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«Y llegó la noche, y fue una noche tal que se sabía que los ojos humanos no habrían podido contemplarla y sobrevivir» Primo Levi

En la primera parte del capítulo voy a poner a prueba el valor del sentido humano cuando se dirige a la muerte, para pensar si en la experiencia abismal convierte el sentido, y dirigiéndose a la vida lo conserva. Para ello voy a analizar la experiencia de Primo Levi, porque puede permitirnos entender cómo responde el ser humano cuando se encuentra entre la vida y la muerte.

La intención de esta primera parte es poner a prueba el sentido humano y discutir la hipótesis lanzada al revisar la historia clínica, que supone que en condiciones mortales el ser humano muestra su valor saludable. Voy a analizar el valor que demuestra y a discutir el ejercicio que prescribe el pensamiento, porque para Nietzsche las condiciones del experimento consistían en «luchar contra un monstruo para parecer dignos de hazaña», y para Heidegger consistían en trascender «la nada de la angustia» proyectando el ser posible. Pero voy a cuestionar que la humanidad mantenga el valor de su sentido en el salto, porque el proyecto es que el superhombre supere al hombre antiguo, que la humanidad trascienda la condición mortal y sane, que la intemperie se convierta en morada, que lo salvaje sea sagrado. Sin embargo, en este momento de la historia el ser humano se ha revelado con un sentido ambiguo, en un mundo suprasensible descompuesto, donde la metafísica toca su fin y descubre la nada, la indigencia, la inhospitalidad.

En la historia, Hitler, lector de Heidegger y Nietzsche, correspondiendo en el dialogo entendió que el sentido de la filosofía del superhombre era «la formulación de una declaración de guerra» y señaló que «para llevarla a la victoria, debemos transformarla en un movimiento de combate»2. De modo que su lucha fue crear las condiciones salvajes para que el superhombre experimente el valor y pase por encima del infrahombre.

Desde este punto de vista, para continuar el dialogo una vez hemos teorizado sobre el sentido metafísicamente humano, tenemos que analizar su puesta en práctica para pensar si la condición humana de trascender la condición infrahumana es el valor saludable que muestra la humanidad. Vamos a discutir si en el salto del «transhombre» sobre «el hombre antiguo» se

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mantiene el valor humano, porque mantenerse en el éxtasis del pensamiento ya no es posible. Sabemos que el valor del sentido humano se revela (y se rebela) en la ferocidad, dirigiéndose a la muerte, correspondiendo con la nada, y lo que ahora está por probar y experimentar es que la humanidad pueda trascender la condición mortal y manifestar con sentido un valor superior.

Así pues, vamos a discutir si es posible reconocer el valor íntegro de la condición humana mortal, porque la historia viene mostrando el desequilibrio del ser humano, lo inconmensurable de su sentido, lo ambivalente de su valor. En teoría la condición humana es ser paciente y sanar. El valor del sentido es iluminar la vida y la muerte, alumbrar libros y hacer que ardan, pero como apuntó Heine, «ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos»3, y en estas condiciones el salto de lo humano a lo monstruoso no queda a mucha distancia, de modo que vamos a discutir si en la historia (se) salva el valor del sentido humano.

El relato de la experiencia y los resultados del experimento pueden llevarnos a pensar que finalmente ser humano no es humano, pero por no apresurar el juicio, vamos a dialogar con Levi porque va a narrar «el experimento nazi» para «proporcionar documentación para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana».

Primo Levi va a manifestar «la vieja y feroz desazón» de sentirse hombre, por tanto, discutiendo con él vamos a poner a prueba el valor teóricamente saludable del ser humano, porque dando testimonio de su experiencia va a preguntar si la humanidad muestra enfermedad o inhumanidad; «una lógica dirigida al mal o una ausencia de lógica, el desarrollo racional de un asunto inhumano o a una manifestación, hasta ahora única en la historia y mal explicada, de locura colectiva»4.

El autor va a experimentar la doble condición humana mortal, consecuentemente, dialogando con él, en esta primera parte del capítulo vamos a poner a prueba el valor íntegro que en teoría pensamos y decimos tener , porque va a relatar «lo que hacen los hombres cuando saben que tiene que morir»5, y como ya señalaba Sócrates, «los hombres tiene capacidad de profetizar cuando van a morir»6, de modo que vamos a analizar el sentido que muestran frente a la muerte, y a discutir si es saludable o patológico, equilibrado o desequilibrado, humano o inhumano.

