• No se han encontrado resultados

Los cambios del escenario global y el proceso de inserción internacional de los

CAPÍTULO II: La contextualización del accionar: el escenario global y nacional

2.1 Los cambios del escenario global y el proceso de inserción internacional de los

Como se ha mencionado en el Capítulo I, para analizar el aumento del activismo de los actores subnacionales a nivel internacional es necesario analizar aquellos cambios que han acontecido tanto a nivel internacional como

32 a nivel interno, los cuales han creado el ambiente propicio para que los mismos desarrollen diversas acciones en diferentes ámbitos del escenario global. A partir de ello, en el presente apartado se establecerán cuáles fueron las transformaciones sistémicas y los cambios acontecidos a partir de la década de 1970, haciendo hincapié en aquellos eventos políticos y económicos que han conjugado para dar lugar a la formación de un nuevo ámbito internacional de tramas complejas e interdependientes en el que nuevos actores comenzaron a desarrollarse.

Durante la década mencionada, se asistió a un cambio de paradigma en la economía mundial. El éxito que había brindado el modelo keynesiano a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) comenzó a socavarse, la prosperidad económica y la estabilidad social que el mismo había mantenido por años se vieron interrumpidas: el pleno empleo, los salarios altos, el Estado activo que atendía las demandas sociales y financiaba la obra pública fueron aquellos factores que comenzaron a mostrar indicios de agotamiento (Leborgne y Lipietz, 1993).

De esta manera, los países capitalistas más importantes comenzaron a atravesar una gran crisis estructural, cuyas manifestaciones tuvieron que ver con debilidad de las inversiones y del crecimiento, el desempleo, la inflación, la ralentización del progreso técnico, la disminución en la velocidad del aumento de los sueldos y la caída de la rentabilidad del capital (Duménil y Lévy, 2005). Como explica Hobsbawm (2005), a partir de allí una serie de sucesos consecutivos propiciaron a estos países diferentes situaciones de inestabilidad. Por un lado, se desarrolló un estallido salarial que fue producto del desfasaje entre la creciente escasez de la mano de obra y los esfuerzos de los empresarios para contener los salarios reales, cuestión que derivó en aumentos irrisorios a los salarios de los trabajadores. Por otro lado, la crisis del petróleo de 1973 generó un gran cambio ya que terminó con aquellos años en los que la energía había sido barata cuando los productores de petróleo agrupados en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidieron aumentar sus ingresos y por lo tanto los precios de este insumo tan

33 requerido para el funcionamiento de las actividades productivas de la mayoría de los países del mundo.

Estos factores provocaron el hundimiento del sistema financiero de Bretton Woods, lo que representó el inicio de la restructuración de dos entidades financieras internacionales creadas luego de la Segunda Guerra Mundial: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), instituciones que durante mucho tiempo tuvieron por finalidad facilitar la intervención internacional a largo plazo y mantener la estabilidad monetaria, además de abordar problemas de balanza de pago.

En su conjunto, los mencionados desequilibrios pusieron fin a una época de bonanza económica que se había iniciado con el fin de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría17 dentro del mundo capitalista. Fue a partir de ello, que se generalizó la idea de que el modelo desarrollista/keynesiano ya no podía resolver las cuestiones estructurales que perjudicaban el funcionamiento de la economía mundial; no sólo no servía para resolver la crisis, sino que tampoco podía explicarla.

Como consecuencia, a fines de la década del setenta comenzó el cambio de las políticas económicas en distintos países del mundo: el desarrollo del monetarismo/neoliberalismo18. Este enfoque se impuso como modelo a seguir en muchos de los países capitalistas, tanto desarrollados como en vías de desarrollo, para explicar los problemas de inflación y desempleo (o del desequilibrio interno), recomendando las mismas prescripciones de la política económica que la doctrina clásica del Siglo XIX: mínima participación del Estado en la economía, desregulación financiera, liberalización de los precios en manos del mercado, privatizaciones, achicamiento del gasto social, entre otras (Villareal, 1983).

