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CAPACIDADES DE LAS ONGD PARA LA PROMOCIÓN DE LA CPD

en la promoción de la cpd en españa

6.4. CAPACIDADES DE LAS ONGD PARA LA PROMOCIÓN DE LA CPD

Una primera cuestión que requiere atención cuando se pretende analizar las capacidades existentes en las ONGD para desempeñar un papel relevante en la promoción de la CPD es la disposición de recursos humanos suficientes y cua- lificados para abordar esta tarea. Sin embargo, no existen análisis al respecto y no se dispone de datos sistematizados que permitan emitir un juicio sobre este aspecto. En cualquier caso, sí resulta llamativo que pese a que “Sensibilización y Educación para el Desarrollo e incidencia política” se considera una línea de trabajo prioritaria para las ONGD —habiendo trabajado en este ámbito 84 de las 91 ONGD de la Coordinadora y contando el 64% de ellas con un presupuesto y personal específico— tan sólo el 5,9% de los recursos gestionados se hayan dedicado a estas tareas (Coordinadora, 2009).

No obstante, analizar las capacidades existentes en términos de CPD requiere atender también al perfil mostrado por las ONGD y, por tanto, a su adecuación constitutiva para desempeñar dicha función. En este sentido, parecen haberse producido determinados cambios en la naturaleza, actividad y prácticas de las ONGD que han generado una cierta tendencia a la despolitización de este colectivo. Se trata de un proceso en estrecha relación con diversas dinámicas. En primer lugar, es necesario aludir de nuevo a las restricciones existentes en el marco en el que operan las ONGD y que ya se explicaron más arriba. A través de la ya mencionada “dinámica de la acción”, estas restricciones, en la medida en que empujan a las ONGD a concentrar su actividad en ámbitos como la gestión de proyectos, la obtención de financiación o la justificación

administrativa, reducen las opciones de dedicar más recursos —financieros y humanos— a cuestiones de carácter más estratégico y político (Martínez, 2011), muchas de las cuales se relacionan directamente con la promoción de la CPD. En segundo lugar, en las últimas dos décadas se ha asistido en España a un importante proceso de proliferación de ONGD que ha llevado a incrementar de forma notable el número de organizaciones que trabajan en el ámbito de la cooperación al desarrollo (Gómez y Sanahuja, 1999). Junto con otros facto- res, esta proliferación ha estado en buena medida relacionada con el aumento de los presupuestos de cooperación de las administraciones públicas —tanto central como autonómicas y locales—, lo que en ocasiones ha incentivado el surgimiento de ONGD que percibieron este contexto como una ventana de oportunidad para canalizar iniciativas solidarias a través de proyectos de coope- ración al desarrollo. Además de acelerar la competencia entre organizaciones e inhibir esfuerzos para la incidencia y la reflexión, en muchas ocasiones este proceso ha dado lugar a la aparición de ONGD conformadas meramente como entidades gestoras de proyectos, sin estar necesariamente ligadas a una base social. Sin embargo, la existencia de una amplia base social —especialmente si se caracteriza por un mayor activismo político—, sin ser una condición ni necesaria ni suficiente, sí parece un factor que puede promover las labores de incidencia política. En la medida en que la disposición de esta base social exige incorporar un mayor compromiso político en las líneas de acción de la organización, puede incidir favorablemente en la dedicación de una mayor atención a las cuestiones ligadas a la CPD.

En tercer lugar, cabe aludir al cambio generacional experimentado por las ONGD desde su emergencia58. En este sentido, en la década de los ochenta caracterizaba a una parte importante de los miembros de las ONGD un mar- cado perfil político, en muchas ocasiones derivado de la cultura política que impregnó la transición democrática en España y de su fuerte vinculación a movimientos sociales. Es a partir de la década de los noventa cuando se aprecia un fuerte proceso de profesionalización de la cooperación al desarrollo del que no fueron ajenas las ONGD. Sin embargo, esta profesionalización, siendo perti- nente, parece haberse producido con un enfoque reduccionista, dando lugar a una visión excesivamente técnica de la cooperación. De esta forma, las ONGD han tendido a nutrirse de personal que atesora un elevado conocimiento técni- co de cuestiones relativas a la cooperación —dando, por tanto, un tratamiento especialmente exhaustivo a cuestiones como el enfoque del marco lógico o la justificación administrativa y económica—, que en ocasiones ha provocado una cierta desatención hacia cuestiones más amplias y complejas que caracterizan a los procesos de desarrollo, muchas de las cuales remiten al concepto de CPD. En suma, junto con la adecuada dotación de recursos humanos, el trabajo por la CPD parece aconsejar la asunción por parte de las ONGD de un marcado componente político en el conjunto de su acción. En este sentido, como se 58 La idea que aquí se expone ha sido tomada de Pablo Martínez Osés, quien la ha ex-

ha señalado, el marco estructural existente, la marcada orientación a la ges- tión de proyectos, la débil base social de la que en ocasiones se adolece y una profesionalización acometida desde una óptica excesivamente técnica, parecen haber producido una cierta despolitización de las ONGD y, con ello, un distanciamiento del insustituible papel que estos actores pueden jugar en la promoción de la CPD.

