Como llegam os casi al fin a l de este lib ro a qu í harem os lo que será una su erte de exposición conclusiva y balance h asta el m om ento. E l propósito es, a p a r tir de esto, su perar el h orizon te “ económico” con el propósito de v e r ific a r lo que ilu stra la crítica de la econom ía p o lítica con relación a la h istoria con tem poránea. Entonces, apelan do a v u estra paciencia, com encem os con un re sumen de lo que hem os visto h asta ahora.
H em os tra ta d o de d e s a r ro lla r una v is ió n m ás o m enos u n ita ria que am pliara el espectro de lo que sign ifica la llam ada, no con dem asiado rigor, “econom ía m a rx ista ” . E s decir, tratam os de situ a rla en el contexto, sí más riguroso, de un análisis del m o vim ien to más ge n era l de la sociedad contem poránea, que tien e un fu n dam en to im p ortan te en lo que se considera la órbi ta propia de la econom ía, las relacion es de producción, pero que se proyecta a una com prensión del conjunto del fenóm eno social contem poráneo. E n esa lín ea analizam os en p rim e r lu ga r el carácter m ism o de lo que se puede lla m ar una “ ciencia social” , de la cual la econom ía form a p a rte y, en ese con texto, el m arxism o como una expresión m uy eleva d a de una aproxim ación científica, para en ten d er cuáles son las leyes del m ovim ien to de la sociedad en la cual vivim os.
A partir, de ahí, en segundo térm ino, ubicamos el lu ga r m u y im p orta n te que ocupa el trabajo hum ano en el análisis de esas leyes del m o vim ien to so cial: qué es el trabajo, y qué es el trabajo en el contexto de la h isto ria m od er na, donde está m arcado p recisam en te por las relacion es sociales capitalistas. H ablam os en tre otras cosas del trabajo alienado, para m arcar las contradic ciones existen tes en tre la potencia genérica del trabajo hum ano y la realid ad casi abyecta o h u m illa n te de los trabajadores, o del mundo del trabajo, en la contem poraneidad.
E n te rc e r lu gar, cóm o id e n tific a m o s esa co n trad icció n q u e acabo de m encionar con una sociedad en la cual la m ercan cía es la célu la u n iversa l, es decir, con una sociedad en la cual la form a social de la riq u eza tom a la carac terística de lo que llam am os “m ercan cía” , al punto de que esa u n iversa lid a d de la circulación m ercan til alcan za a l propio trabajo, con virtién dolo en algo
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qu e se com pra y se vende. N o s dedicam os en consecuencia a ex a m in ar qué es u n a m ercan cía , qué es esa célu la básica d el m undo contem poráneo, par co n c lu ir con la m u y im p orta n te id ea de que la m ercan cía es una pu ra form a so c ia l, en la cual se expresan , o se m a n ifiesta n , los productos del trabajo h u m a n o y la riqu eza.
E n tonces, lu ego de h a b er com prendido que la m ercan cía es esencial m e n te una relación social, que no tiene ningún tipo de m aterialid ad , pasa m os a un cuarto gran tópico en este análisis: com pren der que el propio capi ta l n o es una cosa sino una relación social, cuya p rem isa es la existencia de: u n a clase propietaria, que m on opoliza los m edios de producción y que tiene com o con trap artid a a una a m p lia fran ja de población que carece de medios de producción, y en gen era l de cu alquier o tra cosa que no sea su propia fuer za d e trabajo. A s í plan team os el contenido m ism o de la relación social capita lis ta : la expropiación o la confiscación.
A n a liza m o s esa expropiación o confiscación en sus grandes etapas de d e s a rro llo histórico. En p rim e r lugar, h ay u na confiscación que se identifica con la e ta p a p r im itiv a d el ca p ita lism o , cuando los viejo s p rodu ctores son e fe c tiv a m e n te expropiados p a ra constituir, a p a rtir del v ie jo artesanado y del v ie jo cam pesinado, al sujeto colectivo obrero m oderno, al trabajador contem po rá n eo. En segundo lugar, y a con el capitalism o consolidado como capitalis m o in d u stria l, iden tificam os esa confiscación o esa expropiación con el m eca n ism o de obtención de la p lu sva lía . Y fin a lm en te com pletam os el análisis con un e x a m en del desarrollo de este proceso confiscatorio d el capital en un pun to m u y elevado, en el que el capital concluye expropian do a otros capitales, y p la n te a n d o la necesidad de que él m ism o sea expropiado, es decir, que las re la cio n es sociales de producción den lu ga r a una tra n sform ación social más a m p lia , m odifican do la relación del conjunto de la población con los medios de producción. P o r lo tanto se pla n tea la expropiación de los expropiadores. ¿Q u ién es son los expropiadores? Los capitalistas, que en su m om ento confis can la propiedad p riva d a , in d ivid u a l, basada en el trabajo propio, cuando los produ ctores se tran sform an en obreros. Esos expropiadores deben ser a su v e z expropiados, p a ra darle a la gestión de los m edios de producción m oder nos e l alcance social que adqu ieren por el propio d esarrollo del capitalism o.
