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C ONCLUSIONES : EL DESEQUILIBRIO SALVAJE Y SAGRADO

El siglo XX comienza con «dos signos de interrogación» latiendo en el corazón humano, porque

después de haber escuchado el dialogo de Kierkegaard y Nietzsche vuelve a hacerse evidente el dilema socrático: no se sabe si el ser humano es «una fiera más hinchada y enrevesada que Tifón» o «una criatura suave y sencilla que, conforme a su naturaleza, participa de divino y límpido destino». Lo que sigue preocupando y ocupando al ser humano es el valor ambiguo, el sentido incierto, el pensamiento irresuelto, la enfermedad.

Los filósofos han transmitido los síntomas de encontrarse entre la tierra y el cielo, entre lo salvaje y lo sagrado; en el dialogo se debaten entre la vida y la muerte, y aunque su objetivo era encontrar el equilibrio -entre las bestias y los ángeles Kierkegaard, y entre los gladiadores y los cerdos Nietzsche- han manifestado tener una existencia extrema. En su análisis alcanzar la salud y conservar la integridad era un ejercicio meta-físico para el que había que esperar y tener fe, o para el que había que ejercitarse y tener voluntad. Encontrar el valor que permite el equilibrio ha sido una promesa, un pronóstico, un sueño. Finalmente lo que prescribían los autores era «tomarse bien» el padecimiento, porque este ejercicio moral era mortal pero aliviaba. Tomarse la mortalidad con moralidad era la (doble) condición que ambos cumplían, pues aunque lo expresaran con distintas palabras, de lo que se trataba finalmente era de manifestar «valor».

Por tanto, parece que la condición humana es experimentar la muerte y responder con valor a través de este ejercicio que convierte o transforma lo salvaje sanándolo, sin embargo tener el valor necesario o saber el sentido que esto tiene sigue siendo un problema irresuelto.

Vamos a seguir pensando entonces, porque la condición humana es corresponder con la muerte y trascenderla física y metafísicamente, saliendo de sí mismo sin perderse, pero no hay certeza de si el ser humano pueda entender y cumplir con la condición humana.

La condición humana es enfermar y responde al dolor, es superar la propia condición y transformase en sobrehumano o superhombre, pero dialogando con Kierkegaard y Nietzsche ya no sabemos si el valor del ejercicio es ser paciente y esperar la curación providencial o pensar y tener voluntad de salud. Para los filósofos el sentido de la salvación y la curación es sacar el valor y hacer maravillosa o genial una naturaleza que se recrea en la muerte para vivir eternamente147, pero no sabemos si esta condición humana es la enfermedad o la curación.

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Para Kierkegaard el valor de la condición humana es sagrado, sobrenatural, divino, y para Nietzsche mortal, natural, salvaje, por tanto, no hay certeza del valor que muestra al ser humano: ¿es animal o divino?, ¡¿no tiene nombre?! Hay que pensarlo porque el sentido y el valor de una vida que muere sigue siendo el problema físico y metafísico; el problema de una doble condición frente a la que no se sabe si sufrir es síntoma de salud o de enfermedad. Con estas condiciones no sabemos si experimentamos la muerte o la vida, si hay que tener fe o voluntad, si hay que ser natural o sobrenatural, si hay que creer o crear, callar o hablar. En la historia (clínica) no hay certeza de qué valor es saludable y cuál patológico; qué es el bien y qué el mal. Ya sea con razones vitales o con razones espirituales no hay certeza, pero hay que pensarlo porque en la indefinición lo humano se desequilibra, se revela monstruoso, se pierde en la ambigüedad de la totalidad.

Así pues, en este punto tenemos que reconocer un conflicto de identidad que se materializa en un problema de integridad y un problema de integridad que es respondido por un conflicto de identidad, porque no saber cómo vivir y morir como humanos es una herida profunda que afecta al cuerpo, al pensamiento y al espíritu, y muestra el corazón roto por la razón.

Voy a investigar qué pasa entonces, porque esta indecisión sobre cómo entender y cumplir la condición humana se manifiesta como el síntoma de una compleja enfermedad, pues no solo consiste en morir sino en saber que se muere y no saber qué hacer ni qué decir.

La doble condición humana es vivir y morir con valor y sentido, pero el valor y el sentido están aún por entender y realizar, porque comprender y cumplir la doble condición permitiría experimentar la existencia salvaje y sagrada, natural y sobrenatural, sin perder el equilibrio pero esta condición es la que todavía hay que entender y realizar porque falta.

¿Con qué sentido responde el ser humano cuando se encuentra entre la vida y la muerte?, ¿cómo elige la vida y descarta la muerte? En el siguiente capítulo voy a continuar analizando y pensando cómo evoluciona el sentido humano en la historia sin olvidar el conflicto planteado en el dialogo de Kierkegaard y Nietzsche. El objetivo va a ser identificar con qué valor responde el ser humano a la muerte y discutir si salva la vida, porque en este momento de la historia intuimos que tiene valor para sanar, pero no sabemos con certeza cuál es, dónde se localiza, cómo se desarrolla.

Así pues, ahora voy a discutirlo con Martin Buber y Martin Heidegger, porque identificando este problema vertebrando «la historia de la humanidad», van a meditar acerca de cómo entender el conflicto de ser nada y encontrarse entre la vida y la muerte, y van a proponer cuidar la integridad del ser humano a través del pensamiento y la palabra.

