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Capítulo CUATRO Diagnosis

In document Dianetica - Ronald Hubbard (página 113-123)

Una de las contribuciones más importantes de la Dianética es la resolución del problema del diagnóstico en el campo de la aberración. Hasta ahora ha habido clasificaciones casi ilimitadas; además, no ha habido un estándar óptimo1. A medida que uno investiga en el campo de los textos

psiquiátricos, encuentra un gran desacuerdo en la clasificación y una queja continua de que la clasificación es muy compleja y carente de utilidad. Sin una meta óptima de conducta o estado mental, y sin conocimiento de la causa de la aberración, solamente fueron posibles los catálogos de descripciones, y éstos eran tan complicados y contradictorios que resultaba casi imposible asignar con precisión a un psicópata o a un neurótico cualquier clasificación que condujera a la comprensión de su caso2. La mayor incapacidad de este sistema de clasificación era que la

clasificación no conducía a la curación porque no había un tratamiento estándar ni un estado óptimo

1 "La psicología no tiene estándares mentales que establecer... El psicólogo no se ocupa del establecimiento de

normas". The Psychology of Abnormal People -La psicología de la gente anormal-, de John J. B. Morgan, Longman, Green & Co., New York, 1928.

2 "El trabajo del psiquiatra se inició principalmente describiendo y clasificando síntomas. Este procedimiento ha

sido fuertemente criticado por algunos estudiantes del tema porque dicen que no lleva a ninguna parte y fomenta una falsa apariencia de comprensión donde no la hay. Dar un nombre a algo no aumenta nuestra comprensión de ello". Misma

referencia.

que indicara cuándo estaba finalizando el tratamiento; y como no había curación para la aberración ni para las enfermedades psicosomáticas, no podía haber clasificación que indicara la dirección que habría de seguirse o lo que podría esperarse invariablemente de un caso.

Esto, por supuesto, no es una crítica de los esfuerzos pasados, sino que es una fuente de alivio saber que la clasificación de la aberración no es necesaria de la manera tan complicada en que se ha hecho, y que la catalogación de las enfermedades psicosomáticas, aunque necesaria para el médico, carece de importancia para el auditor. En la evolución de la ciencia de la Dianética hubo varias fases de clasificación hasta que finalmente se hizo patente que sólo se debe etiquetar coma condición patológica lo que el auditor tendría que vencer para lograr la curación. Este sistema -tal y como ha evolucionado con la práctica- hace posible que el auditor "diagnostique" sin mayor conocimiento que el que contiene este capítulo y su propia experiencia futura.

El número de aberraciones posibles es el número de combinaciones posibles de palabras en un idioma, según estén contenidas en los engramas. En otras palabras, si un psicópata piensa que es Dios, tiene un engrama que le dice que es Dios. Si está preocupado por tener veneno en su picadillo, tiene un engrama que le dice que en su picadillo le pueden dar veneno. Si está seguro de que puede ser despedido de su empleo en cualquier momento, aun cuando sea competente y estimado, tiene un engrama que le dice que está a punto de ser despedido. Si piensa que es feo, tiene un engrama acerca de ser feo. Si tiene miedo a las serpientes o a los gatos, tiene engramas que le ordenan temer a las serpientes y a los gatos. Si está seguro de que tiene que comprar todo lo que ve, a pesar de sus ingresos, tiene un engrama que le ordena comprar todo lo que vea. Y en vista del hecho de que cualquiera que no esté liberado o aclarado tiene más de doscientos o trescientos engramas, y que estos engramas contienen un surtido de lenguaje muy notable, y puesto que puede elegir una de las cinco maneras de manejar cualquiera de estos engramas, el problema de la aberración carece de importancia para el auditor, excepto cuando retrasa la terapia.

