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De la práctica a la teoría: una propuesta de interacción entre cambios y

CAPÍTULO 2. MARCO TEÓRICO

2.7 Profundizando en el cambio: una propuesta para definir los procesos de

2.7.2 De la práctica a la teoría: una propuesta de interacción entre cambios y

En el caso de la representación de las mujeres algunos estudios, aunque sin definirlo en los términos que estamos planteando ni haber profundizado en el tema de modo sistemático, han presentado ejemplos de las reacciones que encuentran las mujeres cuando pugnan por desarrollar liderazgos y/o incorporar nuevos temas en los partidos políticos. Por ejemplo, para la adopción legal de acciones afirmativas o medidas paritarias. Aunque autoras como Krook et al. (2008) afirman que la mayoría de medidas de este tipo fueron aprobadas casi unánimemente por legisladores de un amplio espectro político251 una mirada particular a los procesos de aprobación revela que si bien esto pudo ser así en países como Argentina (país pionero en la aprobación de la cuota en la

250 SAPIRO, VIRGINIA (1988): “When are interests interesting? The problem of

political representation of women” en Feminism and Politics, PHILLIPS, ANNE (editor), New York, Oxford University Press, pág. 179.

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región)252 no sucedió lo mismo en otros contextos nacionales donde se presentaron

resistencias.

Así, por ejemplo, en el caso de Costa Rica, la primera cuota legislada fue promovida por el Ministerio de la Mujer, presentada a través de una legisladora oficialista y aprobada con distorsiones respecto a la propuesta original pues no se regularon ni la ubicación de las candidatas en puestos elegibles ni sanciones ante posibles incumplimientos; ni tampoco se contó con apoyos abiertos y consensuados de los grupos organizados de mujeres.253 En Bolivia fueron aprobadas por primera vez por acciones de presión de determinadas legisladoras en alianza con los movimientos de mujeres dirigidas a los parlamentarios quiénes aceptaron la demanda con “resignación”.254

En Brasil su aprobación fue producto de la abstención en el voto de determinadas fuerzas políticas para evitar el conflicto con las mujeres previendo una aplicación limitada.255 Y en el Perú en realidad fue posible por el apoyo de un ejecutivo con mayoría parlamentaria interesado en “explotar el mercado político de las mujeres”256 siendo que algunos proyectos previos al respecto habían sido desestimados. En lo referido a su aplicación, como ya se adelantó en el punto anterior, los partidos se han negado a cumplirlas cuando no han existido sanciones o se han resistido a aplicarlas cabalmente llegando incluso a interpretaciones fraudulentas de las leyes adoptadas.257

252 LUBERTINO, MARÍA JOSÉ (2004):“Pioneras en las cuotas: la experiencia argentina y su futuro” en La aplicación de las cuotas: experiencias latinoamericanas. Informe del Taller, IDEA Internacional, Estocolmo, pág. 38.

253 GARCÍA QUESADA, ANA ISABEL (2003):“Concretando el mandato: Reforma Jurídica en Costa Rica” en La aplicación de las cuotas: experiencias latinoamericanas. Informe del Taller, INTERNATIONAL IDEA, Stockholm, págs. 96-97.

254 CHOQUE, MARLENE (2013): “Paridad y alternancia en Bolivia. Avances y desafíos de la participación de las mujeres en política”, pág. 129 en La apuesta por la paridad: democratizando el sistema político en América Latina. Los casos de Ecuador, Bolivia y Costa Rica, LLANOS BEATRIZ (editora), IDEA Internacional y CIM OEA, Lima.

255 ARAÚJO, CLARA (2004): “Las cuotas para mujeres en el sistema legislativo

argentino” en La aplicación de las cuotas: experiencias latinoamericanas. Informe del Taller, International IDEA, Stockholm, pág.80.

256 SCHMIDT (2004), pág. 48.

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También han recurrido a interpretaciones minimalistas o meramente formales de las disposiciones reguladas e incluso particularistas incorporando mujeres con escasa autonomía política o recurriendo al parentesco para garantizarse lealtades políticas.258

En esa tónica, otro tipo de resistencia frecuentemente utilizada ha sido incorporar a las mujeres en nominaciones electorales en los porcentajes establecidos pero en posiciones menos preeminentes lo que en determinados contextos institucionales termina afectando directamente sus posibilidades de elegibilidad.259 En realidades particulares como las de México, se ha evidenciado como más mujeres que hombres son nominados en distritos “perdedores” mientras más hombres son nominados donde la victoria del partido es más segura.260

Asimismo una vez acceden a cargos partidarios o legislativos, algunas investigaciones han constatado que se suele asignar a las mujeres las comisiones más relacionadas con lo tradicional (asociadas a social y lo reproductivo) y no los puestos de mayor poder político e influencia en los procesos legislativos dentro de la jerarquía parlamentaria.261