17

La Guerra Fría en su forma original fue un antagonismo que surgió después de la Segunda Guerra Mundial entre dos bloques rígidamente hostiles: uno encabezado por la Unión Soviética y el otro por Estados Unidos. Se generó una división “Este-Oeste” en el sistema internacional que finalizó en 1989 luego de la simbólica caída del Muro de Berlín (Schlesinger, 1990).

18

Ante el apremio de la crisis, y frente al vacío de una teoría efectiva con sus consiguientes recomendaciones de política, resurgen y cobran fuerza dentro del ámbito de la economía de mercado, la teoría y la práctica del enfoque monetarista, con Milton Friedman de la escuela de Chicago como su mayor exponente. (Villareal, 1983).

34 Estas políticas fueron apoyadas y promovidas por el BM y el FMI, ambos respaldados por significativos grupos económicos de los países capitalistas más importantes, conocidos y agrupados desde los años setenta en el Grupo de los Siete (G7)19. Este grupo de países fue adquiriendo cada vez más autoridad en la medida en que “las fluctuaciones incontrolables de los cambios, la crisis de la deuda externa del tercer mundo, y después de 1989 el hundimiento de las economías del bloque soviético hizo que un número creciente de países dependiesen de la voluntad del mundo rico para concederles préstamos, condicionados cada vez más a la adopción de políticas económicas aceptables para las autoridades bancarias mundiales” (Hobsbawm, 2005:430).

A raíz de los cambios impulsados por las sucesivas crisis económicas de estos años, distintos procesos comenzaron a gestarse y desarrollarse, caracterizando aún hoy al actual escenario internacional. Los mismos fueron: la conformación de una nueva economía de alta complejidad y la globalización de los mercados (Bernal Meza 1991; Castells, 1999; Ferrer, 2000); el impacto que la revolución científico-tecnológica mundial y de las tecnologías de la información provocaron, produciendo una profunda reestructuración del capitalismo (Borja y Castells, 1997; Dumenil y Lévy, 2005; Hobsbawm, 2005; Araya, 2012); el proceso de regionalización a nivel mundial que conllevó a la constitución de numerosos bloques regionales (Bouzas y Fanelli, 2001; Musacchio, 2001; Pepitone, 2003) como así también la unificación del campo político-diplomático y económico (Putnam, 1988; Tomassini, 1987; Lasagna, 1996; Bernal Meza, 2000; Rodríguez Cuadros, 2003; Luna Pont, 2010); y la crisis del modelo clásico del Estado-nación como actor único en las Relaciones Internacionales (Cox, 1986; Rosecrance, 1986 ; Keohane y Nye, 1988, 1989; Rosenau, 1997; Del Arenal, 2001; Strange, 2002; Russell, 2010; Perotti, 2010; Pachón Muñoz y Castro Arciniegas, 2015). Estas transformaciones-algunas de las cuales fueron abordadas en el capítulo previo- presentan una estrecha relación entre sí, y en su conjunto generaron el contexto propicio para el surgimiento de la participación de nuevos actores en el escenario internacional.

19

El Grupo de los Siete está conformado por Estados Unidos, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido, Canadá y Francia (Orgaz, Molina y Carrazsco, 2011)

35 Ante el avance de la reestructuración capitalista, de la reforma del sistema y de la globalización e internacionalización de la economía, diferentes procesos se fueron desarrollando. Uno de ellos fue la gestación de una economía cada vez más transnacional que implicó la formación de un sistema de actividades económicas en las que los Estados y sus fronteras generaban complicaciones. Este nuevo sistema no necesitaba de límites territoriales concretos porque éstos restringían las posibilidades de actuación de las economías. De esta manera, la economía se convirtió en una fuerza de alcance mundial en conjunto con un creciente proceso de internacionalización, es decir, la mayoría de las actividades económicas comenzaron a desarrollarse fuera de los mercados en los cuales se colocaría luego la producción para su venta (Hobsbawm, 2005)20.

