En estos momentos de la enseñanza, donde Lacan va haciendo una reelaboración del Edipo y la castración, tanto en los sujetos femeninos como en los masculinos, el padre es señalado pudiendo funcionar como obstáculo, en relación a la dialéctica de los intercambios simbólicos, o no.
Tomando referencia en el caso Dora y la Joven homosexual, escritos por Freud, se puede subrayar que por ejemplo, el sujeto en Dora no ha renunciado al falo paterno concebido como objeto de don, y al no haberlo hecho no hace lugar a algo que le venga de otros hombres más allá de este padre. Con esto queda dicho que para que una mujer atraviese y deje atrás la posición histérica, es fundamental que haya renunciado al falo paterno como objeto de don.
Y si recordamos la idea del padre “como un puerto” según Freud, lo que ahora podemos señalar es que hay padres que en lugar de funcionar como un puerto, es decir, como un lugar donde detenerse por un tiempo, descansar, pasear, recargarse y luego salir; actúan para funcionar como la tierra prometida… y lamentablemente “encontrada” si una hija o hijo cree que esa es la función de un padre.
Volviendo a los casos de algunas mujeres, decimos que sin esa renuncia al falo paterno ese sujeto queda con serias dificultades para acceder a los circuitos de intercambios simbólicos que supone el don de amor. Uno de los efectos de esta dificultad, desde esta posición histérica, es sentirse reducida a un objeto.
En cuanto a la joven homosexual, esta dificultad de acceder al circuito de intercambios simbólicos la deja ligada a su padre, lo que lleva a sus movimientos a dirigirse y mostrarle a este padre cómo se ama desinteresadamente, dado que ella ama a un ser por aquello que no tiene, el falo.
Está claro, que en estos momentos el falo simbólico va a adquirir un estatuto conceptual que si bien se irá modificando a la par de los avances de la teoría, no perderá importancia clínica en ningún momento hasta el día de hoy. En relación al mismo nos señalaba:
“ … no se trata en absoluto de un falo real que, como real, exista o no exista, sino de un falo simbólico que por su naturaleza se presenta en el intercambio como ausencia, una ausencia que funciona en cuanto tal”. (Lacan, 1999, p. 154)
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Esta ausencia es lo que se transparenta en determinados objetos que conforman el don, es una ausencia que se hace presente cuando el dar cobra estatuto de don; y al así aparecer, desaparece para aparecer en otro momento donde el dar tiene una función fundamental. Así, este falo simbólico, ausencia que se hace presente a través de diferentes objetos, circula como objeto de intercambio simbólico entre los seres humanos. Ausencia que aparece dándole valor de don a determinados objetos sujetos al intercambio, no de mercancías, sino intercambios simbólicos que permiten la circulación de deseos.
Como podemos ir suponiendo, en situaciones de estrago, esta ausencia no parece estar tan ausente, y la creencia en su existencia real parece ser parte de los momentos de estrago
Y como he comenzado el recorrido haciendo hincapié en aquellos seres que hicieron nacer los interrogantes que me orientan, me parece apropiado citar dos frases de Freud sobre las mujeres y el ser femenino que vamos a retomar en el futuro. La primera, si la leemos desde el Lacan del seminario “Aún” ( Lacan, 1992b), podemos observar esa fina escucha clínica del llamado “padre del Psicoanálisis” a la hora de percibir en muchos seres dos formas distintas de goces en varias de ellas; uno, el goce fálico que es accesible al tratamiento analítico, y otro goce, que no aparece ligado al síntoma que se presenta en la clínica psicoanalítica.
“La frigidez sexual de la mujer, cuya frecuencia parece confirmar esa postergación, es un fenómeno mal comprendido. Psicógena muchas veces, y entonces accesible a la terapia, sugiere en otros casos la hipótesis de un condicionamiento constitucional, y aún la contribución de un factor anatómico” (Freud, 1996d, p.122)
¿Goce femenino percibido por Freud ?. Está claro que no utilizó ese término en esa oportunidad, pero, a posteriori, por lo trabajado en el campo freudiano a partir de la enseñanza de Lacan, la pregunta que hacemos es válida.
Y la otra formulación más que interesante, que retoma lo dicho por el en el texto “Introducción al Narcisismo”, dice:
“En general la feminidad en las mujeres se traduce por un alto grado de narcisismo, y se destaca más el ser amada”. (Freud, 1996d, p.86)
Aquí se puede leer como sigue manteniéndose la idea en cuanto al amor y lo femenino, destacando el ser amada, donde una configuración narcisista propia de esa posición se juega amorosa y femeninamente en los momentos donde se
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lo llama a Eros. Y no hay que ofenderse con el término narcisismo, pues, sin él, nadie podría existir; lo que sucede es como lo va configurando cada uno.
d) Lo estragante
Hablé de cierta lógica fálica – castrada, y de otro goce que ya en las letras de Freud daba muestras de darse a escuchar clínicamente. También de las operaciones de frustración, privación y castración como constitutivas de la falta.
