7. ANALISIS DE RESULTADOS
7.2. Capítulo segundo: Despertar social: Reconocimiento de la identidad
En esta segunda parte del análisis de resultados se profundizará en una narrativa que subyace a las siete narrativas mencionadas anteriormente19 y esta es: la interacción con y para el otro como espacios de proyección del sí mismo. A partir de dos de los enunciados citados anteriormente se hace posible identificar al colegio y a la universidad como los escenarios en los cuales los jóvenes empiezan a abrirse a interacciones con personas ajenas a su familia, y cómo las interacciones con estas nuevas personas pasan a tomar más importancia que la familia misma. Los jóvenes se encuentran en un proceso de configuración del sí mismo que requiere del otro para compartir horizontes de comprensión e interpretaciones de mundo.
La práctica principal de ser joven es la necesidad de interactuar con el otro, con el otro joven específicamente, darse a conocer y, como todo mamífero, darse un status en un medio social, en un grupo. (Iván)
Frente a la narrativa juvenil de apertura social con y para el otro encontramos tres relatos principales en torno a: 1. La apertura a la vida social y específicamente el establecimiento de lazos de orden afectivo en relaciones de noviazgo, 2. Los conglomerados juveniles a partir de diferentes escenarios de prácticas, las cuales permiten su unión según las necesidades de diversión y relajamiento, pero ante todo, de amistad, y, 3. la dinámica de alejamiento del núcleo familiar y la necesidad de emancipación de las visiones de mundo en él impuestas, con el fin de crear sentidos personales que den cuenta de la constitución del Yo a través de la interacción con los otros.
Como primera narrativa encontramos las relaciones de pareja como el primer momento de interacción e intercambio subjetivo auténtico con un otro diferente a la familia. En los
19 Juventud como una manera atemporal de ser en el mundo; Juventud como crisis; Juventud como un
momento único para la generación de cambios sociales; Juventud como un tiempo para a, cometer errores y b, enfrentarse a riesgos; Juventud como a, el miedo hacia la vida de adulto y b, la incorporación a dicha vida; Juventud como momento de usar herramientas para comprender el mundo del que se es parte para desarrollar un sentido crítico; y juventud como tranquilidad
noviazgos se da un “despliegue” del sí mismo que cuenta con un pasado que lo ha llevado a ser lo que es y un futuro colmado de intenciones y expectativas que también lo determinan. Este parentesco rítmico (Zárate, 2006), es decir la coyuntura del pasado y futuro en el
presente, es compartido, por primera vez, abiertamente con otro como producto de la relación de intimidad subjetiva total que tiene lugar.
La identidad narrativa constituye la esencia del sí mismo, la cual se hace identificable tras existir un intercambio intersubjetivo. Los noviazgos responden a la necesidad de proyección en el otro, de afirmación y reconocimiento del Yo.
El primer momento en el que sabes quién eres es cuando interactúas con otra persona. Tras la interacción heterosexual tu empiezas a crear modelos defensivos o predisposiciones, y unos parámetros bastante personales que son utilizados en el tiempo arbitrariamente, pues este va definiendo cómo te comportas porque aprendes que hay cosas que debes hacer y cosas que no y personas con las que debes tratar y personas con las que no.(Iván)
Las relaciones de pareja hacen parte también de la experimentación del mundo por vía propia, es decir, que a través de ellas, el joven empieza a entender el mundo y a relacionarse con él según el modo de comprensión que sea mejor para su sí mismo. Así, a medida que tienen lugar las diferentes interacciones afectivas, van operando cambios en el individuo puesto que el enfrentarse a los universos simbólicos particulares de cada persona implica una relectura del sí mismo y un aprendizaje de la naturaleza del otro. Las relaciones de pareja, entonces, son otro escenario del ensayo-error comentado en el capítulo anterior, y son, por ende, asumidas, por los jóvenes, como experiencias para conocerse.
Adicionalmente, el mundo al que los individuos hacen frente durante su juventud, es, en su mayoría, el de la esfera pública dada la necesidad de emancipación del hogar, o esfera privada, que ellos presentan. Los noviazgos hacen entonces parte de esta esfera y apelan a las necesidades primarias de dar y recibir cariño y de verse reconocidos en el mundo de otro para el cual la existencia del Yo es importante y determinante. Al compartir lo que cada uno es y establecer un vínculo de unión como es un noviazgo, ambos sujetos están siendo reconocidos socialmente y formando parte de la mise en intrigue de relaciones
1984) del espacio público.