No es un tema menor pues la asignación a una comisión funge como un bien escaso que provee de recursos a los parlamentarios para su re- elección y ofrece la oportunidad de ganar experiencia en un área de política y de construir una carrera pública en base a ella.262

Dado que no todas las áreas tienen igual importancia, se ha señalado que existiendo algunas comisiones más importantes que otras, es posible que los grupos ya establecidos (hombres) no quieran compartir esos recursos con grupos de recién

258 ARCHENTI Y TULA (2008), pág. 15 y LLANOS, BEATRIZ Y KRISTEN SAMPLE

(2008): 30 años de democracia: ¿en la cresta de la ola? Participación política de la mujer en América Latina, IDEA Internacional, Lima, pág. 33.

259 ROZA EL AL (2010), págs. 53-56 y ARCHENTI Y TULA (2014), pág. 36.

260 APARICIO, JAVIER Y JOY LANGSTON (2009): Evaluación de la perspectiva de género en plataforma de partidos políticos, candidaturas y cargos de elección, CIDE/INMUJERES, México.

261 UIP (2008), pág. 66; ROZA ET AL. (2010), págs. 31-32 y LLANOS Y ROZA (2015),

págs. 27-28.

262HEATH ROSSEANA, MICHELLE, LESLIE A. SCHWINDT - BAYER Y MICHELLE

M. TAYLOR ROBINSON (2005): “Women on the Sidelines: Women´s Representation on Committees in Latin American Legislatures” en American Journal of Political Science, Vol. 49, No 2, April.

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llegados que incrementan su peso numérico (por ejemplo, las mujeres) y al sentirse amenazados los defiendan relegándolas a las comisiones de asuntos sociales (Educación, Salud, Cultura, Ecología, Seguridad Social, Deportes, Juventud, Derechos Humanos, Asuntos Étnicos o Asuntos de la Mujer) y excluyéndolas de aquellas más importantes (como Economía, Presupuesto, Defensa, Industria, Comercio, Asuntos Exteriores) y de otras de mayor poder debido a su prestigio o los recursos que ofrecen en la consecución de votos.263

Si bien Heath et al. (2005) concluyen que para el caso de los seis legislativos latinoamericanos que analizan264 hay sesgos de género en la asignación de comisiones, pues las mujeres están presentes de manera desproporcionada en las primeras y sub- representadas en las segundas, también precisan que la capacidad para marginalizar a las mujeres depende de factores institucionales, es decir, cómo están concebidas las reglas de asignación de las comisiones; de la interacción de dichas reglas con reglas informales y, en menor medida, de factores a nivel individual (el número de mandatos, experiencia política, bagaje laboral y educativo o su capacidad para ganar votos para el partido) y partidista (como ser partido en el gobierno, la ideología o los procesos de selección de los líderes partidarios).

Sin embargo, tal como señalan Marx et al. (2007) la concentración en ciertas comisiones puede interpretarse de dos formas: “como expresión auténtica de sus preferencias políticas (…) o como un indicador de que son excluidas de aquellas de supuesto mayor poder y prestigio”.265 Estas autoras, en su estudio del caso argentino y

brasileño (referido a la legislatura de 2005), encontraron que si bien las legisladoras participaban mayormente en comisiones relacionadas con cuestiones asociadas a roles femeninos y tenía menor participación en las de Economía, Finanzas, Presupuesto, Industria y Defensa Nacional, esto se debía a la trayectorias de las parlamentarias y a la manifestación del interés de participar en ellas y no a una discriminación de género.

263 Como Agricultura, Interior, Constitución, Energía y Minas, etc.

264 Los países analizados fueron Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras y

Venezuela.

265 MARX, JUTTA, JUTTA BORNER Y MARIANA CAMINOTTI (2007): Las

Legisladoras. Cupos de género y política en Argentina y Brasil, Siglo XXI Editora Iberoamericana, Buenos Aires, pág. 255.

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Más recientemente, un estudio de Chasquetti y Pérez (2012) sobre el Parlamento uruguayo (donde los cargos son asignados a los partidos y, por tanto, las preferencias de los legisladores deben ser canalizadas por las propias bancadas) encontró al analizar la composición por sexo de las comisiones más importantes y con mayor poder266 respecto de aquellas consideradas como sociales267 que, si bien era cierto que las

mujeres tienden más a integrar comisiones sociales, no era claro que fueran excluidas de las comisiones más poderosas. Tampoco se encontró sesgos en la distribución de cargos de autoridad de las comisiones poderosas o del pleno. Más bien ambos autores señalan que “la clave para integrar comisiones poderosas parece estar en la antigüedad en el cargo y en el tipo de circunscripción por el cual se es electo. Dado que (..) ambas variables están estructuralmente vinculadas al poder de los líderes partidarios, los legisladores que terminan accediendo a esas comisiones serán los más disciplinados y orientados al trabajo partidario”.268

