P a b l o R i e z n i k
LAS FORMAS
DEL TRABAJ O
Y LA HI ST ORI A
Una introducción al estudio
de la economía política
E d ito ria l B ib lo s
P E N S A M I E N T O S O C I A LR IE Las formas del trabajo y la historia, una introducción al estudio de la economía política -
3a. ed. - Buenos A ires: Biblos, 2007 157 pp.; 23 x 16 cm.
IS B N 950-786-383-6
I. Título - 1. Econom ía política
Diseño de tapa: Lu ciano Tirabassi U.
Ilustración de tapa: Rogelio Y ru rtia , Canto al tra bajo, 1907 Arm ado: Ta ller U r
P rim era edición: agosto de 2003 Segunda edición: ju lio de 2004 © Pablo Rieznik, 2003, 2004, 2007 © E ditorial Biblos, 2003, 2004, 2007
Pasaje José M. Giuffra 318, C1064ADD Buenos A ires
[email protected] / www.editorialbiblos.com Hecho el depósito que dispone la L e y 11.723
Im preso en la A rgentina
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Esta tercera edición de 2.000 ejem plares se term inó de im prim ir en P rim era Clase, C aliforn ia 1231, Buenos Aires,
República Argentina, en febrero de 2007.
índice
P r e s e n t a c ió n ... 9
IN T R O D U C C IÓ N Las formas del trabajo y la historia ... 13
E l trabajo en la historia ... 14
U na actividad v ita l ... 17
Trabajo y naturaleza humana ... 19
El cerebro, la mano, el trabajo ... 22
Trabajando para no trabajar ... 25
El reino de la libertad... 28
P R I M E R A P A R T E C a p ítu lo 1 L a e c o n o m ía c o m o c ie n c ia ... 31
El asombro, la apariencia y la esencia ... 32
Teoría y algo más, cada vez más: el m o v im ie n to ...36
Absoluto y relativo, materialismo y especulación ... 40
L a ciencia como economía y la ciencia s o c ia l... 42
C a p ítu lo 2 L a a n a to m ía d e la s o c ie d a d m o d e rn a ... 45
Las tres fuentes ... 47
L a historia, la economía y su m is t e r io ... 50
El trabajo del hombre ... .53
El trabajo alienado ... ... 55
C a p ítu lo 3 T r a b a jo a lie n a d o y m e r c a n c ía ... 59
Todo al revés ... 59
La superación del trabajo como e n a je n a c ió n ... 63
¿Qué es eso llamado “mercancía”? ... 66
E l c a p it a l co m o r e la c ió n s o c ia l ...71
Poseedores y desposeídos contemporáneos ... 72
El contenido de la relación c a p it a lis t a ... 73
La expropiación del capital ... 77
C a p ítu lo 5 L a p lu s v a lía y la l e y d e l v a l o r ... ... 79
H istoria de un p r o b le m a ...79
De Smith y Ricardo a Marx: la solución ...82
Plusvalía y, nuevamente, la alineación ...85
La fórm ula del valor (resumen) ... 87
C a p ítu lo 6 L a g a n a n c ia y e l fu n d a m en to d e la d e c a d e n c ia c a p ita lis ta . . . ... 91
Plusvalía y g a n a n c ia ... 91
Valor y precio: la transformación ...93
La caída tendencial de la tasa de g a n a n c ia ... 95
El lím ite del capital ... 99
S E G U N D A P A R T E C a p ítu lo 7 C ic lo y c ris is ...105
La función de la crisis y su m a n ifesta ció n ... 106
Las mercancías y la razón última de la crisis ... 109
C a p ítu lo 8 C a p ita lis m o e h is to r ia c o n te m p o rá n e a ... 111
Revolución social ... ... 114
La ex Unión Soviética y el socialismo ... 117
Stalinismo y p o s g u e r r a ...121
Final de época ... 125
C a p ítu lo 9 L a e c o n o m ía m u n d ia l co m o p u n to d e p a r t id a In te m a c io n a liza c ió n del capital e im perialism o ... 127
Introducción ... 127
Economía mundial (comercio exterior) y capitalismo ...128
Monopolio y capital financiero ... 133
Im perialismo e intemacionalización del capital ... 141
N ota sobre los países atrasados ... 146
Economía mundial: tendencias y co n trad iccio n es... 149
P resen tació n
Las form a s del tra bajo y la historia. U na in tro d u cció n a la econom ía p o lít i ca es el resu ltado de una y a larga experien cia en el dictado de la m ateria, o de cursos vincu lados al tem a, en facultades de va ria s u niversidades naciona les, especialm en te en la de Buenos A ires. Se tra ta de una labor dem orada, en p articu lar si se tien e en cuenta su factu ra específica. N os referim os al hecho de que su base son clases grabadas, cuyo registro p articu lar ha m otivado co rrecciones y agregados que, no obstante, no a ltera n lo esencial. E l punto de pa rtid a fu eron las versiones de los últim os años, que a creditan el acervo de una la b o r d ecan ta d a con el tiem po. A ñ a d im os, adem ás, u na in troducción que, delib eradam en te, denom inam os con el títu lo de la obra y que o rigin a l m ente fu era pu blicada en la revista R a zó n y R e v o lu ció n , como p a rte de las tareas de in vestiga ción realizadas en la Facu ltad de Ciencias Sociales de la U n iv ersid a d de Buenos A ires.
E l libro que ah ora presentam os defin e el objeto de estudio de la econo m ía p o lítica como una form a social específica e h istóricam en te determ in ada que asum e el trabajo de los hom bres. N o es lo que n orm alm en te se acepta en los m anuales y textos convencionales, en los cuales la econom ía se presen ta como una su erte de lógica abstracta que relacion a m edios (escasos) y fines (m ú ltiples), una especie de técnica de la adm in istración n eficiente. L a econo m ía tam poco puede com prenderse como una ciencia re ferid a a l m etabolism o de la producción en térm inos genéricos y ahistóricos. A l revés, es un produc to de las circunstancias m uy precisas que se iden tifica n con el modo de pro ducción capitalista. Esto sign ifica tam bién , que lo que aquí introducim os es el estudio de lo que se lla m a la “crítica de la econom ía po lítica ” en el sentido que tien e ta l concepto en la tradición m arxista, in su stitu ible en la m ateria. L a “ crítica” , entonces, desbordando el lím ite de lo “económ ico” , se p la n tea en los térm inos de una visió n cien tífica más gen eral de la din ám ica de la socie dad m oderna. P o r esta m ism a razón el énfasis es colocado, de m a n era siste m ática, en un enfoqu e histórico y sociológico que contribuye a destacar la es pecificidad de la econom ía política. Esto dom ina el h ilo de todo el texto, como
p u ed e v e rifica rs e en los títu los de los capítulos del libro. E l eje cen tral es, in d u dablem en te, poner en re lie v e el carácter de una época m arcada por el a go ta m ie n to de un sistem a social, económ ico y político que es el resu ltado de su p ro p io d esarrollo. E l lector co n firm a rá si hem os conseguido esclarecer un p ro b le m a v ita l de n uestra existen cia como sociedad en el mundo de hoy.
E s preciso a d v e rtir que las clases que sirviero n como elem en to o rigin a l en la configuración del libro m arcan su estilo, algunas reiteraciones, sus p re ten sion es pedagógicas, la excesiva lib erta d en el uso de las referencias bib lio g rá fic a s en la m a yoría de sus capítulos y aun cierta in form alidad. C laro que no es la p rim era v ez que se re a liz a una producción de este tipo, que n atu ra l m e n te tien e ven ta jas que el a u tor no necesita explicar. Th eodor A dorn o con denó en su oportunidad las publicaciones de esta índole. A lu d ió a l carácter e fím e ro y provisorio del discurso del h ab la en contraste con la elaboración p r e v ia de la p a la b ra escrita. E l argu m en to, sin em bargo, precede su texto In tro d u c c ió n a la sociología , p resen tad o como el protocolo de un discurso oral que tu v o “ su verd a d en su p rop ia tra n sitoried a d ” ... y que precede a sus cla ses gra b a d a s en 1968. Si se tra ta de ju stificacion es, entonces, conviene ape la r a anteceden tes releva n tes que, por supuesto, apenas sirven de p retexto y no com o punto de com paración.