Por su parte, se entiende al proceso de globalización (Ferrer, 1996; Bernal Meza, 2000; Gray, 2000), por un lado, como la expansión mundial de las modernas tecnologías de producción industrial y de las comunicaciones de todo tipo a través de las fronteras; y por otro, como un proceso histórico en el que casi todas las economías del mundo están conectadas, lo que conlleva a diversos cambios culturales, los cuales tienen lugar cuando las sociedades pasan a estar vinculadas a los mercados mundiales y a depender de ellos en diversas medidas. En este sentido, el proceso de globalización implicó la consolidación de una economía global [...] “en la que el incremento de la productividad no depende del incremento cuantitativo de los factores de producción (capital, trabajo, recursos naturales) sino de la aplicación de conocimiento e información a la gestión, producción y distribución, tanto en procesos como en productos” (Borja y Castells, 1997:27).

Como consecuencia del crecimiento de este proceso a nivel mundial, han surgido nuevos fenómenos, entre ellos, la aparición y el crecimiento de las compañías transnacionales, el crecimiento de los mercados de capitales y de

20

Estos procesos se han desarrollado en una mayoría de países, pero su importancia relativa puede variar considerablemente dependiendo la historia, instituciones, dinámica social y lugar en la economía mundial de cada uno de los países (Castells, 2005).

36 los paraísos fiscales o de las actividades offshore21; también comenzó a gestarse una nueva división de trabajo en las diferentes regiones del mundo con nuevas formas de integración interregional e intra-regional, intersectorial e intra-sectorial. Estos factores han convergido conjuntamente para dar lugar a un proceso de evolución del capitalismo, de un estadio productivo a otro de carácter financiero y, por ende, transnacional.

Este nuevo capitalismo avanzó frente a la crisis del bloque socialista, el cual quedaba cada vez más afuera de un mercado global que se direccionaba en búsqueda de distintos espacios geoeconómicos. El bloque socialista no estaba exento de crisis, y su margen de maniobra se veía reducido ante el avance de un capitalismo que intentaba abarcar todos los espacios geográficos del mundo. Así, el inicio de la década de 1990 se vio marcado por la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución definitiva de la Unión Soviética (1991), lo que dejó en evidencia el triunfo inminente de capitalismo como el principal sistema económico mundial (Bernal Meza, 1991).

En este contexto, distintos Estados iniciaron la constitución de instituciones políticas supranacionales correspondientes al ámbito de operación global de los flujos financieros, empresas multinacionales y distintos actores internacionales con el objetivo de afrontar los nuevos desafíos que proponía el sistema internacional. La generación de una reestructuración productiva y organizativa caracterizó al nuevo capitalismo basado en el desarrollo de nuevas tecnologías, lo que aceleró la conformación de procesos de integración regionales (Castells, 2009; Borja y Castells, 1997). Ejemplos de ello han sido la creación de la hoy llamada Unión Europea22, el Tratado de Libre Comercio en Norteamérica (TLCAN)23, la constitución de un área de cooperación económica

21

Los términos offshore o paraíso fiscal se refieren a la práctica de registrar la sede legal de un negocio en territorios que brindan beneficios fiscales, evitando impuestos a los empresarios que allí depositan su dinero (Hobsbawm, 2005).

22

La Unión Europea es una comunidad política de derecho conformada en organización internacional por veintiocho estados europeos que buscan la integración y la gobernanza común. En sus comienzos se creó la Comunidad Económica Europea, luego en los años ochenta cambió el nombre por el de Comunidad Europea, hasta que en los años noventa adquirió el nombre de Unión Europea; dobló su tamaño en los setenta y se preparó para expandirse aún más en los noventa (Musacchio, 2001).