Es importante advertir que también en el caso específico latinoamericano, en los últimos años se ha buscado profundizar en el análisis de prácticas de acoso o violencia política, directas o indirectas en razón de género, como una consecuencia no deseada del mayor número de mujeres en espacios políticos generada por la aplicación de las cuotas o medidas paritarias que cuestionan el statu quo del predominio masculino en las decisiones político partidistas; prácticas que afectan el ingreso, permanencia o desempeño de las mujeres en la arena política.269 Sin embargo, hasta ahora la mayoría

de investigaciones realizadas sitúan este fenómeno en mayor medida en los ámbitos locales de ejercicio del poder y no a nivel legislativo.270 Razón por la cual, aún

266 Hacienda, Constitución y Legislación, Asuntos Internacionales y Presupuesto.

267 Educación, Cultura, Salud, Vivienda, Trabajo, Derechos Humanos, Seguridad

Social, Desarrollo, Población y Exclusión.

268 CHASQUETTI, DANIEL Y VERÓNICA PÉREZ (2012): “¿Mujeres en los

márgenes?: Sistema de comisiones y poder de asignación en el parlamento uruguayo” en Revista de Ciencia Política, Volumen 32, No. 2, pág. 400.

269 ALBAINE, LAURA(2014): “Acoso y violencia política en razón de género. Un

estudio sobre América Latina. Nuevas normas, viejas prácticas” en La representación imperfecta. Logros y desafíos de las mujeres políticas, ARCHENTI, NÉLIDA y MARÍA INÉS TULA (coordinadoras), EUDEBA Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, pág. 80.

270 Véase, por ejemplo para el caso boliviano MACHICAO, XIMENA (2004): Acoso

político: un tema urgente que enfrentar. Asociación de Concejalas de Bolivia. La Paz. Y para el caso peruano QUINTANILLA ZAPATA, TAMMY (2012): Estudio sobre el

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reconociendo su importancia, este tema no ha sido incluido como parte de esta investigación.

Finalmente, respecto de la representación más sustantiva de las mujeres que pueden desarrollar los partidos (expresada en términos del desarrollo de un debate y políticas públicas), se ha señalado que estas organizaciones formulan propuestas relacionadas con la igualdad de género sólo con propósitos electorales y muchas veces como “promesas en falso” pues en la práctica escasamente las promueven.271

En un esfuerzo por sistematizar las reacciones que pueden producirse frente a cambios que suponen una mejora en la representación de las mujeres se propone que en los partidos políticos se pueden encontrar tres tipos de escenarios en función de la actitud que se asuma frente a las propuestas de innovación:

-Escenario 1: El cambio es admitido y, por tanto, no se presentan resistencias. En este escenario a su vez se pueden dar dos tipos de acciones. La innovación es aceptada estrictamente en los términos propuestos configurando un techo máximo de actuación o la innovación es vista como una oportunidad y, por lo tanto, un mínimo a partir del cual realizar nuevas mejoras.

-Escenario 2: El cambio es tolerado pero no internalizado. Es decir se acepta pero no existe un compromiso real con la implementación integral de la innovación por lo cual se producen resistencias que se traducen en acciones dirigidas a disminuir, modificar o distorsionar su impacto en la organización.

-Escenario 3: El cambio es rechazado y las resistencias adquieren una mayor intensidad por lo cual se producen reacciones orientadas a anular, incumplir o revertir las innovaciones en busca de restaurar el statu-quo previo.

acoso político hacia las mujeres en el Perú. Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, DIAKONÍA PERÚ y Calandria. Lima.

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En el siguiente cuadro se resume esta propuesta de clasificación que será puesta a prueba a la luz del caso peruano:

Cuadro 9: Propuesta de clasificación y dinámicas de interacción cambios- resistencias respecto de la representación política de las mujeres

Escenarios en

situaciones de cambio

Reacciones frente al

cambio Acciones respecto del cambio

Acciones orientadas a cumplir estrictamente con la innovación (techo)

Acciones orientadas a realizar nuevas mejoras en base a los mínimos introducidos por la innovación (piso) Acciones que disminuyen el impacto del cambio

Acciones que modifican las innovaciones planteadas Acciones que distorsionan las innovaciones planteadas

Accione que invisibilizan o ignoran los cambios

Acciones orientadas a anular o incumplir la innovación

Acciones que buscan revertir la situación y volver al status quo previo a la innovación

1. Aceptado

2. Tolerado pero no

internalizado Existe resistencia No existe resistencia

3. Rechazado Existe resistencia

Fuente: elaboración propia.

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CAPÍTULO 3: LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA DE LAS MUJERES EN EL