Para entender las características del discurso explicativo es necesario tener en cuenta que el objetivo de toda explicación es comprender o hacer comprender algo. Es precisamente esta finalidad la que define la naturaleza de los problemas que desencadenan una secuencia explicativa y la que determina la relación que se establece entre destinador y destinatario (y, consecuentemente, las características del enunciado). En efecto, la explicación presupone un diálogo (explícito o implícito) entre un enunciador que se presenta como una fuente de saber y un destinatario que demanda una respuesta para un interrogante que le plantea una situación problemática. El análisis de la dinámica del intercambio siguiente permite ilustrar de qué manera se compone una explicación y sus similitudes y diferencias con la argumentación:
A: –La lluvia ácida es un problema tan serio para el medio ambiente como el agujero de ozono y sin embargo parece que nadie le da importancia. B:–¿Qué es la lluvia ácida?
A:–La lluvia ácida es un fenómeno de contaminación muy grave que afecta los suelos de grandes regiones de América del Norte. Se produce como resultado de un proceso que comienza con la descarga en la atmósfera de ciertos gases como el dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno que provienen de plantas de energía eléctrica o refinerías de petróleo, por ejemplo. Estos gases, cuando se combinan con el vapor de agua suspendido en la atmósfera, forman ácido sulfúrico y ácido nítrico. Cuando llueve, el agua que cae arrastra esos ácidos y al llegar al suelo contamina las napas de agua más superficiales. Esta acidificación de los suelos tiene consecuencias muy graves sobre todo el ecosistema de esas regiones.
B: –¿Pero entonces, no habría que hacer algo para resolver este problema?
A: –Por supuesto hay que tomar medidas y con urgencia pero a las potencias industriales les preocupan más sus ingresos que el cuidado de la ecología y no están dispuestas a invertir en políticas que reduzcan la contaminación.
B: –Pero con el agujero de ozono sí se está haciendo algo, o sea que interés en el medio ambiente hay. ¿Por qué sí se le presta más atención a ese tema, entonces?
A:–Porque el gasto necesario para reducir el agujero de ozono es mucho menor. En cambio, solamente para transformar las plantas de energía eléctrica para evitar el uso de compuestos de azufre se necesitaría una inversión sideral que los países industrializados no están dispuestos a hacer.
En el curso de este diálogo se suceden una serie de preguntas que van pautando su desarrollo. Esas preguntas son de distinto orden y dan lugar a formas diferentes de organizar el texto. Frente a la afirmación inicial de A, que introduce la noción de "lluvia ácida", su interlocutor, B, –que desconoce este fenómeno– quiere entender de qué se trata. Su pregunta, "¿Qué es la lluvia ácida?", hace que A construya una secuencia en la que da cuenta de cómo se produce, en qué consiste y cuáles son los efectos de este fenómeno sobre el medio ambiente. En otras palabras, para responder a la pregunta planteada por B, A debe explicar el origen y las características del objeto en cuestión para que B logre comprender su naturaleza y, por lo tanto, pueda interpretar el alcance de la afirmación inicial de A.
La comprensión de este concepto mueve a B a plantear una nueva pregunta (¿Pero, entonces, no habría que hacer algo para resolver este problema?) que, a diferencia de la primera, no conduce a una nueva explicación sino que deriva en un encadenamiento de tipo argumentativo destinado a influir sobre las creencias de B.
¿En qué radica la diferencia entre estos dos tipos de interrogación? En el primer caso, el objeto de la pregunta explicativa es un fenómeno cuya causa y naturaleza se busca establecer. La operación se inscribe en el marco del conocimiento, su finalidad es producir un saber unívoco. Las otras dos preguntas, en cambio, se ocupan de cuestiones opinables, materias de controversia en torno de las cuales pueden fijarse distintas posiciones según el punto de vista que se adopte para analizarlas. Este segundo tipo de interrogación corresponde al planteo de un problema argumentativo. Por otra parte, estas dos clases de preguntas también difieren formalmente: la pregunta explicativa típica suele estar encabezada por los interrogativos cómo o por qué y exige respuestas que articulan lógicamente datos fácticos. La pregunta argumentativa suele adoptar la forma de una interrogación total (¿Pero entonces, no habría que hacer algo para resolver este problema?) que requiere una respuesta por sí o por no, cada una de ellas representativa de las posiciones que pueden surgir a propósito de la cuestión de debate planteada. Estas respuestas se traducirán discursivamente en orientaciones argumentativas contrapuestas.
Si nos detenemos ahora en los rasgos enunciativos de uno y otro segmento, veremos que el que corresponde al encadenamiento explicativo se caracteriza por el predominio de verbos en modo indicativo, la ausencia de evaluaciones subjetivas, el empleo de terminología específica, una distribución progresiva de la información tendiente a garantizar la comprensión del destinatario (se avanza desde lo conocido hacia lo desconocido evitando producir “lagunas” de información) y una estructuración lógica que dispone los datos según el criterio de la causalidad. También se recurre a ejemplos para ilustrar la explicación. En el segmento argumentativo, en cambio, el modo indicativo coexiste con otras formas como la hipótesis y la obligación, aparecen juicios de valor y la organización lógica ya no se somete exclusivamente al criterio causa–efecto.
2. Entre las preguntas siguientes, distinguir las que requieren una explicación de las que dan lugar a una argumentación.
a. ¿Qué causas favorecieron la expansión de la alfabetización en el siglo XIX?
b. ¿Es necesario simplificar la ortografía del español?
c. ¿Cómo se produce la clonación de embriones?
d. ¿Es legítimo clonar embriones humanos con fines terapéuticos?
e. ¿Cómo surgieron las lenguas románicas (español, francés, italiano, etc.)?
f. ¿En qué lengua debería impartirse la enseñanza en las escuelas de las comunidades aborígenes?
3. Elegir una de las preguntas anteriores y escribir un texto breve a partir de ella.
4. En el texto siguiente identificar el problema explicativo, formularlo como una pregunta e indicar cuál es la explicación que se ofrece para
resolverlo.