E s te trabajo no h u biera sido posible sin la colaboración de M a ría Sán chez, q u ien m e alen tó desde siem p re a en carar su producción y se esm eró en la tra n scrip ción , edición y lectu ra d el texto, así como de la traducción del ca p ítu lo IX, “L a econom ía como punto de p a rtid a ” . E n este caso la “ clase” res p e c tiv a fue sustituida por un tex to que re m ite al m ism o tem a, pero que natu r a lm e n t e tien e las v e n ta ja s d el te x to escrito. M a r in a R ie z n ik y G ra c ie la M o lle d ed ica ro n ta m b ién su tie m p o a la lectu ra d el o rig in a l. Todas ella s tu v ie ro n el tino de fo rm u la r rep a ros a ciertas im precision es que fueron e lim i n ad as y la in du lgen cia de escuchar los argum entos que, en otros casos, ju s tific a b a n el ca rá cter de una tr a m a d el h a b la que el au tor frecu en ta. Con m u c h a p r o fe s io n a lid a d en u n á r e a q u e c ie r ta m e n te no d om in o, M ó n ic a U r r e s ta r a z u contribu yó a dar el fo rm ato a la edición d efin itiva . P o r eso el a gra d ecim ie n to que corresponde por tod a la ayuda p a ra que este libro sea e n tre g a d o a la consideración de sus lectores, en tre quienes im aginam os no sólo a u n iversita rio s vinculados a la s carreras de hum anidades y ciencias so cia les sino tam bién al público no esp ecialista in teresado en in d a ga r la n atu r a le z a de la sociedad en la cual vivim o s .
Es un hecho que, en el n acim iento de la econom ía p olítica y de la sociología m odernas —disciplinas que ciertam en te conocen un origen común—, el con cepto de trabajo y su significado ocupan un lu ga r cen tral y privilegia do. N o es m enos evid en te que el descubrim iento y la dilucidación del papel del tra bajo en nuestra época d e riv a de las propias transform aciones que hicieron d el trabajo hum ano y de sus resultados m ateriales una potencia práctica sin precedentes en cualquier período histórico previo. E n este sentido, el trabajo como fu erza productiva aparece como un producto del capitalism o, es decir, de las relaciones de producción que son la pecu liaridad de la sociedad bu r guesa.
E s claro, sin em bargo, que la p ropia m odern id ad es im p osib le de ser concebida sin un desen volvim ien to propio de los resu ltados del trabajo. E s la capacidad hum ana de tra n sform a r la n atu raleza la que en un estadio histó rico determ in ado de su evolución creó las condiciones que perm itieron , p ri m ero, la acum ulación o rig in a l de capital y, m ás tarde, el despliegu e de la in du stria, la configu ración de m ercados com patibles con la extensión y los requ erim ien tos de la circulación en escala nacional e in tern acion al. E l traba jo , la posibilidad del hom bre de adecuar especialm en te el entorno a sus nece sidades, es, en d efin itiva , la condición de su m ism a superviven cia. Pero sólo con el capitalism o el poder social del trabajo en cu en tra una dinám ica y un modo de producción que hacen de su ren dim ien to crecien te la clave m ism a de su existencia. E l crecim iento sistem ático es una necesidad de la propia producción capitalista y una form a de existencia com pu lsiva de los propieta rio s de los m ed ios de produ cción . E l c a p ita lis m o se c o n s titu y e como ta l h acien d o de la poten cia d el tra b a jo una co n figu ra ció n so cieta l específica, creando una clase trabajadora com pletam ente sep ara d a de las condiciones e in stru m en tos de su propio tra b a jo y que sólo p u ede e x is tir ven dien do su capacidad su bjetiva de trabajar. L a in vestigación sobre el carácter de este trabajo y su capacidad de m u ltip lica r sus frutos en una dim ensión completa-L as fo rm a s del tra b a jo y la h isto ria
m e n te desconocida en épocas p retérita s es fu n dante para toda la ciencia so cial m o d ern a y p a ra la econom ía en particular.
El tra b a jo en la historia
E n la h istoria anterior, el trabajo n i siq u iera era concebido como algo p rop io de la a ctividad hum ana, es decir, como un atrib u to específico de la ac ción d e l hom bre d irig id a a asegu rar y crea r las condiciones de su propia vid a de un m odo único y que le es propio. N o se id en tifica b a la riqu eza con el t r a bajo e n n ingún sentido. D e un modo gen eral, en el m undo antiguo y du rante un larg'o lapso posterior, h asta el fin a l de la E dad M e d ia p revaleció una cos- m o visió n organ icista y sexuada: “L a T ie r r a concibe por el Sol y de él queda p reñ a d a , dando a luz todos los años” , según la expresión a risto télica .1 L a r i q u eza e ra un don de la tierra , im p osib le de ser creada o reproducida por la in te rv e n c ió n del m ism o hom bre que, en todo caso, se lim ita b a a descubrirla, a e x tra e rla y consum irla. L a id ea m ism a de producto o producción h um ana esta b a com pletam ente ausente en la A n tig ü ed a d . D om in ab a la creencia de que a q u ellos m ateriales que aseguraban al ser hum ano su reproducción exis tían a pen as como resu ltado del víncu lo m encionado en tre la T ie rra y las po te n c ia s celestes, a las que n o rm a lm en te se les a sign a b a el a trib u to de la m ascu lin id a d . E n la unión, entonces, del C ielo y la T ie r r a debía buscarse el o rig e n d e los anim ales, las p lan tas o los m in erales “p arid os” por esta últim a, e in clu so no fa lta n m itos y leyen d as que a tribu yen a l propio hom bre este o ri gen. L a m ito log ía de la fecundidad de la a gricu ltu ra, del arado y de la m e ta lu rg ia se inscribe y a bajo el dom inio del dios fu erte, del macho fecundador, de la M a d re -T ie rra , del dios del cielo que clavaba en la tie rra su hacha y su m a r tillo , origin ando así el rayo y el trueno. D e ah í el carácter m ágico asign a do p rim e ro al hacha de p ied ra y después al m a rtillo del h errero, que no h acía sino im it a r sim bólicam en te el gesto del dios fuerte.
L a s prácticas agrícolas nacieron como ritos ten d ien tes a propiciar este m a r id a je origin a rio y, con ello, los frutos obtenidos. E l arado comenzó siendo un in stru m en to en estas prácticas ritu a les de culto a la fertilid ad : tirado por un b u e y que se consideraba sím bolo celeste y gu iado por un sacerdote, pen e tra b a en las en trañas de la M a d re -T ie rra asegurando su fecundidad; la siem b ra m is m a y el abonado constitu ían otros tantos rito s p a ra propiciar la fe r ti lid a d v e g e ta l, a la cual se asociaba la p rop ia v id a sexu al del hom bre. Es el m o tiv o por el cual las prácticas orgiásticas estaban entonces abu ndantem en te re lac io n a d a s con la a g ricu ltu ra en la h istoria de las religion es. P o sib le m en te ta m bién pudo obedecer a la in tención de fa c ilita r esa unión sexual en tre el C ie lo y la T ierra , y la consigu ien te fertiliza ció n de esta últim a, la id ea de re c u b rir de h ierro la pu n ta del arado que iba a p en etra r en la M a d re-T
ie-1. Véase J.M. Naredo, La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías bá
sicas del pensamiento económico, Madrid, Siglo Veintiuno, 1987. De aquí se extrajeron los
Intro du cció n 15
rra. Lo cierto es que el h ierro de los m eteoritos fu e el prim ero en u tiliza rse p a ra ta l fin a lid a d y que igu a lm en te se atrib u ía a la in flu en cia celeste la pro ducción de los m in erales en el seno de la tierra : el oro crece por la in flu encia del Sol, la p la ta p o r la de la Lu na, el cobre gracias a la de Venus, el h ierro a la de M a rte, el plom o a la de Saturno...
E n este contexto, en consecuencia, J,a i dea m ism a de producción h u m ana j carecía-de sentido;, la-riqu eza no e ra-D rodu cidan i acumulada-por- el-hombre.. U n a yjsián deJ^al carácter im p licaba adem ás la idea de evolución y progreso, ' K álgo.<roe^s»^ncuentra~gO luyh!baBftefltg~i¡usfiJite^n las d iv e rs a s id eo lo g ía s I &~ 'an teriores-.a.ia m odernidad. P reva lecía , al contrario, la idea de la degen era- i "cíon de la sociedad hum ana. E l verso de H ora cio “D a m n osa q u id n on in m i-
n u it dies” (“E l tiem p o deprecia el va lo r del m undo” ) expresa el a xiom a pe sim ista aceptado en la m a y or p a rte de los sistem as de pen sam ien to de la A n tigü edad.