3 Heine H. Almansor. Apud. Sherratt Y. Los Filósofos de Hitler. Cátedra, Madrid, 2014. p. 111. 4 Levi P. Los hundidos y los salvados, en Trilogía de Auschwitz. El Aleph, Barcelona, 2012. p. 562 5 Levi P. Si esto es un hombre, en Trilogía de Auschwitz. El Aleph, Barcelona, 2012.p. 34

151 1.1EL EXPERIMENTO

El experimento que se viene proyectando en la historia clínica tiene como objetivo trascender la condición mortal, y para ello se ha prescrito que el superhombre pase por encima del infrahombre. Pero ahora vamos a cuestionar el sentido de esta condición humana, vamos a pensar a dónde dirige el proyecto, porque no sabemos si refleja la salud o la enfermedad.

El valor humano tiene doble condición y es «descender a la pobreza de la existencia» y mostrar la respuesta a la mortalidad. Como ya sabemos, la condición del valor es conflictiva porque solo la experiencia de la inhospitalidad descubre la conciencia, solo el dolor despierta el sentido, así que vamos a intentar orientarnos en la oscuridad que ahora proyecta el sentido asombroso para discutir si es posible atravesar lo infrahumano y trascender la condición mortal manteniendo el equilibrio, pues esta es la condición del valor superior que hay que demostrar.

Después de la revisión hecha en la historia clínica sabemos que ahora se trata de «experimentar en nosotros el nihilismo para llegar a comprender cuál era el verdadero valor de los valores», y para ello Nietzsche prescribió ese ejercicio que consiste en «bajar desde la plenitud y autoseguridad hasta el secreto trabajo del instinto de décadence»; para experimentar si el impulso moribundo y su «secreto trabajo» proyectan el sentido de tal modo que ascienda hacia plenitud.

Por tanto ahora, para continuar la historia vamos a profundizar en el salto del superhombre sobre el infrahombre, porque no sabemos si el valor de su sentido se pierde en el descenso o si «retorna eternamente» con valor íntegro y renovado. Vamos a poner a prueba el teórico sentido humano en el experimento, y a discutir su valor saludable o patológico con Levi, porque va a participar del experimento relatando cómo, en condiciones de nihilidad, la humanidad saca el valor de verdad. Pero con él vamos a cuestionar el valor en teoría humano, porque en su experiencia en «los campos de concentración» no se muestra la salud de la humanidad pero tampoco la enfermedad mental, sino «la lógica insolente», «la arrogancia y el radicalismo, la hybris y el Grundlichkeit7». En el experimento se demostraría que el desequilibrio de la humanidad no es orgánico sino axiológico, de modo que lo que se creía su valor, ahora se revelaría su dolor.

En el análisis de Levi, experimentar «el tormento del cuerpo y del espíritu, mítico y dantesco» era el «fruto de la educación». Humillar y hacer sufrir era «el oficio de cada día; no pensaban en ello, no tenían segundos fines: el fin era aquél», no porque estuviesen hechos de una

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«sustancia humana perversa, distinta de la nuestra», «sencillamente habían estado sometidos durante algunos años a una escuela donde la moral corriente había sido subvertida».

«Todos esos sufrimientos eran la consecuencia de una tesis, la del presunto derecho del pueblo superior a reducir a la servidumbre o a eliminar al pueblo inferior»8.

La experiencia tortuosa de experimentar la muerte y la nada, la desdicha y la monstruosidad con el fin de superarla no es fruto de la enfermedad mental sino de lo que se creía su salud: su desmesura, sus valores, su jerarquía axiológica, que se dirige lógicamente por este orden y esta orden de que lo superior pase por encima de lo inferior. Levi identifica «la lógica de los campos» y entiende que aunque el experimento no muestra la enfermedad mental muestra una enfermedad en el sentido humano, porque «la filosofía» que prescribe que las razas débiles deben caer frente a las fuertes «yace en el fondo de las almas como una infección latente».

La humanidad muestra una «enfermedad infecciosa» que no se localiza en el pensamiento sino en el alma, pues si bien el pensamiento se dirige a corresponder con lo inferior, lo agonizante y decadente, no lo hace poniendo el alma en ello, con cuidado y dándole morada, sino combatiéndolo, eliminándolo y reduciéndolo a la servidumbre, porque ante la amenaza mortal desarrolla una respuesta que lógicamente va atacando hasta «la destrucción de un hombre».

En el experimento, la condición humana se va a manifestar trastornada porque no responde a la condición mortal con el corazón sino con la razón; no cuidado sino con violencia, de un modo enfermo e infeccioso. A diferencia de lo que experimentaban los pensadores y los poetas, en el relato de Primo Levi se señala que en la correspondencia con la mortalidad el ser humano pierde el valor de su sentido porque no responde convirtiendo lo salvaje en sagrado, lo mortal en vital, sino que responde a la ferocidad con ferocidad, a la muerte con muerte. No obstante, él no cree «que esta transformación hubiese sido planificada nunca ni formulada claramente en ningún nivel de la jerarquía fascista, en ningún documento, en ninguna “reunión de trabajo”».