También hablé de la boca del cocodrilo y ese deseo de la madre; y entonces dije que eso no podía ser todo lo que se puede decir del deseo de la madre, pues si fuera únicamente eso (una boca de cocodrilo) no existiría la cultura humana.
Precisemos un poco más eso; cuando en esta metáfora Lacan dice “no se sabe que mosca puede llegar a picarle, que va y cierra la boca”, indudablemente está haciendo mención a un cerrar la boca a puro capricho, es decir haciendo las cosas “por puro querer propio” sin tener en cuenta al deseo de otros, en base a los cuales nos relacionamos civilizada y legalmente. Es decir, estamos en presencia de una ley caprichosa, que no es más que la ley imaginaria que impera en el primer tiempo lógico del Edipo; ley que todavía el niño por venir no articula suficientemente con la ley simbólica que supone la operatoria del nombre del padre.
Aunque para que una madre no se trague al niño/niña ya ese palo de piedra, llamado falo, está operando en su estructura; y esto supone la operatoria del nombre del padre.
Lo afirmo nuevamente: esta figura sobre el deseo materno, esta figura estragante, es ni más ni menos que la versión superyoica, o, mejor dicho, el superyó en alguna forma es un representante del deseo de ese otro, que en un primer tiempo suele encarnar la madre, pero un representante que al decirle a sujeto goza, no mide tiempo ni lugar para expresar esta orden.
Dicho así, podemos decir que lo estragante, siempre, es el superyó. Y en este punto comenzamos a precisar algunos de los interrogantes que venimos planteando, es decir, en este punto de inicio tanto hombres como mujeres pueden llegar a padecer este estrago.
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Lo que sucede es que ante este punto de estructura estragante (el superyo), esa boca de cocodrilo; hombres y mujeres tenemos –por estructura de constitución de la sexualidad- “salidas diferentes”.
En virtud de esta afirmación, vamos a retomar algo de la lógica femenina en relación al estrago a partir de la siguiente secuencia clínica, con Mara una chica de unos 22 años en el momento de esa sesión, que llegó a decir lo siguiente:
“En esta sociedad si no sos un capo no existís, sino sos exitoso no contás en la sociedad; ser nadie hoy en día es muy fácil, y todo el tiempo hay que estar mostrándose, y que te vean, y yo estoy repodrida de esto; quiero encontrar la manera de andar sin estar pendiente de estas boludeces…
Mi madre quiere que yo estudie en la facultad, y entonces me manda dinero y dice que se preocupa por mí; ¡mentira!, está preocupada por que la nena sea Licenciada y tenga un título; y entonces ella allá no sé qué estatus va a tener … Me acuerdo que cuando era chiquita me compraban de todo para que yo sea la mejor, “tenés que ser la mejor” me decían; y entonces me mandaban a tocar piano, guitarra, estudiar inglés; hacer gimnasia artística… y no sé cuantas cosas más; era chiquita y me iba a la mañana y volvía por la noche a mi casa …¿ así yo iba a ser la mejor?
Así me apoyaban.
- Te apoyaban o se apoyaban en vos?...
(silencio) … si … se apoyaban en mí, por eso me compraban todo; y si hoy llego a dejar la facultad, me dejan de dar dinero; y tengo que trabajar y no sé si quiero trabajar … trabajar … no sé cómo me sentiría como mujer …
- ¿Cómo?, ¿qué se te ocurre?.
Y por ahí, un lado bueno; pero por el otro; me haría más inaccesible, me haría sentir más poderosa, como diciendo “Yo también tengo poronga”.
Así habló en un momento, y en varios momentos, Mara, que tenía accesos bulímicos. Como se puede leer, pasa de objeto (vamos a ver cuál poco a poco)
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de los deseos maternos, hacia un lugar donde ella como mujer “tiene poronga”, es decir una mujer con falo.
No encuentra los medios para situarse como una mujer, es decir, estar
castrada en relación al goce fálico, pero además no ser toda en relación al goce fálico (no – toda); pasa de un lugar imaginario, a otro lugar imaginario ubicable en el primer tiempo lógico del Edipo, que es el tiempo lógico estragante por excelencia.