E n quinto lugar, hicim os una especie de in term ezzo p a ra rep la n tea r el s ig n ific a d o más am plio de la teo ría del valor, elem en to cen tral en la econo m ía política . V im os en qué sen tido fue critic a d a y com pletada por M a rx y pu sim os de re lie v e el sign ificad o del descu brim iento de la p lu sva lía en una explicación , ahora coherente, del m ovim ien to propio del capital.
E n sexto lu ga r nos consagram os al a n álisis de la ga n an cia y de la ten d en cia decreciente de la tasa de ganancia y la dinám ica histórica del capitalis m o h acia su agotam ien to histórico. En séptim o lu ga r abordam os el problem a de la s crisis como un aspecto de las m an ifestaciones cla ve de las contradic cion es in superables del capitalism o.
A l considerar el d esarrollo histórico del modo de producción contempo rá n eo , ana liza rem os lo que se denom ina su etapa su perior o ú ltim a fase, el
im p eria lism o ,* y describ irem os las ca ra cterística s fu n d a m en ta le s de esta época. H ablarem os del m onopolio, del capital financiero, de la exportación de : capitales, de la culm inación del reparto del mundo en tre las grandes poten
cias capitalistas, que se expanden del centro a la p e rife ria a p a rtir de la sa turación de la explotación ca p ita lista en el centro m ism o del m undo contem poráneo. Esto qu iere decir algo m uy concreto: las oportunidades p a ra hacer rentable el capital tien den a “d esm ejorarse” (p a ra usar una p a la b ra m odera da) en los países en los cuales éste se origin ó y a acrecentarse con la ex p lo ta ción de recursos n atu rales y hum anos en la lla m a d a “ p e rife ria ” .
P o r eso iden tificam os esta ú ltim a etapa del capitalism o, desde un punto de v ista conceptual, con una id ea m u y ric a ^ e l capitalism o se tra n sfo rm a en im p erialism o en una eta p a m u y a lta de su desarrollo, cuando algunas carac terísticas propias del capital se tran sform an en lo contrario de lo que eran y anuncian, plan tean , la necesidad del surgim ien to de un nuevo orden social, dado el a go tam ien to de este orden social contem poráneo^ parafraseando una definición de Len in . L leg a m os a un punto en el que correspondería exa m in ar el lu ga r h istórico de esta ú ltim a etapa.
A l ca ra cteriza r el lu ga r histórico del im p eria lism o a principios de siglo los m arxistas form u laron el pronóstico sobre las grandes lín eas d el desarro llo de la sociedad con tem p orá n ea m ás ex tra o rd in a rio que se pu eda h ab er planteado en cu alquier terren o de lo que se considera u na cien cia social. D i jeron que, dado el a gotam ien to del sistem a en el cual vivim os, a sistiría m os a
un período n otablem en te convulsivo, de catástrofes económicas, de m od ifica ciones políticas m u y extrem as, de gu erras y revoluciones, de conflictos m u y agudos sin precedentes en el pasado.
E sta fue, sin dudas, la norm a en el desarrollo del siglo XX, u na cen tu ria de connotaciones ex trem a d a m en te revolu cion arias, y por lo ta n to ta m bién contrarrevolu cionarias. Se podría d ecir que, en la época en la qu e vivim os, está p la n tead a con m ucha fu erza esa contradicción básica del d esarrollo h is tórico de cu alqu ier sociedad, en tre relacion es de producción y fu erza s pro ductivas. Es decir, las fu erzas produ ctivas del hom bre encu entran un obstá culo d efin itivo en las relacion es sociales de producción, de m odo que, si esas relaciones sociales de producción no son superadas, vam os a u na in volu ción m uy aguda en las form as sociales de existencia. Es una época de revolu ción social, p a ra decirlo en los térm inos del prólogo a la C rític a de la econom ía p o lític a de M a rx , que establece esto como le y g en eral del desarrollo histórico.