23

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue firmado en 1992 entre Estados Unidos, Canadá y México y entró en vigor en el año 1994. El objetivo de su firma fue lograr una zona de libre comercio en los tres espacios geográficos (Arnaud, s/f).

37 en el Pacífico representada por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y el Foro de Cooperación Económica Multilateral (APEC)24, el nombrado Grupo de los Siete, y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), entre otros (Borja y Castells, 1997). De esta manera, se ha dado lugar a la participación de distintas regiones como nuevos actores de las Relaciones Internacionales, lo que fue redefiniendo una “nueva geografía económica” (Bereciartua, 2005) que rompe con el paradigma clásico del acatamiento de las líneas fronterizas como formas de integración.

Durante la década de 1990 los procesos de liberalización comercial y financiera se vieron acentuados, tanto los países centrales como los países “del sur” profundizaron medidas de desregulación financiera, liberalización comercial, privatizaciones, y reducción del gasto público por parte de los Estados; situación que se vio reflejada en las prioridades otorgadas a los procesos de integración mencionadas anteriormente, en muchos casos, al utilizarlos como plataformas de inserción de las inversiones financieras y productivas.

El dominio de las finanzas durante la década generó una situación de constante volatilidad para los países en desarrollo, los cuales comenzaron a depender cada vez más de los centros mundiales de crédito siendo reducidos sus márgenes de maniobra y debiendo ceder ante las presiones externas que requerían cada vez más liberalización económica (Sevares, 2005).

Por su parte, el inicio del siglo XXI estuvo marcado por algunos hechos que resultan relevantes: los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001; la crisis económica internacional del año 2008; la consolidación del multipolarismo en el sistema internacional; y la tendencia en distintos países en vías de desarrollo de revalorizar el papel del Estado frente a las fuerzas del mercado (Ayerbe, 2011; Vadell, 2006).

24

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático es una organización regional de estados del sudeste asiático creada en 1967. Los países miembros son 10, Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia (en 1967) Brunéi (en 1984), Vietnam (en 1995) Laos y Birmania (en 1997) y Camboya (1999). El Foro de Cooperación Económica multilateral fue creado en 1989, con el fin de consolidar el crecimiento y la prosperidad de los países del pacífico; trata temas relacionados con el intercambio comercial, coordinación económica y cooperación entre sus integrantes (García Abad, 2007).

38 El primero de estos sucesos, que se corresponde con los acontecimientos terroristas del 11 de septiembre de 2001 en el ataque a las Torres Gemelas de Estados Unidos, fue un golpe severo, en términos simbólicos y físicos, para la potencia del Norte y derivó en el cambio de sus estrategias de política exterior. Como consecuencia de ello, al inicio del siglo el foco de esta última estuvo abocado a Medio Oriente y a la “guerra contra el terrorismo”; hubo una pérdida de prioridad de la agenda económica, lo que conllevó indirectamente a que el continente americano en general perdiera interés para Estados Unidos (Colombo, 2005; Ayerbe, 2011). Ello generó que los países de la región mantuvieran un mayor margen de maniobra en sus políticas exteriores, lo que de alguna manera contribuyó a la posibilidad de concretar un diferente modo de inserción internacional que a su vez fue acompañada por una nueva coyuntura económica a nivel internacional favorable a las economías primarias de los países en desarrollo dedicados a la exportación de commodities.

Por su parte, distintas economías emergentes han sido protagonistas de procesos que han convergido hacia una tendencia multipolar: a fines del siglo XX y principios del siglo XXI crecieron a un ritmo superior al de las economías desarrolladas, sus aportes al PBI mundial han sido significativos, aumentando también su participación en el comercio, la inversión directa y los mercados financieros internacionales. Dentro de los países con economías emergentes, el grupo de los BRICS constituido por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se ha consolidado desde principios de siglo como la zona económica más dinámica del mundo (Orgaz, Molina y Carrazco, 2011). En lo que respecta a América del Sur, se desarrollaron nuevas iniciativas y se re-dinamizaron otras, algunas de ellas con propósitos económicos, otras con propósitos de tipo político25, y otras combinando ambos- unas con más o menos éxito. Algunos ejemplos son la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR)26, la iniciativa

25

Los agrupamientos políticos de los países en vías de desarrollo buscan, por lo general, lograr un posicionamiento común entre sus miembros frente a los distintos acontecimientos en el sistema internacional (Sevares, 2005).

