3. INTERROGANTE Y OBJETIVOS
5.3 Capítulo tercero: Lenguaje juvenil: Perspectivas de una comprensión del
5.3.3. Fuentes del lenguaje juvenil
Es importante precisar que los jóvenes se organizan en múltiples grupos, clanes o bandas, llamadas también tribus urbanas, caracterizadas a su vez, por modas más o menos pasajeras, a veces poco diferenciadas entre sí, que han venido emergiendo por lo general al amparo de los distintos estilos musicales.
Rodriguez señala, con respecto a las tribus urbanas, que lo realmente relevante al estudiarlas no son las diferencias entre cada una, sino las coincidencias que han mantenido en su acción contra la cultura oficial y el modo en que esta comunión ideológica se ha plasmado lingüísticamente (et al., 2002, p. 33). La acción contra
no ha de ser comprendida como una rebeldía contra los ritmos sociales establecidos, sino como una respuesta a una necesidad constitutiva de los jóvenes de ser reconocidos como diferentes a los adultos, y a los niños y con unos marcadores, estéticos, lingüísticos e interactivos que los cohesionan como grupo
social independiente.
A la acción contra la cultura oficial, se le suma, la creación de un contralenguaje o antilenguaje que simboliza su identidad social. Frente a esto, Rodríguez menciona que este denota:
Una especial expresividad a base de viejas palabras a las que cambia de sentido, a veces radicalmente. Con este propósito crean palabras nuevas, las deforman o dan nuevas acepciones a las ya existentes, o bien las toman directamente de sociolectos marginales o lenguas extranjeras […]. Su diferenciación con respecto a la lengua estándar estriba más que en el significado —los referentes son los mismos— en el significante, lo que da al significado un valor claramente connotativo, las más de las veces peyorativo (et al., 2002, p. 38)
La música, la ropa, los lugares frecuentados, la universidad o institución educativa a la cual se asiste, todos estos factores tiene influencia en la configuración juvenil y la pertenencia a una de esas tribus determina, por ende, una jerga especifica que tenga que de cuenta de estos elementos. Los aspectos anteriormente mencionados, son, para Ana María Vigara, elementos de un continuo “’multicanal’: verbal, paralingüístico, kinésico que configura todo un estilo comunicativo propio; estilo que ha sido siempre negativamente valorado” (Rodríguez et al., 2002. p. 211).
Son generalmente los lugares de estudio, la música escuchada y la apariencia física los factores que determinan otro aspecto muy importante de los jóvenes: sus prácticas ¿Qué actividad tienen los jóvenes que estarían restringidas a ellos únicamente y qué papel tienen estas actividades para su vida cotidiana? Valdría la pena observar si según lo que se cree, existen prácticas tipificables a todos los jóvenes o si estas nacen en ellos según el lugar en el que se desenvuelven y, más allá de esto, valdría la pena comprender qué significa para los jóvenes llevar a cabo dichas prácticas.
Las materias primas del lenguaje usado por los jóvenes provienen de variadas fuentes.
Además del lenguaje recogido de casa, factores como el estrato social, el lugar de
estudios, la posición socioeconómica y las actividades practicadas tienen influencia en el lenguaje que usan y con el cual van definiendo su identidad. El lugar de enseñanza, sea colegio o universidad tiene gran influencia en el lenguaje particular que una tribu hable
y, con respecto a esto, es importante señalar que la tecnología está transformando no solo la práctica educativa sino la forma en que los jóvenes se ven en el mundo y cómo ellos se relacionan con los otros. “El sociolecto juvenil se caracteriza en los niveles fónico y morfosintáctico, pero, sobre todo, en el nivel léxico, por lo que puede considerarse como jerga utilizada para marcar su posición frente a la cultura oficial, oponiendo al lenguaje un argot propio que identifica y da cohesión al grupo social y, al tiempo, define y particulariza a sus miembros como partes integrante del grupo” (Rodríguez et al., 2002, p. 34).