La mayoría de la gente aberrada habla en gran medida con el contenido de sus engramas. Cualquiera que sea la charla crónica del individuo, su charla de ira, su charla de apatía, su actitud general ante la vida, esta jerga está contenida en engramas, siempre que se aleje, aunque sea en grado mínimo, de la completa racionalidad. El hombre que "no puede estar seguro", que "no sabe" y que es escéptico frente a todo, está hablando a partir de engramas. El que esté seguro de que "no puede ser cierto", de que "no es posible", de que "se debe avisar a la autoridad", está hablando a partir de engramas. La mujer que está convencida de que necesita divorciarse, o de que su esposo la va a asesinar cualquier noche, está hablando a partir de los engramas de él o de los suyos. Al hombre que entra y dice que tiene un fuerte dolor de estómago, que es "como si me estuvieran atravesando con un alambre de cobre del 12", es posible que en realidad le atravesaran con un alambre de cobre del 12 en un intento de aborto, o pudo haberse hablado de algo así mientras sufría algún dolor. El individuo que dice que eso "tiene que ser eliminado" está hablando directamente a partir de un engrama, ya sea por alguna operación que le hicieron a su madre o por un intento de aborto. El hombre que "tiene que deshacerse de eso", posiblemente esté hablando de nuevo a partir de un engrama de intento_ de aborto. El individuo que "no puede deshacerse de eso", puede estar hablando desde la misma fuente, pero en otra valencia. En resumen, la gente, especialmente cuando está hablando de Dianética y engramas, sale con charla engrámica en torrentes continuos. Normalmente, no son conscientes de que las cosas que dicen son dramatizaciones menores de sus engramas, y suponen haber llegado ellos mismos a esas conclusiones o bien que piensan esas cosas; la suposición y la explicación es tan sólo pensamiento justificado: el analizador ejecutando su deber de garantizar que el organismo tenga razón, sin importarle lo estúpidamente que esté actuando.

Se puede asegurar al auditor, especialmente cuando esté hablando de Dianética, que va a escuchar un montón de contenido engrámico, porque la discusión de la mente reactiva generalmente tiene lugar en el lenguaje que esa mente contiene.

Recuerda que la mente reactiva sólo puede pensar según esta ecuación: A = A = A, en la que las tres aes pueden significar un caballo, una blasfemia y el verbo escupir. Escupir es lo mismo que

caballos, y es lo mismo que Dios. La mente reactiva es un Abundio entusiasta que mete las manos cuidadosamente en cada pastel. Así, cuando se le dice a un hombre que debe borrar el contenido del banco reactivo, puede decir que está seguro de que si lo hiciera perdería toda su ambición. Estate seguro -y qué fácilmente se comprueba esto en la terapia, y cómo se les ponen las orejas coloradas a muchos preclaros- de que tiene un engrama que más o menos puede ser algo así:

(Golpe o sacudida, prenatal)

Padre: Maldita sea, Inés, tienes que deshacerte de ese maldito bebé. Si no lo haces nos vamos a morir de hambre. No me lo puedo permitir.

Madre: Ay, no, no, no. No puedo deshacerme de él. ¡No puedo, no puedo, no puedo! De verdad. Yo le voy a cuidar, créeme. Voy a trabajar, a esclavizarme y a mantenerlo. Por favor, no me hagas deshacerme de él. Me moriría. ¡Perdería la cabeza! ¡Me volvería loca! No tendría ninguna esperanza. Perdería todo mi interés en la vida. Perdería mi ambición. ¡Por favor, déjame conservarlo!

¡Qué común es ese engrama! Y qué sincero, "racional" y serio puede ser un aberrado al apoyar la conclusión que acaba de "pensar", la "computación" de que si "se deshace de ello", perderá la cabeza y perderá su ambición y ¡quizá, incluso muera!