26

La Unión de Naciones Sudamericanas es una estructura de carácter permanente creada con el objetivo de promover un diálogo político estructurado, con personalidad jurídica y capacidad de adoptar normas vinculantes, que en todos los casos habrán de adoptarse por consenso, fue conformadas por 12 naciones sudamericanas en el año 2008 y cobró vigencia jurídica en el año 2011 (Borda, 2012).

39 del Banco del Sur27 y el “relanzamiento” del MERCOSUR- iniciativa que se abordará más adelante.

Todos estos mencionados proyectos de integración han tenido como objetivo fundamental el logro de posicionamientos políticos y económicos comunes para enfrentar los diferentes desafíos del sistema económico internacional, haciendo oír sus voces y abogando por un ordenamiento más justo para los países en vías de desarrollo. De esta manera, buscaron hacer hincapié en enfrentar las vulnerabilidades que generaban las políticas implementadas por los grandes centros del poder económico, sobre todo en épocas de crisis.

Por otro lado, una nueva crisis en el año 2008 irrumpió y desestabilizó el sistema económico mundial. La misma tuvo esencialmente causas financieras y fue conocida como la crisis de las hipotecas subprime. Éstas consistieron en préstamos de alto riesgo otorgados a entidades poco solventes, lo que se vio agravado por diversos condicionantes económicos como la baja de precios de las viviendas, la subida de precios en los productos básicos (especialmente los alimentos y el petróleo), la disminución del consumo, la pérdida de empleos, la dificultad de los exportadores para obtener créditos y el aumento de la inflación. El conjunto de estos desequilibrios se propagó en las bolsas de valores de Estados Unidos, Asia y distintas regiones de Europa, y la crisis que comenzó en el sistema financiero se trasladó rápidamente al sector real de la economía (Sevares, 2005).

Nuevamente, sus consecuencias dejaron en evidencia en los países en desarrollo y en las economías emergentes, la necesidad de enfrentar los graves problemas y desequilibrios que caracterizan al orden monetario y financiero internacional a través de acciones conjuntas y/o de actuaciones regionales que avancen hacia una arquitectura monetaria y financiera que permitiera disminuir la vulnerabilidad, incrementando en general la capacidad

27

El Banco del Sur es una entidad formada por siete países miembros de Sudamérica: Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay y Paraguay, el acuerdo para su fundación fue firmado en 2007 con el objetivo de construir una entidad financiera de derecho internacional público con personalidad jurídica propia para el financiamiento del desarrollo económico, social y ambiental de los países miembros, en forma equilibrada y estable, haciendo uso del ahorro intra y extra regional así como fortalecer la integración, reducir las asimetrías y promover la equitativa distribución de las inversiones entre sus países miembros (Keathler y Farías, 2013).

40 de aplicación de políticas que permitieran concretar diferentes estrategias de desarrollo (Rodríguez Keathler y Farías, 2013). De la misma manera, “la crisis económica ha propiciado también cambios relevantes en la gobernanza económica mundial -en particular, la sustitución del G7 por el G2028 como foro de liderazgo internacional en materia económica-y se han consolidado nuevos actores de importancia crucial en el escenario global, de manera destacada China.

En conjunto, los sucesos acontecidos contribuyeron a la evolución de un orden económico internacional más multipolar que venía gestándose previamente, en el que los países emergentes desempeñaron un papel trascendental (Orgaz, Molina y Carrazco, 2011).

2.2 El papel de los estados subnacionales a partir de las nuevas