Con las interacciones de pareja empieza a haber consecuencias que marcan tu comportamiento social y tu capacidad para lograr tus objetivos que, en esencia, son querer a alguien, que te quieran y crear un primario proyecto de vida de pareja. Del primer noviazgo largo me marcaron, pues, tantos elementos que involucran todo tu ser, lo que sabes, quieres, sientes y piensas, cuando más lo usas, es cuando te relacionas con una mujer porque a ella es a la que le cuentas todo, con ella es con quien compartes y te proyectas y, por medio de esa proyección, interiorizas lo que eres. (Iván)
Es significativo señalar en este punto, que en la pubertad el joven empieza a asumir un cuerpo diferente con sensaciones que le son desconocidas y esto determina en gran parte su conducta socioafectiva. Tras el cambio biológico que trae consigo la pubertad, la apariencia empieza a ser un factor importante al momento de relacionarse con los otros. El aspecto físico viene a ser, por ende, un factor de reconocimiento social y conforme otro afecta mi universo simbólico y llama particularmente mi atención, mi Yo cambia en razón de él. La comprensión de este proceso es también un análisis de las implicaciones del cambio biológico; es una variante de la relectura del sí mismo a la luz de una persona que cobra un interés fuera de lo común y hasta ahora inusitado
En la juventud empiezan a darse las primeras relaciones afectivas y uno empieza a pensar “que si me veo bien, necesito ropa nueva, necesito cambiar en tal cosa, y la cuestión de los permisos para verse con quien uno quiere ¿no? ¿Será que me dejan ir a la fiesta? Esa clase de cosas. (Yasmín) La contemplación de la apariencia física abre un gran punto de identificación de la juventud que son las primeras experiencias sexuales. La apertura sexual implica, en primera instancia, un conocimiento y reconocimiento de un Yo biológicamente diferente con sensaciones que antes eran desconocidas y, en segunda instancia, la realidad de poder compartir esas sensaciones con un otro. La sexualidad puede ser asumida como un intercambio, como una exploración mutua, como una maximización de un lazo afectivo, pero, es, a final de cuentas, un despliegue del sí mismo sin reservas con, para y ante el otro.
Creo que la perdida de la virginidad marca el inicio de la juventud porque uno comienza a explorar su cuerpo, a darse cuenta que no solamente puede darse placer a sí mismo sino también a otra persona. […] Antes de eso era muy callado y restringido. Tenía una personalidad muy extraña y después me extrovertí, me abrí más. Yo antes me sorprendía cuando alguien hablaba de sexo o de cualquiera de esas cosas, ya no, ya después de eso no. (Camilo)
En los noviazgos se da también la identificación del sí mismo con el sentimiento de amor de pareja que es, según los jóvenes, sustancialmente diferente a cualquier otro que se hubiera experimentado previamente. Surge, entonces, a raíz de este, la preocupación por un otro diferente del sí mismo, y a tal punto permea la naturaleza previa del individuo, que el otro puede llegar a aparecer como más importante que el Yo. Dicho de otra manera, el entrelazamiento de los universos narrativos de los dos sujetos es tan alto que una buena parte de la historia de vida de ambos queda fijada por la existencia del otro.
Esta primera experiencia afectiva deja un vestigio al cual le es adjudicado un valor de por
vida, sea que la relación haya tenido buen término o no. Dichos vestigios son llamados por
Ricoeur estados de cosas, entendidos como impresiones dejadas en los sentidos y en la
afectividad de los sujetos por acontecimientos sorprendentes.
De acuerdo con lo observado en los relatos de los jóvenes, narrarse, después de una relación en la que se han visto involucrados tantos aspectos personales, es un intento de comprensión de la experiencia como un todo. Como fue narrado por los jóvenes, una relación de pareja puede llegar a ser el punto de partida para un descubrimiento del verdadero Yo, y también una herramienta, como las mencionadas en el capítulo previo, para examinar el mundo y las stories de vida que se entrelazan en determinados puntos con
mis propias stories y que forman, a su vez, la globalidad de la history que todos
compartimos y con la que nos identificamos (Zárate, 2006).