E l trabajo p a ra el m an ten im ien to de la vid a era concebido, por lo tanto, apenas como u na com pulsión, ta re a o b ligada y penosa, ejercicio propio del degradarse, extrañ o a aquello qu e podría ca ra cterizar lo más elevad o de la esencia del hom bre como tal. En l a G recia clásica, ej-trabajador era esclavo, hrvrnjrre; el hom bre no trabajaba_.JSÍo h a y en la len gu a g rie g a u na p ala bra, por lo tanto, para desigñ ar”él~írabajo hum ano con la connotación que le otorgam os en la actualidad. Tres sustantivos designaban, a su modo, a ctivi dades que h oy id en tificam os con el acto_pxo_pi<j.¿£l tra b a j^ la b o r;"p o ¿esi¿L y o ^ S oai1 r e fe r ía _a la -d isposición eorp o ra lren la s ta rea s partir?fintea del h o m t^ ^ tsi^ rñ a a n tg p ei^ siu ^ clo v it a l y, por lo tantg^ ásé g iffg g l S ’p ^ p e t u ación,,, de la^especie, bajo el dom inio de k j S ^ j m 'o g ^ 'O j ^ s j í ^ í í ^ ^ U ^ l B z a y 'S ^ rm c- tabolism ír Humano. E l cam pesino ejerce"u na labor cuanaTjfmMfeTíté'"?Tu^írT- terven ción ; se pueden obtener los frutos de la tierra ; pero tam bién se expresa como labor la a ctivid a d de la m u jer que da lu z a un nuevo ser. L a labor ex cluye una actitud activa y un propósito propio de tra n sfo rm a r la n atu ra leza o de con form arla a las necesidades hum anas. Im p lica p asivid ad y adaptación del a gricu ltor a las leyes suprahum anas que determ in a n la fe rtilid a d de la tie rr a y dp los ciclos naturales.
*ü o ie sis define, en cambio, el trabajo que no se vin cu la a las demandas, de la su perviven cia; jes el hacer y la creación del artista , del escultor, del que produce un testim on io perenne y lib re (no asociado a las exigencias in m edia tas de la reproducción de su vida). Poiesis es la trascendencia del ser, más allá de los lím ites de su existencia, lo que se m a n ifiesta en una obra perdu rable, un modo d.e afirm a rse en el mundo n atu ral y sobrenatural.
p r a x is, fin alm en te, es la iden tificación de la más h um ana de las activi- dades!f3\Tlnstrum ento es tam bién algo esp ecíficam en te hum ano: el lengu aje, la palabra; y su ám bito p rivilegia d o es la v id a social y política de la comuni dad, de la poZ¿s.\ M ed ian te la praxis el hom bre se m u estra en su verd a d era
n atu ra leza de hom bre lib re y consecuentem ente de anim al político, de ciuda dano, de m iem bro de una colectividad, que es lo que le da sentido a su vid a in dividu al. Como ha sido señalado al respecto, el concepto de “derecho natu ral d e l in dividu o” es in in telig ib le p a ra los griegos. Como es sabido, corres ponde a A ristóteles la definición recién citada de que el hom bre es, por sobre todas las cosas, un an im al político “ [ya que] es m an ifiesto que la ciudad es por n atu ra leza a n terior al individu o, pues si el in dividu o no puede de por sí b astarse a sí mism o deberá estar, con el todo político, en la m ism a relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. E l que sea incapaz de en tra r en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no n ecesita de ella, no es más p a rte de la ciudad, sino que es una b estia o un dios. E n todos los hom bres hay, pues, por n atu ra leza , una tendencia a form ar asociaciones de esta especie” . L a praxis griega , por lo tanto, tan distan te de la apreciación m oderna sobre el carácter del trabajo, incorpora ya, no obstan te, u n a dim ensión absolu tam ente social vin cu la d a con la conciencia, con el h ablar, con la comunicación en tre los hom bres: es decir, un principio consti tu tivo del trabajo que le es in trínseco a l trabajo cuando se lo considera como a ctivid a d exclu siva de la especie hum ana.
J¡En el m undo antiguo, el tra b a jo que podem os lla m a r “in te lectu a l” , el que se id en tifica con la lib ertad y la esencia del hom bre, se presen ta como opuesto a la n atu ra leza servil y h u m illa n te del trabajo físico^La ta rea del a r tesano, aun cuando no fu era esclavo, no resu lta b a una m an ifestación libre del productor, puesto que era una elaboración d irig id a y condicionada a la satisfacción de una necesidad in m ed ia ta del consum idor y, al m is m o tie m p o , un recurso, un m edio, para el sosten im ien to del m ism o productoiv*Esclavo del objeto y de las necesidades del usuario, el artesan o no se d iferen cia de las h erram ien tas y los m edios de trabajo de que d isp on e^ lm p orta no el proceso de trabajo sino su resultado, que no aparece como creación sino como confi gu ración determ in a d a por la re a lid a d in depen dien te o d eterm in a n te del obje to a ser usado o consumido. L a a ctividad lib re es la que no gen era nada y se m a n ifiesta ex tern a a la com pulsión física del objeto o la necesidad m aterial. U n a a ctividad que no se presen ta, adem ás, como resu ltado social de un de term inado desarrollo productivo (qu e perm ite que el hom bre lib re no trabaje porque subsiste m erced al trabajo de otros). T rab ajo y no trabajo, con el sig n ificado aquí descripto, se encuentran en una oposición dada e irredu ctible,
n atu ra l y eterna. '
L os m itos y la re ligió n fija ro n esta característica como escatológica: en Ia ta a d iá ópju detfccristia^a el tra b a jo produ ctivo se presenta, entonces, como carga, pena y sacrificio im puestos como castigo a la caída del hom bre en la m is eria de la x jd a t e r r e n a lllY a b a jo y sudor, parto y dolort^con ^ct^n cÍ3í det=-
o r ig in a o s la célebre expresión bíblica del trabajo"que lo estig m a tiza "como condena, d oblem en te asociada a la ta re a m a teria l p a ra m an tenerse en
el hom bre y p a ra reprodu cir a la especie en la mujer.
E s ta concepción p r im itiv a del tra b a jo se en cu en tra, asim ism o, en el sen tido etim ológico de la propia p a la b ra en la ^gngna-Ia tin a . Trab ajo deriva
de trip a liu m , una h erra m ien ta configurada con tres puntas afiladas, que se u tiliza b a p a ra h erra r los caballos o tritu ra r los granos.3 E n cualquier caso, trip a liu m era, asim ism o, un in stru m ento de tortura, y por esto mism o trip a - lia re en la tín sign ifica tortu rar; id en tifica el trabajo con la m ortificación y el sufrim iento.
O tra s palabras latinas tien en un contenido más atenuado para denotar esfuerzo hum ano dirigido a un fin, una connotación im p lícita en las defin i ciones gen éricas de trabajo, como aparecen en los verbos la b ora re y obrare. E l énfasis en el padecim iento de la actividad —o, a ltern a tivam en te, en su re sultado y en el carácter creativo de ésta— recorre el sentido etim ológico de ambas expresiones, sentido que se tra slada a la m ayoría de las lenguas mo dernas, no sólo a las de origen latino, y a la definición m ism a de trabajo en cu alquier diccionario m oderno de nuestro idiom a. Los sustantivos la b ou r y^ work en inglés, A rb e it y Werk en alem án, acentúan la m ism a dicotom ía:j^ra- bour y Arbejt. se nsa n ja a ra d en otar pena v cansancio: w ork y Werk. para_exr presar m ás bien el carácter activo de la ta rea hum ana..ripfirnda ery.el..campo dél tráBafóTlIpomo en alem án A rb e it d eriva del la tín a rv u m , que significa te- rreño~arable, num erosos estudios in fieren que la p alabra tradu ce el pasaje prehistórico de la cultura de la caza y de la pesca a la cu ltu ra a gra ria basada en la c ria n za de anim ales y en la labran za de la tie rra .4
Introducción 17
Una actividad vital
E n la m ism a m edida en que trabajo im p lica una relación de actividad en tre el hom bre, sus dispositivos físicos y biológicos, y el m edio circundante, su apreciación está h istóricam ente dom inada por el tipo particu lar de vínculo que se postula como hum ano en tre el in dividu o, la sociedad y la naturaleza. L a relación en tre el hom bre y el mundo n atu ral no im p lica todavía, p e r se, la conciencia clara de actividad propia o diferen ciada; pa.ra esto debemos consi derar la h istoria concreta de ta l relación, es decir, quejtel hom bre se hum an i za, se conv ie r te en ser na tu ral diferenciado, como resu ltado de_su creciejrEéT i ndejte n d enc i a del t ^ e d i o ^ aTconciencia^igüe a la ex isten cia "v‘ es claro que la existen cia hum ana se construye como ta l en un sendero que conduce de la extrem a dependencia de las fu erzas elem en ta les de la n a tu ra leza a la capaci dad de com prenderlas y dom inarlas. E n la A n tigü edad, por la com pleta su m isión del hom bre al dom inio de la fu erza n atu ral, la v id a a ctiva sólo puede ser concebida como hum ana cuando se em an cipa del puro m undo n atu raleza la tu sensu. L a vid a activa, como elem en to d iferen ciador de lo hum ano, con tradictoriam en te, es contem plación e inclu sive pasivid ad con relación a la ac tivid a d productiva. Las palabras y sus connotaciones, en consecuencia, care cen de significado si son abstraídas de la h istoria real.