Mientras se está escribiendo esta obra, la mayoría de los engramas que se encontrarán en adultos vienen del primer cuarto del siglo XX. Este fue el período de:

"¡Ajá, Jack Dalton1, al fin te tengo en mis manos!". Fue el período de "Sangre y arena"2 y

Theda Baras3. Fue el período del güisqui clandestino y del voto femenino. Cubrió los días de

"juventud ardiente" y de "que vienen los yanquis", y trozos de tal ambiente exigirán acción en los bancos de engramas. Los auditores dianéticos han sacado pasajes completos de la gran obra teatral "El borracho"4, de engramas prenatales, no como un divertido trozo de cursilería, sino como un

sincero y apasionado esfuerzo de mamá por reformar a papá. Superdrama, melodramón. Y no sólo eso, sino también tragedia. La resaca de los alegres noventa5, cuando la "chica de negocios" apenas

comenzaba a ser "libre" y Carrie Nation6 estaba salvando al mundo a expensas de los cantineros,

será un menú frecuente en los engramas encontrados en los adultos de hoy. Los tópicos y absurdos de ayer se transforman trágicamente en las órdenes engrámicas de hoy. Por ejemplo, se encontró que un joven muy, muy taciturno, tenía como motivación central de su mente reactiva las históricas vacilaciones de Hamlet7 sobre "ser o no ser, esa es la cuestión". Mamá (que era lo que estos

auditores que gustan de hablar en jerga llaman un "lío") lo había obtenido por contagio de un padre actor, cuyo fracaso al no ser un Barrymore8 le había llevado a la bebida y a golpear a su mujer; y

nuestro joven se pasaba las horas sentado, en taciturna apatía, cavilando sobre la vida. Su psicosis se clasificaba simplemente como "joven apático".

La mayor parte del contenido engrámico se compone meramente de tópicos y lugares

1 Jack Dalton: miembro de una banda de proscritos del Oeste americano en el siglo XIX. También, un personaje

de las primeras películas del Oeste.

2 "Sangre y arena": una película muda de Rodolfo Valentino.

3 Theda Bara: nombre artístico de Theodosia Goodman, actriz americana.

4 "El borracho": obra escrita por William H. Smith y "Un Caballero" al final del siglo pasado; un drama familiar

americano.

5 Alegres noventa: última década del siglo XIX; período de afluencia repentina en los EE.UU. a causa de la

revolución industrial.

6 Carrie Nation: (1846-1911) agitador americano.

7 Hamlet: héroe de una obra del mismo nombre de William Shakespeare.

8 Barrymore: famosa familia de actores de teatro y de películas: Maurice Barrymore y sus hijos Lionel, Ethyl y

John.

comunes y crisis emocionales de mamá o papá. Pero el auditor tendrá sus buenos momentos. Y cuando de pronto conozca esos engramas, el preclaro tendrá sus risas.

En otras palabras, la aberración puede ser cualquier combinación de palabras contenidas en un engrama. Por tanto, la clasificación por aberración no sólo es del todo imposible, sino completamente innecesaria. Después de que un auditor haya recorrido un caso, estará mucho más capacitado para apreciar esto.

En cuanto a las enfermedades psicosomáticas, según se las clasifica en un capítulo anterior, éstas dependen también de combinaciones de palabras accidentales o intencionadas, y de toda la variedad posible de lesión, fluido y crecimiento desequilibrados. Está muy bien llamar "tendinitis" a un dolor oscuro, pero es más probable y acertado que se trate de una caída o lesión prenatal. El asma se origina casi constantemente en el nacimiento, así como la conjuntivitis y la sinusitis, pero cuando esto puede suceder en el nacimiento, generalmente existe antecedente prenatal. Por tanto, puede decirse que sea lo que sea lo que le duele a una persona, es de importancia menor para el auditor, excepto para utilizar la enfermedad crónica del paciente con el fin de localizar la cadena de engramas de compasión; todo lo que el auditor necesita saber sobre esa enfermedad es que al paciente le duele algún área del cuerpo. Para el auditor eso es suficiente para diagnóstico psicosomático.

