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El cambio en los partidos políticos, un fenómeno complejo

CAPÍTULO 2. MARCO TEÓRICO

2.4 El cambio en los partidos políticos, un fenómeno complejo

Una primera premisa señalada por la literatura para el estudio del cambio en los partidos políticos es el carácter preeminentemente conservador de dichas organizaciones.141 En

ese sentido, se ha afirmado que el cambio en sus estructuras no es sencillo ya que en ellos convive una apariencia democrática que los dota de legitimidad hacia el exterior y una realidad oligárquica que se expresa en una dirigencia que constituye un círculo de difícil acceso; un apego a las viejas caras y una rivalidad intergeneracional o por la propia organización del partido.142

Diversos autores afirman que los partidos solo cambian cuando hay una razón muy poderosa para hacerlo y que, en consecuencia, los cambios suelen ser escasos

139 KITSCHELT (2006), pág. 849. 140 LUNA (2007), pág. 419.

141 DUVERGER, MAURICE (2002): Los partidos políticos, Fondo de Cultura

Económica de España, Madrid; HARMEL Y JANDA (1994) y SÁNCHEZ MEDERO, GEMA: “Los partidos políticos: organización y funcionamiento” en MARTÍNEZ CUADRADO, MIGUEL Y MANUEL MELLA MÁRQUEZ, Partidos políticos y sistemas de partidos, Editorial Trotta, Madrid, 2012.

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produciéndose más bien pequeñas modificaciones que no pueden considerarse cambios.143 Otros señalan que si bien su cultura política interna actúa como una barrera

para cambios bruscos en sus orientaciones fundamentales pueden ocurrir cambios decisivos si los líderes o facciones los impulsan o como resultado de acontecimientos y crisis.144

Desde el análisis de la realidad latinoamericana se ha introducido además un importante matiz en el sentido que “(…) los partidos varían considerablemente en su grado de institucionalización [y] esta variación tiene importantes consecuencias en los partidos para adaptarse en los cambios en su entorno”.145En consecuencia, los partidos estructurados más informalmente o de carácter personalista y/o clientelista pueden tener una mayor capacidad adaptativa que los partidos más burocráticos lo que puede contribuir a la supervivencia o movilización de grupos tradicionalmente excluidos.146

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de cambio? En un sentido amplio (que además supone que puede ser de carácter deliberado o no) este puede ser definido como cualquier variación, modificación o alteración en la forma cómo se organizan los partidos, en los recursos humanos y materiales de los que disponen y en lo que representan y lo que hacen.147 Sin embargo, es mejor restringir su definición a aquellas decisiones que están bajo control directo del partido y no a aquellas situaciones producidas como resultado de fuerzas o acciones más allá de su control directo.148

Entre los ejemplos de innovación que pueden ser resultado de procesos de cambio “deliberados” y “auto-conscientes”, Lowi (1963) menciona a las “nuevas definiciones de viejos problemas, la introducción de nuevos issues en la agenda política, la representación de nuevos intereses o nuevas minorías, cambios estructurales en el

143 PANEBIANCO (1990) y SÁNCHEZ MELLADO (2012).

144 WOLINETZ, STEVEN B. (2007): “Más allá del partido catch-all: enfoques para el

estudio de los partidos en las democracias contemporáneas” en Partidos Políticos. Viejos Conceptos y Nuevos Retos, MONTERO, JOSÉ RAMÓN, RICHARD GUNTHER Y JUAN J. LINZ Editorial Trotta, Madrid, pág. 153.

145LEVITSKY, STEVEN (2005): La transformación del Justicialismo. Del partido sindical al partido clientelista, 1983-1999, Siglo XXI. Editora Iberoamericana, Buenos Aires, pág. 20.

146 FREIDENBERG Y LEVITZKY (2007), pág. 563.

147 PANEBIANCO (1990) y HARMEL Y JANDA (1994).

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gobierno (reformas) y nuevas formas de organizar o movilizar a los votantes”.149 Pero

es importante no concebir los cambios como “uniformes” o “unidireccionales”.150 En

sus estudios sobre el cambio organizativo Panebianco (1990) apunta a la necesidad de tomar en cuenta lo que denomina “resistencia al cambio” y que define como “la existencia de una presión contraria a las eventuales opciones innovadoras”, que para él “constituye la causa de que una vez institucionalizada, una organización tiende a perpetuarse a lo largo del tiempo, sin sufrir más que alteraciones superficiales”.151

Además dicho autor plantea la existencia de una dinámica entre opciones innovadoras y resistencias al cambio en virtud de la cual “ante un intento de introducir una determinada innovación organizativa, el resultado no será, presumiblemente, aquella innovación específica, sino una modificación parcialmente distinta que será la resultante de dos presiones contrapuestas: la opción innovadora y la resistencia al cambio; lo que determina a su vez la aparición de fenómenos no previstos ni previsibles por parte de quien dio la señal de partida para el cambio”.152 El cambio, entendido como una actividad consciente y bajo control del partido que a su vez genera resistencias, puede tener además dos tipos de origen.