Se queja de no tener un lugar porque la culpa es de la sociedad, esa que “exige ser un capo”, es decir esa sociedad que le exige, le ordena …
superyoicamente “ser la mejor”, tal cual se lo decía su madre, y parece que
también su padre, antes de desaparecer de su vida.
Mara, como tantos otros hablantes, nos hacen saber en plena asociación libre, que esa boca de cocodrilo, versión superyoica del deseo materno, se articula poderosamente con los mandatos que profiere un discurso que poco le interesa el lazo social, salvo para acumulación de capital mientras se consumen vidas. Luego, en el capítulo cuatro, precisaré mejor estas afirmaciones.
e) Precisiones sobre el primer tiempo lógico.
Retomando entonces cierta lógica fálica apuntada en los seminarios 4y 5: lo que se plantea es lo que se llama triada imaginaria, es decir que estamos hablando de lo imaginario estando constituido por tres elementos al menos. En esta tríada el falo aparece, sino como mediador, por lo menos como elemento tercero. Y toda relación imaginaria aparece modelada sobre la relación madre – hijo – falo que es la relación que prima en el primer tiempo lógico del Edipo y la castración.
Precisamente es en este tiempo lógico donde comienza a percibirse lo inevitable de un daño imaginario, dice Lacan, daño imaginario que supone la operación de frustración.
Es en el capítulo 4 del seminario “La relación de objeto”, denominado “La dialéctica de la frustración”, (Lacan, 1994) donde este autor afirma que la frustración es “el verdadero centro de la relación madre – hijo”.
Recordándonos que la operación de frustración es “en sí mismo el
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En esa “falta de objeto” que se juega a nivel de la frustración el agente de esta operación es la madre.
“La presencia – ausencia está, para el sujeto, articulada en el registro del llamado. Y el llamado del objeto materno se produce cuando este está ausente” (Lacan, 1994, p.69)
Y esta presencia y ausencia es fundamental, para que se vaya instalando, inscribiendo en el niño, una lógica del más y del menos; condición vital para qué se instale el orden simbólico, como ya señalé.
Desde el momento en que la madre está y no está, puede frustrar o no; y si da lo que podría no dar, esto la transforma en un ser omnipotente (es decir, en un ser que tiene todos los poderes, como Dios).
Este es un momento decisivo, pues este movimiento que da lugar a la operación de frustración, remite a una simbolización arcaica (donde el deseo de esta madre ya comienza a jugar su papel, en una vertiente no estragante, el apres coup lo dirá)
“Es un momento donde la madre puede dar cualquier cosa” (Lacan, 1994, p.69) dice el autor, por ejemplo insultos y más insultos.
Por una simple razón – si la mujer encuentra en el niño una satisfacción, es precisamente en la medida en que halla en él algo que calma, algo que satura, más o menos bien, su necesidad de falo. Si no tenemos esto en cuenta, no solo desconocemos la enseñanza de Freud, sino también fenómenos que constantemente se manifiestan en la experiencia”(Lacan, 1994, p. 72).
Así la relación de la madre con el niño será doble… por un lado la saturación imaginaria, pero por el otro a nivel de lo real, lo instintivo.
Esto es lo que señala Isidoro Vegh, cuando remarca la importancia del registro de lo real, al hablar de la relación madre-hijo. (Vegh, 2001)
Hay que pensar, en caso de ser una madre biológica (por algo no es tan fácil aceptar la idea de adoptar), que hay un real: “algo”, con suerte “un ser con nominación”, se mueve dentro de ese cuerpo; a ese real hay que ir simbolizándolo, para ir cubriendo imaginariamente eso que desde lo real indudablemente no se comporta como cualquier otro elemento que haya podido ingresar al cuerpo.
Entonces, recordando cómo Ximena (capítulo dos, apartado “c”) hablaba en análisis (luego de cinco meses de embarazo) sobre ese cuerpo delgado que ella quería volver a tener, la construcción de una toma posición que desde lo
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simbólico afecte de otra forma a ese real en su cuerpo tan imaginario (y tan real), es una posibilidad.
Va a existir un momento en que el niño va a captar que la madre ama en realidad a una imagen y no a él por lo que él… es. Y observamos como en la situación clínica referida a Ximena, esta analizante se quejaba precisamente de eso.
Este es un momento donde se abre un agujero en ese Otro; lo cual implica un inicio en cuanto a ir captando a una madre deseante, una madre que le hace falta algo cuando ama; y eso que le hace falta ubicaría allí una significación fálica más allá de él/ella; desde la cual él/ella intentara colmar esa falta haciendo arte de algunas mañas infantiles, entre las cuales abundan buenas imágenes que pueden servir para identificarse y para creer así imaginariamente que él/ella pueden llegar a colmar esa falta.
