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A Las características del modelo antropológico Jungiano en Rogers

Una comparación en la perspectiva de la integración

III. A Las características del modelo antropológico Jungiano en Rogers

1. Característica evolutivo–vitalista

Tal vez el postulado más importante de Rogers que pueda encuadrarse dentro de este punto sea el de la tendencia actualizadora. En 1959, precisa la esencia de este impulso formulando el “postulado fundamental” de que:

...todo organismo está animado por una tendencia inherente a desarrollar todas sus potencialidades y a desarrollarlas de manera que favorezcan su conservación y enriquecimiento (Rogers, [1962], 1967, p.188).

En 1980, va mucho más lejos y se arriesga a formular una hipótesis considerablemente amplia:

Sugiero la existencia de una tendencia direccional formativa en el universo, que puede ser localizada y observada en el espacio estelar, en los microorganismos, en formas más complejas de vida orgánica y en los seres humanos. Se trata de una tendencia que evoluciona hacia un mayor orden, mayor complejidad y una mayor capacidad de interrelación. En el ser humano, esta tendencia se

manifiesta en la evolución que parte de una sola célula, para llegar a un funcionamiento orgánico complejo, a unos conocimientos y sensaciones inconscientes, a un conocimiento consciente del organismo y del mundo externo, y a un conocimiento trascendente de la armonía y unidad del sistema cósmico, incluida la propia humanidad (Rogers, 1980, p.133).

Hay también otras afirmaciones importantes de Rogers que cabría considerar aquí. Entre ellas, su énfasis respecto a la naturaleza social del ser humano y respecto a su pertenencia a la especie. De esta manera, reconoce a la nuestra como la forma de vida más evolucionada del planeta y destaca el papel fundamental que la conciencia ha tenido en ello. Por otra parte, insiste en que la satisfacción de las necesidades individuales es perfectamente compatible y complementaria con la de los otros miembros de la comunidad humana, así como lo son el desarrollo personal con el social. Las conductas destructivas o de aislamiento las interpreta sólo como distorsiones producidas por un ambiente inadecuado (Rogers, 1965a).

2. Característica energético–finalista

Ya hemos visto que la tendencia actualizadora es también direccional puesto que apunta hacia la plenitud psicológica y fisiológica de los individuos y de la especie. Sin embargo, hay también otros elementos que se pueden considerar dentro de este aspecto.

En 1965, Rogers estipula que el hombre es directivo y lo dice en el sentido de que es, por naturaleza, autodirectivo y no reactivo. Que tiene en sí mismo la energía suficiente para orientarse en forma creativa, independiente de las orientaciones de los demás. Y, por otra parte, que no es un “organismo vacío” que sólo reacciona ante la estimulación externa, sino que influye en su entorno según una dirección que le es propia. Y esta dirección no proviene de la evaluación intelectual, sino de un impulso profundo que se explicita cuando el individuo funciona plenamente.

Por otra parte, también se puede decir que la naturaleza humana es un regulador óptimo de la conducta, puesto que es capaz de asumir tanto las demandas de la cultura como las fisiológicas e integrarlas. Posee una sutil y exquisita racionalidad que le permite un equilibrio sorprendente entre todos sus impulsos. Rogers propone la siguiente comparación:

Tal vez hallemos una analogía útil si comparamos a esta persona con una computadora electrónica gigantesca. Puesto que el individuo está abierto a su experiencia, ingresan en la máquina todos los datos provenientes de las impresiones sensoriales, de su memoria, de los aprendizajes anteriores y de sus estados viscerales e internos. La máquina incorpora todas estas fuerzas multitudinarias que ingresan como datos y rápidamente computa el curso de acción que deberá seguir, que representa el vector de satisfacción de necesidades más económico en esa situación existencial (Rogers, [1961], 1972, p.172).

Por lo tanto, me parece plausible que podamos asumir también en Rogers una concepción finalista (mucho), energética (menos) y autorregulada del ser humano.

3. Característica dual–inmanentista

En sus últimos años Rogers se hace un apasionado del tema de la subjetividad humana. Pero ya antes había considerado seriamente la importancia de él. Hay en ello cierto indicio de inmanentismo, en el sentido que la persona no consigue ir más allá de los límites de la propia psique.

Como acabamos de ver algunas páginas atrás, escribe por ejemplo acerca de su “fe inquebrantable” en el predominio fundamental de lo subjetivo en el ser humano y señala que incluso sus actividades más objetivas, tales como la ciencia y las matemáticas, son el resultado de propósitos subjetivos (Rogers, 1959). También insiste en que el ser humano no puede vivir nunca como un objeto, aún cuando se reconozca producto de elementos y fuerzas del pasado y causa de conductas futuras, al hacer la comparación de algunos individuos con un ciempiés autoconsciente de cada una de sus patas (Rogers, 1965a, p.29).

Pero donde esta característica parece expresarse con mayor claridad, es en el postulado de una ética natural que brotaría de la propia naturaleza humana. Una persona madura no necesitaría de controles externos para funcionar adecuadamente; eliminaría todo valor social introyectado y controlaría su conducta mediante su propio organismo. A diferencia de Freud, que postula la necesidad de una instancia moral dentro del psiquismo, para Rogers la persona completamente sana carecería de super–yo. Su propia naturaleza se autorregularía. La cercanía con Jung es aquí notable.

la psique como la interacción entre múltiples pares de opuestos (naturaleza–espíritu, instinto–arquetipo, consciente–inconsciente, alma–persona, yo–selbst, extraversión–introversión, etc,) no hay en Rogers una formulación equivalente. Lo más parecido es su descripción de la relación fundamental entre el organismo y el self, (entendido éste como la estructura de percepciones que un sujeto tiene acerca de si). Con ella procura explicar cómo el ser humano logra armonizar sus demandas internas con las del medio externo. Es muy sugerente cuando dice, por ejemplo, que el hombre:

...no necesita descansar totalmente sobre la centelleante luz de la conciencia para dirigir su conducta sino que su organismo lleva dentro de su experiencia acumulada una sabiduría tal que, si puede abrirse a ella, resulta digna de crédito en su encuentro con la vida (Rogers, 1965a, p.30).

Frase que seguramente Jung suscribiría tal cual. Pero volviendo a lo nuestro, en Rogers entonces se presentaría algo así como una sola dualidad fundamental que le permitirá comprender diversos niveles del comportamiento humano, incluidas las neurosis y las psicosis (Rogers, 1959a). Pero no hallaremos la diversidad inmensa de opuestos que Jung propone en un modelo mucho más complejo de la personalidad.

III.B Las características de la concepción