«Era la consecuencia lógica del sistema: un régimen inhumano difunde y extiende su inhumanidad en todas direcciones, y especialmente hacia abajo; a menos que haya resistencias o temperamentos excepcionales»9.

8 Levi P. Los hundidos y los salvados, en Trilogía de Auschwitz. El Aleph, Barcelona, 2012. p. 570 9 Ibídem p. 567

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Podemos pensar con Levi que «la transformación de la esencia del hombre» no ha sido planificada ni formulada, pero habiendo revisado la historia clínica también podemos pensar que el experimento para poner a prueba la respuesta del valor humano a la muerte estaba prescrito. Como se señala, el experimento era «la consecuencia de la lógica del sistema», que aunque no se proyecta explícitamente es reconocible en luces y sombras, asombrosamente.

Sabemos que «la lógica del sistema» consiste precisamente en «lo inhumano que difunde y extiende su inhumanidad en todas direcciones, y especialmente hacia abajo; a menos que haya resistencias o temperamentos excepcionales». Sabemos que la lógica de occidente, que pone como condición de equilibrio el salto del infrahombre al superhombre, es la dinámica de nada y ser, nihilismo y metafísica, intemperie y morada, inhospitalidad y cura. Sin embargo vamos a discutir si «el sistema humano-inhumano» se sostiene en la bipolaridad o si está esencialmente desequilibrado, porque no hay certeza de que haya resistencia a la deshumanización.

Sospechamos que en este experimento falta la condición de equilibrio porque falta el valor excepcional cuando la inhumanidad se extiende y difunde, pues a juicio de Levi el sentido humano se infecta cuando se encuentra frente a lo infrahumano. No obstante, vamos a discutir la posibilidad de mantener el valor en la correspondencia con lo inhumano porque la doble condición de equilibrio y desequilibrio es resistir a la deshumanización y extenderla, insistir y desistir de la existencia, y aunque no sabemos si en esta tensión la humanidad se mantiene íntegra, hay que seguir pensando, porque aunque el pensamiento supone condiciones que extienden la inhumanidad y condiciones excepcionales que resisten a ella, no hay certeza de que la condición se cumpla.

Levi señala que el experimento nazi dio lugar a una «excepcional condición humana» surgida de «una muestra representativa, no seleccionada, de la humanidad» en «situación de pura supervivencia». Los campos de concentración eran «un laboratorio cruel en el cual podía asistirse a situaciones y comportamientos nunca vistos antes, ni después, ni en otra parte»10. Así pues, vamos a analizar a la excepcional condición humana que se encuentra entre la vida y la muerte para pensar el valor que muestra en el experimento; si responde y resiste a la inhumanidad.

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«Enciérrense tras la alambrada de púas a millares de individuos diferentes en edades, estado, origen, lengua, cultura y costumbres, y sean sometidos aquí a un régimen de vida constante, controlable, idéntico para todos y por debajo de todas las necesidades: es cuanto de más riguroso habría podido organizar un estudioso para establecer qué es esencial y qué es accesorio en el comportamiento del animal-hombre frente a la lucha por la vida»11.

La experiencia que va a relatar el autor es un estudio proyectado para «establecer qué es esencial y qué es accesorio en el comportamiento del animal-hombre frente a la lucha por la vida». Es decir, un experimento para determinar la distinción del valor genuinamente humano cuando se encuentra entre la vida y la muerte, cuando «el espacio de elección moral esta reducido a la nada».

En el experimento se trata de experimentar y probar el valor que surge y se pierde en la nada; se trata de saber si frente a la muerte el ser humano muestra valor excepcional, si en lo feroz crece lo salvado, si en la intemperie se levanta una morada, si la voluntad domina los valores. Se trata de probar esta lógica del sistema, esta dualidad dinámica, este equilibrio, y saber si en la lucha por la vida, frente a lo inhumano resiste un valor esencialmente humano.

Siguiendo el experimento, en este momento de la historia clínica nos vemos llevados a continuar discutiendo el valor que el ser humano muestra frente a la lucha por la vida, pero si hasta ahora hemos orientado el dialogo a partir del sentido del «hombre-dios», la palabra del filósofo y el poeta, la lógica del sistema ahora obliga a «descender a la pobreza de la existencia» y a corresponder con el sentido del «animal-hombre».

Continuemos entonces la historia para discutir si entre la intemperie y la morada, entre la tierra y el cielo se mantiene el valor del sentido humano y la humanidad se salva de la muerte.