Yo solo he tenido una novia y ella me trató muy mal, me terminó y barrió el piso conmigo y me puse muy mal, pues la primera vez que uno se enamora, la persona con quien uno pierde la virginidad. Yo lo superé muy bien y ella volvió al año de haberme echado y nos vimos y tuve la valentía de decirle que no. Antes de ella no me le medía a tener nada con nadie por miedo, siempre había sido muy individualista, solo pensaba en mí. Con ella aprendí a pensar en el bien mío y el de otra persona pero ella era muy dominante y yo me dejaba, ella administraba mi tiempo, mi vida, mis creencias, todo. Después de eso me di cuenta que no necesito que nadie administre mi vida, que puedo tomar las riendas de mi vida y me siento muy orgulloso de eso. (Camilo)
La segunda narrativa concerniente a la interacción juvenil es la amistad y la organización social juvenil alrededor de grupos y prácticas llevadas a cabo por sus círculos sociales. Los grupos se definen en torno a prácticas y el pertenecer a un determinado grupo los define,
particulariza y cohesiona como partes integrantes de un escenario alterno a su familia. De esta manera, la entrada a la juventud se caracteriza por un alejamiento del núcleo familiar y por un anhelo de interacción con un igual, dicho de otra forma, con alguien que se encuentre en el mismo proceso de búsqueda narrativa, que por lo general, tenga la misma edad, que se enfrente a los mismos problemas y que no le signifique una autoridad inminente como sucede con los padres.
Si bien los jóvenes buscan relacionarse en calidad de iguales, en sus círculos sociales también se presentan grados de jerarquía que varían de acuerdo con la distinción de prácticas como positivas o negativas. Es importante señalar en este punto que la primera precisión hecha por los jóvenes es la inmensa variedad de prácticas y núcleos alrededor de los cuales ellos se unen y la consecuente identificación con alguna de ellas.
Creo que el abanico de posibilidades en cuanto a prácticas juveniles es enorme porque hay desde barras bravas, concursos de peleas callejeras de perros a muerte, hasta cosas sublimes y bellísimas que son expresiones maravillosas de lo que uno es, es decir, en algunos barrios pertenecer a las barras bravas, actuar de una manera supremamente agresiva y ser los “chachos” del paseo que andan con armas es una práctica juvenil, que en su contexto, se ve como un manejo de poder, de otra gente, de otros jóvenes. (Yasmín)
El Mundo compartido con otros jóvenes identifica escenarios de interacción que de acuerdo con su sentido común, que es la coyuntura que los une en el entramado social, generan distinciones entre prácticas relacionadas con el arte y la expresión de la identidad juvenil y prácticas relacionadas con violencia y falta de autocontrol.
Hay muchas prácticas, las hay positivas y negativas. Puede haber gente joven que estudia mucho y le va bien y se realiza y tal. Hay gente joven que sale a rumbear mucho y hasta ahí le llega. Gente joven que hace deporte, de todo. (Camila)
La diversión aparece como constituyente primaria de las prácticas juveniles, señalada por ellos, como desahogo, descanso o sencillamente tiempo de ocio. La diversión tiene un papel de suma importancia en la vida de ellos pues es el escenario de interacción con el otro en un contexto informal que generalmente es identificado con la rumba y con salir a tomar con los amigos. Según los relatos proporcionados por los jóvenes, la práctica de la rumba, a diferencia de otras, se da por establecida como rutina normal y auto-evidente (Berger y
Luckmann, 2006), esto quiere decir, que ella hace parte de la vida juvenil regular y se presenta como el espacio casi inalterable de los viernes. Sin que sea considerada como monótona, la rumba es una práctica fijada socialmente y las prácticas alternas resultan poco frecuentes.
Los jóvenes se identifican por el hecho de salir, bailar, beber […] es de los jóvenes que se nutren los bares y toda esa industria del entretenimiento y pues obvio el plan del viernes, o tomar cerveza así charladita o la rumba-rumba, es que es toda una industria, ¿cuántos chuzos no habrá aquí alrededor de la universidad que viven solo de nosotros? El caso, creo que en general, las prácticas juveniles se relacionan con la diversión, con la expresión de lo que es e implica ser joven […] Aunque también hay prácticas juveniles maravillosas como la expresión de la cultura, las danzas, la música. (Yasmín) Los jóvenes proponen, además, una distinción interesante entre las prácticas que cumplen la función de divertir y las que cumplen la función de expresar lo que ellos son. Es así que las actividades relacionadas con el arte aparecen como medios para que la persona pueda expresar lo que es y lo que siente. Es visible, de esta manera, que además de la necesidad de interacción verbal que caracteriza a los jóvenes, su identidad narrativa necesita también verse complementada y nutrida por una forma de expresión sublime en la que el cuerpo y la
creación artística, entre otros, configuren el sí mismo. La música, para ilustrar, es una práctica que permite el establecimiento de puntos comunes y la socialización con otros jóvenes que sienten poder expresarse a través de ella sin verbalizaciones de por medio.
