El objeto de la terapia dianética es producir un liberado o un claro.
Un liberado es un individuo del cual se ha eliminado la tensión o angustia más importante mediante la terapia dianética.
Un claro es un individuo que, como resultado de la terapia dianética, no tiene enfermedades psicosomáticas o aberraciones potenciales.
Aclarar es liberar a un individuo o a una sociedad -como en el caso de la Dianética política- de
1 Iatrogénico -ca: Enfermedades generadas por doctores. Durante una operación el cuchillo del doctor se resbala
y hiere accidentalmente al paciente pudiento causar una enfermedad o lesión iatrogénica puesto que la falla habria sido de los cirujanos.
todo el dolor físico y la emoción dolorosa que hay en su vida. El resultado de esto producirá persistencia en las cuatro dinámicas, una capacidad analítica óptima para el individuo y, junto con ello, un completo recuerdo. El claro tiene a su disposición la experiencia de toda su vida y tiene toda su capacidad mental inherente, para usarla con libre imaginación. Su vitalidad física y su salud han mejorado notablemente, y todas las enfermedades psicosomáticas han desaparecido y no volverán. Tiene mayor resistencia a la enfermedad real. Y es adaptable a su medio ambiente y capaz de cambiarlo. No está "ajustado'; es dinámico. Sus estándares de ética y moral son elevados; su habilidad para buscar y experimentar placer es grande. Su personalidad está reforzada y es creativo y constructivo. Todavía no se sabe qué duración se añade a la vida con el aclaramiento, pero a la vista del reajuste automático del sistema endocrino, de la disminución en la frecuencia de accidentes y de la mejoría del tono físico general, con toda seguridad se ve aumentada.
Un liberado es un individuo al cual se le ha liberado de las dificultades mentales y físicas y emoción dolorosa crónicas o en curso. La valía de un liberado, cuando se le compara con un claro, quizá no parezca muy alta al principio, pero cuando uno comprende que un liberado generalmente excede en estabilidad mental a la norma contemporánea, se puede ver que la condición no carece de gran valor.
Como estándar de comparación, un claro es a un normal contemporáneo lo que un normal contemporáneo es a un caso de manicomio contemporáneo. El margen es amplio y sería difícil exagerarlo. Un claro, por ejemplo, tiene recuerdo completo de todo lo que le ha sucedido o de cualquier cosa que haya estudiado. Hace computaciones mentales, como las del ajedrez, por ejemplo, que un normal haría en media hora, en diez o quince segundos. No piensa "vocalmente" sino espontáneamente. No hay circuitos demonios en su mente excepto aquellos que le divirtiera instalar -y destruir de nuevo- para ocuparse de aspectos del vivir. Es absolutamente autodeterminado. Y su imaginación creativa es alta. Puede hacer un estudio rápido de cualquier cosa dentro de su capacidad intelectual, que es inherente, y el estudio sería para él el equivalente a un año o dos de entrenamiento cuando era "normal". Su vigor, persistencia y tenacidad ante la vida son mucho mayores de lo que nadie haya creído posible.
La objeción de que es peligroso crear demasiados claros en una sociedad es irreflexiva. El claro es racional. Los actos que perjudican a una sociedad son irracionales. Que un puñado de claros probablemente podrían manejar a cualquier número de "normales" es razonable, pero que el claro los manejaría para detrimento de ellos es irrazonable. Cuantos más claros tuviera una sociedad, más prosperaría ésta. Que un claro no es ambicioso no se ha demostrado por observación científica, pues la curva de ambición descendente sigue la curva de reducción de racionalidad; y aquellos que han sido aclarados han probado esto reactivando todas sus habilidades hacia las metas que una vez habían deseado, pero que habían comenzado a considerar inobtenibles cuando eran "normales"1. Que un claro esté en cierta medida separado del individuo "normal" es atribuible a la
diferencia que hay entre sus respectivas capacidades mentales, pues llega a soluciones y conclusiones antes de que el "normal" haya comenzado a formarse una idea de lo que debía resolver. Esto no hace que un claro sea intolerable para el "normal", ya que el claro carece totalmente de esa actitud de superioridad que es, en realidad, producto de los engramas. Esto es un vistazo rápido al estado de ser claro, pero el estado no puede ser descrito; para apreciarse tiene que experimentarse.
Un liberado es algo variable en cantidad. Cualquier individuo que esté bastante avanzado en el camino hacia claro es un liberado. No hay comparación entre un claro y cualquier cosa que el hombre haya creído obtenible anteriormente, y no hay comparación entre el aclaramiento y cualquier terapia que se haya practicado hasta ahora. Sólo en el caso del liberado hay una base de comparación entre la Dianética y algunas terapias pasadas, como el "psicoanálisis" y cualquier otra.
