III. ABRIENDO CAMINOS AL ANDAR
3.3. Para que no nos pase como a “Puerco”: una mirada a los fundamentos del proyecto
3.3.3. Carmen Díez Navarro: trabajo por proyectos y vida cotidiana
En ocasiones no resulta sencillo aterrizar la teoría a la práctica, sin embargo en el trabajo de Carmen Díez la teoría se convierte en el móvil que permite el hacer de la práctica. Ya hemos conocido de la voz de Dewey y de Freinet los principios que soportan el trabajo por proyectos, ahora, de la mano de ésta autora conoceremos un ejemplo de la puesta en práctica de la teoría, asunto que nos preocupa tanto a los maestros.
La escuela es para la autora un lugar de exploración, juego y aprendizaje. Lejos de convertirse en un espacio estático donde se transmiten conocimientos, se comprende como una comunidad en la que el diálogo cobra un papel relevante. En su obra, la autora introduce la metáfora de la oreja verde del poema de Gianni Rodari (un señor maduro con una oreja verde)
Todos nosotros, aunque no se nos vea mucho, tenemos una oreja verde, abierta, vigilante, atenta y libre. Por eso intentamos que la escuela tenga capacidad de cambio, deseo de novedades, y mantenemos las persianas abiertas siempre a las noticias que traen los niños, a los comentarios que traen los padres, a las nanas que traen los abuelos, a las ideas renovadoras y útiles vengan de donde vengan” (Díez, 1998, p. 18).
Esa oreja debe mantenerse alerta en especial en la escuela, ese lugar al que llegan los niños cargados de experiencias infinitas que si cobraran sentido en el aula serán una ocasión de aprender desde el placer y el deseo. Para Díez (1998), trabajar por proyectos sugiere una modificación en las relaciones sociales y afectivas, en el ambiente escolar y en el vínculo que se establece con el aprendizaje y el conocimiento.
El ambiente
Para la autora el ambiente puede apreciarse en dos direcciones: el espacio físico y la relación que se construye entre el niño y el maestro (espacio social). El espacio físico se alimenta de las experiencias de los niños, es acogedor, provoca situaciones para imaginar y crear. El espacio social se construye sobre la base del habla y la escucha, al respecto precisa: “no me refiero a una escucha boba y sin implicaciones (porque <toca> lenguaje), sino a una escucha real, de persona a persona” (Díez, 1998, p. 16)
El ambiente creado debe conectar la vida familiar con la escuela. Cómo hacer para que esto pase, sencillo, hay que atender a las vivencias y anécdotas de los niños. Por obvio que parezca se constituye en el pilar fundamental para resignificar el espacio escolar y así construir un grupo social como lo denomina Diéz, y para esto hace falta tiempo, mientras todos, maestros, niños y familias se conocen.
El ambiente debe permitir que el niño tenga la posibilidad de elegir. Una vez sus propuestas han sido tomadas en cuenta y son parte de la “programación” escolar, éste asume un compromiso consigo mismo y con su grupo de compañeros; así, opinar sobre un tema, votar y decidir son acciones reales que le permiten al niño fortalecer sus procesos de autonomía. Elegir desde una perspectiva democrática,
Abre las posibilidades de creación, de invento, de hacer conexiones, de pensar. Y tambien enseña que hay que ir aceptando el hecho de que no se puede elegir siempre, con lo cual se aprende día tras día, paulatinamente, que no todo puede ser, es decir es necesario el <NO>, que tanto cuesta asimilar” (Díez, 1998, p.21).
El maestro
Trabajar por proyectos re-significa el vínculo entre el maestro y el niño. El maestro comprende que “la realidad es investigable, asequible, manejable…” (p.25), por eso todo acontecimiento en la escuela puede convertirse en una oportunidad para aprender sobre el mundo exterior y enriquecer el mundo interior. La caída de un diente, una nueva pareja de novios, el nacimiento de un hermano, la magia de la naturaleza, entre otros eventos, pueden convertirse en oportunidades para conocer y ampliar la experiencia.