3. Véase Istvan Meszaros, La teoría de la enajenación en Marx, México, Era, 1970. 4. Véase Marcelle Stroobants, Sociologie du trauail, París, Nathan, 1993.
E x iste, no obstante, el p eligro de u n ila te ra liz a r este ú ltim o criterio y, en lo q u e nos ocupa —el trabajo hum ano y su representación en el pensam iento de lo s h om bres—, el de concluir en la im p osib ilid a d de en contrar un concepto, un su stra to común, a aquello que el trabajo d esign a en d iversas etapas h istó ricas. Se ha dicho, por ejem plo, que el tra b a jo es una “in ven ción ” m oderna, que n o existió siem pre y que no puede ser concebido como in h eren te a la con d ició n h um ana.5 Ta l pla n team ien to in voca como prueba el hecho de que la n oción de trabajo no existe en num erosas sociedades y que sólo en la m od er n id a d , en el m undo burgués, se lo distin gu e de otras actividades y se d elim i ta con una fison om ía propia, in d istin g u ib le en cu alquier época preceden te.6 T a m b ié n J ü rg en H a b e rm a s h a critic a d o lo qu e con sid era u na concepción a n tro p o ló g ic a y no h istó rica del tra b a jo porqu e la p rim e ra a lu d iría a una d im en s ió n m eta física , v a g a y gen érica , que id e n tific a al trab a jo como una n ecesid ad d eriva d a de la su perviven cia .7
P ero , ¿son n ecesa riam en te opuestas y exclu yen tes la concepción a n tro p o ló g ica e h istórica del trabajo, como su giere E rn es t M an del?8 L a cuestión se tra s la d a en este punto a l cam po de la ep istem o logía porque es in dudable que s u p e ra el terren o circunscripto de la re a lid ad m a teria l y de la categoría con cep tu a l del trabajo. C oncebir la h istoria sin continuidad es un erro r sim ila r a l d e a b o rd a rla como un proceso sin ru ptu ras. L a sustancia antropológica del tra b a jo no v io le n ta su carácter esen cialm en te h istórico que se m a n ifiesta en el h ech o de que el trabajo —como lo conocem os h oy— no ex istía en el pasado, y q u e debem os recon ocerlo aun a llí donde “no e x istía ” . Precisa m en te porque e x is te ahora, debem os a d v e rtirlo a p a rtir de su “no existen cia” , es decir, de su ca rá cter tan em brionario, pleno de preca ried ad n atu ral y de n atu ralidad no h u m ana. E l descu brim iento es sólo posible a posteriori, del m ism o modo com o es el organism o desarrollado el qu e p erm ite explicar el m enos d esarro lla d o y como —según la conocida tesis— es la an atom ía del hom bre la que p er m ite en ten d er la del mono| E l trabajo m oderno perm ite, entonces, en ten d er e l tra b a jo pasado, ilu m in a r lo que en una circunstancia h istórica precedente no p o d ía ser delim itad o n i pensado.|De esta m anera, aunque el concepto de tra b a jo es, según M a rx , una “ca tego ría tota lm en te sim ple” y como rep resen ta ció n del tra b a jo en gen era l es m u y antigu a, es la “ más sim ple y antigu a en que los hom bres aparecen como produ ctores”; sin em bargo, solam ente en su fo rm a de existen cia m oderna, cuando se p resen ta como in d iferen te con re la ción a un trabajo determ in ado, como la fa cilid a d de pasar de un trabajo a otro, como m edio gen era l de crear riq u eza y no como “ destino p a rticu la r del
5. Véase S. Albornoz, ob. cit.
6. Véase Michel Freyssenet, “Historicité et centralité du travail”, en Jacques Bidet y Jac- ques Texier, La crise du travail, París, Actuel Marx-Presses Universitaires de France, 1995. 7. Citado por M. Freyssenet, ob. cit.
8. Ernest Mandel, La formación del pensamiento económico de Karl Marx, México, Siglo Veintiuno, 1986. (El autor retoma la concepción de Habermas que contrapone la idea antro pológica y la histórica del trabajo.)
Introducción 19
in d ivid u o ” , es qu e se vu elve , por p rim era vez, “ p rácticam en te v e rd a d e ra ”, una categoría tan m oderna como las relaciones que la producen: las abstrac ciones m ás gen era les, de hecho, “ surgen sólo donde se da el desarrollo más rico de lo concreto” .9
E l ca rá cter su stan tivo, antropológico, n atu ra l, del trabajo hum ano es m u y claro en M a rx , a pesar de que no son pocos los m arxistas que intentan n egarlo. E n uno de los más conocidos y fundacionales m anuales m odernos de sociología del tra b a jo se p lan tea que nadie ha definido con más v ig o r que el m ism o M a rx la relación del hom bre con la n a tu ra leza en la a ctividad del tra bajo; concebido, entonces, como un rasgo específico de la especie h um ana.10 Conform e a ta l definición:
E l trabajo (dejando de lado todo sello particular que haya podido im prim irle tal o cual fase del progreso económico de la sociedad) es, ante to do, un acto que tiene lugar entre el hombre y la naturaleza. A l trabajar, el hom bre desempeña frente a la naturaleza el papel de un poder natural, pone en acción las fuerzas de que está dotado su cuerpo, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de asim ilar las m aterias dándoles una forma ú til pa ra su vida. A l mismo tiempo que, m ediante este proceso, actúa sobre la naturaleza exterior y la transforma, transform a tam bién su propia natu raleza desarrollando las propias facultades que en ella dorm itan.11
En lo que se re fie re al propio M arx, esta d efin ición del trabajo de su obra más ela bora da se encuentra en tota l a rm on ía con el concepto fijado en sus trabajos ju ven iles. Casi, diríam os, de un m odo b r u t a l “E l tota l de lo que se llam a la h istoria del mundo no es más que la creación del hom bre por el trabajo hum ano” . 12|
Trabajo y n atu raleza hum ana
fiLa form ulación m a rxista es, de todos modos, el punto cu lm inante de un largo período de desarrollo del pensam iento cien tífico que debe rem ontarse a los fin ales de la E d a d Media.JSe tra ta de una época en la cual la relación en tre el hom bre y la n atu ra lezá adqu iere una n u eva dinám ica y se busca una definición n ueva y o rigin a l del trabajo. P ie r r e N a v ille y G eorges Fried m an n citan la apreciación del filósofo in glés Francis Bacon sobre el arte (en el sen tido de artes y oficios) como “el hom bre añadiéndose a la n atu ra leza ” , fórm ula cuyas prolongaciones pueden encontrarse en D escartes y en los enciclopedis tas franceses. E n lo que Bacon denom ina “ a rte” se h ab ía refu gia d o durante
9. ídem.
