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Carácter y cáncer, la personalidad del paciente oncológico

Otras de las más grandes teorizaciones acerca de la psicosomáti- ca es la constituida por aquel conjunto de teorías defensoras de la existencia de cierto tipo de personalidades más propensas a padecer una enfermedad que otras (íntimamente relacionado con las teorías de especificidad de la personalidad). Así, se habla del carácter cardió- pata, con tendencia a sufrir de ataques de corazón, o de la personali- dad oncogénica, que se relaciona con el cáncer.

Es interesante detenerse en la personalidad del paciente oncológi- co, que parece tener más tendencia que otras a sufrir esta enfermedad. Se trata de un tema muy discutido por algunos profesionales. La cuestión es que hay pacientes que enferman físicamente en parte por la carga que sufren desde el ambiente, que incluye, aparte de los eco- lógicos, los correlatos humanos y relacionales. Todo ello ha dado lugar a una rama de la psicología que se dedica al estudio de estas y otras circunstancias relacionadas con el cáncer, la Psicología oncológica.

Por ello, creo que al igual que se pone en la cajetilla del tabaco que “fumar provoca cáncer”, o como escuché una vez que querían poner en los bronceadores que había peligro si se tomaba el sol sin la protección adecuada pudiendo ser una circunstancia propicia para tener cáncer de piel, también a alguno se le debería poner una etiqueta que rezara “cui- dado con tratar y/o implicarte mucho conmigo, provoco cáncer”.

Puede parecer exagerado, pero es que hay gente con tanta rabia y odio, que transmiten una negatividad que puede desgastar no sólo el sistema defensivo psicológico, sino también el físico-inmunológico del otro con el que interacciona.

A algunos, esto les parece una tontería, pero desgraciadamente, nos encontramos en ocasiones con determinadas personas que son tan insoportables y que emanan tanta agresividad manifiesta o encu- bierta que se consolidan como un factor más para que esas células cancerígenas terminen por hacerse mortíferas, dado el daño que se le hace al sistema inmunológico.

La relación del cáncer con los factores psicológicos, la encontra- mos desde los ss. XVII y XVIII donde médicos oncólogos americanos y rusos relacionaban el cáncer con elementos psicológicos (denomi- nados por ellos pena prolongada) que se pueden interpretar como acon- tecimientos negativos de importancia en la vida y neurosis.

Grosso modo, se puede decir acerca del cáncer que no es una sim- ple disfunción, sino más bien una enfermedad en la que en determi- nados casos se pueden encontrar más de cien dolencias distintas –sólo a nivel físico, sin tener en cuenta el simbólico y el atroz dolor psicoló- gico–. El proceso oncológico se produce básicamente por una disfun- ción del ADN (ácido desoxirribonucleico), el cual interviene en los procesos de programación nuclear, que a su vez influyen en la repro- ducción y en el crecimiento de las células.

Cuando el cáncer se instaura en el organismo, esta función de armonía celular no es llevada a cabo en unas condiciones mínima- mente óptimas, puesto que en vez de haber un crecimiento ordenado y lento, éste es rápido y más bien caótico, por eso las células cancerí- genas se reproducen rápidamente.

Podríamos definir el cáncer, muy a grandes rasgos, como un tumor (maligno en general) especialmente formado por células epiteliales. Se puede clasificar de la siguiente manera:

• Carcinoma. Hace referencia al que se puede producir en cual- quier zona donde haya epitelio (capa celular que cubre todas las superficies externas e internas del cuerpo y se caracteriza principalmente por estar formada de células de disposición y forma variable).

• Sarcoma. Es aquel tumor maligno que puede formarse a expen- sas de células del tejido conectivo común.

Para que el cáncer se produzca debe haber fundamentalmente dos cambios en el organismo:

1. Un cambio debido a la mutación del código genético, por el que las células normales (por el proceso típico en el cáncer) se con- vierten en malignas. Esta mutación puede venir dada por la incidencia directa del cambio genético, por la exposición ante un agente nocivo y/o por mutación espontánea.

2. Por un fallo de las defensas del sistema inmunológico contra este fenómeno. Los elementos básicos del sistema inmunológico en los que intervienen los procesos cancerígenos son aquellos com- ponentes celulares que pueden actuar directa o indirectamente contra el cáncer destruyendo las células cancerígenas. Son los siguientes: células T, células B y células supresoras naturales. El mundo del cáncer cuando se relaciona con factores sociales y psicológicos está lleno de especulaciones, y muchas veces de mentiras enormes e infames.