E l punto que qu edaría plan teado son las conclusiones que podem os sa car con relación al pronóstico que form ularon los m arxista s h ace un siglo.
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Revolución social
E n p rim er lugar, respecto de si la revolu ción social se verificó, las e v i den cias son a bru m ad oram en te a firm a tiv a s . A prin cip ios de siglo, lu ego de los escritos que caracterizab an al im p erialism o, en 1917 tenem os la R e v o lu ción Rusa, que constituye la in stalación del p rim er gobierno obrero, de tra b a ja d o res, en la h istoria. Y para ser m ás precisos, del p rim er gobierno obrero
victorioso, ya que hubo otro gobierno obrero previo, en una exp erien cia más acotada, más local, que es el de la Com una de P a rís en 1871.
Se puede decir, entonces, que con la R evolu ción Rusa, en 1917, cu lm ina todo un desarrollo histórico. E l desarrollo de la revolu ción burguesa, el de la revolu ció n m oderna. Si uno qu isiera esq u em atiza r esto, tom ando un análisis ex trem a d a m en te in teresa n te que ta m b ién plan teó L eó n T ro tsk y a principios del siglo XX en 1905: balance y perspectivas, de 1906, los grandes ja lon es de este período son 1789 —el año de la R evolu ción F ra n cesa —, 1848 —año em ble m á tico de las revoluciones europeas— y fin a lm en te 1905-1917 —los años de la p rim era , segunda y tercera revolu cion es rusas—.
E sto es esquem ático porque 1789 es sim plem en te un año, aunque n atu ra lm e n te asociado a un episodio tan grandioso como la R evolu ción Francesa. N o p odem os concebir la revolu ció n b u rgu esa en térm in o s de un a con teci m ie n to puntual sino de un proceso que se in icia en los P a íses B ajos en el siglo X V I y term in a con la G u erra C iv il estadounidense, que im p on e d e fin iti v a m e n te la h egem on ía del capita lism o in d u stria l m oderno trescien tos años después. P o r m uchas razones 1789 es una fecha p a radigm ática, que re p re sen ta el ejem plo clásico de leva n ta m ien to y de revolu ción nacional contra el v ie jo régim en , es decir, contra el feu dalism o, contra las form as sociales, pro d u ctivas, culturales, de tipo preca p ita lista. Eso es la Revolu ción Francesa.
E n la R evolu ción Francesa, tom ada como p aradigm a, el proletariado, la clase m odern a que surge del capitalism o, prácticam en te no existía. L o s prota go n istas son los elem en tos popu lares de las ciudades, los llam ados sans cu - lottes, que son to d a v ía h eren cia, en térm in os de su ubicación en el sistem a produ ctivo, de form as p reca p ita listas de producción vincu ladas a u na escala red u cid a de producción, a un d esarrollo de lo que era tod a vía artesan ado, a la em igra ció n del cam po a la ciudad. L a nación en tera se leva n ta con la bu r g u es ía como clase d irig en te contra la nobleza, contra la aristocracia, contra los re p resen ta n tes del ré gim e n m ed ieva l. Y triu n fa la m odernidad, triu n fa el m erca d o n acion al, triu n fa la repú blica, triu n fa la tra n sfo rm a ció n a g ra ria , triu n fa n todas las condiciones sociales y políticas que son requ isito, precisa m en te, p a ra el d esarrollo n acional m oderno.
C on el d es en v o lvim ien to de esta n u e va civiliza ció n , el ca p ita lism o se d es a rro lla y el p ro leta ria d o crece. D e modo que las revolu ciones que se proce san después de esta fecha in corporan un elem en to nuevo. En 1848, que es el segu ndo h ito h istórico que consideram os, los estallidos de tipo revolu cion ario que se dan fu n d a m en talm en te en E u ropa están im pulsados por la necesidad de un desarrollo ca p ita lista y de un d esarrollo burgués to d a v ía m ás am plio,
contra los resabios, contra los intereses, contra los frenos, contra los obstácu los, que pla n teab an las clases precapitalistas. P e r o ,^ d ife r e n c ia de 1789, la novedad de 1848 es que la burguesía ya no a rra s tra a una nación que se le v a n ta como un todo sin form as definidas fu era de la propia bu rguesía sino que cuenta con la presen cia de un m ovim ien to obrero desconocido en la eta pa p r e v i a ^
E l m o vim ien to obrero y a había presentado m an ifestaciones de existen cia en la década del 1830. P a ra 1848 ya habían su rgido algunas organ izacio nes de obreros que se proclam aban a sí m ism as revolu cion arias. U n a m a n i festación de esto es la p ropia L ig a de los Com unistas que in tegraba M arx, de la cual su rge en esa oportunidad lo que podem os considerar el documento fun dacion al del m o vim ien to obrero: el M a n ifie s to com unista.