El deporte también y veo que los jóvenes lo practican más por gusto y placer. La música también y ella atrae a muchas personas, tiene algo que encierra a las personas, además que la música es como una forma de lenguaje, una forma de socialización entre todos. (Luis Guillermo)
Al arte yo lo veo como una forma de desahogar a la persona, como la escritura, de poemas por ejemplo, puede ser también el diálogo con las demás personas, estar metido en cursos, o no se, para mí, tener contacto con la naturaleza, me refiero a que cada vez que hace sol, valorar ese sol que es lo más rico que uo puede tener, o si llueve, pues también, es agradecer y valorar las cosas en la introspección. (Luis Guillermo)
Ahora bien, ser joven, a pesar de la necesidad apremiante de interacción, también exige un tiempo de compartir con el sí mismo, porque como vimos anteriormente, ese es su espacio para la relectura y configuración propias de la juventud. El tiempo a solas es un espacio de reflexión de toda su esfera de realidad, de la memoria y la ficción (Berger y Luckmann, 2006), es decir, de las intenciones no cumplidas en su pasado y de los sueños que se quieren realizar en el futuro, aunque la mayoría de la veces, sin la trascendentalidad de
contemplarse entre estos dos tiempos, sino respondiendo a una necesidad interna de descansar de los muchos estímulos que recibe día a día.
El ocio se presenta, entonces, como un momento para no producir, para no pensar, un momento de no responder al mundo moderno que exige actividad en todo instante, que no proporciona tiempo para pensarse a sí mismo. La narrativa juvenil se ve identificada con los planteamientos de Arendt, según los cuales, los hombres, en la sociedad contemporánea, además de verse privados de ver y oír a los demás, también han sido cohibidos de verse y oírse a sí mismos y esta situación, los ha empujado, entonces, a tomar al ocio, como el espacio para que tenga lugar un vuelo personal desde el mundo exterior hacia la interna subjetividad del individuo, es decir, un redescubrimiento de la naturaleza del sí mismo.
El ocio te permite descansar del bombardeo constante y también te permite dedicarte a algo que en apariencia no es nada, que no te construye, pero el ocio es importante para volver y arrancar el lunes a todo […] es como ver televisión que te produce relajación, irse a cine con la novia, o ir a comer, ir a un museo o bueno, la idea es no aprender ni hacer nada pero generalmente el ocio te permite estar y compartir contigo mismo. (Iván)
Como tercera narrativa frente a la interacción con y para el otro encontramos la necesidad juvenil de alejamiento del núcleo familiar que conlleva a las dos interacciones descritas anteriormente: las relaciones afectivas y los lazos de amistad. Los relatos en torno a esta narrativa de la emancipación muestran, que el joven, a través de ella, tiene como objetivo la creación de visiones de mundo auténticas que confirmen la singularidad de su ser y le sean reales conforme el vaya experimentando y procesando como individuo la transición de la niñez a la juventud y de la juventud a la adultez. El joven, dicho de otro modo, pasa a poner en tela de juicio los sentidos de mundo que le han sido transmitidos desde su hogar y se da a la tarea de comprobarlos por sí mismo.
La transición anteriormente señalada cuenta, entonces, con tres etapas, que identificaremos como: 1. niñez o narración del Yo desde la perspectiva paterna, 2. juventud o búsqueda de la propia narrativa, en la cual se da la emancipación ideológica comentada en el párrafo previo, y, 3. pre-adultez o retorno a casa como un Yo configurado. La triple mímesis de
mismo y se basa en una prefiguración, configuración y refiguración que podríamos aplicar a las tres etapas anteriores, de la siguiente manera: la prefiguración correspondería a la narración impuesta que da cuenta de lo que el Yo cree ser; la configuración correspondería a las interacciones con un mundo externo a la familia; y la refiguración correspondería a la vuelta al hogar como un Yo que se ha releído, examinado y que sabe qué es por cuenta propia. De esta manera, el sujeto habría completado el círculo de la triple mímesis
propuesto por Ricoeur y se identificaría como resultado de las etapas que ha vivido, que vive y vivirá.
La juventud te permite darte una posición en un núcleo social externo a tu casa, a tu familia y te da como un afán de proyectar lo que eres, para interiorizarlo, porque hasta el momento tú has creído ser lo que te decían tus papás, qué tan juicioso, o tan casposo, pero en la juventud te enfrentas a descubrir muchas cosas, que tal que tengas un encuentro con el metal y te dediques, no se, a tocar