10. Véase Mario A. Manacorda, Marx e a pedagogía moderna, Sao Paulo, Cortez, 1996. 11. Pierre Naville y Georges Friedmann, Sociología del trabajo, México, Fondo de Cultura Económica, 1958.
la E d a d M ed ia la a ctividad em pírica y práctica que designaba la acción de in tercam b io en tre el hom bre y la n atu raleza: la transform ación de objetos, la producción de la “obra” . E l a rte era aquello que caracterizaba el oficio de un artesano, la ta rea del artista , los propósitos de la alquim ia; un saber que se consideraba ajeno al pensam iento abstracto y a los procedim ientos típicos de la ciencia, exclusivos de un campo in telectu al y esp iritu al que no podía con ta m in a rse con el ex p erim en to o con la m a te ria lid a d in m ed ia ta , a zarosa y sem iesotérica que ca racterizab a el dom inio del a rte .13 E ran, por lo tanto, ám bitos que se oponían: no se pensaba que la cien cia pu diera inform ar, o rien tar o prescrib ir la obra, el trabajo, en el sentido y con el alcance que entonces tenía. En la superación de esta dicotom ía se encuentra el significado re volu cionario del n acim ien to de la m odern a cien cia ex p erim en tal. Com o in dica Lu dovico G eym onat,^el id ea l de G a lileo y D escartes, en tre otros, será unir ín tim a y d efin itiva m e n te la concepción de la ciencia en la A n tigü ed a d con la del a rte de la E dad M ed ia, es decir, e d ifica r un saber fundado sobre las nue vas técnicas, racionales, válidas, ya no sólo en el campo de las ideas abstrac tas sino en el cam po mucho más rico de las experiencias c o n c re ta ^
L a im p ortan cia que esta referen cia presen ta p a ra nuestra indagación sobre el trabajo reside en el hecho de que el supuesto social que p osibilitó es te cam bio “ es la consolidación victoriosa, decidida, de un m undo de nuevas riq u eza s d irecta m en te vin cu ladas con el trabajo y, p o r lo tanto, con el su rgi m ien to de grupos cada v ez m ás num erosos de científicos profu ndam ente sen sibles a los in tereses de la producción y capaces de darse buena cuenta de la unidad in disoluble en tre la práctica y la teo ría ” . Es la realid ad creada por la activid a d del hom bre la que d eterm in a la base m a teria l de este nacim iento de la ciencia m oderna, asociada a las obras resu ltan tes del trabajo colectivo: la can alización de los ríos, la construcción de puentes, la excavación de pu er tos, la erección de fortalezas, el tiro de la a rtillería , ofrecen a los técnicos una serie de problem as que no pueden resolverse em pírica m en te y que exigen n e cesariam en te un plan team ien to teórico. U n a im p ortan cia especial adq u irie ron en la época los problem as prácticos suscitados por la navegación, que de bía a fro n ta r v ia je s cada v ez más extensos h a cia las ricas tierra s re cien te m en te descu biertas.14 D el trabajo y sus resu ltados a la ciencia, de la ciencia al trabajo y sus resultados.
L a concepción de trabajo que encu entra su definición en la fórm ula ya citada de M a rx es in disociable de esta evolución que florecerá con el R en a ci m ien to y que, como señalam os, es el punto de p a rtid a de todo el pensam iento cien tífico m oderno. E l trabajo m ism o tien de a pensarse como una categoría antropológica desde el m om ento en que se concibe precisam ente como la es p ecificidad del ser hum ano en su víncu lo con la n atu raleza. E l ideal, ahora, es una relación práctica y activa; el postulado de que por m edio y a tra vés de
13. Véase K. Marx, Manuscritos económico-filosóficos [1844], Madrid, Alianza, 1993. 14. Ludovico Geymonat, E l pensamiento científico, Buenos Aires, Eudeba, 1984.
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esa relación el hom bre se hace hom bre y se m u estra hom bre, se m an ifiesta él m ism o como producto y creación histórica.
H a c e dos décadas, en un te x to que m a rca u na época (L a b o u r and M o n o p o ly C a p ita l, de 1974), H a rr y B ra verm a n com ienza su obra con una de fin ición del trabajo que sin tetiza y esqu em atiza adecuadam ente su significa do m oderno y cuya dim ensión n atu ral y antropológica no im p lica una visión a h istórica o esencialista. Se parte en esta concepción de la evid en cia natural de la cual partió el propio M arx: todo ser v iv o para so b revivir depende de un in tercam b io determ in ado con la n atu ra leza de la cual él m ism o proviene. E s te in tercam b io puede ser tota lm en te pasivo, como es el caso de todas las es pecies del reino vegeta l. Se tra ta de una prim era distinción pertin en te a la hora de considerar lo específico de cu alquier conducta an im al d irigid a a la su p erviven cia, marcada, entonces, por un com portam iento activo o d irigid o a un propósito determ in ado (A p o d e ra r s e de los m a teriales de la n atu ra leza no constitu ye de por sí trabajo alguno. E l trabajo sólo com ien za cuando una de term in a d a a ctividad a ltera los m a teria les n aturales, m odifican do su form a o rig in a l^ D e cu alquier m anera, lo que com pete al trabajo hum ano en su pa r ticu la rid a d son las diferen cias que lo separan de un modo radical de lo que puede considerarse como trabajo pu ram ente anim al. E n consecuencia, dice M a rx en E l c a p ita l:
N o tenemos frente a nosotros aquellas formas prim itivas e instinti vas de trabajo que nos recuerdan la de los animales. [...] Presuponemos el trabajo en una forma que lo hace exclusivamente humano. Una araña rea liz a operaciones que se asemejan a las de un tejedor y una abeja hace avergonzar a un arquitecto en la construcción de sus celdas, per«£lo que distingue al peor de los arquitectos de la mejor de las abejas estriba en que el arquitecto levanta su estructura en la imaginación antes de erigirla en la realidad^A l final de todo proceso de trabajo tenemos un resultado que ya existía en la imaginación del trabajador en su comienzo. Este no sólo efectúa un cambio de forma en el m aterial sobre el que trabaja, sino que también realiza un propósito propio que rige su m odus operandi al cual debe subordinar su voluntad.
^ Q ^ i e n c i a ^ j j r o p ó s iÍQ como rasgos esenciales del a tribu to hum ano del trabajo se delim itan , en consecuencia, del acto m era m en te in stin tivo, ancla do en m ecanism os congénitos, innatos. E l trabajo del hom bre reposa en su carácter único a p a rtir de la posibilidad del pensam iento conceptual, de la capacidad de abstracción y de representación sim bólica. Su origen es la natu ra le z a única del cerebro humano. D e este modo el trabajo como acción a pro pósito, gu ia d a por la in teligen cia, es el producto especial de la hum anidad. E l tra b a jo que trasciende la m era a ctivid a d in s tin tiv a es, p o r lo tanto, la fu erza con la cual el hom bre creó al m undo ta l como lo conocemos. L a posibi lidad de todas las diferen tes form as sociales que han surgido y puedan sur g ir dependen en últim o análisis de este signo específico del trabajo humano.
Com o señala B raverm an , a p a rtir de esta característica de la biología h um ana el trabajo del hom bre puede em an ciparse de la ex igen cia in stin tiva
de la s acciones dirigid a s a la su p erviven cia p rop ia de cu alquier otro anim al. N o se tra ta de que a p a rtir de sus aptitudes cerebrales el hom bre apren da a r e s o lv e r ciertos problem as que p resen ta la inadaptación de ciertos recursos de la n a tu ra leza para su u tilización o consumo; esto tam bién lo pueden con cre ta r algunas especies no hum anas. E l qu id de la cuestión es aqu í que con el d es a rro llo de la capacidad de represen tación , del lengu aje y de la com uni cación por m edio de los signos que le corresponden, el hom bre puede tra n s m itir y d ele g a r la ejecución de un trabajo:
^ L a unidad de concepción y ejecución puede ser disuelta^La concep ción precede y rige la ejecución, pero la idea concebida por alguien puede ser ejecutada por otra persona. L a fuerza rectora del trabajo sigue siendo la conciencia humana pero la unidad entre dos puede ser rota en el in d ivi duo y restablecida en el grupo, el taller, la comunidad, la sociedad como un todo.15
El cerebro , la m ano, el trabajo
H a y que evitar, sin em bargo, la ten ta ció n de id en tifica r el o rigen del tra b a jo con las cualidades del cerebro p r iv ile g ia d o del hom bre, cuyo sin gu la r poder e x p lica ría el dom inio hum ano sobre el resto de los anim ales. L os an tropólogos y paleontólogos creyeron d u ra n te mucho tiem po que el desarrollo del cereb ro era la verd a d era clave p a ra ex p lica r el principio m ism o de la evo lución de n u estra especie y del cual d eriva ría n la postura erecta y el len gu aje articu la d o como m an ifestaciones secundarias. E n un principio, entonces, la m en te. L os descubrim ientos de la cien cia y el h a lla zgo de fósiles que p erm i tiero n v e r ific a r el sendero histórico del desarrollo de nuestra especie com pro m etiero n , sin em bargo, el rig o r de ta l esqu em a in terp retativo , como lo puso de r e lie v e re c ie n te m e n te S teph en J a y G o u ld .16 A h o ra sabem os, en conse cu encia, que el cerebro del hom bre com enzó a crecer debido al lo gro de la p ostu ra erecta; por el estím ulo poderoso que sum inistró a la in te ligen cia el hecho de que las m anos fu eran lib era d a s de la locomoción. L a evolución del h om b re consistió en un cambio m ás rápido en la postura que en el tam año del cerebro; la liberación de n uestras m anos para usar h erram ien ta s prece dió a la m a y or pa rte del crecim iento de nuestro cerebro.