1 Normal es un término que en psicología denota al individuo normal, es decir, una persona promedio. El
coeficiente de inteligencia y el comportamiento de una persona "normal" serían el promedio de la población actual. No hay nada deseable acerca de ser un "normal", pues el "normal" está seriamente aberrado.
Se puede hacer un liberado en pocas semanas. La condición resultante será, por lo menos, equivalente a la que se obtiene después de dos años de "psicoanálisis", con la diferencia de que el liberado tiene una garantía de resultados permanentes, mientras que el "psicoanálisis" no ha dado nunca ninguna garantía de éxito. Un liberado no recae en ninguna pauta de la que se le haya liberado.
Estas son las dos metas del auditor de Dianética: el claro y el liberado. Al escribir la presente obra no se conoce el tiempo que se necesita para subir a un demente de manicomio al nivel de neurosis: se ha hecho en dos horas, se ha hecho en diez, y en algunos casos se han, necesitado doscientas1.
El auditor de Dianética debería determinar de antemano y en cada caso si desea intentar hacer un liberado o un claro. Puede lograr cualquiera de los dos con quien no sea un demente orgánico (partes del cerebro que faltan o que están insensibilizadas, las cuales producen locura, principalmente genética o iatrogénica, y que son relativamente raras, excepto en los manicomios). Pero debe hacer una estimación de la cantidad de tiempo que puede invertir en cada una de las personas, y regular su decisión en consecuencia, comunicándosela a su paciente. Las dos metas son ligeramente diferentes. En un liberado no se intenta entrar en fases del caso que conducirán, o pueden conducir, a la necesidad de un trabajo prolongado, y el auditor presta su atención a la localización y alivio de cargas emocionales. En el aclaramiento, el auditor presta su atención a la localización del engrama básico-básico, a la descarga de la emoción y a todo el banco de engramas.
Hay una tercera meta que podría considerarse como un grado inferior al de liberado. Esta es la ayuda: se hace después de una lesión o de una enfermedad que sigue a la lesión, o en una enfermedad prolongada, con el fin de contribuir a una recuperación más rápida, para ayudar al cuerpo en su rehabilitación después de una lesión o enfermedad. Esto es terapia especializada, que tal vez se practique con bastante frecuencia, pero que es de beneficio primario para el médico, que con ella puede salvar vidas y acelerar la curación eliminando el engrama de esa enfermedad o lesión concretas, eliminando así las diversas ideas engrámicas que se reestimulan por la persistencia del daño. Cualquier auditor de Dianética puede practicar esto. La ayuda tiene más o menos el mismo nivel de utilidad que un milagro de curación por la fe que funcionara en todos los casos.
La estimación de la cantidad de tiempo que el caso llevaría es difícil de obtener con una seguridad mayor del 50/0, y el paciente debe comprender que el tiempo es variable en la terapia. Hasta cierto punto depende de la habilidad del auditor, de la cantidad de engramas insospechados que nunca hasta ahora han sido reactivados y de la cantidad de reestimulación a que esté sujeto el paciente durante la terapia.
Cualquier persona que sea inteligente y posea una persistencia promedio y que esté dispuesta a leer este libro a fondo, debería poder convertirse en un auditor de Dianética. Cuando haya aclarado dos o tres casos, habrá aprendido mucho más y habrá comprendido mucho más de lo que se contiene en este libro, pues no hay nada que desarrolle la comprensión de una máquina como manejarla en acción. Este es el libro de instrucciones; la máquina en cuestión está lista y a mano dondequiera que haya hombres. Contrariamente a la superstición acerca de la mente, es casi imposible dañar permanentemente al mecanismo. Se puede hacer con electrochoque o con un escalpelo o un punzón, pero es casi imposible hacerlo con la terapia dianética.
1 El auditor dianético que practique exclusivamente con pacientes de manicomio, debería proveerse del texto que
está en preparación sobre este tema; las técnicas son similares a las que se describen aquí, pero más inclinadas hacia las medidas heroicas; el presente volumen está dirigido al tratamiento de la persona normal o del paciente neurótico no lo suficientemente violento como para ser internado. Sin embargo, con inteligencia e imaginación estas mismas técnicas pueden aplicarse con éxito a cualquier estado mental o enfermedad física. La Dianética para dementes es principalmente la reducción de la locura al estado de neurosis.