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En el capítulo anterior hemos discutido si la condición humana era curar la condición mortal, porque no teníamos certeza de tener el valor necesario para cumplirla. En teoría la condición es vivir y morir conservando el sentido y el valor, pero en el dialogo con los filósofos hemos comprobado que al dirigirse a la muerte el ser humano va perdiendo el sentido y el valor. Con esta condición se encuentra desequilibrado, porque conservar la humanidad es una condición que obliga a luchar contra la naturaleza y a esperar el milagro sobrenatural. Como hemos comprobado la condición requiere un valor salvaje y sagrado, cuyo sentido aún hay que entender y cumplir.

En el análisis de Kierkegaard y Nietzsche la doble condición humana se manifestaba como una enfermedad transformadora que afectaba de un modo misterioso al ser humano, pues deshumanizándose no solo sufría, también experimentaba lo qué es sentido, y dándole valor diagnosticaba y trataba su condición mortal y con ello cumplía su condición vital. En el dialogo y discusión hemos comprendido que la condición para mantener la integridad es responder a la deshumanización conservando el valor del sentido humano. Por tanto ahora, aunque no tengamos certeza del sentido de la correspondencia, aunque no tengamos certeza de si es saludable o patológica, aunque no sepamos si es cuestión de arte, ciencia o religión, sabemos que de lo que se trata es de mantener el equilibrio con la doble condición para poder entenderla y cumplirla.

Así pues, el objetivo de este capítulo es seguir pensando cómo podría el ser humano mantener el sentido frente a la vida que muere; saber cómo puede soportar la ambigüedad de la existencia y mantenerse como un ser humano equilibrado. El objetivo es seguir pensando la enfermedad física y metafísica de la humanidad, pues como ya sabemos entender y cumplir la condición íntegramente muestra el valor del sentido humano, pero desentender-se de ella muestra la mezcla indiferente de lo salvaje y lo sagrado, de la vida y la muerte: lo monstruoso.

En este capítulo voy a profundizar en el conflicto de la condición humana mortal, en la primera parte intentando saber qué es ser «humano» cuando la condición es corresponder con la muerte, y en la segunda parte discutiendo con qué sentido entenderlo y con qué valor realizarlo. Para ello primeramente voy a dialogar con Buber y su obra ¿Qué es el hombre?, porque va a analizar la experiencia problemática de ser humano y va a entender su historia como si fuera un dialogo en el que la humanidad va encontrándose a salvo y en peligro, en la intemperie y en la morada. El filósofo va a analizar la lógica de esta «dualidad dinámica» porque a su juicio muestra la correspondencia ambivalente del sentido humano, por tanto, pensando con él discutiremos si la

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historia puede entenderse como una «historia clínica», en la que el ser humano manifiesta el valor de su sentido (su humanidad) preguntando por la mortalidad y respondiendo ante ella. Dialogando, como ya sabemos, para convertir el silencio en palabra; en un ejercicio que convierte el dolor en cuidado, la intemperie natural en morada sobrenatural, la experiencia salvaje en sagrada.

El objetivo de la primera parte del capítulo será dialogar con Buber para intentar comprender «al hombre entero, al hombre que, cualquiera sea el pueblo, el tipo o la edad a la que pertenezca, sabe lo que, fuera de él, nadie más en la tierra sabe»:

«Que transita por el estrecho sendero que lleva del nacimiento a la muerte; prueba lo que nadie que no sea él puede probar; la lucha con el destino, la rebelión y la reconciliación y, en ocasiones, cuando se junta por elección con otro ser humano, llega hasta experimentar en su propia sangre lo que pasa por los adentros del otro»1.

En este capítulo primero voy a profundizar con Buber en el conflicto de la doble condición humana y su manifestación en la historia, y en segundo lugar voy a discutir con Heidegger cómo entender y cumplir la condición de vida y muerte, de rebelión y reconciliación, de conflicto y entendimiento, porque la propuesta de este filósofo es «aprender a experimentar el ser en la nada» y maravillarse de que haya «ser en lugar de nada», porque el asombro expresado ante «la posibilidad imposible» de la existencia es el origen de la cura de la mortalidad.

En el análisis del filósofo el valor del sentido humano consiste en «huir ante la inhospitalidad» y «curarse en el mundo» con el pensamiento y la palabra, porque «el pensar conduce a la humanidad del ser humano al ámbito donde brota lo salvo» y «el lenguaje es la morada en la que habita el hombre»2. Por tanto, voy a discutir si en esta tensión existencial y a través del pensamiento y el lenguaje, podemos trascender la angustia de «ser nada» y curarnos.

Con este planteamiento voy a comenzar el capítulo para intentar comprender «el problema de la mortalidad» y para analizar, si como suponen los filósofos, nuestro valor, nuestra humanidad, consiste en curarnos de la muerte a través del pensamiento y la palabra, o para discutir si el problema de la condición humana mortal tiene otro sentido y se corresponde con otro valor.

1 Buber M. ¿Qué es el hombre? Fondo de Cultura Económica, México, 2001. p. 19-20 2 Heidegger, M. Carta sobre el humanismo. Alianza, Madrid, 2013. p. 90-1

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