De un lado factores internos o “endógenos” que serían aquellos que se producen como resultado de los cambios en la distribución del poder que tienen lugar al interior de la propia organización, en concreto, cuando se producen cambios en el liderazgo o en las coaliciones y fracciones dominantes dentro del partido.153 Para algunos autores estos

factores internos pueden por sí mismos producir cambios en la organización sin estímulos externos; sin embargo, lograrlos implica contar con buenas razones y construir una coalición de apoyo para enfrentar las resistencias al cambio usualmente existentes en las organizaciones grandes.154

Pero, cuando existen estímulos externos, éstos actúan como un catalizador del cambio y en la medida que hacen que el partido re-evalúe su efectividad en el cumplimiento de su

149LOWI (1963), págs. 571-572. 150WOLINETZ (2007), pág. 159.

151 PANEBIANCO (1990), págs. 450 y 451. 152 PANEBIANCO (1990), pág. 451.

153 PANEBIANCO (1982); HARMEL Y JANDA (1994) y SÁNCHEZ MEDERO (2012).

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principal objetivo155 el cambio puede ser más profundo.156 Esto nos lleva a los factores

externos o “exógenos” que pueden definirse como “cambios sociales, políticos y económicos y eventos que tienen lugar fuera del partido observado [que pueden ser] universales dentro del sistema y se aplican a todos los partidos igualmente [o] específicos del partido, como cambios en su nivel de apoyo”.157

Como ejemplos de estos factores se han señalado a la competición electoral (incluido el nacimiento de nuevos partidos o cambios en la proporción de votos y escaños recibidos por un partido), cambios en el nivel de apoyo a un partido, cambios en el sistema electoral, reformas constitucionales, el deshielo de los clivajes tradicionales, cambios en la financiación, el ámbito territorial o el accionar de los medios de comunicación.158 En el debate sobre la influencia y/o prevalencia de unos u otros como factores explicativos del cambio han primado sobre todo explicaciones que han incidido en los factores externos en desmedro de los internos, relievándose el papel del contexto partidista y, en específico, de los malos resultados electorales159. En el marco de esta discusión también se ha optado por enfoques “mixtos” que han dado un mayor peso a la interacción de ambos tipos de factores. El optar por un enfoque mixto, en el que factores externos e internos interactúan, tiene la ventaja de permitir identificar también en estos procesos la existencia de eventuales resistencias al cambio que ya fueron mencionadas cuando se hizo alusión al cambio que se produce en razón de factores internos.

Así, cuando algunos autores señalan que los factores externos suelen ser una condición necesaria pero no suficiente para el cambio de los partidos pues sus líderes interpretan los cambios externos, analizan cómo afectan a su partido, evalúan la respuesta y grado de riesgos asumibles -existiendo la posibilidad de ignorar los factores externos160, estamos ante un escenario en el que se produce un fenómeno de resistencia al cambio.

155 En base a KATZ Y MAIR (1994) para HARMEL Y JANDA (1994) los tipos de

objetivos que puede tener un partido político son: la maximización de votos, la maximización de cargos, la representación/ participación de los miembros y el cabildeo sobre políticas o ideología.

156 HARMEL Y JANDA (1994), págs. 264-265. 157 Op. cit. (1994), pág. 267 (traducción propia).

158 KATZ y MAIR (2007) y SÁNCHEZ MEDERO (2012). 159 SÁNCHEZ MEDERO (2012), pág. 136.

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Si además consideramos que dicha interpretación por parte de las élites debe además llegar a configurar una voluntad de apoyar los cambios y de poner a disposición recursos para implementarlos lo que muchas veces no se produce161 estamos otra vez

en un escenario en el que se pueden identificar resistencias al cambio.

A la luz de estas discusiones, en el marco de esta investigación, se ha optado por una definición restringida pero a la vez compleja del cambio que incluye -en primer término- sólo aquellas decisiones conscientes y controladas por el partido, determinadas ya sea por factores exógenos o endógenos o la combinación de ambos, que implican una valoración por parte de sus líderes respecto de las ventajas y riesgos de asumir o no innovaciones respecto del statu quo partidista. Y -en segundo término- se entiende que los cambios no son uniformes ni unidireccionales sino que son el resultado de la interacción entre propuestas de innovación y resistencias a éstas que muchas veces generan alteraciones en los cambios propuestos originalmente ya sea que provengan de factores internos, externos o de la combinación de ambos. Por último, se asume que los partidos son por naturaleza más conservadores cuando tienen un mayor grado de institucionalización y formalidad y que son más flexibles a los cambios cuando la institucionalización es más débil o las organizaciones son más informales.

En base a esta definición y presupuestos en el capítulo cinco se describe cuáles han sido los cambios que se han producido en las organizaciones partidistas asociados a la representación descriptiva y a la representación sustantiva. En el primer caso, se entiende que se ha producido un cambio cuando se incorpora a más mujeres en las áreas de decisión o como representantes en cargos legislativos y, en el segundo, cuando se abordan problemáticas o temas que tienen más impacto inmediato sobre las mujeres que sobre los hombres a través de políticas internas (en lo organizativo) o propuestas de políticas públicas o de leyes.

161 MATLAND, RICHARD E. Y STUDLAR, DONLEY T. (1996): “The contagion of

women candidates in single - member district and proportional electoral systems: Canada and Norway” en The Journal of Politics, Vol. 58, No. 53, August, pág. 712.

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