Sucede que el grado de aberración y el grado de enfermedad psicosomática no son los factores reguladores que establecen cuánto tiempo puede llevar un caso. Un paciente puede ser un lunático que da alaridos y, sin embargo, requerir solamente cien horas para aclararse. Otro puede ser una persona "bien equilibrada" y moderadamente próspera, y sin embargo puede necesitar quinientas horas para aclararse. Por lo tanto, en vista de que el grado de aberración y el de enfermedad sólo tienen una influencia menor sobre lo que le interesa al auditor -la terapia-, la clasificación según éstas es tiempo perdido.

Hay cosas como un hombre demasiado enfermo del corazón para que se le pueda tratar muy enérgicamente, y cosas como un paciente que se preocupa tan continuamente, como manifestación de su vida normal, que el auditor encuentra difícil su trabajo; pero éstas son rarezas, y una vez más tienen poca importancia en la clasificación de un caso.

La regla en el diagnóstico es que cualquier cosa que el individuo ofrezca al auditor como una reacción perjudicial para la terapia es engrámica, y así se demostrará durante el procesamiento. Cualquier cosa que estorbe al auditor en su trabajo es idéntica a cualquier cosa que esté estorbando al paciente en su pensar y en su vivir. Piensa en ello de este modo: el auditor es una mente analítica (la suya propia) enfrentada a una mente reactiva (la del preclaro). La terapia es un proceso de pensar. Cualquier cosa que moleste al paciente, también molestará al auditor; cualquier cosa que moleste al auditor, también ha molestado a la mente analítica del paciente. El paciente no es una mente analítica completa. De vez en cuando, el auditor se encontrará con un paciente que no hará más que decirle palabrotas y, sin embargo, cuando llega la hora de la cita, ahí está, ávido por continuar la terapia; o bien, el auditor puede encontrarse con una paciente que le dice lo inútil que es todo el procedimiento y cómo odia que se la trate; y sin embargo, si él le dijera: "Bueno, dejaremos de trabajar", ella entraría en un rápido declive. La mente analítica del paciente quiere hacer lo mismo que está tratando de hacer el auditor; es decir, luchar para penetrar en el banco reactivo. Por lo tanto, cuando el auditor encuentra oposición, teoría adversa acerca de la Dianética, crítica personal, etc., no está escuchando datos analíticos, sino engramas reactivos, y debe proceder tranquilamente y seguro de ese conocimiento, porque las dinámicas del paciente le ayudarán, en todo lo posible, siempre 'y cuando el auditor sea un aliado en contra de la mente' reactiva del preclaro, y no un crítico o un atacante de la mente analítica del preclaro.

He aquí un ejemplo:

(En evocación; área básica prenatal)

Preclaro: (Creyendo que se refería a la Dianética.) No sé. No sé. No puedo recordar. No dará

resultado. Sé que no va a dar resultado.

Auditor: (Técnica repetitiva1 descrita más adelante.) Repite eso. Di: "no dará resultado".

Preclaro: "No dará resultado. No dará resultado. No dará resultado", etc. etc. "¡Ay, me duele el estómago! No dará resultado, no dará resultado, no dará resultado..." (Risa de alivio.) Esa es mi madre. Está hablando sola.

Auditor: Bueno, vamos a coger todo el engrama. Comienza desde el principio.

Preclaro: (Citando el recuerdo con somáticos: dolores.) "No sé cómo hacerlo. No puedo recordar lo que me dijo Rebeca. No puedo acordarme. Oh, estoy tan desanimada. No va a funcionar así. No va a funcionar. Ojalá supiera lo que me dijo Rebeca, pero no puedo acordarme". Oh, ojalá... Eh, ¿qué ha metido aquí? ¡Eh, maldita sea, eso comienza a quemar! Es una ducha. ¡Oye, sácame de aquí! ¡Tráeme a tiempo presente! ¡Eso quema de verdad! .

