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A LGUNOS PROBLEMAS Y POSIBLES SOLUCIONES

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alguien que nos elogie

2. A LGUNOS PROBLEMAS Y POSIBLES SOLUCIONES

los adultos con las nuevas generaciones y qué se puede hacer al respecto:

• Nuestros hijos están muy enojados y no nos hablan

Los padres tenemos la obligación de resolver ese problema. No podemos decir: «Bueno, no me habla; entonces yo tampoco le hablo», ya que esa es una conducta adolescente. Lo ideal es empezar a hablar con ellos de temas superficiales, o generales, para ir poco a poco a los temas conflictivos. Toda vez que hablemos con nuestros hijos, no les pasemos factura ni les digamos: «La familia es importante», o «¡Tienes que respetar a tus mayores!», porque se cerrarán más y, si cerramos una ventana con nuestros hijos, la cultura les abrirá otra hacia un afuera que los absorberá.

¿Qué hacer entonces? Una idea de oro: cuando el hijo esté muy enojado, podemos darle la razón y decirle: «Tienes razón. ¿Cómo seguimos de aquí en adelante?» Los padres no estamos para ganar un pulso, sino para guardar el vínculo y construir hacia delante.

• Nuestros hijos a veces nos hablan y otras veces no hablan

La tarea de los padres es estar con ellos. Los adolescentes son expertos en generar problemas, pero nosotros debemos estar presentes. No como una red adonde ellos tiren la pelota, sino como una pared donde la pelota rebote. Procuremos estar presentes para nuestros hijos y nunca soltarles la mano, porque ellos necesitan que los conduzcamos.

• Nuestros hijos quieren dejar de estudiar porque les fue mal en un examen

Tenemos que decirles que podrán hacerlo después de aprobar la asignatura. Así les enseñamos a que no abandonen en la derrota, sino en el éxito. ¿Por qué? Porque si uno abandona en la derrota, se sentirá frustrado. Pero si uno aprueba, si le va bien, sigue adelante.

Cada vez que nuestros hijos quieren abandonar algo, podemos decirles: «Esto te va a pasar a lo largo de toda la vida; siempre va a haber una asignatura difícil. ¿Vas a abandonar siempre a mitad de camino? Esta es la oportunidad para que desarrolles fortaleza, haciendo tu mejor esfuerzo para aprobar, para superar las cosas difíciles de la vida.»

Esto vale también para nosotros: cuando renuncio a un desafío y digo: «Esto es muy difícil, no quiero continuar, otro lo hará mejor que yo», más adelante volveré a encontrarme con ese desafío. La vida se compone de desafíos y yo tengo que decidir si volver a encontrármelo en el futuro o resolverlo ahora y avanzar. Nunca deberíamos renunciar en la derrota, pues fuimos creados para alcanzar el éxito.

Si el hijo quiere dejar el colegio con la excusa de que «no le da la cabeza», expliquémosle que más adelante tendrá asignaturas aún más difíciles. Así que necesita «poner todo de sí»; nosotros lo ayudaremos, pero él no tiene que abandonar los estudios. Acompañemos a nuestros hijos a construir mirando adelante, porque cuando uno

renuncia en la derrota queda frustrado, aunque se haya esforzado mucho.

• Nuestros hijos nos critican que trabajamos mucho

Cuando son pequeños, en realidad son portavoces de la madre. No le están reclamando nada a papá, sino que son un eco de lo que oyen decir a mamá. Esta siente que su pareja trabaja mucho y el niño se convierte en el portavoz de ella porque ve la famosa «grieta» entre ellos (la grieta no está solo en el país).

Cuando son nuestros hijos adolescentes quienes nos dicen que trabajamos mucho, no están diciendo: «No estuviste conmigo, no me acompañaste», sino que en realidad están reclamando por algo que no les dejamos hacer. Podemos decirles: «Lo que pasa es que no toleras que te haya puesto un límite en esto y me estás pasando la factura.» Los adolescentes son «yudocas verbales». Por eso, hay muchos padres con culpa por no haber estado presentes para sus hijos. Pero tengamos en cuenta que en esos casos no están exigiendo nuestra presencia, sino protestando contra los límites impuestos.

Hoy más que nunca necesitamos establecer hábitos, pues los jóvenes carecen de ellos: el hábito de levantarse temprano, el de estudiar, el de leer, el de ayudar en casa, etc. Nuestra cultura no genera hábitos, solo les ofrece diversión. Por eso, los chicos lo único que quieren es disfrutar de la vida sin grandes obligaciones. Nuestra cultura les inculca que hay que divertirse siempre, entonces solo quieren diversión en todos lados (incluido el colegio). ¡Ellos quieren que los maestros los hagan divertir! No está mal divertirse, pero la vida no solamente es diversión, pues esta «adormece» y no ayuda a crecer, a pensar, a ser un buen padre, a mantener un buen trabajo ni a tener más capacidad. La cultura distrae a las nuevas generaciones porque la gente «divertida» es más manipulable y fácil de manejar.

El hijo que se crio solo dice: «Yo no tuve padre.» En realidad, todos los que estamos vivos tenemos un padre. Si el mío murió o me abandonó, tuve a alguien que hizo las veces de papá: un abuelo, un tío, un maestro, etc. Cuando alguien dice que no tuvo padre y se crio solo, no está viendo quiénes le hicieron de papá. Los seres humanos fuimos creados de manera que, cuando nos falta un papá o una mamá, buscamos a alguien para incorporarlo en ese rol. Padre y madre no son los que nos parieron, sino los que nos criaron.

• Tenemos un hijo reprimido

Es algo que veo mucho en los jóvenes. El chico que está contenido, no se enoja y hasta camina medio rígido, es porque, por lo general, tiene mucha ira en su interior. Y, aunque hable bajito, es una bomba de relojería porque en el fondo no es feliz. Esa es la causa de que hoy haya tantas parejas donde el novio maltrata verbalmente a la novia. Muchos chicos jóvenes tienen ira en su interior. Si tenemos un hijo así, sentémonos con él y dialoguemos: «Hijo, ¿qué pasa que estás tan amargado? Tienes cosas guardadas.» Y brindémosle un espacio seguro donde expresar ese enojo que no le permite ser feliz.

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