Asimismo, debe tenerse en cuenta que se está pasando de un sistema de conocimiento basado solo en el libro a otro basado en las pantallas del televisor y del computador y esto evidentemente tiene repercusiones en las diferentes percepciones que los jóvenes tienen del mundo y de sí mismos. Sin embargo, es importante preguntarse por la dimensión de dicha influencia en los jóvenes y si esta ha llegado a permear su narrativa. Más allá de la influencia de los medios de comunicación o de las prácticas comunicativas derivadas de las nuevas tecnologías, es significativo ver qué implicaciones tienen estos factores en la narrativa de los jóvenes:
[Encontramos] el eficaz aporte de los medios de comunicación, con lo que aumentaron las fuentes de construcción de voces jergales; si en el pasado la calle era el único taller o escuela de aprendizaje y creación de argot, los nuevos y numerosos medios de comunicación han actuado como verdaderas canteras de construcción de palabras y como rampas de lanzamiento de nuevas expresiones de moda. […grandes] repercusiones idiomáticas han tenido la radio y la televisión. Gracias a los programas que en estos medios hacen uso del lenguaje coloquial y a sus eslóganes publicitarios, la jerga ha llegado a todos los rincones del país, asimilada también por las clases populares […].Se da con ello un proceso de osmosis continua, pues, por un lado, estos medios audiovisuales hacen de espejo donde se refleja la vida y el lenguaje especial de un pequeño grupo social y, por otro, bajo sus poderosos efectos, la jerga sale de su gueto marginal, difundiéndose amplia y rápidamente (Rodríguez et al., 2002, p. 21)
Entre las prácticas comunicativas derivadas de las nuevas tecnologías, encontramos también la navegación e interacción a través del internet con personas allegadas o anónimas por medio de chats y la más personalizada a través de teléfonos celulares. En ambas se impone una comunicación rápida y efectiva, sobre todo en los teléfonos móviles, por los reducidos condicionamientos del medio, lo que da lugar a una escritura extremadamente abreviada y cifrada y con signos gestuales de carácter icónico (emoticones), para transmitir estados
anímicos o emocionales. “El conjunto de estos rasgos hacen difícil la descodificación del mensaje para el lego adulto, y esto recuerda asimismo la característica finalidad críptica del argot de identificación exclusiva de un grupo particular” (Rodríguez et al., 2002, p. 22).
A pesar de la gran variedad de tribus urbanas, es visible que la categoría de jóvenes abriga a todos sus miembros y su lenguaje, aunque con matices diferentes dependiendo de la música, contexto y concepto estético que tengan. Si bien todos los jóvenes forman parte de grupos diferentes y se muevan en diferentes esferas, (familia, trabajo, universidad) no responden necesariamente a clasificaciones de extrema diferencia ni de total igualdad y los estereotipos, tan enclavados en nuestra sociedad, pueden ser desmentidos mirando con cuidado una tribu urbana en particular, u observando otra predominante que logra difundir su modo de ser en el mundo con la ayuda de los medios masivos.
Es de vital importancia examinar que bajo el concepto de lenguaje juvenil encontramos una gran variedad de formas expresivas que pueden o no corresponder a tribus urbanas con características propias, además de factores sociales, culturales y geográficos, concomitantes con la edad, que actúa como rasgo unificador. Según Velarde, refiriéndose a la jerga juvenil, “todas [sus] manifestaciones lingüísticas constituyen sólo el eco de un profundo cuarteamiento cultural, que afecta a valores esenciales de la vida humana. Porque, hoy día, la verdadera Babel comunicativa no está representada por la multiplicidad de lenguas habladas, sino por la disparidad de significados y valores con que empleamos las mismas palabras” (citado en Rodríguez et al., 2002, p. 66).
Su juventud y la babel comunicativa de la sociedad en la que desenvuelven les obliga a la
búsqueda de su propia identidad, de su personalidad, y necesitan, para confiar en sí mismos, un vocabulario propio, de modo que, como indica Rodríguez, el lenguaje es un exponente más, un vehículo de expresión de lo que el ha llamado,”ideología contracultural”, la cual, tiene vigencia hasta que los jóvenes ingresan y se integran al mundo adulto (et al., 2002, p..54).