Para el creador de la Psicología Individual, son varios los factores que intervienen en la creación y mantenimiento del carácter del ser humano:
• La complexión corporal, que a su vez influye en la autoimagen que nos hacemos de nuestro cuerpo (fuerte, débil, atractivo, repulsivo...).
• El haber sufrido enfermedades en la infancia o tener problemas orgánicos (la inferioridad de los órganos).
• La primacía de dominio, referida a la hoy en día aún presente concepción normativa de superioridad del varón10.
• Número de hermanos y puesto ocupado entre ellos.
• Circunstancias económicas y sociales de la familia.
• La educación de los padres y la relación vivida con éstos (la más interesante e importante de todas).
El carácter se relaciona a su vez con los conceptos de estilo y plan
de vida,los cuales a menudo no se hallan muy delimitados en Adler.
Prueba de ello es que diversos autores que escriben sobre su obra los tratan como sinónimos, como hace Donat (1949), o delimitan la dife- rencia entre plan y estilo de vida en el grado de inconsciencia de ambos siendo más inconsciente el plan de vida, como apunta Kritz (1985).
Ante la realidad del ambiente, las primeras formaciones del carácter y el sentimiento de inferioridad entre el cuarto y quinto año, el ser humano tiene un plan de vida que le llevará a adoptar su esti-
lo de vida, que nada tiene que ver con la significación frívola que hoy
en día se le da en los medios de comunicación, sino con un modus
vivendi de la persona que con el tiempo se mecaniza, y se hace cada
10. Sin pretender ser machistas observamos esto, denunciado por Adler como un problema que forja el carácter (porque al niño lo pone en la tesitura de autori- dad y a la niña de asumirlo o luchar contra ello) y que sigue dándose en la actua- lidad. Las mujeres acceden de forma más lenta a tener trabajo y autonomía, ade- más de acceder a peores puestos y, salvo contadas excepciones, en los países del primer mundo los presidentes y primeros ministros son hombres.
vez más inflexible, para superar, compensar y alcanzar así las metas anheladas. En la formación de este estilo de vida influye también la mediación básica del afán de poder y el sentimiento de comunidad, así como las ficciones de la persona que son, en definitiva, el motor de su estilo de vida.
Para Adler, entre lo cuatro y cinco años, el niño ya tiene claro cuál es su plan de vida para así hacer frente a lo que le exige el entorno. No debe usted pensar por ello que a esta edad ya sabemos todos qué que-
remos ser de mayores. Aunque pudiera darse alguna excepción, con cua-
tro años no decimos que queremos ser, de todas todas, futbolistas, abo- gados, fontaneros o cualquiera que sea la profesión que se le ocurra.
Esto que hace el niño es un juego y no necesariamente muestra la profesión en sí que quiere realizar. El plan de vida es más general que la especificidad de una profesión e indica una trayectoria apro- ximada de lo que el niño –consciente o inconscientemente– quiere. Por ejemplo, liderar, ser el centro de atención de la gente, ser cuida- do constantemente... y a partir de aquí es cuando el individuo toma unas líneas directrices que le llevan a cumplir con este estilo de vida elegido propuesto.
Para que se entienda mejor, desde los primeros posicionamientos de la infancia se establece un plan de vida que depende de las cir- cunstancias antes descritas que formalizan el carácter para la persona. Su plan de vida siempre tiene un fin, por ejemplo, ser dominante para sentir superioridad sobre los demás. Este plan se manifiesta mediante líneas directrices hacia lo que es un estilo de vida en el individuo; en dicho estilo de vida es donde se observan los comportamientos más palpables, que vienen determinados por tanto desde el plan de vida que es en gran parte inconsciente; esto explica que el sujeto no se dé cuenta muchas veces de por qué hace tal u otra cosa, o tal u otra acti- vidad. De este modo, cuando se plantea la motivación de sus acciones puede no darse cuenta totalmente del trasfondo de su plan de vida.
Así, por ejemplo, un sujeto que se haya sentido deficiente puede optar por un plan de vida que lo lleve inconscientemente a tomar pro- tagonismo. La manera pudiera ser una búsqueda del reconocimiento
de los demás y, de esa forma, compensar dicha circunstancia. Para ello manifiesta diferentes líneas directrices que lo llevan a conseguir- lo: querer estudiar mucho y sacar buenas notas, ser competitivo en los deportes y en los juegos, ser obediente y destacarse por su docilidad... Su estilo de vida, por tanto, será el de una persona activa siempre encaminada a realizar tareas que lo lleven a superarse a sí mismo y a sobresalir para que, mediante el papel de protagonista que tome en las actividades que desempeña, se sienta seguro y confiado.
La persona que desde su plan de vida siempre quiso ser distinto y tener privilegios puede incurrir –a través de las líneas directrices dirigidas al fin de distinguirse– en un estilo de vida en el que prime el derroche y el vivir por encima de las posibilidades reales de la perso- na. Esto a veces ocurre conjuntamente en los dos miembros de una pareja o un matrimonio, conque lo que se observa es ya un flagrante modo de consumismo compulsivo.
En resumen, podemos decir que las personas nos regimos bajo unas líneas directrices que median entre el plan y el estilo de vida, observándose en último lugar, los distintos comportamientos que se llevan a cabo.
La relación esquemática entre estos conceptos sería como sigue:
Cuadro 1: El plan de vida y sus derivaciones (modificado de Kritz, 1985, p. 77).
PLAN DE VIDA (Básicamente inconsciente, motivado por la naturaleza del entorno y la competencia percibida por la persona)
↓
LÍNEAS DIRECTRICES (Llevan a ejecutar un estilo de vida acorde al plan propuesto de modo inconsciente)
↓
ESTILO DE VIDA (Modo en que la persona afronta y lleva a cabo los distintos acontecimientos en consonancia con las directrices determi- nadas por el plan de vida)
↓
Como usted supondrá, hay varios estilos de vida. Se podría decir que hay tantos estilos de vida como personas en el mundo, puesto que cada uno de los seres humanos es idiosincrásico e irrepetible. Sin embargo, aun siendo cada estilo distinto, se pueden englobar muchos de ellos en grupos diversos. Uno de ellos sería el que nos atañe aho- ra: las personalidades narcisistas. Se dirigen a sobresalir por el moti- vo que sea, como pueden ser el prestigio, los conocimientos, la fama y, sobre todo, la tenencia de objetos.
Esto último nos muestra la continua confusión que las personas tienen entre tener y ser, aquello de tanto tienes, tanto vales, también se entiende como tanto tienes, tanto eres. Por supuesto que quien aplica esto por sistema, se encuentra bastante desorientado en cuanto a lo que él mismo es, además de tener poca idea de en qué consiste real- mente el ser uno mismo.
Por ello, vemos cada vez con más claridad y reiteración al amigo, al vecino o al familiar, que va y viene fardando de sus posesiones y per- tenencias: que si tiene tres móviles, que si el DVD, que si este coche y el otro...
El presumir de lo que se posee es, como fenómeno social, una constante de los tiempos modernos, que recuerda a lo que ocurría en España en los años 20 del siglo pasado, cuando la gente presumía de tener inodoro frente a los que tenían que ir a la letrina, así como del tipo de papel higiénico que se utilizaba, siendo de lo más esnob y sofisticado el hecho de no limpiarse con papel de periódico.