N o ta b lem e n te, Gould destaca el “b rilla n te resu ltado” que, en torno de esta cuestión, anticipó “una fu en te que sin duda sorpren derá a la m a y oría de los lecto res” : F ried rich E n gels en su E l p a p e l del tra bajo en la tra n fo rm a - ción d e l m on o a l h om bre —publicado p ostu m am en te en 1896—, que d esafor tu n a d a m en te no tuvo im pacto v is ib le en la cien cia occidental. E n gels consi dera tre s puntos esenciales en la evolu ción hum ana: el habla, el tam año del
15. H arry Braverman, Trabajo y capital monopolista, México, Nuestro Tiempo, 1987. 16. Véase Stephen Jay Gould, “La postura hizo al hombre”, en Razón y Revolución, N° 2, Buenos Aires, primavera de 1996.
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cerebro y la postura erecta. P la n te a que el p rim er paso debe haberse logrado cuando ciertos m onos em pezaron a descender de los árboles, hecho que pro m ovió la subsecuente evolución de la postura erecta de nuestros antepasados terrestres. Cuando se m ovían en el n ivel del suelo estos monos com enzaron a a d q u irir el h ábito de u sar sus manos y de a doptar una postura más y más erecta. É ste fue un paso decisivo en la tran sición del m ono al hom bre. L a postu ra erecta lib era las manos para fab rica r h erram ien ta s (trabajo, en la term in o lo gía de E n gels). E l crecim iento de la in teligen cia y el habla vin ieron después. E n consecuencia:
Las manos no son sólo un órgano de trabajo, son tam bién un produc to del trabajo. Sólo por el trabajo, por adaptación a cada nueva operación [...] por el siempre renovado empleo de estas mejoras heredadas en nue vas, más y más complicadas operaciones, alcanzó la mano humana el alto grado de perfección que la ha capacitado para hacer realidad las pinturas de R afael, las estatuas de Thorwaldsen, la música de P a g a n in i17
E ste punto de vista , no obstante, no es o rigin a l de E n gels puesto que ya h ab ía sido adelan tado por un contem poráneo, el antropólogo y arqueólogo es tadou n iden se L e w is M organ . En cambio, G ould su braya que la im p ortan cia del tra b a jo de E n gels consiste no en su conclusión su sta n tiva sino en su inci sivo a n á lisis político de por qué la ciencia occidental es tan com prom etida con la a firm ación ap riorística de la prim a cía cerebral. Cuando los humanos apren dieron a m an eja r su propio entorno m a teria l, dice E n gels, otras h ab ili dades fu eron añadidas a la p rim itiv a caza-agricu ltu ra: h ilado, a lfa rería , na vegación , artes y ciencia, le y y política, y por ú ltim o “ la re flex ió n fan tástica
de las cosas hum anas en la m ente hum ana: la re lig ió n ’\ jC u a n d o ia riqu eza se acu m u ló pequ eñ os gru p o s de h om bres a lca n za ro n poder vr&KIaaalrorr'a__ otros hom bres a tra b a ja r p a rgT iü b s.'^ l^ ra E a ÍQ l3 a lu en te de tod a riq u eza v la fu erza m o triz de la evolución-hum ana, asum ió el m ism o d ev a luado statu s de aquellos que trabajaban p a ra los gob ern a n tes. D esd e que los poderos5s~go-— bernában a~su voIuñtad7^^tes-acciom s T ^ erc ereb ro apa recían como si t u vieran poder por ‘ s f m fsm as. La" filosofía*profesion al persigu ió un id ea l inm aculado de lib e rta d . L o s filó so fos descansaron en un p a tro n a z g o esta ta l-relig io so . A u n si P la tó n no trabajó conscientem ente para re fo rz a r los p riv ile g io s de los gobernan tes con una filosofía su puestam ente abstracta, su p ropia clase dio v id a a un énfasis en el pensam iento como lo p rim a rio, lo dom in ante y en par tic u la r m ás im p o rta n te que el tra b a jo p o r él su p ervisa d o . E s ta tra d ició n id ea lista dom inó la filosofía hasta los días de C h arles D a rw in . Su in flu encia fue ta n su bterrán ea y persu asiva que incluso cien tíficos tan apolíticos y m a teria lista s como D a rw in cayeron bajo su influjo. U n preju icio debe ser reco nocido antes de ser combatido: la prim a cía del cerebro p a recía tan obvia y n atu ral que era aceptada como dada, más que recon ocerla como un prejuicio
17. Friedrich Engels, E l papel del trabajo en la transformación del mono al hombre [1896], en K. Marx y F. Engels, Obras escogidas, Moscú, Progreso, 1981.
social profundam ente asentado, re la tivo a la posición de clase de los pen sa dores profesionales y sus patrones. E n gels escribe:
"" Todo el mérito por el veloz avance de la civilización fue adscripto a laí\ mente, el desarrollo y la actividad del cerebro. Los hombres se acostum- ¡ ;
braron a explicar sus acciones desde su pensam iento en lugar de desde i I sus necesidades... y así fue como fue ganando importancia en el curso del j; tiempo esta mirada idealista sobre el mundo que, especialmente desde la IS \ caída del mundo antiguo, ha dominado las mentes de los hombres. Toda-//! vía las gobierna a tal punto que aun los más m aterialistas de los científi/ lj eos naturalistas de la escuela darwiniana son todavía incapaces de foi/-/¡ marse una clara idea del origen del hombre porque bajo esta influencia)/ i ideológica ellos no reconocen el papel que en él le toca al trabajo.
E l énfasis en una definición antropológica del hom bre subraya su carác ter hum ano concreto, su desarrollo histórico, y no debe ser confundido con una caracterización genérica abstracta que lo d esign a como un “modo de ac tiv id a d ” cuya esencia sería la “búsqueda de un resu ltado en el m enor tiem po posible” . Es lo que a firm a Jacques B id et cuando señ ala que sin el trabajo, co mo sin el lenguaje, no puede ser pensada la especificidad del hom bre.18 En este caso la lógica in m anente del trabajo sería entonces la econom ía de tie m po au sen te en otras a ctividades hum anas, como el rito, el ju ego o la vid a se xu a l; estas ú ltim as, al con trario, re cla m a n u na d u ración ex ten d id a como sinónim o de su realización más exitosa.
L a v en ta ja o el rig o r de esta d efin ición co n sistiría en que no im p lica asu m ir la hipótesis difícilm en te dem ostrable —según B id et— del H o m o faber, es decir, de la esencia h um ana d efin id a por el trabajo; tam poco im p lica ría re s trin g ir el abordaje de toda sociedad en térm in os de “modo de producción” . N o obstante, esta pecu liar definición “ an trop o ló gica ” va cía de contenido la definición de trabajo hum ano en la m ism a m ed id a en que queda referid a ex clu sivam en te a una suerte de lógica hueca, carecien te de finalidad. Es difícil ad m itir, adem ás, que los ritos, el ju ego , el dep orte o el sexo no contengan ta m b ién una p a rticu la r “econom ía” de tiem po.
D e todas m aneras, en esta p articu lar defin ición de su trabajo, el h om bre qu eda definido en su especificidad como una suerte de ser eficiente, “ aho rra d o r de minutos y segundos” , que desdibuja com pletam ente la m a teria li dad p ropia del trabajo y su significado en la h istoria real. E n esta abstrac ción p a rticu la r el trabajo queda definido como m ero in stru m en to de una ra cionalidad dirigid a a adecuar fines m ú ltiples a recursos escasos. Es decir, la d efinición vu lga r de la econom ía “m oderna” con vertid a así en una suerte de in g e n ie r ía g e n é ric a —a h is tó ric a y a so cia l— d e l co m p o rta m ie n to efic a z (y fin a lm e n te en el en cu b rim ien to id eo ló gico de la sociedad c a p ita lista , del m ercado y sus form as particu la res de ex plotación y a lien ación del trabajo hum ano).