6.5. REFLEXIONES FINALES

Como se ha sostenido en este capítulo, la CPD es un ámbito de trabajo com- plejo y multidimensional que compromete a diversos actores tanto de la ad- ministración pública como de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC). En este sentido, las ONGD están llamadas a desempeñar un rol estratégico e irreemplazable en la promoción de la coherencia, pues a diferencia de otros agentes sociales se trata de organizaciones que trabajan en ámbitos específicos del desarrollo, poseen un conocimiento profundo y apegado a la realidad de esta problemática, han desarrollado redes trasnacionales con la ciudadanía de los países en desarrollo y ostentan un importante potencial de movilización social, participación ciudadana y presión mediática.

Sin embargo, el trabajo en ámbitos como la Educación para el Desarrollo, sen- sibilización, incidencia política y movilización no parece ser el más destacado en buena parte de las ONGD en España. Esto es debido a razones de diversa índole que se relacionan con el marco estructural en el que operan, con la débil base social de la que en ocasiones disponen, con su marcada orientación hacia la gestión de proyectos y con un proceso de profesionalización excesivamente técnico. Además, parece haberse producido una relativa despolitización de las ONGD y, con ello, un cierto distanciamiento del insustituible papel que estos actores pueden jugar en la promoción de la CPD. Como se advirtió, se trata en todo caso de un análisis agregado del sector que no necesariamente es válido para todas las ONGD, habida cuenta de la heterogeneidad que caracteriza a este colectivo.

Como es sabido, las OSC han sido un motor fundamental para las conquis- tas alcanzadas a lo largo del último siglo en materia de derechos humanos, sociales, económicos y ambientales. Es indudable que sólo una sociedad civil comprometida y movilizada podrá promover verdaderos cambios estructurales orientados a la construcción de un mundo más equitativo y sostenible. Y, en este sentido, las ONGD son organizaciones que, por su naturaleza y su contac- to directo con la problemática del desarrollo, pueden promover un pensamien- to crítico que trascienda los límites de los Estados y se oriente a la construcción de una ciudadanía cosmopolita y global, asentada en el reconocimiento de los derechos de todas las personas. Este es el insustituible papel que cabe atribuir a las ONGD en la promoción de la CPD, y que no están asumiendo en la práctica debido a las diversas restricciones señaladas.

parte

iv

La globalización está generando cambios radicales en las dinámicas sociales, políticas y económicas de las sociedades contemporáneas. A medida que el mundo se vuelve progresivamente globalizado e interdependiente, los proble- mas del desarrollo adquieren una dimensión transnacional que afecta, inevi- tablemente, a todas las naciones que forman parte del sistema internacional. Así, el trabajo por un mundo más estable, justo y equitativo, que amplíe las oportunidades de desarrollo de todos los países y garantice el pleno ejercicio de sus derechos a toda persona, se torna en una responsabilidad global que concierne a la comunidad internacional en su conjunto.

Este contexto obliga a abordar el trabajo por el desarrollo desde una doble perspectiva. Por un lado, desde la necesidad de trascender a las políticas de ayuda —de limitadas capacidades en la promoción del desarrollo— con el fin de que la óptica del desarrollo impregne el conjunto de la acción pública. Por otro lado, desde la necesidad de superar las opciones unilaterales en un mundo cuyos desafíos exigen respuestas concertadas a escala internacional si éstas pretenden ser eficaces. Todo ello, en definitiva, remite a la necesidad de trabajar por la CPD, entendida como la integración de la perspectiva de desarrollo en el diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas de los diferen- tes países, desde una visión global en un mundo crecientemente complejo e interdependiente (Millán, 2011).

El presente estudio ha centrado el análisis en el estado de la promoción de la CPD en la AGE en España, atendiendo a los principales procesos, mecanismos y actores implicados. Ello ha permitido detectar alguno de los avances que parecen haberse producido en el trabajo en este ámbito y, fundamentalmente, identificar los principales obstáculos y deficiencias que enfrenta la AGE a la hora de acometer dicha tarea. Ahora bien, buena parte de estos últimos presentan, en última instancia, un origen común: la ausencia de un compromiso político sólido, sostenido y transversal con el desarrollo humano que afecte a las dife- rentes instancias gubernamentales. Este parece ser el problema estructural y de base que explica los principales desafíos abordados en este estudio y que están principalmente relacionados con problemas de coherencia, coordinación, complementariedad, deficiencias institucionales y falta de dotación de recursos humanos.

A continuación y con el grado de síntesis al que el propósito de este apartado obliga, se exponen las principales ideas que cabe extraer de dicho análisis:

Na t a l i a Mi l l á N ac e v e d o