Vamos a discutir la posibilidad porque Levi va a experimentar y relatar la dinámica de «el que da y el que recibe, la fuerza agresiva y la defensiva, el carácter que investiga y el que ofrece información», pero no sabemos si «los dos a una» muestran la humanidad o la monstruosidad. No tenemos certeza, pero vamos a discutirlo porque intuimos cierta lógica en la experiencia y volvemos a dudar del valor y la falta de valor del sentido humano.

155 1.2LA DESHUMANIZACIÓN

En la historia clínica por ahora hemos aprendido que la condición para que el ser humano muestre su valor y se mantenga en la lucha por la vida es que primeramente experimente la deshumanización, porque en teoría el temor y el dolor desvelan la conciencia del cuidado y despiertan el sentido de la humanidad. Por ello, vamos a profundizar en esta condición de la lógica que extiende y difunde la inhumanidad para ir discutiendo si en el experimento surgen resistencias y el ser humano muestra la excepción y prueba la regla que sostiene el sistema.

Primero vamos a analizar el proceso de deshumanización y luego vamos a discutir el valor ambiguo con el que el ser humano corresponde en la lucha por la vida, porque Levi hace notar que «si se hiere el cuerpo de un agonizante la herida empieza a cicatrizar, aunque todo el cuerpo vaya a morirse al día siguiente»12. Naturalmente la resistencia a la deshumanización puede ser en sí misma mortal. Como prescribía el pensamiento hay que pensar el sentido ambiguo que toma la vida, cómo se extiende y difunde, porque sabemos que la voluntad de vivir en estas condiciones puede ser salvaje, de modo que el valor del sentido humano puede mostrarse incapaz de equilibrar y mantener «la lógica del sistema». Pero vamos a pensar si en el salto del infrahombre al superhombre la humanidad trascienda o no la intemperie, la ferocidad, lo salvaje.

En el análisis de Levi los presos de los campos de concentración, sometido a condiciones de desnudez, soledad, incomprensión e intemperie, poseen únicamente «el valor biológico» de ser «candidato a sobrevivir» por sí mismo o no. La vida en el Lager es «el adiestramiento en la lucha de uno contra todos», porque «cada uno está desesperadamente, ferozmente solo».

«Todos son aquí enemigos o rivales. Esclavos y amos, amos que son esclavos de ellos mismos; el miedo mueve a unos y el odio a los otros, toda otra fuerza calla»13.

Levi describe el experimento como un proceso de «bestialización», como una inmersión en la intemperie, como la lucha salvaje, que como vamos a analizar se orienta en este sentido porque la operación consiste precisamente en violentar y atacar el valor del ser humano para que se revele (y se rebele) en «condiciones originales». El autor va a referir una «exterminación simbólica, una destrucción controlada, meditada, basada en razones», que consiste en eliminar o reducir a la

12 Ibídem p. 177 13 Ibídem p. 66

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servidumbre el valor humano para que en la lucha por la vida, en la inhospitalidad, necesitado e inseguro responda y muestre su verdadera condición.

«En la práctica cotidiana de los campos de exterminación se realizan el odio y el desprecio difundido por la propaganda nazi. Aquí no estaba presente solo la muerte sino una multitud de detalles maniacos y simbólicos, tendentes todos a demostrar y confirmar que los judíos, y los gitanos, y los eslavos, son ganado, desecho, inmundicia. (…) La manera misma elegida para la exterminación (al cabo de minuciosos experimentos) era ostensiblemente simbólica. Había que usar, y se usó, el mismo gas venenoso que se usaba para desinfectar las estibas de los barcos y los locales infectados de chinches y piojos. A lo largo de los siglos se inventaron muertes más atormentadoras, pero ninguna tan cargada de vilipendio y desdén»14.

El experimento se proyectan con el sentido de «demostrar y confirmar» que el animal hombre no tiene valor y es la condición humana degenerada, el desecho, la inmundicia, la infección que hay que purificar, limpiar, superar. Levi narra cómo viajaron hacinados en vagones «como el ganado», como vivían «marcados como el ganado». Sin posibilidad de usar algo tan básico como la cuchara, para producir «el comer de las bestias»; «de pie, furiosamente, escaldándonos la boca y la garganta, sin tiempo para respirar». Como bestias porque «sin cuchara, el potaje diario no podía tomarse más que a lametazos, como hacen los perros; solo después de muchos días de aprendizaje llegaba a saberse que en el campo existían las cucharas pero que había que comprarlas en el mercado negro, pagándolas con potaje o con pan». Como delincuentes o como bestias, en cualquier caso como infrahombres. Con la ropa rota, grande, pequeña, sucia, luchando hasta por un zapato, porque quien no posee ni siquiera zapatos «se deja de percibir a sí mismo como un ser humano y se siente como una lombriz: desnudo, pesado, innoble, inclinado hacia el suelo, sabiendo que podrá ser aplastado en cualquier momento»15.