Aquí es donde puede producirse una fobia, ahí cuando a la madre le falta el falo, según la captación del chico. Punto en donde puede quedar tragado o estragado.
Y momento donde se escucha como en esta temporalidad pre – edipica (según Freud), se va a producir el nacimiento del objeto como fetiche, en tanto podría existir un objeto que si o si colme y llene de satisfacciones a esa madre. Instante pre – Edípico que en términos lacanianos se traduce como primer tiempo lógico del Edipo-castración. Y donde según Lacan:
“El triángulo es en sí mismo pre-edípico”. “y solo nos interesa en la medida en que inmediatamente se integra en el cuarteto constituido por la intervención paterna””a partir de lo que podemos llamar la decepción fundamental del niño”. (Lacan, 1994, p. 77)
Aquí Lacan no diferencia entre niña o niño, aquí habla de una decepción de estructura, en la cual la madre ama una imagen (falo), y no a él por lo que él/ella es; decepción ante la cual es posible pensar que niño y niña no reaccionan de igual manera. Y lo que cabe decir es la importancia que algunos seres le dan a las imágenes para ser amado o amada: por ejemplo:
f) Breves secuencia clínica del tratamiento con la analizante Inés “Siento que no encuentro respuestas …
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Y que no me llega el momento de estar en pareja. Vos me había dicho que decir “no me llega” era una posición pasiva y de espera, y que desde ahí siempre es el otro el que tiene que hacer algo como para que yo esté en pareja … y eso lo entiendo …; pero no sé qué hacer, no sé qué hacer (discurso histérico
desplegado en transferencia).
- Bueno, parece que si querés estar con alguien, vos también tendrás que hacer algo, por ejemplo, buscar.
Sí, pero cómo, ¿Con qué imagen?.
- Buscar encontrarse con un hombre será solo una cuestión de imagen?. (silencio) se me disparan una serie de imágenes, y se me hace difícil hablarlas
.., por ejemplo; por ejemplo se me viene la imagen de mi mamá hablando con una amiga, y siento esto de necesitarla … y me dan ganas de salir de acá, para ir a llamarla, y a la vez no quiero, quiero demostrar que puedo estar sola …
- Demostrárselo a quién?.
No sé si a ella o a mí (¿acting out . zona de relación que dura años?), no sé.
- Insistís tanto con las imágenes, imágenes que cabe preguntarse hasta dónde hay un más allá de las imágenes en vos”.
Cabe preguntarse en este caso, hasta dónde Inés en este punto privó a su madre de falo; lo que sí se puede afirmar es como a la hora de hacerse amar, amando, a lo primero que recurre es a las imágenes que le permitan ser amada; es decir, no apuesta a las palabras que hablen de su deseo. Y entonces es posible leer a esta sujeto fijada a ese tiempo en el cual se da cuenta que lo que su madre ama ¿y desea? es a una imagen. Momento clínico en donde se advierte que en su registro psíquico a su madre ya la comienza a ubicar como faltándole algo (operación de privación en sus comienzos), pero tiene la creencia que es o que la va a colmar a esa madre es una imagen que ella parece buscar para estar en pareja … con su madre. Parece estar fijada ahí desde hace años, pero claro, pone a esta fijación en transferencia clínica.
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Estos momentos no son propiedad privada de los niños, se trata de tiempos lógicos que en edad adulta de algunos seres pueden hacerse escuchar. Este es un momento en donde el niño o niña reconoce que la madre esta privada de falo. Pero para que reconozca que está privada de falo la madre, tiene que registrar que eso que le hace falta a la madre lo tiene otro. Y en el caso de Inés, esto es lo que da pie a estos interrogantes.
Eso sí, mientras en el varón, en el segundo tiempo “el –imaginariamente- lo tiene – pequeño aún- pero lo tiene” y la madre no; en la niña, ella ya estaba – en lo real- privada de falo, por lo tanto el impacto en la subjetividad de un niño no podrá ser por estructura igual que en la niña.
Ahora, en este seminario con el que estamos dialogando tenemos que al estar trabajando el caso Juanito, Lacan nos habla de la salida para el niño ante este momento de privación del falo en la madre : “La salida normal de esta situación es que el niño reciba simbólicamente el falo que necesita.
Pero para necesitarlo, previamente ha tenido que experimentar la amenaza de la instancia castradora, primordial, la instancia paterna. La identificación viril que se encuentra en la base de una relación edípica normativa; se funda