18. Véase J. Bidet, “Le travail fait époque”, en J. Bidet y J. Texier, La crise du travail, París, Actuel Marx-Presses Universitaires de France, 1995.
Trab ajand o p a ra no trab ajar
L o cierto es que el H o m o fa b e r es el hom bre, recordando aquella d efin i ción de to o lm a k in g a n im a l de B en ja m ín F ra n k lin citada por M a rx en E l ca p ita l, y que retom a su conocida a firm ación de que el hom bre se distin gu e del
an im al en el proceso histórico real, cuando produce los elem en tos que hacen a su vid a , cuando produce su vida. E l trabajo, el modo de producción, la acti vid a d v ita l, pueden ser u tilizados como sinónim os si la consideración antro pológica hunde sus raíces en el sujeto histórico auténtico, en las etapas de su desarrollo real.
Es decir, el abordaje antropológico sobre el concepto de trabajo debe ser al m ism o tiem p o una aproxim ación histórica, el análisis del proceso de d ife renciación que le es específico como resu ltado de las transform aciones opera das en el víncu lo cam biante del hom bre con sus instrum entos y objetos de trabajo así como con el resultado de la actividad de producción de su v id a .19 E n térm in os generales podemos d e fin ir tres grandes etapas en esta evo lu ción^®) las m anifestaciones iniciales del hom bre en la preparación y el m ejo ra m ien to de h erra m ien ta s sem in a tu ra les que p erm itiero n un prin cip io de s u p e rviven cia d ife ren cia d a cómo especie biológica y sin que aún su rgiera con caracteres definidos una ^división social del trabajo, más allá de la dictada pojcLa. d iferen cia d V séx o ^ ? lp el^éórffíH 7~c^!Ía^Q fiig.dad;tuim ana que se a fin ca en u n t e r r é n o 'y 's e ' organiza~cbmo tal, en la .producción, .v en. lúa c ic lo s p fo - •fiíos de la a gricu ltu ra v la crian za de an im ales el nacimiento..dg la indus
tria y J S T í^ g la | ^ ffie n to m oderno del cen tro de fa pro3uccíótr delréampo a la
ciudad, * ■ - ...
-C a rio -C ip olla ha dicho con razón que no debem os abusar del térm ino “revolu ción ” a l estu diar la din ám ica m ás am plia de la h istoria de la pobla ción h um ana con relación a las form as produ ctivas de la especie.20 E l p rim e r Y¡ fl/cambio re vo lu cionario consiste precisam en te en la superación. jdj^~n om adis-i u|^pior-p erm itid a ..p p x¿ dom in io in icia l del e u ltm T d e la tie r r ^. E l segundo, y a . en los a lb o res d e la H istoria presente, es el de la rexohicián.ándustriaL. Su form a social p articu lar e T T a ^ u e ^ o T r e s p o n d e ^ T modo de producción capita lista, a la separación de los productores de sus m edios de producción y al su rgim ien to de la clase trabajadora m oderna resu ltan te de la expropiación de los viejos trabajadores (cam pesinos, a rtesan os) de sus condiciones de tra bajo. P o r la m ism a razón, el trabajo m oderno es el trabajo asalariado, la con versión de la capacidad de tra ba ja r en m ercan cía y su d elim itación m u y p re cisa, en consecuencia, como actividad rem u nerada, en una esfera defin ida de la v id a social.
L a m u tación actual, ep. el trabajo d eriv a c u te ra m e n te de los resultados de esta ú ltim a re vo lución y d e l anticipo de la p r óxim a T E s t o~e s, efe' Fá~ pos'ib i 1 i - dad del hom bre de em ancfpSree del trabajo m ism o o, si se quiere, de m o d ifi car ra d icalm en te el carácter social de éste, su a ctividad v ita l por excelencia.
19. Véase Oves Scwartz, “Circulations dramatiques, efficacités de la activité industrieuse”, en J. Bidet y J. Texier, ob. cit.
20. Véase Cario Cipolla, La población mundial, Buenos Aires, Eudeba, 1968.
¡?La p recisió n es p ertin en te puesto que si el trabajo es concebido como form a 'cié m a n ifesta ció n esencial de la vid a hum ana, la aspiración de lib era rse de él ca rece de todo sen tid o jjP a ra decirlo con palabras ya cargadas de una densa connotación: es el cam bio en la conform ación m a teria l y social del trabajo, cuyos alcances revolu cion arios nos harán pasar de una p reh isto ria a u na his to r ia a u tén tica m en te hum ana, el pasaje del rein o de la necesidad al rein o de la lib e rta d . P o r lo m ism o, antes de considerar m ás exh a u stiva m en te lo que p odem os d en om in ar la relación en tre el tra b a jo y el no trabajo en la realid ad del h om b re h istórica m en te constituido, son convenientes algunas precisiones a d icio n a les que sirva n como introducción a este problem a, ciertam en te m uy p resen te en el d eb ate contem poráneo.
L a id en tifica ció n del trabajo con la producción a ctiva de la vid a h um a na, es decir, con la v id a produ ctiva, se presen ta, a p rim era vista , en oposición al c a rá cter degra d a d o y en vilecid o que adopta la existen cia del tra b a ja d or en la sociedad m oderna. D icho de otro modo: en la m ism a m edida en que la po ten cia social del tra b ajo hum ano se d esp liega con el modo de producción ca p ita lis ta de un modo sin igual, en esa m ism a m edida se corporiza en el tra b a ja d o r y en la clase tra b a ja d o ra no como a ctivid a d v ita l sino como m edio y n ega ció n de la v id a m ism a. Es tra b a jo explotado y en ajenado en el cual el h om b re “ se pierde a sí m ism o” . M a rio M an acorda, en tre muchos otros, puso de r e lie v e que es en M a rx donde encontram os esta apreciación del trabajo h u m an o como contrad ictorio con la h u m an idad m ism a y, en aparien cia, en contrad icción in te rn a con la caracterización del propio M a rx sobre el sig n ifi cado ú nico y específico del trabajo del hom bre.
L a contradicción, sin em bargo, debe ser resu elta y puede ser resu elta en el a n á lisis de las form as h istóricas m a teria le s y sociales de la evolución del tra b a jo hum ano, a sí como en la in d a ga ció n sobre la conclusión de ese m is m o proceso en el ca rá cter concreto que adopta el m ism o tra b a jo en la épo ca con tem porán ea. E n la base y en el o rigen de las form as históricas diversas que a d o p ta la en ajenación de la a ctivid a d la b o ra l d el hom bre se encuentra un fen ó m en o que d e r iv a y estim u la la p rod u ctivid ad del propio tra b a jo de n u e stra especie. A s í es.^con la d ivisión del trabajo com ien za a l m ism o tiem po la h is to r ia h um ana e in hu m an a del trabajo.|
L a división del trabajo condiciona la división de la sociedad en clases y, con ella, la división del hombre. Y como ésta se torna verdaderam ente ta l sólo cuando se presenta como división entre trabajo manual y trabajo m ental, así las dos dimensiones del hom bre dividido, cada una de las cua les es unilateral, son esencialm ente las de trabajador manual, de obrero y de intelectual. A d em ásfeom o la división del trabajo es, en su form a am pliada, división entre trabajo y no-trabajo, ¡así tam bién el hombre se pre senta como trabajador y no t r a b a ja d o r ^ e l propio trabajador —aparecien do el trabajo dividido, o alienado, como m iseria absoluta y pérdida del pro pio hombre— tam bién se presenta como la deshumanización completa; pe ro, por otro lado —siendo la actividad v ita l humana,, o m anifestación de sí, u n a posibilidad u n iversal de riq u eza — en el trab ajad or está contenida tam bién una posibilidad humana universal.21
Introducción 27
U n a observación fra g m en ta ria y no rigu rosa del pla n team ien to m arxis- ta supone que el desiderátu m de la em ancipación h um ana consiste en una su erte de reto rn o im p osib le al sa lva je p rim itivo , a l h om bre to ta l, in tegra l —no u n ila tera l— que se id en tifica con su actividad la b o ra l no d ivid ida, no es p ecializa d a y que es expresión del carácter p reca rio de su dom inio sobre la n atu ra leza y, m ás bien, de su adaptación y som etim ien to al propio m edio na tu ral. E s decir, del retorn o al a n im al hum ano natural, a una situación en la cual “el h om bre sólo se distingu e del cordero por cuanto su conciencia sustitu ye al in stin to o es el suyo un in stin to consciente”, a firm a M a rx . P e ro la natu ra leza hum ana, h istóricam en te construida, está en los antípodas de este es tadio origin a l. E l hom bre n atu ra l histórico es la n a tu ra leza producida por la h istoria y su n u eva condición n atu ral es la u n iv ersa lid a d gen era d a por su p ropia a ctividad, por su trabajo.