Por ejemplo, parecen ser ciertos en términos de probabilidades, pero no son leyes universales, que cánceres como el de mama parece contener un factor genético o que el de colon se asocia a una pésima dieta. Por otro lado, siempre probabilísticamente, parece ser que las personas casadas tienen menos probabilidad de tener cáncer, (salvo

problemas del aparato reproductor). Habría que añadir a esto último la coletilla de que el casarse implica menos posibilidades de tener cáncer dependiendo de lo mal o bien avenidos que estén los miembros de esa pareja, puesto que si se amargan mutuamente, la probabilidad de enfermar es mayor.

Lo que si es un dato bastante demostrado es la incidencia del con- sumo de tabaco en el cáncer de pulmón. A comienzos de 2003, se reu- nieron en Berlín mil doscientos oncólogos especialistas que constata- ron que en el 95% de los pacientes se observa que el consumo de taba- co está directamente relacionado con el cáncer de pulmón.

Por otra parte, hay mucha confusión inducida por auténticos ignorantes y estafadores, acerca de la posibilidad de curar el cáncer mediante métodos de curanderos, supuestos videntes y sanadores milagrosos. Éstos se dedican a estafar familias, con lo cual agravan su situación, dado que además del duelo de tener un enfermo terminal o no terminal se le añade una futura penuria económica dados los gastos que conlleva en muchas ocasiones. A estos individuos, desde luego, hay que ponerles en su sitio, que no es otro que el reservado para los delincuentes.

También se puede encontrar con más de uno que afirma curar el cáncer automáticamente con determinados métodos de relajación. Es decir, que a partir de lo puramente psicológico, el problema desapa- rece. Si usted recuerda, lo mencionado en el capítulo VI, una vez que se instaura un proceso psicosomático, éste tiene autonomía –princi- pio de autonomía del síntoma–. Por ello, aunque los factores psicoló- gicos puedan haber producido el deterioro físico, una vez que éste se ha establecido debe tratarse también físicamente, al menos por lo que respecta a los adenosarcomas y otras formas de cáncer25, es decir, con

la medicación y los medios físicos necesarios para paliar el problema (radiación, extirpación...).

25. Más discutible es explicar la esquizofrenia o las depresiones crónicas y duras exclusivamente en términos de trastornos físicos a nivel de neurotransmisores, dado que en estas circunstancias la terapia psicológica sí que modifica los corre- latos de desajuste biológico.

Muchos psicoanalistas, psicólogos y médicos dedicaron varias décadas de investigación para indagar sobre los rasgos fundamenta- les que, en el plano psicológico, encontraban en los pacientes con cán- cer. Se han hecho varios estudios sobre la personalidad de estos pacientes. Si se seleccionan cuidadosamente las características de muchos de ellos, se puede ver cómo entre los factores más repetidos están (De Boor y Künzel, 1963):

• La pérdida de una persona de suma importancia y apoyo para el paciente; pérdida que puede ser o bien física –y esa persona ya no la trata, por ejemplo, por un enfado o por muerte– o sim- bólica, dándose la circunstancia de que el enfermo piensa que el otro se ha distanciado de él, por diversos motivos.

• Alexitimia, especialmente para expresar sentimientos de enfa- do y rechazo hacia los otros.

• Relación no interrumpida con los padres.

• Trastornos sexuales.

Por otra parte, en una investigación realizada por Giner Ubago y sus colaboradores (1983), se desprenden diversos datos acerca de los factores psicológicos que intervienen en el cáncer:

A)Diversas investigaciones señalan la depresión como un factor de primer orden en el proceso carciogenético. La cuestión es que se confunde a menudo el hecho de si había una depresión previa, o si más bien, ha aparecido como consecuencia del diagnóstico y de la situación del paciente que, como es lógico, se sume en la tristeza.

B) Es difícil encontrar personalidades concretas en relación con la tendencia a padecer cáncer. Las nuevas teorías, ya no van encauzadas a la búsqueda de estas personalidades concretas sino al estudio de:

1) Mecanismos de defensa del yo, es decir, de esos sistemas de defensa que las personas tenemos –de los cuales hablamos en el primer capítulo–, que indican que los componentes premórbidos del cáncer se relacionan más con los mecanis- mos de defensa que con rasgos de personalidad.

2) Las relaciones objetales de la infancia, sobre todo, en lo rela- cionado con las pérdidas.