“Desde luego, trabajar por Proyectos es todo un reto. Pero no tanto porque se necesiten condiciones materiales especiales, sino porque supone ante todo un enfoque nuevo, un cambio de actitud por parte del educador” (Díez, 1998, p.32); ya antes se señaló el lugar fundamental del maestro, ya que, es él quien mediante la escucha está en una apertura constante hacia el niño. De allí la importancia de “observar que les interesa realmente, a través de sus acciones, de sus preguntas, para <enganchar> con su pensamiento, alimentando su profunda necesidad de aprender, sin perder las muchas ocasiones que se nos ofrecen a cada paso” (Díez, 1998, p.32)
De igual manera el maestro tiene la capacidad de reconocer que el saber viene también de los niños, a veces el niño descubre por iniciativa, otras veces será él quien provoque situaciones, haciendo preguntas que reten su pensamiento, brindando confianza y seguridad cuando así se requiere. Le hace saber a los niños que está ahí, canaliza las propuestas, organiza los intereses,
enriquece sus hipótesis, valora a cada uno por quien es, reconoce sus habilidades y dificultades y lo ayuda a encontrar el mejor camino para resolver los problemas que se le presenten.
Los proyectos
De acuerdo con Díez (1998) “Los Proyectos de Trabajo responden a una intención organizada de dar forma al natural deseo de aprender. Parten de un enfoque globalizador abierto, para provocar aprendizajes significativos, partiendo de los intereses de los niños y las niñas y de sus experiencias y conocimientos previos” (p.31), comprenden una idea de educación y desarrollo del niño. Se basa en principios fundamentales como: el aprendizaje significativo, la identidad y la diversidad, el aprendizaje interpersonal activo, la investigación sobre la práctica, la evaluación procesual y la globalidad. El proyecto
Es un fin en sí mismo y no una excusa para forzar la integración de contenidos. Saber cómo son los diplodocus, conocer a los egipcios o construir nuestros propios juguetes, son búsquedas auténticas que interesan desde un afán investigador. No existe una preocupación por <cubrir> todos los contenidos en cada proyecto, sino más por desarrollar las capacidades necesarias para provocar aprendizajes autónomos. (Díez, 1998, p.34)
Se caracteriza por la flexibilidad en los tiempos acorde a las necesidades e intereses que van surgiendo, la evaluación es procesual y existe una programación provisional que se hace con los niños. Un Proyecto, explica la autora “no es algo improvisado que se va creando sobre la marcha”(Díez, 1998, p.34) requiere tiempo, planeación y evaluación. Se orienta sobre preguntas de los niños y el maestro.
El proyecto se transforma en el dia a dia aunque esto no significa que no haya una “planeación” de por medio. Frente a cada interés el educador observa, analiza y programa una serie de actividades que enriquezcan las experiencias de trabajo. Para su elaboración se pueden tener en cuenta las siguientes fases:
1. Elección del tema: es el momento propicio para dar lugar a “lo mágico, lo espontáneo, lo intuitivo” “la magia no entra si no encuentra abiertos todos los cauces, y somos nosotros los responsables de dejarle paso, de mantener altos esos intereses reales” (Díez, 1998, p.35) 2. ¿Qué sabemos y qué queremos saber?: en esta fase se recogen las preguntas de los niños y
se organizan.
3. Comunicación de las ideas previas y constraste entre ellas: momento clave para que se den las relaciones entre pares, “el lenguaje adquiere su auténtico valor como mediador para la comunicación y el desarrollo” (Díez, 1998, p.36)
4. Búsqueda de fuentes de documentación: el maestro y los niños conversan sobre cuál será la mejor forma de encontrar respuesta a las preguntas que van surgiendo (¿un libro, un video, un amigo, los papás?)
5. Organización del trabajo: el maestro “organiza, diseña y programa” teniendo en cuenta los recursos, espacios, tiempos y colaboradores, “siempre tendrá prioridad lo que ocurre en la vida cotidiana, que de forma ordinaria o extraordinaria, de un modo fuerte, apasionado, interesante, nos arrastra a veces por caminos insospechados pero que nunca nos defraudan” (Díez, 1998, p.38)
6. Realización de actividades: elaboradas en conjunto, buscan distintas expresiones y lenguajes artísticos, la pintura, el dibujo, la plástica, la oralidad.
7. Elaboración de un dossier: trabajo puntual en que se recoge la experiencia.
8. Evaluación de lo realizado: entendido como un proceso continuo, en este “el niño ha de ser sujeto consciente de su propio aprendizaje” (Díez, 1998, p.39)
Trabajar por proyectos significa aceptar que “no solo se aprende en la escuela, sino en todas partes. Y que los niños no aprenden siempre aquello que intencionadamente les pretendemos <enseñar>, sino lo que realmente desean (sin olvidar que el deseo de aprender algo no responde nunca a un mero capricho sino a una profunda necesidad)” (Díez, 1998, p. 32)