E n otras palabras, el trabajo produce la n a tu ra leza h um ana en la m is m a m edida en que la d elim ita y diferencia de la n a tu ra leza pu ram ente ani m al, a tra vés de una apropiación específica del propio m undo natural: “L a u n iversa lid a d del hom bre se m a n ifiesta p rácticam en te en la u niversalidad por la cual tod a la n a tu ra leza se tran sform a en su cuerpo inorgánico” . U n hecho que se v erifica en que, m ientras
...el anim al se hace de inm ediato uno con su actividad v ita l [...] el hombre hace de su propia actividad vita l el objeto de su voluntad y de su concien cia; tiene una actividad vita l consciente: no existe una esfera determinada con la cual inm ediatam ente se confunde.22
E ste carácter volu n tario, consciente, u niversal, de la a ctividad humana, por la cual el hom bre se d istin gu e de los anim ales y se su strae al dom inio de cu alquier esfera particular, está en oposición a todo lo que es, a su vez, na tural, espontáneo, particular, esto es, al dom in io de la n atu ralidad (N a t u r - uiuechsigkeit) y de la cau salidad (Z u fa e llig k e it) en la cual el hom bre no dom i na sino que es dom inado, no es un individuo tota l sino m iem b ro u n ila teral de una d eterm in a d a esfera (clase, etc.) y vive, en suma, en el rein o de la necesi dad, pero no aún en el de la libertad . L a d ivisión del trabajo, por lo tanto, “divid ió a l hom bre y a la sociedad humana, pero ha sido la fo rm a h istórica de desarrollo de su actividad v ita l, de su relación-dom inio sobre la n atu raleza” .23
Con el capitalism o rñoderjíó? con la u n iversa liza ció n de la s relaciones m ercan tiles y cóñ S a'con qu ista del mercado m undial, la d ivisión del trabajo —y con e lla la prod u ctivid ad del trabajo h u m ano— a lca n za u na dim ensión irrestricta e ilim ita d a . E n estas con d ición en la deshu m an ización del trabajo encuentra su expresión más clara en la conversión de la la b o r h um ana en el proceso productivo directo en una actividad descalificada, eii la tran sform a ción del trabajador en una su erte de apéndice de la m á q u m a iton fo rm e a una célebre definición que pasó a la h istoria con el M a n ifie s to com u n ista . Pero, al m ism o tiem po, en las antípodas de este trabajo real, en ajenado y por eso
in-22. K. Marx, Manuscritos... 23. M. Manacorda, ob, cit.
hum ano, el desarrollo m a terial de las fu erzas produ ctivas crea un universo real ca p a z de m o d ificar de un modo revolu cio n ario la a ctividad vita l de la producción. Es el desarrollo que posibilita que el trabajo directo en la pro ducción sea sustituido por el aparato m ecánico-electrónico, automático, una r e a lid a d en torn o de la cu al M a rx r e a liz ó un a n á lis is ex cep cion a l en los G ru n d ris se.
L a posibilidad de term in a r con el trabajo determ in ado por la necesidad in m e d ia ta de la su perviven cia es la condición d ecisiva p a ra que la revolución social contem poránea se asien te en una conquista de la civilización hum ana com o un todo. Es la lib erta d concebida como la construcción del hom bre a p a rtir de un um bral m a teria l que es el resu ltado de toda su vid a h istórica co mo esp ecie.24
El rein o de la libertad... '
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...sólo em pieza allí donde term ina el trabajo impuesto por la necesidad y / por la coacción de los fines externos; queda pues, dada la naturaleza de las / : ; cosas, más allá de la órbita de la verdadera producción m aterial. A sí como / •'
e l salvaje tiene que luchar con la naturaleza para satisfacer sus necesida- , des, para encontrar el sustento de su vida y reproducirla, el hombre civili- 1 | zado tiene que hacer lo mismo, bajo todas las formas sociales y bajo todos
¡ los posibles sistemas de producción. A m edida que se desarrolla, desarro- / liándose con él sus necesidades, se extiende este reino de la necesidad na- { ¡
\ J tural, pero al mismo tiem po se extienden tam bién las fuerzas productivas/ - que satisfacen aquellas necesidades. L a libertad, en este terreno, sólo pue-i de consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regu- ^ len racionalm ente su intercambio de m aterias con la naturaleza, lo pon
gan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de fuerzas y en las con diciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana. Pero, con todo ello, éste será siempre un reino de la necesidad. A l otro lado de sus fronteras comienza el despliegue de las fuerzas humanas que se considera como fin en sí, el verdadero reino de la libertad, que sin embargo sólo pue de florecer tomando como base aquel reino de la necesidad. La condición fundam ental para ello es la reducción de la jo m a d a de trabajo.25
24. Véase el final del trabajo de Pablo Rieznik, “La pereza y la celebración de lo humano”, en Actas del III Congreso Latinoamericano de Sociología, Buenos Aires, mayo de 2000. Este texto y el que aquí reproducimos se encuentran integrados con el mismo título en Con
tra la cultura de trabajo, libro que reúne una serie de textos relativos a la célebre obra de
Paul Lafargue, E l derecho a la pereza, Buenos Aires, Ediciones RyR, 2002. 25. K. Marx, E l capital, t. III.
Cap ítu lo 1
La eco n o m ía com o ciencia
E l propósito de este libro es abordar la econom ía como ciencia. Cuando deci mos “cien cia ” nos referim os a una form a específica de conocim iento. E n este sentido, no sólo la econom ía sino lo que denom inam os “ciencias sociales” en gen era l deben com prenderse como un aspecto del gra n desarrollo del saber del h om bre que fo rm a p a rte del escenario h istórico p rop io d e l fin a l de la E dad M e d ia y com ienzo de la M o d e r n s ^ J n fenóm eno, a su turno, indisocia- ble del progreso de la capacidad productiva y, por lo tanto tam bién intelectual, que acom paña el su rgim ien to de la sociedad bu rgu esa y que, p o r eso mismo, es el punto de p a rtid a del fantástico despliegu e de la cien cia m oderna*^
E n un sentido m ás am plio, n atu ralm ente, los fu n dam en tos de algunos principios básicos de la labor que es propia de la ciencia se rem on tan hacia el pasado, en p a rticu la r a la civilización griega. Y a algunos siglos antes del in i cio de la era cristian a los griegos se preocuparon con un concepto clave para la ciencia, el de la dem ostración. Es decir, v e rific a r m ed ia n te pruebas rigu ro sas la consistencia de una tesis determ inada. A l p la n te a r este problem a de la dem ostración, los griegos pusieron de re lieve, a l m ism o tiem p o, algo que tie ne que v e r con una condición básica, elem en tal, p rim a ria , o rigin a l, de cual qu ier ciencia, y es el hecho de que la realid ad no se nos aparece exactam en te como es. A l respecto A ristó teles resum ió una visión d e la época cuando dijo que la cien cia com ienza con el asombro, porque las cosas parecen pero no son exactam en te como parecen. U n conocido h istoriad or de la ciencia, Ludovico G eym onat, h izo la corrección de que, para ser m ás preciso, la ciencia em p ie za con la in dagación de lo asombroso, es decir, con una actitu d a ctiva de son deo de aq u ello que aparece como opaco, es decir, no tra n sp a ren te. L a re a li dad no es tran sparen te, no puede ser captada in m ed ia ta m en te p o r los senti dos, y por eso se necesita un tipo particu lar de in dagación, de sondeo, de es cru tin io, que lla m a m os “ cien cia” . E sto va le, n a tu ra lm en te, p a ra todas las ciencias y en consecuencia tam bién para la econom ía política.