C)Importancia en el proceso de depresión previo al cáncer y la pérdida tanto reciente como brusca de una relación de dependencia, siempre añadiendo que ésta sea real o pueda ser simbólica.

Otro pivote de la investigación está en los aspectos médico-psico- lógicos del enfermo con cáncer. Se ha de tener en cuenta que:

A)Hay síntomas psicológicos precoces del cáncer muy típicos de los procesos depresivos como son: anorexia, cansancio... Esto es muy importante, puesto que el primer síntoma de un proceso oncológico es un síndrome psicológico de corte depresivo, por lo que es indis- pensable un diagnóstico diferencial muy fino en medicina psicoso- mática.

B) Los síntomas psicológicos que se observan en el paciente onco- lógico pueden venir derivados de:

• Síntomas reactivos (consecuentes) al conocimiento del psico- diagnóstico.

• Afectación directa o indirecta del sistema nervioso central debi- do al proceso oncológico (psicosis orgánicas).

• Reacciones al tratamiento, sobre todo, las debidas a los cambios en la imagen corporal como, por ejemplo, en el cáncer de mama. Estos autores también reflexionaron sobre qué tipo de personalida- des tenían los pacientes y la observación de diferentes diagnósticos psi- cológicos que encontraron en ellos. En cuanto a la primera cuestión, la de las tipologías de personalidad, tenemos los siguientes datos:

El 27,3% era de tipo asténico, y otro 27,3% era ansioso. Un 18,2%, histérico; un 13,6%, obsesivo y un 13,6%, equilibrado.

Respecto del diagnóstico, un 36,4% fue diagnosticado de depresi- vo- ansioso; un 27,3%, de ansioso; un 18,2%, de depresivo- inhibido; un 9,1%, de depresivo unipolar; un 4,5%, de depresivo hipocondríaco y un 4,5%, de trastorno de conversión.

Así, tal y como podemos observar, nos encontramos con el factor clave de la tristeza en estos pacientes, del duelo de haber perdido un vínculo de importancia. A todo ello se le suma una excesiva compos- tura, dado que no suelen ser personas que entren en conflicto con los demás.

De este modo, Hagnell y colaboradores les definían como perso- nas que explícitamente parecen ser muy amables y sociales escon- diendo a su vez una tendencia clara a la depresión.

Dunbar les definía como pacientes que han sido personas muy cooperativas, como si trataran de quedar bien con el entorno social; algo así como ser personas modelo, a la vez que bastante ansiosas, sensibles y pasivas.

Por todo ello, hay quien se aprovecha de estas personalidades y las consume poco a poco. Así, si vamos sumando factores como, por ejemplo, ser bebedor y/o fumador, llevar una vida sedentaria y estar acompañado de insoportables personajes que aprietan las tuercas, las probabilidades se suman y el riesgo de que se produzca el suicidio celular –que, en realidad, es lo que constituye el cáncer– será cada vez mayor.

Y no hace falta que ese individuo esté totalmente rodeado de per- sonas insoportables. Sólo con uno es suficiente. Basta con que alguien lo tense, aguijoneando su paciencia, o que lo haya abandonado, ya sea porque ha fallecido o porque ha desaparecido de su vida –circuns- tancias que, como todas, se fraguan en la familia, donde los humanos nos hacemos y socializamos, donde aprendemos afectiva y conduc- tualmente cómo llevar a cabo nuestros comportamientos y cómo distribuir la energía de los sentimientos, así como la percepción que se tenga de éstos.

Por ello, este tipo de personalidades que se han explicado en diversas investigaciones tiene claramente que ver con un carácter rígi- do que será muy difícil de variar; pero sí que se pueden reeducar, en cierto modo, para que haya un menor conformismo y se pueda rom- per con esa imagen de sufrimiento, entendida como una cruz, y con

su alexitimia, enseñándoles a expresar lo que les gusta y disgusta, pero desde un idioma sentimental y no racional.

En último término, ha de decirse que las investigaciones de curso (las que refieren a cómo transcurre la enfermedad, es decir, si con un curso rápido o lento) son las que más claros y mejores resultados han mostrado. Se ha podido evidenciar que los pacientes más asuntivos de su enfermedad y que la viven de un modo conformista –de hecho, así se muestran con el personal sanitario– tienen más probabilidad de morir antes que las que se muestran combativas, críticas e incluso agresivas con el entorno socio-sanitario que les rodea.