profesional nunca podrá darles lo que los padres les damos. La tarea de educarlos es nuestra, no de los maestros de la escuela ni de los profesionales de la salud. Por eso, es fundamental, aunque tengamos muchas actividades, separar tiempo para ellos. De esa manera les demostramos que estar un rato con ellos es lo mejor que nos puede pasar.
Cuando lleguemos a casa, digamos cosas como: «Estos quince minutos o media hora que estuve con vosotros es lo más bonito que me pasó en el día», «Me hace tan feliz hablar con vosotros...», «Vengo del trabajo, pero estoy con vosotros y me siento
relajado», «No veía la hora de estar este rato con vosotros». Así, nuestros hijos sentirán que para nosotros es agradable estar con ellos. Acariciémoslos, besémoslos y abracémoslos más. A veces se hace difícil, especialmente en ciertas etapas, cuando los chicos no quieren nada de eso, pero tenemos que seguir insistiendo. ¿Sabéis por qué? Porque nuestros hijos prueban la tolerancia que tenemos a la frustración; es decir, cuántas veces aceptamos un «no» de ellos y cuánto vamos a demostrarles nuestro amor. La tarea de los padres es demostrar amor a sus hijos.
c. Establecer reglas en casa
Debemos establecer reglas, pero pocas. Si les ponemos muchas, nuestros hijos no podrán cumplirlas. Podemos estar agradecidos con que cumplan una al menos, pero no nos esforcemos en que logren otras cosas mientras no hayan trabajado lo básico. Pongamos algunas reglas, nada más, y hagámoslas cumplir. Cumplamos nosotros también con el límite que les marcamos, pero no les pongamos muchos límites: que lleguen a tal hora, que los amigos vengan a casa, que coman esto o aquello, que estudien tantas horas, etc. Lo ideal es ponerles una o dos reglas y asegurarnos de que las cumplan. Es bueno enseñarles que somos mamá y papá, pero también que no somos perfectos. Con nuestros hijos a veces seremos agradables, y a veces, desagradables. ¿Alguna vez hemos sido muy desagradables con los hijos? Enseñémosles que somos así porque no somos perfectos. A veces estamos enojados, o cansados, o frustrados.
No temamos a los problemas con nuestros hijos. No hay problema que el amor no pueda superar. Si no estamos presentes, dejémosles actos de amor: una carta, un desayuno preparado antes de irnos, una flor, una palabra amable, un mensaje. Un presente de amor en su habitación, o en la puerta de su habitación, en la cocina o en cualquier otro lado de la casa es un recordatorio de que los amamos y nos tengan presentes todo el día. Y cuando lleguemos a casa, procuremos relajarnos, aunque no nos sea fácil.
Nuestros hijos necesitan saber que el lugar más seguro y de mayor paz es nuestra casa. Transformémonos, como un acto de inteligencia emocional, en una presencia confiable y de gran fortaleza para nuestros hijos en el hogar, y que este sea ¡el mejor lugar del mundo!
FORTALEZA 22