Auditor: Retorna al principio y repásalo de nuevo. Recoge cualquier dato adicional con el que puedas contactar.

Preclaro: (Repite el engrama encontrando todas las frases viejas y algunas nuevas, más algunos sonidos. Recuenta cuatro veces más, "reexperimentando" todo. Comienza a bostezar, casi se queda dormido -la inconsciencia saliendo-, se reaviva y repite el engrama dos veces más. Luego comienza a reírse de ello. El somático ha desaparecido. De repente, el engrama se ha "ido'; está archivado y no puede descubrirlo de nuevo. Está muy satisfecho.) Auditor: Ve al siguiente momento de dolor o molestia.

Preclaro: Uh. Mmmm, no puedo entrar ahí. Oye, no puedo entrar ahí. Lo digo en serio. Me pregunto dónde...

Auditor: Repasa eso: "No puedo entrar ahí".

Preclaro: "No puedo entrar ahí. No puedo". Siento raras las piernas. Hay un dolor agudo. Oye, ¿qué demonios está haciendo ella? ¡Maldita sea! Me gustaría ponerle las manos encima sólo una vez. ¡Sólo una vez!

Auditor: Comienza por el principio y relátalo. Preclaro: (Relata varias veces el engrama, elimina la "inconsciencia", bosteza, suelta una risita cuado ya no puede encontrar el engrama. Se siente mejor.)

Bueno, me imagino que ella tenía sus problemas. Auditor: (Cuidándose mucho de estar de acuerdo con que mamá tenía sus problemas, ya que esto le transformaría en aliado de ella.) Ve al siguiente momento de dolor o molestia.

Preclaro: (Incómodo.) No puedo. No me estoy moviendo en la línea temporal. Estoy atorado. Oh, bien. "Estoy atorado, estoy atorado. No. Está atorado. Está atorado ese tiempo. No, yo atoro ese tiempo". ¡Vaya, maldita sea! ¡Ese es mi problema de coronaria! ¡Eso es! ¡Ese es el dolor agudo que tengo!

Auditor: Comienza en el principio del engrama y relátalo; etc.

Como puede verse en este ejemplo, cada vez que el paciente, en su evocación, encontraba analíticamente las proximidades del engrama, el mandato engrámico mismo le impactaba, y lo entregaba al auditor como opinión analítica. Un preclaro en evocación está muy cerca del material que origina sus aberraciones. Un aberrado en estado completamente despierto puede estar produciendo opiniones altamente complejas, y luchará hasta la muerte por defenderlas como propias, pero en realidad son solamente sus aberraciones las que impactan en su mente analítica. Habrá pacientes que continuarán declarando que saben que el auditor es peligroso, que jamás debió

1 Técnica repetitiva: después de que el auditor ha puesto al paciente en evocación, si descubre que el paciente,

por ejemplo, insiste en que "no puede ir a ninguna parte", el auditor le hace repetir la frase. La repetición de esa frase, una y otra vez, succiona al paciente hacia atrás por la línea temporal, y le pone en contacto con el engrama que contiene esa frase.

haber comenzado la terapia con ellos, etc., y pese a esto, continuarán funcionando bien y con eficiencia. Esa es una de las razones por las que es tan importante el código del auditor: el paciente está tan deseoso de liberarse de sus engramas como pueda desearse, pero los engramas le dan la apariencia de distar mucho de estar ansioso de ser liberado.

También se verá en el ejemplo anterior que el auditor tampoco está haciendo ninguna "sugestión imperativa". Si la frase no es engrámica, el paciente se lo dirá de inmediato en términos precisos, y aunque todavía podría ser engrámica, el auditor no tiene gran influencia sobre el preclaro en evocación, aparte de ayudarle a atacar engramas. Si el preclaro negara algo de lo anterior, esto significaría que el engrama que contiene las palabras sugeridas no está listo para ser

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