E l M a n ifie s to c om u n is ta concentra sus preocupaciones en la em ergen cia de una revolu ción “ dem ocrática”, o estim u la d a por factores que tien en que v e r con un desarrollo dem ocrático y capitalista, en la propia A lem a n ia , en esa época tod avía d ivid id a , fragm en tada, dom in ada por in tereses localis tas, que im p ed ía n que pu diera com petir con G ra n B reta ñ a y con Francia, ya situadas en el terren o de un desarrollo burgués más o m enos consolidado.
L a revolu ción de 1848 dem uestra una cosa m u y im p ortan te y de en or m es consecuencias p a ra todo el desarrollo h istórico posterior.jíSi una nación determ in a d a no resolvió los problem as de su d esarrollo burgués m oderno en los térm in os en que lo hicieron origin a lm en te la s naciones que estam os to m ando como m odelos —G ran B reta ñ a y F ra n cia —, cuando tien e que encarar una acción contra el vie jo régim en con la presen cia del m ovim ien to obrero, la burguesía y a no procede de un modo revolu cion ario, sino que incluso in te r vien e de un modo contrarrevolucionario."^
E sto es lo que verifica ro n el propio M a rx y el m o vim ien to obrero de la época a la luz de la exp erien cia de 1848. Y a en esa fecha —antes de la revolu ción en A le m a n ia y en los dem ás países europeos— el M a n ifie s to com unista di ce: “A h o ra la revolución dem ocrática será el prelu dio de una revolución obre ra” . Es decir, en un m ism o período histórico se pa sará de las transform aciones propias del capitalism o, de las m edidas que corresponden a una tra n sform a ción bu rgu esa gen eral, a otra revolución acelera d a p o r la presencia del ene m igo de la p rop ia b urguesía, que es el m ovim ien to obrero.
Lo que no dice el M a n ifie s to com unista, sí se dice dos años después en una circu lar de la L ig a de los Com unistas de 1850, escrita por M a rx con el propósito de hacer un balance de los acontecim ientos de 1848 y que desde el punto de v is ta de un h istoriad or debe ser considerada un documento com ple m en tario del propio M a n ifies to . A llí M a rx dice que;jesta presen cia del m o vi m iento obrero v a a asustar tan to a la bu rguesía que te rm in a rá por abortar la posibilidad de una acción revolu cion aria de la m ism a. P o r lo tanto, lo que tie ne que h acer el m ovim ien to obrero —afirm a la circu lar— es organ izarse rá p i dam en te p a ra su stitu ir a la fracasada b u rgu esía en la lucha por el poder, resolvien d o de una fo rm a com binada las ta rea s propias de una revolu ción burguesa inconclusa con las de una revolución socialista em ergente. Esto ya
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está a n ticip ad o en 1850, de una form a algebraica. P e ro este balance v a a to m ar u n a form a d e fin itiv a en 1905, porque en la revolu ción rusa de ese año —qu e in du dablem en te estaba estim ulada por el atraso del país, por su barba rie feu d a l, y que parece ser continuación de ese la rgo proceso iniciado en los P a ís e s B ajos— ju n to con la burguesía liberal aparece el m ovim ien to obrero, y a no sólo potente en térm inos de análisis sociológico sino en la prácticaJLo que su rg e como novedad en un proceso revolu cion ario m oderno, en la Ru sia de 1905, son los soviets, los consejos, obreros. S urgen en el cuadro de una m o v iliz a c ió n donde la h u elga aparece por primera_gez coinn-im ponente de la m o viliza ció n gen eral, que n atu ralm ente se id en tifica con el carácter am plio y m asivo que tien e cualquier revolución.
E n 1789 no h ab ía h u elga porque no h ab ía fábricas y no h ab ía m o vi m ie n to obrero. En 1905 sí. Y en 1905, no tanto como consecuencia de un de s a rro llo de fu erzas in tern as, endógenas y a fa v o r de un d es en volvim ien to